Wikisource eswikisource https://es.wikisource.org/wiki/Portada MediaWiki 1.46.0-wmf.24 first-letter Medio Especial Discusión Usuario Usuario discusión Wikisource Wikisource discusión Archivo Archivo discusión MediaWiki MediaWiki discusión Plantilla Plantilla discusión Ayuda Ayuda discusión Categoría Categoría discusión Portal Portal discusión Página Página Discusión Índice Índice Discusión Autor Autor discusión TimedText TimedText talk Módulo Módulo discusión Evento Evento discusión Dicha breve 0 43263 1651806 1404431 2026-04-25T09:11:45Z Aleator 587 corr. naveg. 1651806 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Recuerdos de un hacendado]] |autor=Godofredo Daireaux |anterior = [[El mayordomo]] |sección = [[Dicha breve]] |próximo = [[Vacas al corte]] }} == Dicha breve == Todo en él era largo: la nariz, el pescuezo, la cabeza, el cuerpo, las piernas y los brazos; hasta el nombre y el apellido también eran regulares, pues se llamaba Saturnino Llaureguiberry; pero como pertenecía a la variedad de los vascos flacos, lo conocían exclusivamente por el nombre de Bacalao, y esto a tal punto que si a alguno se le hubiera ocurrido llamarlo Llaureguiberry, es muy probable que no se hubiera acordado de contestar. En todo, era anguloso y huesoso, menos en el genio; muy bonachón, capaz de soportar con alegre resignación los titeos más porfiados y las bromas menos delicadas, y de reírse el primero de ellas, con tantas más ganas cuanto menos las había entendido. Ocupaba un puestito, donde cuidaba una majada que le había dado a interés un compatriota suyo, y ahí, solo en su rancho, sin más compañeros que sus perros y su inseparable pito de barro, de caño largo y de hornillo chico, pasaba la vida sin sobresaltos cocinando él mismo su pucherito, cebando su mate, cuidando su ropa, no sintiendo, probablemente, la necesidad, a los cuarenta y cinco años que por lo menos tenía, de formar familia, ni de complicar su vida tranquila con elementos de afuera. Los domingos se empaquetaba; se ponía boina nueva, bombachas y camisa limpias, reemplazaba las alpargatas por botas engrasadas, y, completamente afeitado, como lo acostumbran los vascos, iba a dar una vueltita a la pulpería, a charlar con los amigos, tomar unas copas y hacer ese intercambio de pensamientos elevados que distingue las reuniones de campesino. Por lo demás, hablaba el español como un vasco francés que, probablemente, era, pues interrogado al respecto, había contestado: «Uí, musiú», todo lo que sabía del idioma de su patria legal. Y después de este rato de inocente solaz, transformación inconsciente de la misa dominical del villorio nativo, se volvía a sus ovejas, pastor fiel, asiduo, diligente, celoso; y si las dejaba, a veces, al cuidado de algún vecino, era para ir a ganar algunos pesos cavando un jahuel o erigiendo artísticamente una parva de pasto. Una tarde, al volver del campo y después de haber encerrado la majada en el corral, encontró, sentada en una de las dos cabezas de buey que formaban el juego de asientos del único cuarto del rancho, cerca del fogón, en el cual había dejado cantando sobre las brasas la pava para el mate, una mujer, joven, no mal parecida, vestida pobremente, pero ni más ni menos que la generalidad de los habitantes del campo. Bacalao no le preguntó de dónde venía, ni a dónde iba, ni ella se lo dijo tampoco. Él le dio las buenas noches, como si todas las tardes, a la misma hora, después de haber desensillado, la hubiera encontrado sentada en su cuarto; ella le pidió permiso para pasar la noche en el rancho, a que accedió buenamente, como que, entre pobres, no hay mucho cumplimiento. No se excusó mayormente por la falta de comodidades, pensando probablemente -y con razón- que no había de haber dejado ningún palacio para venir, de modo tan singular, a pedirle hospitalidad. Y la mujer cebó mate, aprontó en la olla la carne, el arroz, una tajada de zapallo y la sal, y echó leña al fogón. Bien pensaba Bacalao, el día siguiente, que al volver de repuntar la majada, no la encontraría más en la casa, y no dejó de quedar algo sorprendido, pero de ningún modo disgustado, al verla parada debajo de un sauce, delante de una batea y lavándole los trapos, lo mismo que si hubiera sido la dueña de casa. Pasaron así los meses; el rancho parecía más alegre; algunas aves vagaban por el patio, la ropa lavada lo embanderaba, los perros se habían hecho más sociables, y, al ver que en el rancho había quién los atendiera, algunos transeúntes solían pararse en el palenque a pedir un vaso de agua o alguna indicación. Mejor que nunca, el vasco cuidaba sus ovejas; tenía que suplir el gasto ahora mayor de la casa, y no perdía ocasión de hacer algún trabajo suplementario para aliviar la situación. Una noche, desató de prisa el mancarrón atado a soga detrás del rancho, saltó en pelo y agarró a todo correr para la casa de doña Simona. Una hora después, volvía con ella; en el cuarto se oían lamentos: la matrona se apeó y entró en él majestuosamente, cerrando sobre sí la puerta y dejando a Bacalao soñar en el patio con los nuevos deberes que le iban a corresponder. Medio azorado el pobre por tanta felicidad, no sabía muy bien si debía renegar de su suerte o bendecir al Cielo. De rato en rato, un grito de dolor llegaba a su oído, y entonces dejaba de mandar al demonio a la mujer esa, que se había metido en su vida sin ser llamada, y al hijo que también iba a venir a duplicar el trastorno, para tenerle compasión a la pobre, y enternecerse a la vez con la idea de su tardía e inesperada paternidad. Doña Simona abrió por fin la puerta y le anunció que era padre de un varón, agregando: -Es una monada, y se parece mucho a usted -lo que, a pesar de su modestia nativa, no dejó de gustarle algo al vasco; y, orgulloso, ensilló para ir a visitar a su vecino y amigo don Pedro Belloque, ofrecerle ese nuevo servidor y pedirle de ser su compadre. Cerca de tres años, vivieron así; él, cuidando sus ovejas, con el chico, muchas veces, sentado por delante; ella, cuidando la casa, cocinando, lavando, sin salir más que para visitar de cuando en cuando a una vecina, cuyo rancho quedaba bastante cerca para ir de a pie. Una tarde, salió Bacalao a repuntar la majada. Cuando volvió, a las dos, no estaba la mujer; el chiquilín dormía. Pensó que estaba en casa de la vecina y no hizo caso. Volvió al campo, quedándose con la majada hasta encerrarla, y, al desensillar, encontró al muchacho dormido en el suelo, con lágrimas a medio secar en las mejillas; lo puso en la cuna que colgaba del techo; buscó, en el rancho y afuera, las huellas de la desaparecida, y por ciertos indicios inequívocos, empezó a sospechar que lo mismo que había venido, lo mismo se había ido. Pasó la noche, pasaron los días, las semanas y los meses; no supo, ni quiso saber nada de la desconocida que así había cruzado su vida, más bien que brillante meteoro, caprichoso candil, de luz empañada; ni se informó siquiera de lo que hubiera sido fácil indagar, conformándose con vivir como lo había hecho antes, pero no tan solo, ya que tenía un compañerito; aceptando con su jovial indiferencia de siempre las bromas sobre sus pasajeros amores, su paternidad y su viudez, cuidando como madre cariñosa a la pobre criatura que la suerte burlona le había regalado. Y no era risible, sino conmovedor, el ver a este hombre tan alto, doblado en forma de Z mayúscula hasta la altura del chiquilín, para sonarle las narices. <div class="noprint"> == Nota de WS == Este cuento forma parte de los libros: * [[Recuerdos de un hacendado]] * [[Tipos y paisajes criollos - Serie II]] [[Categoría:Recuerdos de un hacendado]] [[Categoría:Tipos y paisajes criollos - Serie II]] [[Categoría:P1901]] [[Categoría:Literatura argentina (Títulos)]] mhc8lj3fu91qkappr9wktrvy9gb7doj Vacas al corte 0 43264 1651807 1404440 2026-04-25T09:12:18Z Aleator 587 corr. naveg. 1651807 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Recuerdos de un hacendado]] |autor=Godofredo Daireaux |anterior = [[Dicha breve]] |sección = [[Vacas al corte]] |próximo = [[Gorro blanco]] }} Cundió la noticia de que don Filemón Urquiola, para aliviar el campo, quería vender quinientas vacas al corte, de las dos mil que tenía; y como las vacas para cría eran algo buscadas, porque iban poblándose muchos campos afuera, don Filemón no tardó en recibir la visita de varios interesados. Su rodeo, sin ser de lo mejor, era algo mestizo; tenía buena novillada, buena proporción de vaquillonas y vacas de vientre; los terneros nacidos en la primavera ya tenían sus seis meses; sólo, pues, quedaba saber el precio y las condiciones de pago. A don Filemón, como a cualquiera, le gustaba conversar, y cuando veía acercarse al palenque algún jinete desconocido, se apresuraba en convidarlo a pasar para las casas. Y mientras iba y venía el mate, servido por un par de ojos negros que parecían tomar el más vivo interés en lo que se decía, se cambiaban preguntas y contestaciones sobre esto, aquello y lo otro, dando rodeos y vueltas el forastero, como para evitar de hablar de las vacas, lo único que le importaba, y dejándolo, por su parte, don Filemón, enredarse en charlas sin rumbo, cortadas de silencios molestos, hasta que cansado de tantas partidas, ya largaba el otro: -¿Será cierto, don Filemón, que quiere vender vacas? -Hombre, según. Hice la conversación; pero no tengo muchas ganas, sabe. Está subiendo mucho la hacienda. -No crea, don Filemón. Muchos son los que quieren vender, y no es tan fácil encontrar comprador. -Pues a mí, señor, me han venido a ver una punta, y supongo que con alguno ha de cuajar, a menos que hayan venido sólo a tomar mate. -¿Pedirá mucho, don Filemón? -No, señor. Diez y ocho pesos. -... ¿A rebenque? -preguntó el forastero haciéndose el inocente. -Pues no, y con cría -contestó, sonriéndose, don Filemón. -¿Y cuántas son las que vende? -Quinientas, a cortar de las dos mil del rodeo, con diez por ciento de novillos garantidos, libre de entecadas, y los terneros del mes, por muertos -y agregó como quien no quiere la cosa: -plata al contado -sabiendo que para muchos, ese era el escollo. Tanteadas para conseguir plazos; ofrecimientos de cambiar ovejas por vacas; combinaciones ingeniosas para evitar de dar seña, de todo le habían metido por los ojos, pero el viejo no era lerdo, y mientras esperaba la contestación del forastero, el par de ojos negros reflejaba intensa ansiedad. Con algún trabajo, todo se arregló, previa vista del rodeo, y a recibir a los diez días; y como, del precio, sólo había tenido que rebajar don Filemón, peso y medio, en vez de los dos que hubiera consentido en ceder, le pudo decir a su mujer, refregándose las manos: -A éste le hice pagar la yerba. El día siguiente, don Filemón hizo parar rodeo, aprovechando los vecinos para sacar las ajenas, y pudo ver el comprador, que si cortaba con tino, el negocio no le podía salir malo. Firmó el boleto, pagó la seña, y notó que el par de ojos negros estaba muy risueño. A los diez días, vino a recibir la hacienda, con bastantes peones, para evitar que, en la recogida, por uno de esos descuidos involuntarios que al más honrado le suceden, quedasen olvidados entre las pajas, justamente los mejores novillos y las vaquillonas más mestizas. Y cuando, despertado por la bulla que metían en el campo, los perros con sus aullidos y los peones con sus gritos, se apresuró el sol a saltar de la cama, envuelto todavía en los violetos jirones de su colcha de nubes deshechas, y asomó la cara en el horizonte, por todos lados, vio surgir de los pajonales y de los huecos, trozos de hacienda que corrían a juntarse en el rodeo, trotando las vacas, galopando, mugiendo, balando, corneándose, dando de cabezazos a los perros, trepándose unas encima de otros, parándose a veces un toro, para hacer volar con fiereza la tierra por el aire; llegando por fin todas, en largas filas, al rodeo, donde se mezclan, remolinean un rato, y poco a poco se sosiegan, juntándose por familias, buscando cada cual su sitio acostumbrado, esperando, tranquilas, bajo la custodia de los jinetes, lo que disponga el patrón. Al comprador le gusta mucho la novillada, medio amontonada en una orilla del rodeo; pero también le gustan las vaquillonas de aquellas otra, y vacila. ¿Dónde cortará? Por su parte, don Filemón está algo inquieto: ¿le sacará los novillos más grandes o las mejores vaquillonas? Y acaban por resolver, ambos de común acuerdo, de remover despacio el rodeo y de mezclar los animales, antes de cortar. El comprador, de repente, levanta en silencio el rebenque, para que sus peones lo sigan, y abre con ellos en la hacienda, al tranco largo, un surco que corta del rodeo, más o menos, el trozo convenido de quinientas cabezas. El surco se ensancha, las vacas caminan: las enderezan al viento, donde queda parado el señuelo, y al grito de: «¡Vaca! ¡Fuera buey!», cien veces repetido, las apuran de golpe para que no puedan tener ya tiempo de volverse al rodeo. El comprador y el vendedor envuelven la hacienda cortada en la misma ojeada escudriñadora. Corte lindo para cría, piensa el primero: muchas vacas y vaquillonas lindas; y como ya son de él, cada minuto que pasa se las hace parecer mejores. Don Filemón también se serenó; cierto es que se le van algunas buenas vaquillonas y uno que otro novillo grande, pero se consuela pensando que va a recibir buenos pesos, que le quedan novillos para el matadero; y después de una vueltita al rodeo, que despacio, a paso lento, se va desgranando por el campo, queda del todo conforme. En un momento, se desternera la punta cortada; se sacan dos animales ajenos, una lechera de la patrona, un buey, un novillito rengo, y ¡a contar! y se forma la gente, se corta y se aleja el señuelo, al viento siempre, y por un embudo de jinetes, pasan de a una, de a dos, de a cinco, deshilándose despacio a veces, y otras, a todo correr, las vacas y los toros, los novillos y los terneros, las rosillas y las coloradas, las blancas y las negras, las moras y las overas saludándose cada cincuenta con un grito y una tarja. «¡Cincuenta en la negra!...» Se acabó. Queda la hacienda bajo el cuidado de los peones del comprador, que la van marchando despacio, atajando la punta delantera, hasta pasar la tranquera del alambrado. El comprador se fue para las casas con don Filemón, a quien entregó los pesos; y cuando se retiró, notó en el par de ojos negros tanta alegría, al mirar a un buen mozo que parecía ser de la familia, y una sonrisita tan llena de inconsciente gratitud, al mirarlo a él, que comprendió que con la venta de las vacas, no sólo el viejo aliviaba el campo, sino que también adquiría los medios de apurar la felicidad de una simpática pareja; y sintió de veras no haber tenido que tratar el precio con la enamorada niña, pues ella, seguramente, le hubiera soltado las vacas, aun por doce pesos. == Nota de WS == Este cuento forma parte de los libros: * [[Recuerdos de un hacendado]] * [[Tipos y paisajes criollos - Serie III]] [[Categoría:Tipos y paisajes criollos - Serie III]] [[Categoría:Recuerdos de un hacendado]] [[Categoría:P1903]] [[Categoría:Literatura argentina (Títulos)]] chcsahmutgie468gb8ealqsy45az2e3 Funeraria 0 43268 1651805 1404580 2026-04-25T09:10:16Z Aleator 587 corr. naveg. 1651805 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Recuerdos de un hacendado]] |autor=Godofredo Daireaux |anterior = [[La libreta]] |sección = [[Funeraria]] |próximo = [[Lo criollo]]}} -¡Ave María! -gritó desde el palenque el muchacho; y antes que don Agustín hubiera tenido tiempo de espantar los perros y de invitarlo a apearse-: Don Agustín -le dijo-, manda decir mi tío si usted puede venir hasta casa, para hacer un cajón. -¿Un cajón?, ¿para qué? -Para el finado Patricio. -¡Cómo!, ¿murió Patricio? -¡Sí, señor! -¿Y de qué? -Lo mató Suárez. -¡Hombre!, ¿y cómo fue la cosa? Bajate pues, hombre, y mientras me visto, me cuentas. El caso era muy sencillo. Patricio era un mestizo inglés, compadrón y chocante como él solo, cuando estaba mamado, cosa que le sucedía, en término medio, cinco días por semana. En su calidad de compositor de los dos parejeros de la pulpería, era admitido detrás del mostrador, y ahí se daba mucho tono con los clientes, doctoreando de conocedor en caballos y de carrerista, sin admitir réplica. Más de una vez, había suscitado camorras, y sacado el revólver o hecho relucir la cuchilla; pero no había pasado de compadradas de que nadie había hecho caso. Este día, estaba entre la concurrencia un gauchito, bajo de estatura, delgado, casi lampiño, de ojos chiquitos; con una de estas caras que nadie piensa en mirar, que, instintivamente, se disimulan detrás de espaldas más altas, y cuya vista inspira al que, por casualidad, las ve, la misma repulsión que la de una víbora, con la misma intuición de destrucción necesaria, aunque sea con asco. Se llamaba Suárez; era hijo de una vieja puestera del pago, mala, ella también, como la hiel, y todos le tenían... recelo, por lo menos. Se armó lo de siempre, entre él y Patricio, y después de un cambio de palabras algo fuertes, saltó el inglés enfadado por encima del mostrador, rebenque en mano; pero antes que hubiera puesto el pie en el suelo, quedó tendido de espaldas en el mostrador, pataleando en medio de las copas volcadas, con una herida bárbara en el costado. Suárez limpió el cuchillo en el umbral, y conservándolo en la mano, con la mirada circular, torva, humildemente desafiadora de la fiera acorralada, se retiró hasta el palenque, montó a caballo, y pronto se perdió en el pajonal, sin que nadie hiciera un gesto para detenerlo. Cuando llegó don Agustín con el muchacho, el alcalde estaba allí, conversando con el dueño de la pulpería, cerca del catre donde descansaba el cadáver de Patricio. Lo único que quedaba hacer era preparar todo para velarlo y llevarlo, el día siguiente, al pueblo -catorce leguas de caminos deshechos y pantanosos, donde se daría cuenta a la autoridad, se haría reconocer el cuerpo y se le daría sepultura. Primero, se necesitaba un cajón. Don Agustín se puso a disposición del pulpero: no era, a decir la verdad, carpintero de oficio, pero tenía cierta afición y era bastante baqueano para enderezar a martillazos los clavos torcidos y enmohecidos que nunca faltan en una casa de negocio, serruchar medio derecho tablas de cajones vacíos y de barricas, y pegarlas juntas, sin ofenderse por demás los dedos. Bien se hubiera podido -y algunos viejos habían emitido la indicación- envolver al difunto en un cuero de potro y llevarlo así, a la moda antigua, de cuando una tabla era un lujo, y que había que hacer seis leguas para pedir un serrucho prestado. Pero nadie los escuchó; ¿para qué?, si había de todo en la casa, y el pulpero indicó a don Agustín un montón de cajones vacíos, autorizándolo con una liberalidad que hacía honor a sus sentimientos de caridad cristiana, a tomar todo lo que necesitase. Una hora después, apenas, de haberle don Agustín tomado medida de su último traje, se encontraba Patricio descansando en un féretro artísticamente trabajado; dando la casualidad que en el sitio de los pies, se pudiera leer: «Bitter de los Vascos», mientras se juntaba en la cabecera, un letrero de coñac con uno de ajenjo, y derramada en los costados y en todas partes, la lista completa de las bebidas con que suele ponerse alegre la gente de campo: vermouth francés y vermouth Cinzano, ginebra, Whisky, anís de Carabanchel, aguardiente de uva y algunas otras. Ningún honor fúnebre le podía haber sido rendido con más exquisito tacto al finado Patricio. Lo velaron muchos vecinos, atraídos por la curiosidad y por las ganas de oír los detalles del suceso; fumaron una gran cantidad de cigarros, se tomaron bastantes copas; dicen que se arreglaron dos carreras para el domingo siguiente, y no hay duda que, si el dueño de casa lo hubiera permitido, hubiera sollozado la guitarra algún canto más o menos fúnebre. Al amanecer, se ató un carrito con tres buenos caballos, se cargó en él el pintoresco ataúd, y se marcharon, en medio del silencio de la concurrencia, más atontada por una noche sin sueño que respetuosa de la muerte, don Agustín, sentado en el carro, y el viejo don Anselmo, a caballo, para cuartear, en caso de apuro. Y en las brumas matutinas, fue extinguiéndose, poco a poco, el rumor vago, salpicado de notas claras, producido por el sonido de las ruedas en el eje, los tumbos del carro en los huecos de las huellas, el trote de los caballos en los charcos de agua y la conversación a gritos de los dos viajeros, con la cual trataban de contrarrestar la emoción involuntaria que les infundía la presencia algo solemne del mudo compañero, a pesar de la sobreexcitación causada por la agitación del viaje y por la copiosa mañana tomada antes de salir. Ocho horas después, llegaban frente a la policía del pueblito, y bajaban ambos del carro; pues el viejo Anselmo, en las seis paradas que habían hecho, en los boliches del camino, para dar resuello a los caballos y contar el suceso, con amplios detalles, se habían tragado tantos anises con ginebra, que don Agustín, algo bastante punteado también, le había hecho atar el mancarrón a la par de un ladero y ofrecido un asiento en el carro. Y cuando hubieron entregado al oficial de guardia el parte del alcalde, y recibido la orden de bajar el difunto, vieron, atónitos, que la puerta del carro, desprovista de sus clavijas, colgaba, avergonzada, de las bisagras, y que el muerto había desaparecido. -¡Ahijuna!, ¡se nos fue! -exclamó Anselmo. Pero don Agustín, que era hombre formal, lo hizo trepar otra vez en el carro, a su lado, y sobre la marcha, sin decir nada a nadie, agarró por donde habían venido, registrando cuidadosamente el camino recorrido, hasta que, a una legua, más o menos, del pueblito, encontró al pobre Patricio, que esperaba tranquilo, con el cajón boca abajo, en un charco, que lo viniesen a buscar. {{c|<hiero> M42 </hiero>}} == Nota de WS == Este cuento forma parte de los libros: * [[Tipos y paisajes criollos - Serie IV]] (1903) * [[Recuerdos de un hacendado]] (1916) [[Categoría:Tipos y paisajes criollos - Serie IV]] [[Categoría:ES-F]] [[Categoría:Recuerdos de un hacendado]] [[Categoría:P1903]] [[Categoría:Literatura argentina (Títulos)]] sdazb7q3biyx85ifl08e42zbguef3bw Lo criollo 0 43269 1651809 1404591 2026-04-25T09:13:59Z Aleator 587 corr. maveg. 1651809 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Recuerdos de un hacendado]] |autor=Godofredo Daireaux |anterior = [[Funeraria]] |sección = [[Lo criollo]] |próximo = [[El gaucho]] }} Don Victoriano Ortiz, al tranco sosegado de su crédito, penetró con don José, el resero, en el rodeo de sus vacas -unas mil cabezas-, parado en una lona medanosa, y caminaron ambos, despacio, entre el oleaje de grupas y de astas, tratando el resero de no pisarse en sus cálculos y de darse buena cuenta del estado de los animales y de su valor, y Ortiz, de remover delante él los novillos más grandes y gordos. -¿Qué le parece, don José, la novillada?, van tres años que no vende; se puede cortar de a puntas. -Sí, cierto -contestó el resero-. Hay bastante novillada grande; pero es muy criolla. -¿Le parece? Y quedó Ortiz todo desconsolado, como quien pierde la ilusión de un gran esfuerzo inútil, al acordarse que había podido conservar, hacía tres años, en su rodeo, durante unos meses, un torito mestizo, de la estancia vecina, creyendo asegurado así el refinamiento rápido de su hacienda. Barrosas y chorreadas, hoscas y bayas, overas y yaguanés, con astas largas y amenazadoras, en sus cabezas grandes; las ancas estrechas y salientes; puro pecho, poco cuarto, y con unas patas largas que más les hubieran hecho ganar un premio en las carreras que en una exposición rural, las vacas del amigo Ortiz eran, como él, de pura sangre criolla. Pero lo que puede, para el hombre, ser un mérito relativo, no lo es para los animales, y los reseros de hoy ya no tienen más ojos que para las mestizas. Si Ortiz no vendía novillos desde tres años, y si de los que llevó don José, no sacó más que un precio irrisorio, es que lo criollo ya no tiene aceptación. ¿Qué le vamos a hacer? Pero él difícilmente podía entender esa moda, como decía, y seguía resistiéndose a invertir plata en esos toritos ingleses que todos ponderaban, y que, por fin, no le parecían tan buenos. Lo mismo con las ovejas. Tenía una gran majada de criollas, altas, delgadas, con una lana más fiera que la peluca de Mandinga, y esto sólo en el lomo; y a los que le indicaban la necesidad de mejorar su rebaño, contestaba que las ovejas criollas eran las únicas en que tenía fe; que ellas no sabían lo que era sarna, ni lombriz, ni mancura, ni nada; que eran sanas y fuertes, que criaban lindamente sus corderos, y que no quería saber nada de linca ni de rambullé. -Demasiado se me van mestizando con las mixturas -decía; aunque más miedo todavía tenían los vecinos a la majada de él, siempre llena de carneros, en toda estación; y ¡qué carneros!, tan emprendedores, e indómitos como fieras. -Criollos lindos -decía don Victoriano. El animal criollo es el que, de un estado doméstico anterior, va retrocediendo al estado silvestre; el criollo, por otro lado, es el hombre que se va acercando al refinamiento: se encuentran ambos por el camino, y mientras no sean mayores las necesidades del último, quedan juntos y se acompañan, en ese estado de transición. El criollo se contenta con conservar la propiedad de sus animales; observa sus mañas, sus costumbres y les opone su vigilante astucia, salvando su dominio por medios primitivos de coerción. Todavía no piensa en mejorar su propia condición; ¿cómo pensaría en mejorar la de su hacienda?, ella vive y se multiplica; ¿qué más quiere?, también está apropiada a lo poco que le pide y se contenta con vivir de ella. La ambición de enriquecerse no ha nacido todavía en él; ni trata de producir más de lo que necesita, ni menos, de conservar lo que le podría sobrar. Fácilmente se comprende que con semejante ideal, nunca se hubiera acordado Ortiz de comprar campo. Primero había andado vagando por tierras sin dueño conocido, o en campos del estado, y sólo cuando aumentaron sus intereses y se empezó a poblar la campaña, pensó en arrendar. Bien veía que, por todas partes, se formaban estancias, grandes y pequeñas, y la mayor parte, de propiedad de extranjeros; poco acostumbrado a ver que el pesebre y la rasqueta sólo servían para el caballo importado, y que la intemperie y el campo pelado no bastaban para el criollo, no se le ocurría que pudiera, él, nacido acá, aspirar algún día a ser también dueño de algún retazo del suelo patrio y a radicarse en él. Se dejó estar, pues, durante mucho tiempo, hasta que bien aconsejado por su amigo don José, el resero, logró un campito a precio regular. Con la inesperada posesión de la tierra, cambiaron sus ideas. No tener ya que pensar en el pago del arrendamiento, esa terrible pesadilla anual, ni en la próxima mudanza, ese trastorno periódico que, muchas veces, es la ruina, que siempre es un atraso, esto basta para que se borren de la mente del criollo los vestigios del instinto nómada, heredado de sus antepasados. Y pronto, aunque ya viejo, dejó Ortiz de ser el criollo empedernido que siempre había sido. Fue vendiendo poco a poco las barrosas y yaguanés; y los toros mestizos de buena cría anduvieron haciendo la ley en el rodeo, mientras que las ovejas criollas, cruzadas con buenos carneros, daban crías que quizás hubieran renegado de sus madres, por ordinarias, si hubieran sido gente. Hubo, por cierto, desconsuelos pasajeros; la tierra había quedado pampa, y los mestizos son delicados. El pasto puna, que basta para mantener ovejas y vacas criollas, enferma a aquéllas; pero después de maldecir, en más de una ocasión, las mestizaciones, y de insistir, a veces, en que «no hay como los animales criollos», Ortiz tuvo por fin que aplaudir a sus hijos haciendo el oficio de gringos y siguiendo a pie el arado que hace mestizala tierra, y arraiga en ella al hombre. Fue por aquel entonces, cuando el resero don José vino, un día, muy paquete, a visitar a la familia de Ortiz, con el solemne objeto de pedir, para su hijo, la mano de la joven Zulema. Y como el viejo Ortiz, muy halagado por el pedido, por previsto que fuese, le preguntaba al resero, con aire socarrón, si no tenía recelo de que le saliera muy criolla la hacienda, don José, galante, contestó que, tratándose de flores, cambiaba de especie la cosa, y que hay violetas del país y rosas criollas que pueden competir con las mejores flores importadas. == Nota de WS == Este cuento forma parte de los libros: * [[Tipos y paisajes criollos - Serie IV]] (1903) * [[Recuerdos de un hacendado]] (1916) [[Categoría:Tipos y paisajes criollos - Serie IV]] [[Categoría:Recuerdos de un hacendado]] [[Categoría:P1903]] [[Categoría:Literatura argentina (Títulos)]] 3fep122zpy2m8gscbeq8k6ct5z9s46r El pan y la sal 0 44107 1651810 1404447 2026-04-25T09:15:17Z Aleator 587 corr. naveg. 1651810 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Recuerdos de un hacendado]] |autor=Godofredo Daireaux |anterior = [[Abuelita (Godofredo Daireaux)|Abuelita]] |sección = [[El pan y la sal]] |próximo = [[Día de reunión]] }} La invasión del crepúsculo parecía ahuyentar de la superficie de la tierra todo lo que, momentos antes, resaltaba, tan netamente recortado. Los animales, aunque siguiesen paciendo donde los había dejado el último rayo del sol, aparentaban haberse alejado una legua: y para alcanzar a divisar, en el horizonte, un rancho, achicado de repente, como si se hubiera hundido, era preciso agacharse casi hasta el suelo, y abrir tamaños ojos. Una tristeza infinita se extendía, con la noche, sobre la llanura; el mismo viento callaba, y todo, sepultándose en un silencio color de tinieblas, parecía borrarse paulatinamente de la vida. Don Martín había rodeado su majada, desensillado su caballo, y lo había atado con maneador largo, para que pudiera comer algo, durante la noche. Su rancho, habitación provisoria de pastor errante y sin familia, era de adobe crudo, angosto y bajo, cubierto con algunas chapas de hierro de canaleta, y le servía de cocina, de comedor y de dormitorio. Entró en él, prendió un candil de sebo, y empezó a arreglar, en el medio de la pieza, el fuego para cocinar su pobre puchero de solitario y hacer hervir el agua del mate. Como no encerraba nunca la majada, le faltaba hasta la provisión de leña de oveja, y tenía que hacer fuego con unas anchas bostas de vaca, bien secas, que juntaba en el campo, y de las cuales acababa de traer una gran bolsa llena. Prendido el fuego, colocó en él la olla, provista ya de los elementos del puchero, que debía constituir su frugal cena, se sentó en una cabeza de potro, cargó el pito, rascó el mate, lo llenó de yerba, y esperó que cantase la pava. Un gran perro se estiró a su lado, mirando también la llama. Así, solo, perdido en la Pampa, pasaba semanas enteras, sin ver alma viviente, meses sin saber nada del resto del mundo, y sin que supiera nada de él, nadie. De repente, el perro levantó la cabeza, paró la oreja, salió del rancho y empezó a ladrar con fuerza. Don Martín se levantó, y, agachándose en el umbral de la puerta, trató de penetrar la obscuridad, densa ya, de la noche. Un jinete se venía acercando. Al cabo de un rato, cerca ya del palenque, se paró y pronunció la frase sacramental: «Ave María», a la cual contestó don Martín, sin vacilar: -Sin pecado concebida. Bájese, si gusta -haciendo, al mismo tiempo, callar el perro. El jinete se apeó; ató el caballo al palenque, y entró con don Martín en la pieza. El hombre, un gaucho pobremente vestido, con la cabeza envuelta en un pañuelo de algodón, que, con el sombrero gacho, disimulaba parte de sus facciones, dejando sólo brillar dos ojos pequeños y centelleantes, tenía, en conjunto, cara tan poco simpática, que don Martín, al momento, se acordó que, en los días pasados, había vendido quinientos capones, y que se los habían pagado en la puerta del corral, con un dinero que, justamente, tenía en el tirador. Pero fue sólo cosa de un rato. Don Martín concedió al forastero licencia para desensillar, pensando que al fin, con cuidarse un poco, un hombre vale otro hombre. También puede ser que se resistiera su mente generosa de montañés piríneo a discutir, siquiera, la religión innata de la hospitalidad. Le alcanzó el mate, y siguiendo él los preparativos de la cena, se fue a un rincón de la habitación, a sacar del cajón, la sal, sagrados emblemas de la hospitalidad antigua. En ese momento, sonó el estridente grito de la lechuza, al cual don Martín no hizo caso, mientras pasaba un relámpago en los ojos del gaucho. Otro grito igual se hizo oír, un rato después, y éste se estremeció. Don Martín, incauto ya, seguía su trabajo de huésped atento, y, en el momento en que se inclinaba para agregar, para el forastero, una presa a la olla, rápido, se levantó éste -el huésped infame-, y, de un bolazo en la cabeza, volteó al pobre vasco. Este pudo todavía, aunque aturdido por el golpe, desnudar la cuchilla y acometer a su vil agresor; pero se encontró frente a dos más, emponchados, de cara tiznada, quienes, después de corta lucha, dieron con él en el suelo, acribillado a tajos. Revolvieron el cajón, el catre; desataron el tirador de la cintura del cadáver, y apoderándose de su contenido, se lo repartieron, entre risas. Entre risas, se comieron el puchero, y arrastrando el cuerpo de su víctima hasta el pozo, entre risas, lo tiraron en él, de cabeza. Y burlándose de los aullidos del perro, que acostumbrado a cazar los pequeños bichos del campo, nunca había visto fieras, y no se atrevía a acercarse, montaron a caballo; y, cortando a tientas, en la obscuridad, todo lo que, de la majada, podía caminar ligero, se internaron, arreando su botín, en los espesos y desiertos fachinales de la Pampa. {{c| <hiero> M42 </hiero> }} A los cinco días, pasó por allí un vecino -vecino de a cuatro leguas-, y bajándose, entró a saludar a su amigo, don Martín. Pronto se dio cuenta de lo ocurrido; las pocas ovejas que quedaban, desparramadas; el caballo atado a soga, que no habían querido llevarse los malhechores, para no ser vendidos por la marca, quizás, y muerto de sed y de hambre; el perro, vagando, aullando tristemente y resistiéndose a acudir a su llamada; el tirador vacío, en el suelo; el revoltijo de cosas en el rancho, y, por fin, una alpargata que, desprendida, había quedado en la orilla del pozo y le sirvió de indicio para adivinar que ahí era la tumba del pobre. No extrañes hora, viajero, si alguna vez, a las horas del crepúsculo, al acercarte a un palenque para pedir hospitalidad, oyes a la mujer temblorosa insinuar al marido: -¡Por Dios! Dile que no se puede, que no tenemos comodidades. == Nota de WS == Este cuento forma parte de los libros: * [[Tipos y paisajes criollos - Serie III]] (1903) * [[Recuerdos de un hacendado]] (1916) [[Categoría:Tipos y paisajes criollos - Serie III]] [[Categoría:Recuerdos de un hacendado]] [[Categoría:P1903]] [[Categoría:Literatura argentina (Títulos)]] g3wxjurgljh67qrqk52noxzh7uf64z3 Día de reunión 0 44109 1651811 1404463 2026-04-25T09:15:47Z Aleator 587 corr. naveg. 1651811 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Recuerdos de un hacendado]] |autor=Godofredo Daireaux |anterior = [[El pan y la sal]] |sección = [[Día de reunión]] |próximo = [[Usted es dueño, patrón]] }} Don Manuel Fulánez, dueño de «La Colorada», no sabía ya qué hacer para desviar hacia su casa de negocio la corriente poderosa de clientes de la acreditada pulpería la «Nueva Esperanza». En vano, para tratar de amansarlos, había usado de todas las armas conocidas del oficio: les había comprado los frutos a precios disparatados, ofreciéndoles, en cambio, el azúcar a diez centavos menos de lo que le costaba en plaza. Todo lo que había conseguido era de haber dado libreta a los que rechazaba el competidor, una punta de atorrantes, metedores de clavos; y, triste, comparaba su palenque desierto con el de don Juan Antonio Martínez, cuyos doce postes, en hilera, bastaban apenas para la mancarronada. Salió un rato al patio, dando vueltas, juntando con el mingo, las ocho bochas desparramadas; alzó una botella vacía, tirada por algún mamado; de un puntapié hizo rodar a la zanja una caja vacía de sardinas, resto del almuerzo de algún pasajero, y recostado en el alambrado, aspirando con fuerza el aire vivificante de la Pampa, para limpiar sus pulmones del polvo de los estantes, hediondo a tejido engomado y a aguardiente adulterado, cavilaba en los medios de domar la Fortuna. Cayó, al rato, su vista en la cancha de carreras, dos líneas paralelas, trazadas con la pala, entre el pasto, a tres o cuatro metros de distancia una de otra, y casi tapadas ya, por falta de uso; y una luz genial alumbró los repliegues de su cerebro mercantil, momentáneamente obscurecidos por la mala suerte. Quince días después, un domingo, por la mañana, cuando don Manuel abrió las puertas del negocio, vio, con una sonrisa de victoria, los caballos ensillados, atados, en número crecido, a pesar de la hora temprana, no sólo en el palenque, sino también a lo largo del alambrado. Una tienda de campaña, formada de un pedazo de arpillera tendido en las varas empinadas de un carrito, indicaba que hasta pasteleras habían venido de lejos, prueba evidente de que sería todo un éxito la reunión. Y por las puertas apenas abiertas del boliche, se precipitó la gente, pidiendo copas, y galleta, y tarros de café, y cigarros, y tabaco, y fósforos, y esto, y el otro, en medio de alegre algazara. Don Manuel y sus dependientes se movían, activos, y despachaban, atentos a recibir los pesos al entregar lo pedido, pues en día de reunión no hay fiado. Nunca, todavía, se había visto tanta gente junta en la casa; y se oía el choque seco de las bolas del billar, y el rodar de las bochas en la cancha, y después de cada partido, era, en el despacho, una invasión de jugadores que venían a hacer pagar a los vencidos los gastos de la guerra. No había tiempo de cerrar el cajón; los centavos y los pesos iban cayendo, que era una bendición; y cuando vino la hora en que los estómagos empiezan a reclamar la protección de sus amos, bajaron de los estantes las cajas de sardinas, de calamares en su tinta, de pimientos morrones, y otros productos europeos, conservados en latas para la exportación, mientras que, en papeles de estraza, se pesaban pasas de higo y pasas de uva, almendras y nueces, tajadas de queso, de dulce y de salame, a montones. Los dependientes corrían de la pipa del carlón a la cuarterola del vino seco, y de la damajuana de la caña al barril del coñac, sin tener tiempo siquiera para lavar los vasos. La alegría iba subiendo de tono; las conversaciones se hacían más bulliciosas; las ponderaciones al picazo o al zaino se exageraban, y ya, sólo a gritos, se podía imponer al prójimo la convicción de que ese o el otro iba a ganar. A las dos en punto empezaron las partidas de la carrera principal, objeto y pretexto de la reunión; el mostrador quedó desierto, y toda la gente se fue a juntar en la cancha: las apuestas se cruzaron, y hubo un momento largo de gran bullicio, de gritos, de llamadas; hasta que de repente, corrió la voz: «¡Ya se vienen!» quedando todo en un silencio ansioso, por un instante, durante el cual no se oyó más que el estrépito de la carrera, seguido pronto de los gritos desaforados que siempre acompañan la llegada a la raya. Los rayeros eran gente formal; no hubo discusiones; entregaron el dinero al dueño de la carrera, y la gente, cada vez más excitada, volvió a la pulpería, a vaciar copas, a charlar, a discutir, fumando, riéndose, comiendo pasas y gastando la plata con liberalidad criolla. Discretamente, se inició el partido de taba; y, poco a poco, empezó la vorágine del juego a poner en movimiento pesos y más pesos. Se principia entre dos risas, por apostar cincuenta centavos al que tira o al que no, y se sigue, un poco más fuerte, cada vez, por amor propio, por despecho de haber perdido, por ganas de recuperar, por ambición de ganar más, y el cocinero, hombre vivo, con apariencia muy seria, sabe atizar el fuego: -¿Vamos a ver, don Servando, qué hace? ¡Qué había sido miedoso! Y el gaucho que tiene en mano la taba, en postura de tirar, la mira, callado, la hace dar vueltas al aire, tentadora; extiende el brazo, lo retrae, listo ya, pero sin apuro, esperando que don Servando se decida, y, por fin, lo envuelve a éste, con una mirada suave como terciopelo, fascinadora, y don Servando, tomando su resolución, como la toma el pájaro, al dejarse caer en las fauces de la serpiente: -¡Cinco al que tira! -dijo. Y ganó. Y jugó diez, y jugó veinte, y jugó cien, y perdió, y ganó, y sin saber lo que hacía, jugó lo que tenía, sin contar; se empeñó, pidió prestado al pulpero, le dio sus vaquitas en garantía; volvió a jugar, a ganar, a perder, tomó muchas copas, él, hombre sobrio, hombre de familia, blanqueando en canas, ordenado, que había formado su haber a fuerza de trabajo; y, después de la taba, hasta altas horas de la noche, quedó, febriciente, ciego, parado cerca del billar, al lado del coimero, jugando locamente al choclón; hasta que abombado, cansado, ebrio, arruinado como por un temporal repentino, fue a desatar del palenque su caballo, y se retiró. La vorágine sigue dando vuelta. Los pesos de don Servando ruedan en ella, trayendo otros, y otros, y de todos los bolsillos van saliendo, cada vez más apurados, cada vez en mayor número. Pero el dinero sacado del tirador para el juego, no vuelve al tirador; cambia ligero de manos, y al pasar de una a otra, siempre algo se resbala de la punta del torbellón, para el cajón de don Manuel Fulánez y de su coimero; hasta que, vacíos todos los tiradores y lleno el cajón, se acabe la reunión. == Nota de WS == Este cuento forma parte de los libros: * [[Tipos y paisajes criollos - Serie III]] (1903) * [[Recuerdos de un hacendado]] (1916) {{ORDENAR:Dia de reunion}} [[Categoría:Tipos y paisajes criollos - Serie III]] [[Categoría:Recuerdos de un hacendado]] [[Categoría:P1903]] [[Categoría:Literatura argentina (Títulos)]] fhxsw905vdbf2d3obfwy4myx3ygjjbz Desastre 0 44124 1651813 1404571 2026-04-25T09:16:44Z Aleator 587 corr. naveg. 1651813 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Recuerdos de un hacendado]] |autor=Godofredo Daireaux |anterior = [[Policía patriarcal]] |sección = [[Desastre]] |próximo = [[Diversiones amenas]] }} Cuando llueve, lo mejor es dejar llover, primero porque es lo más fácil y también porque, generalmente, la lluvia es una bendición de Dios para la campaña; pero sucede que se vuelve plaga cuando dura demasiado, inundando el campo, penetrándolo todo de humedad, traspasando el piso de las habitaciones, calando las ropas y el mueblaje, sin que pueda ni dormir en seco la familia, porque el techo del rancho, cansado de tanto sufrir, está lleno de goteras. -¡Quién fuera pato! -rezonga la señora, chapaleando agua, en el patio, para llegar del rancho a la cocina. -Verdad es que es mucho lavar - contesta el marido, al ponerse el poncho de paño, pesado todavía del agua de los días anteriores. Y, bajo la lluvia que sigue, se va hasta el corral, a ver cómo han amanecido las ovejas. Las vacas y las yeguas aguantan sin morir, y los hombres, sin aflojar -en la ruda tarea de sujetarlas-, los mayores diluvios, por tal que no sean de agua muy fría. Las ovejas sufren más; pasan largas horas, encerradas, esperando, hambrientas, bajo el húmedo peso de su lana empapada, que un descanso del temporal permita al amo abrirles las puertas y dejarlas comer, apuradas, durante un rato, atajándolas, para que no se desparramen: no se pueden echar en el inmundo fango del corral y se lo pasan, paradas, en el barro hediondo, encogidas y dando las espaldas al viento, o remolineando sin descanso. Por otra parte, cuidarlas a rodeo, en noches de lluvias con viento, sería exponerse a perderlas: y mejor es todavía tenerlas seguras. Así pensaba don Benjamín; y don Benjamín era hombre de mucho conocimiento en todo lo que se refería a trabajos de campo. Estimaba que en caso de temporal deshecho, el corral es el mejor peón, y que, aunque sufriesen hambre las ovejas, era preferible dejarlas encerradas, aun de día, que exponerse a no poderlas sujetar, una vez en el campo. Y fiel a estos principios, es que tenía la majada encerrada, el segundo día de cierto temporal furioso con viento sur, capaz, con sus cacheteos glaciales, de llevárselo todo por delante. Don Benjamín, el día anterior, había largado la majada desde más de una hora, cuando principió a caer esa agua fría como la nieve; las ovejas, azotadas por el viento, empezaron a disparar y se apuró él en echarlas otra vez al corral. Le costó mucho trabajo; no querían volver; no querían enfrentar ese viento que les helaba la sangre, ni los latigazos del agua que les castigaba el hocico, como con puntas de acero. Don Benjamín, sin llamar a sus dos hijos, muchachitos todavía, que no hubiesen podido resistir el frío aquel, llenó, sólo con sus perros, la ruda tarea de asegurar la majada. Raras veces dura mucho un mal agudo, y la naturaleza parece saber calcular, en sus más terribles enojos, la fuerza de resistencia de sus víctimas. Aquella vez, andaría descomunalmente rabiosa o habría perdido la medida, pues el viento quedó fijo en el sur, trayendo agua helada, durante tres días y tres noches; arreando, sin dejarlos descansar una hora, y llevándolos hasta ocho y diez leguas de la querencia, los yeguarizos y vacunos, y matando, a millares, los que habían quedado encerrados y los que, embolsándose en algún alambrado, no habían podido seguir caminando. ¿Quién no comprenderá que don Benjamín, el segundo día, teniendo la majada bien encerrada, aburrido de quedarse en la inacción, inquieto de la suerte que habían podido correr sus caballos, sus yeguas y sus vaquitas, se dispusiera a desafiar la intemperie para ir siquiera hasta la esquina, a saber algo, recoger datos, oír hablar de lo sucedido a éste, o aquél, a Fulano y a Mengano? Bien emponchado, la cabeza envuelta en un pañuelo que le tapaba casi toda la cara, ensilló y fue. ¡Qué viento, señor; y qué frío!, el agua parecía cortarle el cutis a uno. ¡La suerte que la pulpería estaba cerca! Había poca gente; capataces de estancias, hacendados que habían venido en sus mejores caballos, siguiendo sus animales arreados por el fantástico látigo del temporal, y que habían tenido que detenerse, porque los mancarrones ya se habían enfermado, con el frío, y desmoralizado los hombres. Todos estaban contestes en que las ovejas habían sufrido poco, pero que el desparramo y la mortandad de animales mayores sería cosa nunca vista. Don Benjamín, fatalista, pensó que no había más que esperar con resignación que terminara el temporal para entrar a campear sus lecheras, bendiciendo la suerte, por haber salvado siquiera la majada. Y tomó la mañana. Ahí, no se sentía el viento; ni entraba el agua; hasta reinaba una temperatura regular, sino del todo confortable, por lo menos, llevadera, por comparación. Y don Benjamín, ablandado por este bienestar relativo, siguió tomando la mañana... hasta las cinco de la tarde. Al volver a su casa, un poco antes de la oración, con la vista turbada por el alcohol, por las ráfagas del viento y los remolinos de la lluvia, divisó algunas ovejas que iban, mancas, balando, apuradas y como tratando de alcanzar a las compañeras; conoció con inquietud que eran de la señal de su majada. Galopó en la dirección del viento, y al rato pudo ver, cruzando el cañadón y yendo hacia el arroyo, en larga chorrera, sus ovejas, que, azotadas por la tempestad, casi corrían, como si tuvieran prisa de encontrarse con la muerte. Desesperado, las quiso detener, trató de atajarlas; no pudo. Debilitado por la bebida, enceguecido por la lluvia, helado por el viento, ronco a fuerza de gritar, en vano trataba de atravesarse a las ovejas, que iban hechas torrente, entre el agua del cañadón crecido, sordas, ciegas, ahogándose ya. Vino la noche: y con lágrimas de rabia impotente en los ojos, don Benjamín enderezó para su casa, donde encontró, sumida en la desolación, a su pobre mujer. Y ella le explicó lo que había sucedido: la majada arrinconada por el viento en un costado del corral; un poste podrido que cae, un lienzo viejo que cede bajo el peso y, por el portillo abierto, ¡el desfile paulatino de la majada! A los balidos, corrió ella, con los niños y los perros; y pudo impedir que salieran unas trescientas ovejas, que son las que quedan. Han luchado para atajar la majada, haciendo frente a pie, en el barro, al viento áspero que muerde, al agua cruel, que, de fría, quema y hiela a la vez. Horas han pasado así, consiguiendo apenas hacer remolinear las ovejas, pero sin poderlas volver a encerrar; hasta que las criaturas no pudieron más, se acobardaron los perros y que ella, desbordada, tuvo que dejar correr la oleada llevada por el temporal hacia el cañadón, hacia la perdición. == Nota de WS == Este cuento forma parte de los libros: * [[Recuerdos de un hacendado]] * [[Tipos y paisajes criollos - Serie III]] [[Categoría:Tipos y paisajes criollos - Serie III]] [[Categoría:Recuerdos de un hacendado]] [[Categoría:P1903]] [[Categoría:Literatura argentina (Títulos)]] arbe8woou9q4sj25vadu9f5ocsamynv Diversiones amenas 0 44125 1651812 1404472 2026-04-25T09:16:20Z Aleator 587 corr. naveg. 1651812 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Recuerdos de un hacendado]] |autor=Godofredo Daireaux |anterior = [[Desastre]] |sección = [[Diversiones amenas]] |próximo = [[¡Mañana!]] }} Impasible, detrás de su mostrador, protegido por una fuerte reja de fierro contra posibles intrusiones -pues la cultura relativa que permite hoy, en casi todas partes, la supresión de estas defensas, estaba entonces, por aquellos pagos, apenas en sus albores-, don Manuel Fulánez contemplaba el espectáculo, monótono para él, que cada día lo presenciaba, fastidioso para el transeúnte indiferente, triste, en realidad, de los estragos morales y físicos que puede producir en el hombre, y particularmente en el hombre algo primitivo, el despacho del alcohol, hecho sin más medida que la capacidad tragadora y pagadora del infeliz parroquiano. Eran sólo las diez de la mañana, y día de trabajo. -Pero -decía el viejo Cipriano-, ¿por qué será que los llaman días de trabajo? Para mí, los días de fiesta son todos los en que tengo pesos o algún amigo que me convide; y los de trabajo, los pocos en que, a la fuerza, tengo que buscar conchabo, por no tener ya en qué caerme muerto. Y al hacer su babosa y filosófica declaración, el gaucho, medio se levantó del banco de madera en que estaba, más bien que sentado, aplastado, estiró el brazo hacia la media cuarta de caña, que había empezado a tomar -era la tercer-, y de un trago, la acabó de vaciar. Era su ración, en las mañanas de los días que llamaba él, de fiesta. Se dejó caer otra vez en el banco, rezongando que «ya le habían echado agua a la caña», y después de un momento de valiente pelea contra el sueño, echó a roncar. Al rato, entró su gran amigo, don Benjamín, que venía en busca de provisiones para su casa; por un verdadero fenómeno de intuición, lo sintió, y entreabriendo sus ojos velados por la embriaguez, balbuceó con voz impedida: -Tome algo, don Benjamín -y se volvió a dormir. Don Benjamín era hombre más juicioso; pero de cuando en cuando, también se dejaba enredar por la tentación: tomaba un inocente vermouth, como para no desairar al prójimo, y que no dijeran que se hacía el virtuoso; después, tomaba otro, para que no anduviera rengueando el primero; y otro, porque el anterior le había dejado un gustito en la boca; y otro más, porque ya se iba; y el siguiente, porque no se había ido, y después, porque quería acabar la botella; y seguía tomando vermouth, hasta no tener más apetito que para bebidas más fuertes, como el ajenjo, la caña o la ginebra, y ya andaba de resbalón seguro. Cuando, al rato largo, despertó el viejo Cipriano, oyó que su amigo don Benjamín, discreto y de buenos modales, en ayunas, le hablaba al pulpero, en tono muy seco, reprochándole su mala fe, tratándolo como puede tratar al usurero que le ha prestado dinero y se lo viene a reclamar, cualquier caballero. Los ojos le chispeaban, las palabras salían de su boca, sonantes, cortantes y chocantes, irónicas, altaneras, injuriosas, por el tono más que por sí misma, y don Cipriano comprendió que su amigo Benjamín estaba «algo divertido». -Déme una botella de caña, para llevar -dijo éste a Fulánez-, y no me la rebaje, ¿oye?, que la quiero doble, ¿oye? Y Fulánez, con la paciencia del pulpero que aguanta tanto más cristianamente las injurias, cuanto más judaicamente las apunta en la libreta, en forma oculta, le trajo lo que pedía. Don Benjamín quiso probar la caña; le tomó -dijo él- olor a vermouth Torino, y después de un breve altercado con el pulpero, desdeñoso, volcó en el patio, desde el umbral de la puerta, el contenido de la botella; y se la devolvió al comerciante, diciéndole: -Lave esta botella y vuélvala a llenar. Dos italianos recién venidos, que estaban ahí, almorzando con queso del país, galleta y agua, lo miraban con tamaños ojos. -Está medio divertido, don Benjamín -pensó Cipriano. -Sírvase algo, Cipriano -le dijo éste. Y empezaron ambos a convidarse mutuamente, alternando las copas de bitter con las de ajenjo, y las de caña con las de ginebra, y a medida que ingurgitaban mayor cantidad de veneno, la tensión de los nervios se acentuaba; de irónicas, volvíanse provocantes, las palabras, y dirigía don Benjamín a cada uno de los que entraban, alusiones tan hirientes, apodos tan injuriosos, que se conocía que hasta los más mansos quedaban resentidos, y que los cuchillos se estremecían en las vainas. -Está divertido, don Benjamín -pensó Cipriano. -¡Mozo!, déme cohetes -gritó aquél. Y encendiendo un mazo de cohetes de la India, lo tiró sin dar tiempo para nada, en medio de la docena de caballos atados en el palenque, lo que produjo un desbande general, con cortaduras de cabestros y disparadas de ensillados; provocando protestas enérgicas, contra «los borrachos que no se podían divertir sin hacer daño». -Está bastante divertido, don Benjamín, -siguió pensando Cipriano. Y don Benjamín, que había oído la palabra borrachos, se empezó a enojar y preguntó con tono acerbo: a quién le parecía que él anduviera borracho. Y como cayeran sus ojos, torcidos por la ebriedad, en los de un muchacho que lo miraba, más bien con curiosidad que de otro modo, se aproximó a él cuchillo en mano, desafiándolo. -Está muy divertido - susurró Cipriano. Pero el joven, aunque bien sintiera que era pura parada de hombre mamado, al verse amenazado, y al oírse tratar de mocoso, se le enderezó, sacó la cuchilla y le pegó al agresor un tajo en la cabeza, cortándole el sombrero, y algo también el cuero. Al ver correr su sangre, se creyó muerto don Benjamín; soltó el cuchillo y se dejó caer en el suelo, llorando mares. El viejo Cipriano le sostuvo la cabeza, le vendó mal que mal la pequeña herida, con un pañuelo, que empapó, suspirando, con la caña que le quedaba en el vaso y dijo: -Está completamente divertido, don Benjamín. == Nota de WS == Este cuento forma parte de los libros: * [[Tipos y paisajes criollos - Serie III]] (1903) * [[Recuerdos de un hacendado]] (1916) [[Categoría:Tipos y paisajes criollos - Serie III]] [[Categoría:Recuerdos de un hacendado]] [[Categoría:P1903]] [[Categoría:Literatura argentina (Títulos)]] orcyhuoqiyg4x90lxwypneeucob857m ¡Mañana! 0 44126 1651814 1404474 2026-04-25T09:17:22Z Aleator 587 corr. naveg. 1651814 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Recuerdos de un hacendado]] |autor=Godofredo Daireaux |anterior = [[Diversiones amenas]] |sección = [[¡Mañana!]] |próximo = [[Ramal en construcción]] }} Día más, día menos, ¿qué importa?, ¿qué es un día en la vida? Y don Pedro, suavemente amodorrado por esa idea, antes de decidirse a emprender cualquier trabajo, dejaba pasar los días, sin darse cuenta de que al caer, sin ruido, uno encima del otro, pronto forman la semana, y que fenece el mes, sin que se sepa cómo. La sarna había cundido en su majada, de un modo feroz: y si la dejaba seguir así, sin atajarla con vigor, casi no iba a tener lana y perdería también muchas ovejas; y resolvió empezar una cura seria. Hoy, era tarde ya; había que aprontarlo todo: preparar el remedio, alistar botellas y recipientes, componer algunos lienzos del corral, muchas cosas; ¡mañana!, pues, empezaría; y soltó la majada. No tenía puntas en la casa, y tuvo don Pedro que ir a la pulpería, a comprar un paquete. En la pulpería, no faltaron conocidos con quienes conversar, y cuando acordó, era ya casi de noche y tuvo que postergar para el día siguiente la compostura de los lienzos. ¡Bah!, un día más o menos, ¡hambre!, lo mismo es, y curaremos pasado mañana. El día señalado para empezar el trabajo, llovió: fuerza mayor; el día siguiente, los chiqueros estaban hechos un fangal, y no se podía trabajar; se dejó, pues; y como el otro día era un sábado, francamente, no valía la pena de empezar la cura, para interrumpirla el domingo. No se sabe bien lo que ocurrió el lunes, pero algo ha de haber habido, ese día, que imposibilitó el trabajo para el martes, y probablemente para el resto de la semana, o del mes; lo cierto es que llegó la esquila, y que la majada se encontraba en un estado lamentable. Dio muy poca lana, y fea, tanto que don Pedro tuvo que pensar en deshacerse de una punta de vacas, para pagar el arrendamiento. Un día que platicaba con su vecino y amigo don Próspero, que lo había venido a visitar, tomando mate sobre mate, hablando interminablemente de las dificultades de la vida, llegó un conocido, quien le dio aviso que en una estancia vecina, querían comprar vacas, y que le vendría a él de perilla, la ocasión. -¡Caramba! -dijo don Pedro-, ya lo creo; mañana mismo, voy allá. Y fue, efectivamente, el día siguiente. Lo que sí, se halló con que su vecino y amigo don Próspero, que también, sin haberlo dejado entender, tenía vacas para vender, no había sido lerdo, y había ido derechito, al salir de su casa, el día anterior, a ofrecer las de él, y que había cerrado trato; y renegó don Pedro con los amigos que traicionan y se aprovechan, sin dejarle a uno el tiempo de darse vuelta. Al volver a su casa, encontró un aviso de que hubiera de pagar, en todo el mes, la contribución directa por una casita que tenía en el pueblo, y como, al retirarse, su señora le preguntaba cuándo pensaba ir, le dijo: -Mañana, si Dios quiere. -¡Y la Virgen! -agregó piadosamente la señora. Y es de creer que ni Dios quiso, ni la Virgen, ni tampoco don Pedro, pues pasó el mes, y cuando éste acordó y fue, tuvo que pagar con multa. Lo bueno es que, apurado para ir a pagar, ya que no era tiempo, había aplazado al día siguiente el campear unos animales recién aquerenciados que se le habían mandado mudar; y en vano los buscó, pues tan lejos estaban ya, que, a la vuelta del pueblo, ni noticias pudo conseguir de ellos. ¡Ah!, ¡don Pedro!, con su eterno ¡mañana!, palabra enervadora, que sólo para cuando llama la muerte debería servir. ¿No ve que hablar de mañana es casi renunciar a vivir?, ¿quién sabe lo que, antes que llegue mañana, nos ha de suceder? Sólo el día de hoy vale para el hombre; mañana no encierra más que enigmas; dejemos que los resuelvan los que, mañana, estén de pie. -Tiene razón, señor; tiene razón; pero, ¿qué quiere?, hago como el Gobierno con esos campos donde estamos. Van como quince años que han plantado estaquitas, para marcar los canales que se deben hacer para evitar las inundaciones, y desde entonces, todos los días, dicen: «mañana», y nunca empiezan a hacerlos. -¡Sí! y ¿sabe lo que representa este perpetuo mañana? La pérdida, desde muchos años, de lo que habrían producido los treinta millones de ovejas que, en esta parte anegadiza, podrían caber, a más de las pocas que en ella viven mal, si estuviera canalizada... -Don Pedro, el jagüel está sin agua -vino a avisar un peón. -Bueno -contestó-; mañana... -¡Don Pedro! -¡Caramba!, señor, es cierto... Hoy mismo lo vamos a cavar. == Nota de WS == Este cuento forma parte de los libros: * [[Tipos y paisajes criollos - Serie III]] (1903) * [[Recuerdos de un hacendado]] (1916) {{ORDENAR:Mañana}} [[Categoría:Tipos y paisajes criollos - Serie III|Manana]] [[Categoría:Recuerdos de un hacendado|Manana]] [[Categoría:P1903|Manana]] [[Categoría:Literatura argentina (Títulos)]] 1wfvox1f978zpf78wtihkkub56sqhri Ramal en construcción 0 44127 1651815 1404477 2026-04-25T09:17:49Z Aleator 587 corr. naveg. 1651815 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Recuerdos de un hacendado]] |autor=Godofredo Daireaux |anterior = [[¡Mañana!]] |sección = [[Ramal en construcción]] |próximo = [[Partición de herencia]] }} Arterias a la vez y pulpos, que fomentan el progreso en la campaña desierta, y exprimen de ella, hasta hacerla reventar, la misma savia que le dispensan, el ferrocarril del oeste y el del sur han tendido sus rieles, en soberano esfuerzo, el primero hasta los confines de la provincia, el otro hasta el punto predestinado: Bahía Blanca. Han desparramado la población, sacándola en enjambres, de las aglomeraciones ya formadas, sacudiendo y sembrando por la Pampa colonias humanas, para que ahí prosperen y se extiendan. Han pasado quince, veinte años; las viejas aldeas han crecido; algunas han aprovechado el largo tiempo durante el cual han sido cabezas de línea, para volverse ciudades; otras, apenas han tenido tiempo de despertar de la nada, cuando ya se han quedado asombradas de su propio adelanto; y centenares de puntos geográficos han nacido a la vida, adquiriendo nombres y transformándose en centros de población, pequeños o grandes. Pero en esto, como en todo, hay hijos y entenados; y la zona intermedia, inmensa, fértil como la que más, ávida de pobladores como de agua una esponja, queda sin vías de comunicación, igualmente alejada de cada una de las dos grandes líneas, que parecen despreciarla, en su marcha adelante, y son, para ella, más pulpos que arterias. Pueblos antiguos de esta zona, primitivos y meritorios baluartes de la civilización contra la barbarie, quedan rezagados, como ciertos modestos veteranos, cubiertos de gloriosas heridas y siempre omitidos en la lista de ascensos, donde figuran tantos otros, que no han hecho nada. ¡Paciencia!, que también les ha de llegar el día. {{c| <hiero> M42 </hiero> }} Rumores han corrido que iba a sacar, al fin, el ramal tan deseado. El pueblo viejo, entumido ya en sus esperanzas tantas veces defraudadas, se ha conmovido. En sus casas solariegas que, al oír la noticia, ya le han parecido anticuadas, feas y destruidas, las familias fundadoras del pueblo se sienten tironeadas entre el amor innato a las costumbres añejas, con su patriarcal quietud, y el instintivo anhelo del progreso. Pero, sólo fue rumor: duraron, es cierto, las conversaciones, algunos meses: se inició un amago de especulación en tierras, pero sin mayor resultado que de hacer tratar de loco, por la gente sensata y antiguamente afincada en el pueblo, a un forastero, de nacionalidad dudosa, que, recién venido, se metió a comprar a troche y moche, casi sin reparar en precios, chacras y quintas cercanas al pueblo. El viejo don Lino Villareal, que vino a formar estancia ahí, cuando el pueblo no era más que fortín, aprovechó la bolada y le vendió todas las que tenía al sur del pueblo. Muy buena plata dicen que ha hecho, sacando hasta mil pesos por una quinta de cuatro hectáreas, que se puede decir que la tuvo de balde, hará unos cuarenta y cinco años... ¡Oh!, pero más barata la tuvo el forastero loco, por mil pesos, que don Lino por los cuatro reales que le costó. Cuando ya habían cesado los rumores y las especulaciones, y que se había vuelto a dormir el pueblo viejo, en el almohadón de su perezosa vida colonial, forrado ahora con la esperanza ya crónica, por lo lejana, del soñado ferrocarril, se llegó a saber, un día, que venían cruzando los campos, desde una importante estación de la línea principal, dos ingenieros y varios peones; medían, tomando notas sobre la disposición del terreno, desatando, sin decir nada a nadie, y volviendo a atar, con toda perfección, los alambrados, y seguían su camino, en derechura al pueblo. La emoción renació; a caballo y en sulky, muchos vecinos fueron a curiosear y a tratar de pispar algo sobre la ubicación probable de la estación: trabajo inútil, pues sacarles a los ingleses un dato que valiese un pito, ni pensarlo. En seguida, los trabajos empezaron en el punto de arranque del ramal; los kilómetros de terraplén se vinieron estirando por la llanura, elevándose encima de los bajos, cortando las lomas, saltando, en puentes y alcantarillas, las cañadas y los arroyos. Y los durmientes de algarrobo se iban colocando; y cada día adelantaba algunos centenares de metros la locomotora, arrastrando su largo tren de materiales, despertando de su sueño secular, con su agudo silbato y el trueno de su rodadura, la campaña atónita. A su paso, las majadas y los rodeos se limpiaban de sus animales viejos, vendidos a buen precio, para la manutención de los numerosos peones. Las estaciones del trayecto se iban edificando, iguales todas, como hermanas mellizas, y la cinta de rieles ya casi alcanzaba al ejido del pueblo, sin que nadie supiera aún dónde vendría a quedar la estación. Hasta que desembarcó un día el forastero de antes, como apoderado de la compañía, para tratar definitivamente con los dueños de terrenos y levantar las dudas. Pronto se supo que en la famosa quinta vendida por don Lino Villareal, estaría la estación, y éste tuvo el consuelo de saber que si no la hubiese vendido se hubiera hecho la estación en otra parte. Empezaron los últimos combates entre la codicia encendida de los propietarios y la calculada liberalidad del delegado de la compañía. ¡Qué suerte, entonces, la de tener un rancho viejo o algún galpón inservible, justito donde, a la fuerza, debe pasar la vía! Tienen que aflojar los ingleses, y vengan los pesos, por indemnización, y una casa nuevita, señor, en reemplazo de la choza volteada. Muchos, también, es cierto, sufren perjuicios sin compensación, y no son pocos los que reniegan de la locomotora y de su penacho blanco, bandera de progreso y de civilización. En el pueblo aislado en medio de la Pampa, florecían las empresas de galeras; cuatro o cinco importantes casas de negocio dictaban al cliente la ley y sustentaban numerosas tropas de carros. Ahora, son puros lamentos: los mayorales de galeras tienen que buscar puntos más lejanos, con sus mancarrones flacos, sus coches desvencijados y sus aperos compuestos y recompuestos con tiento, arpillera y cabo de manila; los carreros, pronto los tendrán que seguir, y los comerciantes, ellos, lloran, inconsolables. Es que se acabaron los tiempos aquellos, en que, estando la estación más cercana a treinta leguas, las mercaderías llegaban por cargamentos de cinco a diez carretas, quedando pronto saqueada la casa por los clientes, ávidos de surtirse a cualquier precio, los estantes medio vacíos y la caja llena. ¡Y cuando algún telegrama del consignatario anunciaba la suba de tal o cual fruto!, cualquier muchacho, dependiente de mostrador, servía entonces para acopiador; y todo el personal de la casa se desparramaba, galopaba por el campo, a comprar lanas o cueros. ¡A ponerse las botas, amigo! Con la venida del tren, ha llovido boliches que, con un surtido de cuatro pesos, hacen competencia a la casa más fuerte. ¡Natural!, si le falta un sombrero del número 4, ¡zas!, un telegrama a la capital y, el día siguiente, lo tiene, por encomienda. ¡Y los frutos!, cualquier hacendado de mala muerte recibe hoy, de media docena de consignatarios, pedigüeños y sin plata, circulares y ofrecimientos, y tan bien conocen los precios que ya es inoficioso tratar de cazarlos sin perros. ¡Vaya con el tren bendito! Sólo, con los estancieros, cantaba, sin reserva, glorias al ferrocarril, la voz alegre de Juan Cornifieri. Desde doce años, recorría el campo, cambiando pan y tortas por algunos puñados de cerda o algunos cueros de cordero, y alzaba, por si acaso, en su carrito, todos los esqueletos de animales que encontraba, en sus largas cruzadas por la Pampa, emparvándolos en el patio de su casa. La llegada del tren, del montón mal oliente, clasificado en caracúes, astas y huesos comunes, y listo para ser mandado a la ciudad, ha hecho todo un capitalito. == Nota de WS == Este cuento forma parte de los libros: * [[Tipos y paisajes criollos - Serie III]] (1903) * [[Recuerdos de un hacendado]] (1916) [[Categoría:Tipos y paisajes criollos - Serie III]] [[Categoría:Recuerdos de un hacendado]] [[Categoría:P1903]] [[Categoría:Literatura argentina (Títulos)]] f594ftncb05b89ami9x3owzh5t3a8wj Partición de herencia 0 44128 1651816 1404609 2026-04-25T09:18:10Z Aleator 587 corr. naveg. 1651816 wikitext text/x-wiki {{encabezado |título=[[Recuerdos de un hacendado]] |autor=Godofredo Daireaux |anterior = [[Ramal en construcción]] |sección = [[Partición de herencia]] |próximo = [[Intrusos]] }} No hay como el olor a carne muerta para atraer desde lejos a todas clases de aves negras; y por pequeña que sea la presa, acuden, presurosas, solitarias o en bandada, silenciosas o gritonas, a tomar posiciones, de donde puedan dejarse caer a pellizcar. Cuando murió doña Serafina, no faltaron algunas que vinieron a olfatear la presa. La herencia era poca: un rancho, un corral de ovejas, de lienzos de madera, bastante grande y bueno, con los palos correspondientes; los veinte cachivaches del modesto ajuar; una puntita de caballos bichocos, tres lecheras, y, más o menos, mil doscientas ovejas de clase regular. Pero, por poca que fuese, bien valía la pena de prestar a los herederos el flaco servicio de sembrar entre ellos la discordia. Con sólo conseguir de uno de ellos un poder en forma, ya se podía armar una de esas embrollitas capaces de disolver, en trampas y gastos de justicia, algo más de la herencia. Y en esto se ocuparon sigilosamente dos o tres de los buenos amigos que, en el pueblito, tenían los hijos de la finada. Cinco varones y dos mujeres, todos mayores de edad, de poca instrucción, pero de algún sentido común; regularmente unidos entre sí; sin quererse hasta el sacrificio dispuestos a cuartearse unos a otros para salir de un mal paso, y hacerse menos penosas las ásperas sendas de la vida. De los hermanos, uno era hombre muy formal, trabajador e inteligente, Eufemio, en el cual, aunque no fuera el mayor, todos tenían mucha fe y cuyos consejos no hacían dificultad en seguir. Supo, pues, que a las dos hermanas, las estaban aconsejando mal, insinuándolas que los hermanos las iba a embromar, a quitarlas de su parte todo lo que podrían, y que debían nombrar algún apoderado. Uno de los hermanos, Juan, el más joven, quien, si, por suerte, no hubiera sido tartamudo, habría salido muy doctor, apoyaba la idea; y cuando el candidato a apoderado, procurador conocido en el pueblito con el apodo de «Gusanillo», había desarrollado sentenciosamente sus argumentos irresistibles, él, con elocuencia espontánea, decía: «¡Por, por, por... por supuesto!», y quedaban muy perplejas las mujeres. Hasta que, una tarde, convinieron en que, el día siguiente, sin falta, iría una de ellas, de un galopito, a firmar el poder; y esta tarde, se volvió Gusanillo a su casa, tarareando alegremente una cancioncita, al compás del galope de su caballo. Pero, esta misma noche, Eufemio reunió a toda la familia, y con los argumentos poderosos que le dictaba su convicción profunda, basada en un miedo cerval a la justicia, no les dejó duda que si pasaban los pequeños bienes, dejados por la pobre vieja, por las uñas de las aves negras, no le iba a quedar absolutamente nada. -¿Co, co, co... cómo haremos? - preguntó Juan; y Eufemio le explicó que su idea era de pedirle a don Mariano, hombre recto y bueno, dueño del campo que arrendaba la finada, que se hiciera cargo de la partición, y la hiciera a su gusto, prometiendo todos de acatar lo que mandara. -Así -dijo- evitamos gastos, discusiones, demoras, y juez por juez, me gusta más un mal conocido que un bueno por conocer. -Se, se, se... se puede ver -dijo Juan, y remitiendo a otro día de firmar el poder, las hermanas asintieron, sabiendo que don Mariano arreglaría todo lo mejor posible. Dos días después, don Mariano ató su caballo al palenque de la finada, con la cual, tantas veces, había venido a conversar un rato, escuchando con benévola sonrisa, entre dos mates, los charqueos que la vieja hacía del prójimo. Enterado ya del asunto por Eufemio, para quien tenía la estima que siempre tiene un estanciero para el que, por sus cualidades, le haría cuenta tener de puestero, había formado su plan. -Miren, muchachos -les dijo-, ustedes son siete, la herencia no es muy grande. No se metan a pleitear; si no se reparten todo a las buenas, de lo que ha dejado la finada, no les va a quedar ni un peso; de modo que cualquier arreglo vale más que irse ante el juez. «Hagan una cosa. Contamos la majada y como no se puede cortar en siete trozos, a campo, la volvemos a encerrar. Ponemos en un sombrero los siete nombres y tiramos a la suerte. El que sale primero saca las primeras ovejas que salgan del corral, contadas hasta completar su parte, y así, en seguida. «Si alguno sale algo más favorecido que otro, será por poca cosa, y no se podrá echarle la culpa a nadie. «El rancho y el corral están en mi campo; les fijamos precio y cargo con ellos. Los muchachos podrán repartirse los caballos y dejar las lecheras y los cachivaches a sus hermanas, poniendo, por supuesto, a cada cosa su valor, y, si falta un pico de algunos pesos para equilibrar el reparto, se ha de encontrar. -¿Qué, qué, qué... qué hago yo con mi, mi, mis ovejas? -preguntó Juan. -Te las compro -le dijo Eufemio, que tenía economías y crédito- si don Mariano me deja en el puesto. -Te lo iba a ofrecer, muchacho -dijo don Mariano-, y te completaré el capital para darte la majada en sociedad. Otro hermano también le vendió sus ovejas a Eufemio y el reparto se hizo como había dicho don Mariano, sin más perito, sin más abogado, ni procurador, ni juez que él, quedándose cada uno conforme con su lote. Para festejar tan buen arreglo, Eufemio puso al asador un lindo cordero gordo... En este momento, llegó el amigo Gusanillo, algo inquieto del silencio de su clienta; lo convidaron, y le contaron alegremente el corte dado al asunto. Con otra presa había soñado el pícaro, que con una costilla de cordero, y la encontró algo desabrida, a pesar de la cantidad de ajos que, entre dientes, iba mascando. == Nota de WS == Este cuento forma parte de los libros: * [[Tipos y paisajes criollos - Serie IV]] (1903) * [[Recuerdos de un hacendado]] (1916) [[Categoría:Tipos y paisajes criollos - Serie IV]] [[Categoría:Recuerdos de un hacendado]] [[Categoría:P1903]] [[Categoría:Literatura argentina (Títulos)]] 9yx46499wxx50t3ewyzez1ijucqqt9k Gorro blanco 0 47297 1651808 1404542 2026-04-25T09:13:09Z Aleator 587 corr. naveg. 1651808 wikitext text/x-wiki {{encabezado |titulo = [[Tipos y paisajes criollos - Serie III]] |autor = Godofredo Daireaux |anterior = [[Vacas al corte]] |sección = [[Gorro blanco]] |próximo = [[El pecado favorito]] }} Mucho gauchaje se había juntado, en la pulpería de don Manuel Fulanez, aquel día, y todos se entretenían, jugando a la taba o al choclón, corriendo carreras y mamándose como cabras. El pulpero, que no había pedido policía ni dado a las autoridades del pueblito aviso de la reunión, había tenido la precaución de exigir que cada uno le remitiese, al llegar, el cuchillo, para evitar que algún zafarrancho repentino le valiese una buena y bien merecida multa. Y con esto, les había dado rienda suelta, a que se divertiesen a su gusto, pensando que sería más que casualidad que les viniese a sorprender alguna de las escasas comisiones encargadas de recorrer el extenso partido. Es que había contado sin Gorro Blanco, recién incorporado a la policía de la localidad, y de quien todavía no había oído hablar; sino, no se atreve. Gorro Blanco no era más que un oficial de la policía rural, como hay o podría haber muchos, nacido y criado en el campo, sabiendo más o menos leer y escribir, conocedor de todos los trabajos rurales, lícitos y clandestinos, y de todas las mañas del gaucho. Incansable galopador, sufrido, paciente, sin miedo, de mucha sangre fría y de una fuerza muscular bastante para darle en sí mismo la mayor confianza, no hacía mis proezas, al fin y al cabo, que de cumplir con su deber. Pero cumplía con él de cabo a rabo, ligero, fuerte y bien, sin miramientos personales, sin tergiversación, sin demora, sin más cálculo que obedecer a la ley y hacerla respetar. No había para él partido político, ni pobres, ni ricos, y lo mismo hubiera prendido al estanciero poderoso, por haber cortado un alambrado para dar paso a su break lujoso, que a un vago, por haber carneado de noche, o al pulpero, por haberle comprado el cuero. Un bruto, decían muchos; una gran cosa, decían los vecinos, en general. No solía andar con los milicos de las comisiones que mandaba. Les daba cita a tal hora, tal día, en tal parte, y tampoco faltaban ellos a la cita, pues, desde el primer día, le habían tomado un olor a paliza, capaz de hacer adivinar la hora al más dormilón, y de dar patas de acero al mancarrón más bichoco. La sola vista de su rebenque les infundía, a los pobres soldados, un apego insólito a todas las virtudes: ¡adiós! repetidas copas que turban la vista, convites que tapan el horizonte, mientras desaparece el fugitivo; ¡adiós! amores furtivos, que, en las noches obscuras, propicias a las carneadas subrepticias, desaciertan la vigilancia; ¡adiós! bailecitos improvisados, en los ranchos, y siestas prolongadas, en las frescas ramadas de las estancias. Con el gesto de Temistocles, rechazando los presentes de Artaxerces, atenuado sólo por una ojeadita de sentimiento, tienen ahora que desairar al compañero de otros tiempos, que, generosamente, ofrece algún maneador ancho, largo y fuerte de los muchos que tiene, sin ser hacendado, o para la familia, un cuarto de carne de vaca, demasiado gorda para ser propia. Y feliz que se atreva el policiano a no denunciarlo, pues Gorro Blanco no admite amistades entre su gente y el paisanaje, considerando con razón, que pronto se volverían complicidad. Mientras las milicias se venían al sitio, de antemano fijado, al tranco o al galope, según la hora señalada, pues no debían llegar ni antes ni después, Gorro Blanco, vestido de particular, de sombrero gacho, cabizbajo, recorría el campo, sin llamar en nada la atención; vigilaba, miraba, escuchaba, poniéndose su gorra de vasco blanca, su distintivo predilecto, sólo en las grandes ocasiones, y para hacerse conocer de sus ayudantes. A las dos en punto, ese día, se apearon en el palenque de la Colorada, de don Manuel Fulanez, un sargento y un soldado de policía, en el mismo momento en que se iba a correr la carrera principal. Entre la concurrencia, había uno de esos vagos temibles, conocidos por gauchos malos, que, imbuidos de la idea que la gloria consiste en pelear a cualquiera, y especialmente a la policía, no desperdician ocasión de provocarla, a ver si la hacen reventar o disparar. De facón en la cintura, -pues a él no se había animado Fulanez a pedirle las armas-, arrogante, lo primero que hizo fue convidar al sargento y al soldado a que tomasen la copa. ¡Cómo no! ¡que la iban a tomar! con gorro blanco mirándolos, recostado en el mostrador. Todavía andaba de chambergo, pero, no por eso, dejaba de ser, para ellos, el terrible gorro Blanco, y con una rigidez, al parecer, estoica, insistieron en su negativa. Irritado el gaucho, después de insistir, él también, un momento, reculó, dándose cancha, y sacó el facón, amenazando a los milicos, insultándolos, tratándolos de cobardes y otras cosas, poniéndolos «como trapo de cocina,» decía doña Ciriaca, la mujer del pulpero, al contar el hecho, el día siguiente; hasta que, sin saber como, él ni nadie, se encontró frente a frente con un hombre de bigote, algo petizo, morrudo, de gorra de vasco blanca, el poncho de vicuña en el brazo, y bien enroscada en la mano, la lonja de un rebenque de cabo de fierro. -«¡Dese preso! dijo el hombre.» El gaucho lo miró con sorpresa. -«¡Tire el facón!» ordenó Gorro Blanco. Y en su voz, en su mirada había tanta autoridad, que casi, casi obedece el matrero. Pero la imagen de su fama de gaucho malo empañada, pasó por sus ojos, y, rápido, alargó un puntazo al oficial. El cabo de fierro del rebenque detuvo la mano, y la muñeca, casi quebrada, dejó caer el puñal. El soldado alzó el arma, el sargento le pasó las esposas al gaucho, y media hora después, la larga comitiva de los jugadores que iban a pagar la multa, con el pulpero a la cabeza, desfilaba al galopito, seguida por el preso, a quien iba acompañando Gorro Blanco. Pronto se hicieron legendarias las apariciones de Gorro Blanco. Era el cuco de los malhechores. Los matreros preferían dejarle el campo libre, y se mandaban mudar más afuera; pues era su pesadilla el dichoso gorro ese, y no podía uno, decían, estar carneando una ajena, en noche obscura, o arreando hacienda... extraviada, sin verlo surgir del suelo, como alumbrando. Estaba uno entregando cueros en la pulpería, donde no había más que un forastero, comiendo nueces. ¡Zas! de repente, el forastero asomaba la cara en el depósito, de gorra blanca, y revisaba las señales. Ya no era vida. Y los vecinos cantaban glorias de Gorro Blanco; pues, durante meses, no hubo casi robos, ni hubo muertes. Pero, -bien decían que era un bruto-, ¿no se le metió entre ceja y ceja, en unas elecciones que hubo, que no haría más que conservar el orden, dejando que cada cual votase a su antojo? Naturalmente, lo despacharon. ¿Y qué más iban a hacer? [[Categoría:Tipos y paisajes criollos - Serie III]] [[Categoría:P1903]] [[Categoría:Literatura argentina (Títulos)]] m3yrh7lk0ru7oyhpoq7cymo0jxhoyc9 Poética (traducción de José Goya y Muniain)/Capítulo I 0 50643 1651803 982890 2026-04-25T09:08:18Z Aleator 587 secc. inexist. 1651803 wikitext text/x-wiki {{ma|es-act= *Tratarémos: Trataremos }} <pages index="El arte poética de Aristóteles (1798).pdf" from="21" to="27" step=2 tosection="Capitulo1" header=1/> <pages index="El arte poética de Aristóteles (1798).pdf" from="115" to="120" onlysection="Capitulo1"/> {{línea}} {{listaref}} grntngsol664d8ouv1j0d0yrsxtisgd Ayuda:Libros 12 65708 1651820 220530 2026-04-25T10:14:58Z Aleator 587 iw de WD 1651820 wikitext text/x-wiki Consulte las páginas de [[:w:Ayuda:Libros|Wikipedia]] y de [[:meta:Book tool/Help/Books/es|Meta]]. [[Categoría:Wikisource:Ayuda]] hitru2our9lltvtukhqb3dzo5j25bnp Página:La noche de la verbena.djvu/52 102 121546 1651788 1165917 2026-04-24T21:18:44Z Sucdemagrana 49771 /* Validado */ 1651788 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="4" user="Sucdemagrana" />{{CP|{{menor|48}}|{{menor|LA NOCHE DE LA VERBENA}}}} {{línea}}</noinclude>{{c|SEÑÁ MARGARITA }} No, señora; lo digo porque lo da usté mucho aire. {{c|PEPA }} La mar de aire, como que los chinos de mis mantones siempre han padecido de tortícolis. {{c|SEÑÁ MARGARITA }} Qué epigramática es usté. {{c|PEPA }} Oiga usté: que yo he tenío mu güenos mantones y los he sabío llevar. {{c|SEÑÁ MARGARITA}} Se ve que hay gracia. {{c|PEPA }} Digo que los he sabío llevar al monte cuando nos poníamos a mal con don Amadeo de Saboya; (<small>Acción de dinero.</small>) y el mantón siempre se ha llevao así: (<small>Jugando con él.</small>) caidito d'atrás, ceñidito a los hombros, (<small>Poniéndose en jarras.</small>) sueltecillo, con donaire y déle usté al motor. (<small>Paseándose por la escena con aires flamencos muy exagerados.</small>) {{c|SEÑÁ MARGARITA }} ¡Y ole!<noinclude><references/></noinclude> jrzcb8tk9d2hpm286uwz595agezxmp1 Página:La noche de la verbena.djvu/51 102 121558 1651787 1165929 2026-04-24T21:17:20Z Sucdemagrana 49771 /* Validado */ 1651787 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="4" user="Sucdemagrana" />{{CP||{{menor|ANTONIO CASERO}}|{{menor|47}}}} {{línea}}</noinclude>{{c|SEÑÁ MARGARITA}} Ni un céntimo menos. {{c|PEPA }} Pos sí que tié un nombrecito que se las trae; camará, tié usía. {{c|SEÑÁ MARGARITA }} Me parece que le gustará. {{c|PEPA }} Mucho, pero hay que cambiarle de nombre. {{c|SEÑÁ MARGARITA }} Además, este ha sido de la Dora Galindo, la reina de la rumba. {{c|PEPA }} Qué honor pa el gato de casa. (<small>Coge el mantón, se lo pone y se mira al espejo.</small>) La verdad es que un mantón de estos la favorece a una mucho. {{c|SEÑÁ MARGARITA }} Y la cae a usté mu bien. {{c|PEPA }} ¿Lo dice usté porque paece que s'ha caído d'un quinto piso y se m'ha quedao colgao?<noinclude><references/></noinclude> j3nbmj93wwj77tw712jvbkgxs8hsm9l Página:La noche de la verbena.djvu/53 102 121559 1651789 1165930 2026-04-24T21:23:39Z Sucdemagrana 49771 /* Corregido */ 1651789 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" />{{CP||{{menor|ANTONIO CASERO}}|{{menor|49}}}} {{línea}}</noinclude>{{c|PEPA }} Y ahí va, niños, que sus atropella un ''tanke'' y una ¡duro y al movimiento! y ¡agitaros, chinitos, que váis de juerga! ({{menor|Moviendo el mantón.}}) {{c|SEÑÁ MARGARITA }} Pero que lo maneja usté mejor que Dora Galindo. {{c|PEPA }} ¿Que Dora Galindo? ({{menor|Haciendo un desplante con el mantón.}}) ¡Miau, miau, que me pisas el rabo! No m'hable usté d'eso, que me desmayo; pero si ninguna cupletista de esas que presumen saben llevar el mantón; vamos, dígame usté a mí, si sujeto de este lao y cruzao de este modo, no parezco yo un objeto de una tómbola. ({{menor|Se ha ido poniendo el mantón muy ridículamente y quedándose en una postura grotescamente flamenca.}}) ¿Eh? {{c|SEÑÁ MARGARITA }} Tié usté razón. {{c|PEPA }} ¡Y las diez de últimas! Pos ¿qué me dice usté de cuando parece que se lo lleva un vendaval? ({{menor|Da al mantón muchas vueltas como hacen las malas cupletistas.}}) {{c|SEÑÁ MARGARITA }} ¡Está usté en lo firme! {{np}}<noinclude>{{d|4{{espacios|10}}}}</noinclude> qg5hhqbpsc22bljctvu361whjb3om1d Wikisource:GUS2Wiki 4 290538 1651759 1649676 2026-04-24T12:11:12Z Alexis Jazz 59503 Updating gadget usage statistics from [[Special:GadgetUsage]] ([[phab:T121049]]) 1651759 wikitext text/x-wiki {{#ifexist:Project:GUS2Wiki/top|{{/top}}|This page provides a historical record of [[Special:GadgetUsage]] through its page history. To get the data in CSV format, see wikitext. To customize this message or add categories, create [[/top]].}} Los siguientes datos provienen de la caché, y fueron actualizados por última vez a fecha de: 2026-04-22T06:33:27Z. La caché contiene {{PLURAL:5000|un resultado|5000 resultados}} como máximo. {| class="sortable wikitable" ! 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LARRABURE {{menor|Y}} UNANÚE {-,asc} PRESIDENTE DEL INSTITUTO HISTÓRICO DE LIMA, {-,asc} EX MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES {++++,estilo color:red}EL ARCHIVO DE IN- {++++,estilo color:red}DIAS Y LA BIBLIO- {++++,estilo color:red}TECA COLOMBINA {++++,estilo color:red}DE SEVILLA RÁPIDA RESEÑA DE SUS RI- QUEZAS BIBLIOGRÁFICAS [[Archivo:El Archivo de Indias y la Biblioteca Colombina de Sevilla- Pg 01.png|frameless|center|50px]] }}<noinclude></noinclude> luzudpta2cco0pytqddwdfu0wzif4r5 Página:Dos partidos en lucha - Eduardo L Holmberg.pdf/124 102 416601 1651782 1649586 2026-04-24T14:58:41Z Elultimolicantropo 36540 /* Corregido */ 1651782 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>-«Es porque nos temeis!» vociferaron los otros. -«Es porque nos despreciais!» ''chillaron'' algunos, en lo que no hacian mas que obedecer à los impulsos fisiológicos de su naturaleza mixta. En este estado se hallaba la cuestion, y hasta se murmuraba por lo bajo que no se celebraría la segunda sesion. Así son las cosas! Pero felizmente, alguien tuvo una idea ¡una idea!-verdad es que la hizo publicar por todos los diarios. ¿A qué se reducía? A celebrar un nuevo meeting (idea que por otra parte nada tenia de nueva) con el fin de discutir la cuestion secundaria que en aquel momento hacía presentir el fracaso de la doctrina cientifica. El dia 29 de Agosto el pueblo se reunió en la Plaza de la Victoria y el señor que habia tenido la idea la formuló nuevamente con extensos comentarios, y terminó diciendo: -«Creo señores que el Rosario es el punto mas á propósito; porque....» -«Protesto!» gritó Darwin y estremeció por filiacion de ideas los nervios de los que le oyeron. Aquel ''protesto'' era el ''veto'' de la ciencia y de la experiencia. -«¡Protesto!» repitió Griffritz. Y era el ''veto'' de la ciencia y del poder. -«Acepto!» gritó un Rabianista. Y era el grito de la conveniencia territorial, que no despertaba ecos simpáticos en los corazones imparciales. -«Protesto!» gritó {{corr|Peleolitez|Paleolitez}} acomodándose los anteojos. Y era porque en Paleolitez, aunque Rabianista, hablaba la voz de la razon, de la ciencia; de la imparcialidad y de la conveniencia científica de todo el mundo y no de uno, dos ó tres señores particulares. {{np}}<noinclude></noinclude> 1uzlakmi4ocyi2z4jvt3cg7vj6pg81i Página:Dos partidos en lucha - Eduardo L Holmberg.pdf/125 102 416603 1651783 1649588 2026-04-24T15:30:32Z Elultimolicantropo 36540 /* Corregido */ 1651783 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Elultimolicantropo" /></noinclude>Pero Paleolitez ya no era el tímido y jóven sábio que por primera vez había hablado en público en el teatro de Colon. Paleolitez era un nuevo Demóstenes, era el Mirabeau de la Antropología Argentina, era el Ciceron de la juventud bonaerense con todos sus ''quosque tandem''. Trepándose en hombros de algunos amables correlijionarios suyos, y graduando la extension de su discurso por la mayor ó menor resistencia del pedestal humano en que se apoyaba todo su peso, toda su ciencia, sus anteojos y sus manuscritos cíentíficos, tomó la palabra y dijo: -«Hasta cuando, señores, nos veremos ajitados por insignificantes querellas? «¿Qué espiritu fatal nos persigue, sembrando la discordia en nuestras filas que debieran animarse con el sentimiento de la paz y de la tranquila discusion científica? «¿Qué génio...qué preocupacion...qué es lo que nos impide celebrar la segunda sesion del gran Congreso? Todas las circunstancias parecen hablarnos con voces elocuentes, animándonos al combate. «Alli, alli-junto á aquel Paraiso deshojado, está Darwin, el ilustre Darwin-nuestro eminente rival;-allí á su lado, sosteniendo á su gran maestro, el terror de nuestra doctrina, el poderoso Griffritz-nuestro invencible rival;-alli-alli-por casualidad-vá nuestro maestro y nuestro gefe; y aquí dirijiendoos la palabra, yo, Paleolitez.» -«¡Qué modesto!» gritó un chusco. -«Nó; no es por falta de modestia; es para dar mayor animo á los que sostienen la doctrina que sostengo yo.» -«Bien! bien!» gritaron los que sostenían las misma doctrina que Paleolitez-y parecía que se animaban! Ultimos destellos, resplandores fujitivos de una lámpara agonizante! {{np}}<noinclude></noinclude> jwap0y028ddaa2d44x4ref6seieo2im Página:El Capital (1898).pdf/13 102 417343 1651683 2026-04-24T11:59:13Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651683 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|7}}</noinclude>quito de anacrónicas relaciones políticas y sociales. Sufrimos, no sólo de lo vivo, sino también de lo muerto. ¡Le mort saisit le vif! La estadística social de Alemania y del resto occidental del continente europeo, es miserable, comparada con la inglesa. Aun así, levanta suficientemente el velo para dejar entrever una cabeza de Medusa. Nuestra propia situación nos llenaría de espanto si, como en Inglaterra, nuestros Gobiernos y Parlamentos nombraran periódicamente Comisiones para investigar la situación económica; si esas Comisiones fueran armadas con la misma omnipotencia que en Inglaterra para la investigación de la verdad; si se consiguiera encontrar para ese fin hombres tan expertos, imparciales y francos como los inspectores de fábricas ingleses, los médicos que allí informan sobre la Public Health (salud pública), los comisarios para investigar la explotación de las mujeres y de los niños, las habitaciones, la alimentación, etc. Perseo se cubría con una nube para combatir á los monstruos; nosotros, para negar la existencia de las monstruosidades, nos sumergimos en la nube hasta los ojos y las orejas. Es preciso no hacerse ilusiones. Así como la guerra de la independencia americana del siglo {{asc|XVIII}} dió la campanada de alarma á la clase media europea, la guerra civil americana del siglo {{asc|XIX}} la ha dado á la clase trabajadora de Europa. En Inglaterra es palpable el proceso de transformación. Llegado á cierta altura, tiene que repercutir en el continente. Allí se manifestará en formas más ó menos brutales ó humanas, según el grado de desarrollo de la clase trabajadora misma. Prescindiendo de más altos motivos, su propio interés exige, pues, á las clases hoy dominantes la supresión de todos los obstáculos corregibles por la ley que se opongan al desarrollo de la clase trabajadora. Por eso he dado en este tomo tanto lugar, entre otras cosas, á la historia, al texto y á los resultados de la legislación inglesa sobre las fábricas. Una nación debe y puede aprender de otra. Aun cuando una sociedad haya encontrado el camino que por ley natural debe seguir su movimiento y el objeto final de esta obra es poner al descubierto la ley económica del movimiento de la sociedad moderna, no puede saltar ni suprimir por decreto las etapas naturales de desarrollo; pero puede acortar y mitigar los dolores del parto. Una palabra para evitar posibles confusiones. Yo no pinto absolutamente de color de rosa al capitalista ni al propietario de la tierra, porque aquí sólo se trata de las personas en tanto que ellas son la personificación de categorías económicas, los sostenedores de determinadas relaciones é intereses de clase. Concibiendo el desarrollo de la formación económica de la sociedad como un proceso natural, des<noinclude></noinclude> 1zvp81tm5t48lh3p4udyso4n2ogy25d 1651705 1651683 2026-04-24T12:03:29Z Ignacio Rodríguez 3603 /* Corregido */ 1651705 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|7}}</noinclude>quito de anacrónicas relaciones políticas y sociales. Sufrimos, no sólo de lo vivo, sino también de lo muerto. ''¡Le mort saisit le vif!'' La estadística social de Alemania y del resto occidental del continente europeo, es miserable, comparada con la inglesa. Aun así, levanta suficientemente el velo para dejar entrever una cabeza de Medusa. Nuestra propia situación nos llenaría de espanto si, como en Inglaterra, nuestros Gobiernos y Parlamentos nombraran periódicamente Comisiones para investigar la situación económica; si esas Comisiones fueran armadas con la misma omnipotencia que en Inglaterra para la investigación de la verdad; si se consiguiera encontrar para ese fin hombres tan expertos, imparciales y francos como los inspectores de fábricas ingleses, los médicos que allí informan sobre la ''Public Health'' (salud pública), los comisarios para investigar la explotación de las mujeres y de los niños, las habitaciones, la alimentación, etc. Perseo se cubría con una nube para combatir á los monstruos; nosotros, para negar la existencia de las monstruosidades, nos sumergimos en la nube hasta los ojos y las orejas. Es preciso no hacerse ilusiones. Así como la guerra de la independencia americana del siglo {{asc|XVIII}} dió la campanada de alarma á la clase media europea, la guerra civil americana del siglo {{asc|XIX}} la ha dado á la clase trabajadora de Europa. En Inglaterra es palpable el proceso de transformación. Llegado á cierta altura, tiene que repercutir en el continente. Allí se manifestará en formas más ó menos brutales ó humanas, según el grado de desarrollo de la clase trabajadora misma. Prescindiendo de más altos motivos, su propio interés exige, pues, á las clases hoy dominantes la supresión de todos los obstáculos corregibles por la ley que se opongan al desarrollo de la clase trabajadora. Por eso he dado en este tomo tanto lugar, entre otras cosas, á la historia, al texto y á los resultados de la legislación inglesa sobre las fábricas. Una nación debe y puede aprender de otra. Aun cuando una sociedad haya encontrado el camino que por ley natural debe seguir su movimiento—y el objeto final de esta obra es poner al descubierto la ley económica del movimiento de la sociedad moderna—, no puede saltar ni suprimir por decreto las etapas naturales de desarrollo; pero puede acortar y mitigar los dolores del parto. Una palabra para evitar posibles confusiones. Yo no pinto absolutamente de color de rosa al capitalista ni al propietario de la tierra, porque aquí sólo se trata de las personas en tanto que ellas son la personificación de categorías económicas, los sostenedores de determinadas relaciones é intereses de clase. 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La alta Iglesia de Inglaterra, por ejemplo, perdona mejor el ataque á 38 de sus 39 artículos de fe que á 39 de sus rentas. Hoy día, hasta el ateísmo es una culpa levis, comparado con la crítica de las relaciones de propiedad establecidas. No se puede, sin embargo, negar un progreso en esto. Véase, por ejemplo, el Libro Azul publicado en las semanas últimas: Correspondence with Her Majesty's Missions Abroad, regarding Industrial Questions and Trade's Unions. Los representantes de la Corona inglesa en el Exterior expresan en él crudamente que en Alemania, en Francia y, en una palabra, en todos los países civilizados del continente europeo, es tan perceptible y tan- inevitable como en Inglaterra una transformación de las relaciones existentes entre el Capital y el Trabajo. Al propio tiempo, del otro lado del Atlántico, el Sr. Wade, vicepresidente de los Estados Unidos de la América del Norte, declaraba en meetings públicos que, después de abolida la esclavitud, estaba al orden del día la transformación del Capital y de la propiedad territorial. Estos son signos de los tiempos que no se pueden ocultar con mantos de púrpura ni con sotanas negras. No quieren decir que mañana vayan á ocurrir milagros. Muestran cómo, aun en las clases dominantes, nace la idea de que la sociedad actual no es un sólido cristal, sino un organismo capaz de transformarse y constantemente en vías de transformación. El segundo tomo de esta obra tratará del proceso de circulación del Capital (libro {{asc|II}}) y de las modalidades del proceso total (libro {{asc|III}}); el tomo tercero y último (libro {{asc|IV}}), de la historia de la teoría. Acogeré con agrado toda crítica científica. Respecto de los prejuicios de la llamada opinión pública, á la que nunca he hecho concesiones, mi divisa será, como siempre, la del gran florentino: ¡Segui il tuo corso, e lascia dir le genti! Londres, 25 de julio de 1867. CARLOS MARX<noinclude></noinclude> kx6u79sg2ak2ix1s0fubcj1kv8bhito 1651724 1651684 2026-04-24T12:06:07Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1651724 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|8|CARLOS MARX|}}</noinclude>de mi punto de vista menos que desde otro alguno se puede hacer al individuo responsable de relaciones sociales de las cuales él mismo es una creación, por más que se eleve subjetivamente sobre ellas. En el campo de la Economía política, la libre investigación científica encuentra muchos más enemigos que en todos los otros campos. La naturaleza peculiar del asunto de que trata, llama contra ella al campo de batalla á las más violentas, mezquinas y rencorosas pasiones del corazón humano, las furias del interés privado. La alta Iglesia de Inglaterra, por ejemplo, perdona mejor el ataque á 38 de sus 39 artículos de fe que á {{frac|1|39}} de sus rentas. Hoy día, hasta el ateísmo es una ''culpa levis'', comparado con la crítica de las relaciones de propiedad establecidas. No se puede, sin embargo, negar un progreso en esto. Véase, por ejemplo, el Libro Azul publicado en las semanas últimas: ''Correspondence with Her Majesty's Missions Abroad, regarding Industrial Questions and Trade's Unions''. Los representantes de la Corona inglesa en el Exterior expresan en él crudamente que en Alemania, en Francia y, en una palabra, en todos los países civilizados del continente europeo, es tan perceptible y tan inevitable como en Inglaterra una transformación de las relaciones existentes entre el Capital y el Trabajo. Al propio tiempo, del otro lado del Atlántico, el Sr. Wade, vicepresidente de los Estados Unidos de la América del Norte, declaraba en ''meetings'' públicos que, después de abolida la esclavitud, estaba al orden del día la transformación del Capital y de la propiedad territorial. Estos son signos de los tiempos que no se pueden ocultar con mantos de púrpura ni con sotanas negras. No quieren decir que mañana vayan á ocurrir milagros. Muestran cómo, aun en las clases dominantes, nace la idea de que la sociedad actual no es un sólido cristal, sino un organismo capaz de transformarse y constantemente en vías de transformación. El segundo tomo de esta obra tratará del proceso de circulación del Capital (libro {{asc|II}}) y de las modalidades del proceso total (libro {{asc|III}}); el tomo tercero y último (libro {{asc|IV}}), de la historia de la teoría. Acogeré con agrado toda crítica científica. 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En la Descripción histórica del Comercio, de la Industria, etc., principalmente en los dos primeros tomos de su obra, publicados en 1830, Gustavo von Gülich ha discutido ya en gran parte las circunstancias históricas que impidieron entre nosotros el desarrollo de la producción capitalista y, por consiguiente, la formación de la moderna sociedad burguesa. Faltaba, pues, el suelo donde nace la Economía política. Esta era importada de Inglaterra y Francia, ya completamente elaborada; los profesores alemanes de Economía eran simples discípulos. En sus manos, la expresión teórica de una realidad extranjera se transformaba en una colección de dogmas, que ellos interpretaban en el sentido del mundo de pequeña burgueque les rodeaba, es decir, que ellos interpretaban mal. Trataban de ocultar el sentimiento de su impotencia científica y sus inquietudes de conciencia al tener que pasar por maestros de una cosa que no entendían, bajo el relumbrón de su erudición histórico-literaria, ó mezclando su asunto con materias extrañas que sacaban de esa mezcolanza de conocimientos llamada en Prusia Kameralwissenschaften, por el purgatorio de las cuales tiene que pasar todo candidato de esperanzas á la burocracia alemana. sía Desde 1848 se ha desarrollado rápidamente en Alemania la producción capitalista, que hoy llega ya en este país á sú fraudulenta florescencia. Pero la suerte es siempre adversa á nuestros economistas. Mientras pudieron cultivar con libertad la Economía política, faltaron en el mundo alemán las condiciones económicas modernas, y cuando éstas han aparecido, las circunstancias no han permitido ya su libre estudio desde el punto de vista burgués. La Economía política, mientras es burguesa, es decir, mientras considera el orden capitalista como la forma absoluta y última de la producción social, y no como un grado transitorio del desarrollo histórico, sólo puede mantenerse como ciencia en tanto que la lucha de clases se conserva latente ó sólo se manifiesta de una manera ocasional. Veamos en Inglaterra. Su Economía política clásica corresponde al período en que aun no se había desarrollado la lucha de clases. Su último gran representante, Ricardo, toma por fin deliberadamente, como punto de partida de sus investigaciones, el contraste de los intereses de clase, del salario y la ganancia, de la ganancia y la renta, considerando ingenuamente ese combate como una ley social<noinclude></noinclude> nmmtc3iecfijdhenb1p1z52ba3t6rbb 1651751 1651685 2026-04-24T12:10:12Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1651751 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp||EL CAPITAL|9}}</noinclude>{{t3|De la segunda edición alemana.}} Hasta ahora, la Economía política ha sido en Alemania una ciencia extranjera. 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Trataban de ocultar el sentimiento de su impotencia científica y sus inquietudes de conciencia al tener que pasar por maestros de una cosa que no entendían, bajo el relumbrón de su erudición histórico-literaria, ó mezclando su asunto con materias extrañas que sacaban de esa mezcolanza de conocimientos llamada en Prusia ''{{lang|de|Kameralwissenschaften}}'', por el purgatorio de las cuales tiene que pasar todo candidato de esperanzas á la burocracia alemana. Desde 1848 se ha desarrollado rápidamente en Alemania la producción capitalista, que hoy llega ya en este país á su fraudulenta florescencia. Pero la suerte es siempre adversa á nuestros economistas. Mientras pudieron cultivar con libertad la Economía política, faltaron en el mundo alemán las condiciones económicas modernas, y cuando éstas han aparecido, las circunstancias no han permitido ya su libre estudio desde el punto de vista burgués. La Economía política, mientras es burguesa, es decir, mientras considera el orden capitalista como la forma absoluta y última de la producción social, y no como un grado transitorio del desarrollo histórico, sólo puede mantenerse como ciencia en tanto que la lucha de clases se conserva latente ó sólo se manifiesta de una manera ocasional. Veamos en Inglaterra. Su Economía política clásica corresponde al período en que aun no se había desarrollado la lucha de clases. Su último gran representante, {{QID|Q160270|Ricardo}}, toma por fin deliberadamente, como punto de partida de sus investigaciones, el contraste de los intereses de clase, del salario y la ganancia, de la ganancia y la renta, considerando ingenuamente ese combate como una ley social<noinclude></noinclude> 6qxrlleovwvg1uvr0kc2k5p7wl3xa0m Página:El Capital (1898).pdf/16 102 417346 1651686 2026-04-24T12:00:48Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651686 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|10|CARLOS MARX|}}</noinclude>natural. Este era el límite que la ciencia económica burguesa no podía pasar. Ya en vida de Ricardo, y en oposición á él, apareció la crítica en la persona de Sismondi 1. El período que sigue, de 1820 à 1830, se distingue en Inglaterra por la actividad científica en el campo de la Economía política. Fué la época de la vulgarización y propagación de la teoría de Ricardo, así como de su lucha con la vieja escuela. Se celebraron brillantes torneos. La obra de aquel tiempo es poco conocida en el continente europeo, porque, en gran parte, la polémica se desparramó en artículos de revista, escritos ocasionales y folletos: El carácter libre de esa polémica se explica por las circunstancias de la época, aunque la teoría de Ricardo servía ya excepcionalmente de arma de ataque contra la Economía burguesa. Por una parte, la gran industria apenas había salido de su infancia, como lo prueba el hecho de que la crisis de 1825 abre el cicio periódico de su vida moderna. La lucha de clases entre el Capital y el Trabajo estaba, por otra parte, relegada á un lugar secundario, en el orden político, por la contienda entre la masa del pueblo, dirigida por la Burguesía, y los Gobiernos y señores feudales, alistados en la Santa Alianza; en el orden económico, por las querellas entre el capital industrial y la aristocracia terrateniente, que en Francia se ocultaban tras del antagonismo entre la pequeña y la gran propiedad territorial, y que en Inglaterra entablaron abiertamente cuando las leyes sobre los cereales. La literatura económica inglesa de esa época recuerda el período de ebullición económica que siguió en Francia á la muerte del Dr. Quesnay; pero sólo como el veranillo de San Martín recuerda la primavera. En 1830 sobrevino la crisis definitiva. En Francia y en Inglaterra, la Burguesía había conquistado el Poder político. Desde entonces, la lucha de clases adquirió, práctica y teóricamente, formas cada vez más acentuadas y amenazadoras. Ella dió el toque de difuntos por la Economía científica burguesa. Ya no se trató de si este ó aquel teorema era verdadero, sino de si era útil ó perjudicial, cómodo ó incómodo para el Capital, agradable ó no á la policía. Al estudio desinteresado reemplazó la fanfarronada pagada; á la libre investigación científica, la mala conciencia y perversa intención de la apología. Los mismos tratadotes con que la Anti-Cornlawleague, dirigida por los fabricantes Cobden y Bright, importunaba al público, ofrecían siempre, si no un interés científico, al menos uno histórico, por su polémica contra la aristocracia territorial. Pero la legislación librecambista de Roberto Peel arrancó este último aguijón á la Economía vulgar. Véase mi escrito Zur Kritik... etc., pág. 39.<noinclude></noinclude> iorvbb2qls6ay8i610vvjbky0zfyufz 1651781 1651686 2026-04-24T12:14:30Z Ignacio Rodríguez 3603 /* EIS nivel 3 */ 1651781 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Ignacio Rodríguez" />{{cp|10|CARLOS MARX|}}</noinclude>natural. Este era el límite que la ciencia económica burguesa no podía pasar. Ya en vida de Ricardo, y en oposición á él, apareció la crítica en la persona de Sismondi<ref>Véase mi escrito ''Zur Kritik... etc''., pág. 39.</ref>. El período que sigue, de 1820 á 1830, se distingue en Inglaterra por la actividad científica en el campo de la Economía política. Fué la época de la vulgarización y propagación de la teoría de Ricardo, así como de su lucha con la vieja escuela. Se celebraron brillantes torneos. La obra de aquel tiempo es poco conocida en el continente europeo, porque, en gran parte, la polémica se desparramó en artículos de revista, escritos ocasionales y folletos: El carácter libre de esa polémica se explica por las circunstancias de la época, aunque la teoría de Ricardo servía ya excepcionalmente de arma de ataque contra la Economía burguesa. Por una parte, la gran industria apenas había salido de su infancia, como lo prueba el hecho de que la crisis de 1825 abre el cicio periódico de su vida moderna. La lucha de clases entre el Capital y el Trabajo estaba, por otra parte, relegada á un lugar secundario, en el orden político, por la contienda entre la masa del pueblo, dirigida por la Burguesía, y los Gobiernos y señores feudales, alistados en la Santa Alianza; en el orden económico, por las querellas entre el capital industrial y la aristocracia terrateniente, que en Francia se ocultaban tras del antagonismo entre la pequeña y la gran propiedad territorial, y que en Inglaterra entablaron abiertamente cuando las leyes sobre los cereales. La literatura económica inglesa de esa época recuerda el período de ebullición económica que siguió en Francia á la muerte del Dr. Quesnay; pero sólo como el veranillo de San Martín recuerda la primavera. En 1830 sobrevino la crisis definitiva. En Francia y en Inglaterra, la Burguesía había conquistado el Poder político. Desde entonces, la lucha de clases adquirió, práctica y teóricamente, formas cada vez más acentuadas y amenazadoras. Ella dió el toque de difuntos por la Economía científica burguesa. Ya no se trató de si este ó aquel teorema era verdadero, sino de si era útil ó perjudicial, cómodo ó incómodo para el Capital, agradable ó no á la policía. Al estudio desinteresado reemplazó la fanfarronada pagada; á la libre investigación científica, la mala conciencia y perversa intención de la apología. Los mismos tratadotes con que la ''Anti-Cornlawleague'', dirigida por los fabricantes Cobden y Bright, importunaba al público, ofrecían siempre, si no un interés científico, al menos uno histórico, por su polémica contra la aristocracia territorial. Pero la legislación librecambista de Roberto Peel arrancó este último aguijón á la Economía vulgar.<noinclude></noinclude> ibuj6u3cvgs1zglcx1ugzdswob7hrtd Página:El Capital (1898).pdf/17 102 417347 1651687 2026-04-24T12:00:56Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651687 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|11}}</noinclude>La revolución continental de 1848-49 repercutió también en Inglaterra. Los hombres que tenían todavía pretensiones científicas y querían ser algo más que simples sofistas y sicofantes de las clases dominadoras, trataron de poner la Economía política del Capital al unísono con las reclamaciones del Proletariado, que ya no era posible desoir. De ahí el insulso Eclecticismo, del que John Stuart Mill es el mejor representante. Es la declaración de quiebra de la Economía «burguesa », que el gran sabio y crítico ruso N. Tschernyschewsky ha explicado ya de una manera maestra en su obra Elementos de Economia politica, según Mill. La producción capitalista llegó, pues, en Alemania á su madurez después que su carácter antagónico se hubo manifestado en Francia y en Inglaterra en ruidosas luchas históricas, y cuando el proletariado alemán tenía ya una conciencia teórica de clase mucho más clara que la burguesía alemana. Así que en este país una ciencia burguesa de la Economía política empezó á parecer posible, por las circunstancias indicadas volvió otra vez à ser imposible. Entonces sus corifeos se dividieron en dos grupos: los unos, prudentes, ambiciosos, prácticos, siguieron la bandera de Bastiat, el más superficial y, por eso mismo, el más famoso representante de la vulgar apología económica; los otros, ufanos de la dignidad profesional de su ciencia, siguieron á J. St. Mill en su tentativa de conciliar lo inconciliable. Como en la época clásica de la Economía burguesa, en su decadencia los alemanes tampoco fueron más que discípulos, repetidores y copistas, agentes por menor de las grandes Casas extranjeras. El peculiar desarrollo histórico de la sociedad alemana impidió, pues, en ella todo cultivo original de la Economía «burguesa», pero no de su crítica. En tanto que esta crítica representa á una clase, ella sólo puede representar á la clase que tiene por misión histórica la revolución de la producción capitalista y la definitiva abolición de las clases, el Proletariado. Los corifeos sabios é ignorantes de la burguesía alemana trataron primero de hacer alrededor de EL CAPITAL un silencio de muerte, como lo habían conseguido con mis anteriores escritos. Pero cuando esa táctica no correspondió más á las circunstancias de la época, bajo el pretexto de criticar mi libro, se han puesto á escribir indicaciones para tranquilizar la conciencia burguesa», sólo que han encontrado en la prensa obrera - véanse, por ejemplo, los artículos de José Dietzgen en el Volksstaat-superiores campeones, á quienes todavía deben la respuesta 1. Los disparatados escribidores de la Economía vulgar alemana reprueban el<noinclude></noinclude> 6ikq27bl3ildicqkzxxqdfxou019p4o Página:El Capital (1898).pdf/18 102 417348 1651688 2026-04-24T12:01:05Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651688 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|12|CARLOS MARX|}}</noinclude>En la primavera de 1872 apareció en San Petersburgo una excelente traducción rusa de EL CAPITAL. La edición de 3.000 ejemplares está ya casi agotada. En 1871, el Sr. N. Sieber, profesor de Economía política en la Universidad de Kieff, había ya demostrado en su obra La Teoria de D. Ricardo sobre el Valor y el Capital que mi teoría del valor, de la moneda y del Capital es, en sus rasgos fundamentales, el resultado necesario del desarrollo de la doctrina de Smith-Ricardo. Lo que sorprende al europeo del Occidente al leer ese sólido libro es la firmeza con que se mantiene en el terreno puramente teórico. El método seguido en EL CAPITAL. ha sido poco comprendido, como lo prueban las apreciaciones contradictorias acerca del mismo. La Revue Positiviste, de París, me reprocha, por una parte, que trato de la Economía de una manera metafísica y, por otra- - jadivínese! que me limito á la simple disección de lo existente, en lugar de prescribir recetas (¿comtistas?) para la cocina del porvenir. Cuanto al reproche de metafísica, observa el profesor Sieber: «En lo que se refiere á la teoría propiamente dicha, el método de Marx es el método deductivo de toda la escuela inglesa, cuyos defectos y ventajas son comunes à los mejores economistas teóricos.» El señor M. Block - Les Théoriciens du Socialisme en Allemagne (extracto del Journal des Economistes, julio y agosto de 1872)-descubre que mi método es analítico y dice, entre otras cosas: «Par cette ouvrage, M. Mare se classe parmi les esprits analytiques les plus éminents.» Los extractores alemanes hablan, naturalmente, de sofistería hegeliana. En un artículo que trata exclusivamente del método de EL CAPITAL, El Mensajero Europeo, de San Petersburgo (número de mayo de 1872, págs. 427-38), encuentra que mi método de investigación es estrictamente realista, pero que mi método de exposición es desgraciadamente el de la dialéctica alemana. Dice: Á primera vista, si se juzga por la forma exterior de la exposición, Marx es el más grande idealista, en el sentido alemán, es decir, en estilo y la exposición de mi obra. Nadie puede juzgar con más severidad que yo mismo las fal as literarias de EL CAPITAL. Quiero, sin embargo, para provecho y contento de esos señores y de su público, citar aquí un juicio inglés y otro ruso. La Saturday Review, completamente contraria á mis opiniones, deci al anunciar la primera edición alemana: « La exposición da, aun á las más secas cuestiones económicas, un peculiar encanto (charm). » El Diario de San Petersburgo observa en su número del 20 de abril de 1872: «Con excepción de algunas partes demasiado especiales, la exposición se distingue por su claridad, por estar al alcance general y, á pesar de la elevación científica del asunto, por su poco común vivacidad. A este respecto, el autor no se parece..... ni de lejos, à la mayoría de los sabios alemanes, que..... escriben sus libros en un lenguaje tan obscuro y tan seco, como para romper la cabeza al vulgo de los mortales.» Lo que se les rompe á los lectores de la literatura que actualmente producen en Alemania los profesores nacionales liberales es, sin embargo, algo muy distinto de la cabeza.<noinclude></noinclude> 1do510jnkdcb0iateb7emupc5hft01r Página:El Capital (1898).pdf/19 102 417349 1651689 2026-04-24T12:01:14Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651689 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|13}}</noinclude>el mal sentido de la palabra. Pero, en realidad, es infinitamente más realista que todos sus predecesores en la crítica económica..... De ninguna manera se le puede llamar idealista. » La mejor respuesta que puedo dar al autor de esta crítica es copiar algunos fragmentos de la misma, que además interesarán tal vez á muchos de mis lectosi no pueden servirse del original ruso. res, El autor hace una cita del prefacio de la Crítica de la Economía politica (Berlín, 1859, págs. {{asc|IV}}-VII), en que yo discuto la base materialista de mi método, y continúa así: « Para Marx, sólo una cosa es importante: encontrar la ley de los fenómenos que investiga, y no solamente la ley que los rige en la forma acabada y correlativa que presentan en un período determinado de tiempo. Para él es importante, ante todo, la ley de su transformación, de su desarrollo, es decir, del paso de una forma á otra, de un orden de correlación á otro. Una vez que ha descubierto esta ley, él investiga en detalle las consecuencias por las cuales ella se manifiesta en la vida social..... Así, pues, Marx sólo se empeña en una cosa: en demostrar por una exacta investigación científica la necesidad de órdenes determinados de relaciones sociales y comprobar en lo posible de modo irreprochable los hechos que le sirven de puntos de partida y de apoyo. Para esto basta con que él demuestre la necesidad del orden actual al mismo tiempo que la necesidad de otro orden en que aquél tiene necesariamente que transformarse, créanlo ó no lo crean los hombres, tengan conciencia de ello ó no la tengan. Marx considera el movimiento social como un proceso natural, gobernado por leyes que, no sólo son independientes de la voluntad, de la conciencia y de la intención de los hombres, sino que, por el contrario, determinan esa voluntad, esa conciencia y esas intenciones..... Si el elemento consciente desempeña un papel tan secundario en la historia de la civilización, se sobreentiende que la crítica, cuyo objeto es la civilización misma, lo que menos puede tener por base es una forma ó un resultado de la conciencia. No es la idea, sino el fenómeno exterior, lo que le puede servir de punto de partida. La crítica se limitará á comparar y confrontar un hecho, no con la idea, sino con otro hecho. Ella exige solamente que ambos hechos sean investigados lo más exactamente posible; que el uno respecto del otro constituyan, en realidad, distintos momentos de desarrollo. y, sobre todo, que sea investigada con la misma exactitud la serie de los órdenes, la sucesión y combinación en que se manifiestan las fases de desarrollo. Pero, se dirá, las leyes generales de la vida económica son las mismas, son únicas, ya se las aplique al presente ó al pasado. Esto es justamente lo que niega Marx. Según él, esas leyes abstractas no existen..... En su opinión, cada<noinclude></noinclude> a8olft5kekkgdquzkav420x2ium2gx1 Página:El Capital (1898).pdf/20 102 417350 1651690 2026-04-24T12:01:23Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651690 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|14|CARLOS MARX|}}</noinclude>período histórico tiene, por el contrario, sus propias leyes..... Desde que la vida ha sobrepasado un período dado de desarrollo y pasa de un estado á otro, empieza también á ser regida por otras leyes. En una palabra, la vida económica nos ofrece un fenómeno análogo á la historia del desarrollo en los otros campos de la Biología..... Los antiguos economistas desconocieron la naturaleza de las leyes económicas cuando las compararon á las leyes de la Física y de la Química..... Un análisis más profundo de los fenómenos ha demostrado que los organismos sociales difieren entre sí tan fundamentalmente como las plantas y los animales..... Sí; un mismo fenómeno obedece á leyes completamente distintas, á consecuencia de la diversidad de la estructura general de esos organismos, de la variación de sus distintos órganos, de las diferentes condiciones en que funcionan, etc. Marx'niega, por ejemplo, que la ley de la población sea la misma en todos los tiempos y en todos los lugares. Asegura, por el contrario, que cada estadio de desarrollo tiene su propia ley de población..... Con el diferente desarrollo de la fuerza productiva varían las relaciones y las leyes que las rigen. Al proponerse investigar y explicar desde este punto de vista el orden económico capitalista, Marx no hace más que formular de una manera rigurosamente científica el fin que tiene que proponerse toda investigación exacta de la vida económica..... El valor científico de un estudio semejante está en la dilucidación de las leyes especiales que regulan el nacimiento, la existencia; el desarrollo y la muerte de un organismo social determinado, y su reemplazo, por otro superior. Y este valor lo tiene en realidad el libro de Marx.» Al describir con tanta exactitud lo que él llama mi verdadero método, y tan benévolamente en cuanto á mi empleo personal del mismo, ¿qué ha descrito el autor sino el método dialéctico? El modo de exponer tiene que distinguirse formalmente del modo de investigar. La investigación tiene que apropiarse la materia en detalle, analizar sus formas diversas de desarrollo y descubrir su vínculo íntimo. Sólo después de hecho ese trabajo, el movimiento real puede ser convenientemente expuesto. Si se le consigue, y la vida de la Materia forma su imagen ideal, puede parecer que se trata de una construcción a priori. Mi método dialéctico, no sólo difiere fundamentalmente del de Hegel, sino que le es directamente opuesto. Para Hegel, el proceso mental, del que llega hasta hacer un sujeto independiente bajo el nombre de idea, es el demiurgo de la realidad, la cual sólo es su manifestación externa. Para mí, á la inversa, lo ideal no es más que lo material, transpuesto é interpretado en la cabeza del hombre. He criticado el lado místico de la dialéctica hegeliana hace poco<noinclude></noinclude> 9kyr25jh9ub2y9xxxf86nt7inia0ga1 Página:El Capital (1898).pdf/21 102 417351 1651691 2026-04-24T12:01:32Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651691 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|15}}</noinclude>más ó menos treinta años, cuando todavía estaba de moda. Pero precisamente cuando yo trabajaba en el primer tomo de EL CAPITAL, los fastidiosos, mediocres y pretenciosos epigonos que ahora dirigen la orquesta de la Alemania letrada, se complacían en tratar á Hegel como el bravo Moisés Mendelssohn trataba á Spinoza en tiempos de Lessing, es decir, como á « perro muerto». Me declaré, pues, abiertamente discípulo de aquel gran pensador y llegué hasta hacer gala de su modo de expresión característico en el capítulo sobre la teoría del valor. El misticismo en que se envuelve la dialéctica en manos de Hegel no impide absolutamente que sea él quien haya expuesto el primero sus formas generales de movimiento de un modo comprensivo y consciente. Hegel pone la dialéctica al revés. No hay más que darla vuelta. para descubrir el núcleo racional bajo la envoltura mística. En su forma mística, la dialéctica estuvo á la moda en Alemania, porque parecía glorificar lo existente. En su forma racional, es un escándalo y un horror para la Burguesía y sus corifeos doctrinarios; porque en la comprensión positiva de lo existente incluye la inteligencia de su negación, de su necesaria caída; porque lo concibe todo en movimiento, y también, por lo tanto, como formas perecederas y transitorias; porque nada la puede dominar, y es esencialmente crítica y revolucionaria. Es en las alternativas del cicio periódico que recorre la industria moderna, y en su punto culminante, la crisis general, cuando el burgués práctico siente con más fuerza el movimiento preñado de contradicciones de la sociedad capitalista. La crisis se acerca otra vez, y por la universalidad de su escenario, como por la intensidad de su acción, va á meterles dialéctica en la cabeza á los mismos afortunados parásitos del nuevo Santo Imperio prusiano-alemán. Londres, 24 de enero de 1873. CARLOS MARX<noinclude></noinclude> ekt5vf7bo6nnxrfun3s2z4mhlylhgen Página:El Capital (1898).pdf/22 102 417352 1651692 2026-04-24T12:01:40Z NinoBot 46867 /* Sin texto */ Bot: OCR + arreglos varios 1651692 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="0" user="NinoBot" /></noinclude><noinclude></noinclude> b1pi4walf8rpfcdlqww5rmhtoyg6gyn Página:El Capital (1898).pdf/23 102 417353 1651693 2026-04-24T12:01:45Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651693 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|17}}</noinclude>NOTAS PRELIMINARES Á la tercera edición alemana. No le ha sido permitido á Marx arreglar por sí mismo está tercera edición. El potente pensador, ante cuya grandeza se inclinan hoy sus mismos adversarios, ha muerto el 14 de marzo de 1883. Sobre mí, que he perdido en él al mejor y más seguro amigo, al amigo á quien debo lo indecible, ha recaído el deber de euidar de esta tercera edición, así como de publicar el segundo tomo, que él dejó manuscrito. Debo dar cuenta aquí al lector de cómo he llenado la primera parte de esta obligación. En un principio, Marx se propuso reformar en gran parte el texto del primer tomo, tratar más rigurosamente algunos puntos teóricos, agregar otros nuevos y completar el material histórico y estadístico hasta el momento actual. Su mala salud, y el apuro por terminar la redacción del segundo tomo, le obligaron á desistir de ello. Sólo hubo de cambiar lo más necesario, sin hacer más adiciones contenidas en la edición francesa, publicada en el intervalo (Le Capital, par KARL MARX; Paris, Lachâtre, 1873). que las Se ha encontrado después, entre los libros de Marx, un ejemplar alemán corregido por él en parte y con referencias á la edición francesa, así como un ejemplar de ésta en que él había señalado con precisión los puntos utilizables. Estos cambios y adiciones se limitan, con pocas excepciones, á la última parte del libro, á la sección que trata del proceso de acumulación del Capital. El texto publicado seque las guía en esto muy de cerca al bosquejo original, mientras otras secciones habían sido trabajadas más á fondo. El estilo era, por eso mismo, más vivo y más igual, pero también menos cuidado, con anglicismos, obscuro en ciertas partes; había lagunas en la exposición, pues algunos puntos importantes estaban sólo indicados. En lo que se refiere al estilo, Marx mismo había revisado á fondo varios capítulos, dándome así, como también en frecuentes indicaTOMO {{asc|I}}<noinclude></noinclude> jlvjow9i774fmro0mi33mj9kxu5kbcp Página:El Capital (1898).pdf/24 102 417354 1651694 2026-04-24T12:01:54Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651694 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|18|CARLOS MARX|}}</noinclude>ciones verbales, la medida en que debía suprimir las expresiones técnicas inglesas y demás anglicismos. Él había también elaborado las adiciones y complementos, pasándolos del llano francés al conciso alemán que le era propio. He tenido que limitarme á transportarlos y coordinarlos con el texto primitivo. No hay, pues, en esta tercera edición una sola palabra cambiada de la que yo no sepa que el autor mismo la hubiera cambiado. Para concluir, una palabra sobre el modo de citar de Marx, tan mal entendido. En las exposiciones y descripciones de hechos, las citas, las de los Libros Azules ingleses, por ejemplo, sirven, por supuesto, como documentos de prueba. No sucede lo mismo con las citas de opiniones teóricas de otros economistas. Estas citas establecen sólo dónde, cuándo y por quién fué claramente expresado por primera vez un pensamiento económico que se presenta en el curso de la exposición. Lo que sólo significa que la cita económica en cuestión es de importancia para la historia de la Ciencia; que ella es la expresión teórica más ó menos adecuada de la situación económica de su época; pero de ninguna manera que ella sea, absoluta ó relativamente, verdadera en la opinión del autor, ni que haya pasado ya por completo á la Historia. Esas citas sólo son, pues, un comentario del texto, tomado de la historia de la ciencia económica, y establecen la fecha y el autor de cada progreso importante de la teoría económica; lo que era muy necesario en una ciencia cuyos historiadores sólo se distinguen hasta ahora por su ignorancia tendenciosa, si no calculada. Se comprenderá también ahora por qué, en concordancia con el prefacio de la segunda edición, sólo muy excepcionalmente se ve Marx en el caso de citar economistas alemanes. Londres, 7 de noviembre de 1883. FEDERICO ENGELS Á la cuarta edición alemana. La cuarta edición me ha obligado á fijar definitivamente el texto, así como las notas. He aquí cómo he respondido á esa exigencia. Después de una nueva comparación de la edición francesa y de las notas manuscritas de Marx, he hecho algunas nuevas adiciones de aquélla al texto alemán. Siguiendo el precedente de las ediciones<noinclude></noinclude> 0lmh7gvnvj3rfijt0x5bmnes5gtrx2o Página:El Capital (1898).pdf/25 102 417355 1651695 2026-04-24T12:02:00Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651695 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|19}}</noinclude>francesa é inglesa, he colocado también en el texto la larga nota sobre los mineros. Las otras pequeñas modificaciones son completamente de orden técnico. He agregado además algunas notas explicativas donde me ha parecido exigirlo el cambio de las circunstancias históricas. Todas estas notas están encerradas entre paréntesis cuadrangulares y seguidas de mis iniciales. La edición inglesa, aparecida en el intervalo, había hecho necesaria una completa revisión de las numerosas citas. Leonor, la menor de las hijas de Marx, se tomó el trabajo de comparar todos los puntos citados con los originales, à fin de que las citas de fuente inglesa, que son la gran mayoría, no apareciesen vueltas á traducir del alemán, sino en su primitiva forma inglesa. He podido consultar este texto para la cuarta edición, y he encontrado así muchas pequeñas inexactitudes..... Pero basta comparar la cuarta edición con la anterior para convencerse de que toda esa trabajosa corrección no ha introducido en él libro cambio alguno que valga la pena de indicarse. Sólo una cita no ha podido ser encontrada: la de Richard Jones; probablemente Marx se ha equivocado en el título del libro. Todas las otras conservan su pleno poder de prueba ó se robustecen en su forma actual, que es más exacta. Londres, 25 de junio de 1890. FEDERICO ENGELS<noinclude></noinclude> de66vyvrep2io2ur4rjxdx0g9nyfw6i Página:El Capital (1898).pdf/26 102 417356 1651696 2026-04-24T12:02:06Z NinoBot 46867 /* Sin texto */ Bot: OCR + arreglos varios 1651696 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="0" user="NinoBot" /></noinclude><noinclude></noinclude> b1pi4walf8rpfcdlqww5rmhtoyg6gyn Página:El Capital (1898).pdf/27 102 417357 1651697 2026-04-24T12:02:15Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651697 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|21}}</noinclude>LIBRO PRIMERO El proceso de producción del Capital. PRIMERA SECCIÓN Mercancía y moneda. CAPÍTULO PRIMERO La mercancía. I. LOS DOS FACTORES DE LA MERCANCÍA: VALOR DE USO Y VALOR (SUBSTANCIA DEL VALOR, MAGNITUD DEL VALOR). La riqueza de las sociedades en que reina el modo capitalista de producción se presenta como una « inmensa acumulación de mercancías » 1, y cada mercancía como su forma elemental. Nuestra investigación principia, por lo tanto, en el análisis de la mercancía. La mercancía es, en primer lugar, un objeto exterior, una cosa que por sus propiedades satisface necesidades humanas de una clase cualquiera. La naturaleza de estas necesidades, ya provengan, por ejemplo, del estómago ó de la fantasía, no cambia en nada el asunto 2. Tampoco se trata aquí de cómo la cosa satisface la necesidad humana, si inmediatamente, como objeto de consumo, ó indirectamente, como medio de producción. Toda cosa útil, como el hierro, el papel, etc., puede ser considerada desde dos puntos de vista: en su calidad y en su cantidad. Todo objeto es un conjunto de muchas propiedades, y puede por eso ser útil de diferentes modos. Descubrir estos diferentes modos de utilizar las cosas es obra de la Historia 3. Lo es también la invención KARL MARX, Zur Kritik der Politischen Oekonomie, Berlín, 1859, pág. 4. 2 «El deseo implica necesidad; es el apetito de la mente, y tan natural como el hambre al cuerpo..... La mayor parte (de las cosas) tienen valor porque proveen á las necesidades del espíritu.» (NICOLÁS BARBON, A Disconrse on coining the new money lighter, in answer to Mr. Locke's Considerations... etc., Londres, 1696, páginas 2 y 3.) 3 «Tienen una virtud intrínseca (esta es la expresión específica de Barbon para el valor de uso) las cosas que en todas partes tienen la misma virtud, como la del imán de atraer el hierro.» (Ob. cit., pág. 16.) Esta propiedad del imán es útil solamente desde que por su medio se descubrió la polaridad magnética.<noinclude></noinclude> suf4vrnk10qcsri3m6poahxxjlulov2 Página:El Capital (1898).pdf/28 102 417358 1651698 2026-04-24T12:02:23Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651698 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|22|CARLOS MARX|}}</noinclude>de medidas sociales para la cantidad de las cosas útiles. La diversidad de las medidas de las mercancías proviene, en parte, de la naturaleza variada de los objetos que han de medirse y, en parte, de la convención. La utilidad de una cosa le da su valor de uso. Pero esa utilidad no flota en el espacio. Las propiedades del cuerpo de la mercancía la determinan, y no existe sin él. El cuerpo mismo de la mercancía, como hierro, trigo, diamante, etc., es, por consiguiente, un valor de uso, el cual no depende del mayor ó menor trabajo que cuesta al hombre apropiarse sus cualidades útiles. Cuando se trata de valores de uso, se les supone siempre en cantidad determinada, como una docena de relojes, una vara de tela, una tonelada de hierro, etc. Los valores de uso de las mercancías son el objeto de un estudio especial: la técnica mercantil. El valor de uso se realiza sólo en el uso ó consumo. Los valores de uso forman la materia de la riqueza, cualquiera que sea la forma social de ésta. En la forma social que tenemos que examinar, ellos son al mismo tiempo los portadores materiales del valor de cambio.. El valor de cambio se presenta desde luego como la relación cuantitativa, la proporción en que se cambian entre sí valores de uso de especies diferentes 3, proporción que continuamente varía, según el tiempo y los lugares. El valor de cambio parece por eso algo accidental y completamente relativo, y un valor de cambio inmanente, propio de la mercancía (valeur intrinsèque), una contradictio in adjecto. Veamos esto más de cerca. Una mercancía particular, una cuartilla de trigo, por ejemplo, se cambia con x betún, ó con y seda, ó con z oro, etc.; en una palabra, se cambia con otras mercancías en las proporciones más variadas. El trigo tiene, pues, no uno solo, sino diversos valores de cambio. Pero como a betún es, lo mismo que y seda yz oro, etc., el valor de cambio de una cuartilla de trigo, a betún, y seda, z oro, etc., tienen que El valor natural de las cosas consiste en su propiedad de satisfacer las necesidades ó servir las conveniencias de la vida humana,» (JOHN LOCKE, Some Considerations on the Consequences of the Lowering of Interest, 1691; Works, ed.; Londres, 1777, vol. 11, pág. 28.) En los escritores ingleses del siglo {{asc|XVI}} se encuentra todavía la palabra worth para expresar el valor de uso y value para el valor de cambio, siguiendo el genio de una lengua que prefiere expresar la cosa inmediata en términos germánicos y la refleja en latinos. En la sociedad burguesa domina la fictio juris de que todo comprador conoce todas las mercancías. 3 «El valor consiste en la relación de cambio que se encuentra entre tal cosa y tal otra, entre tal medida de una producción y tal medida de otra. » (LE TROSNE, De l'Intérét Social, Physiocrates; ed. Daire; Paris, 1846, pág. 889.) 4 Nada puede tener un valor intrinseco» (N. BARBON, ob. cit., pág. 16), ó como dice BUTLER: «The value of a thing Is just as much as it will bring. »<noinclude></noinclude> h00kuh0cl4gq5hrg5t29hg76opzjt64 Página:El Capital (1898).pdf/29 102 417359 1651699 2026-04-24T12:02:28Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651699 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|23}}</noinclude>poder reemplazarse y ser valores de cambio iguales entre sí. De donde resulta: 1.º, que los valores de cambio de una mercancía expresan una igualdad, y 2.º, que el valor de cambio en general sólo puede ser el modo de expresión, la forma de aparición de un contenido distinto de él. Tomemos ahora dos mercancías; por ejemplo, trigo y hierro. Cualquiera que sea su relación de cambio, se la puede siempre representar por una ecuación, en la cual una determinada cantidad de trigo es considerada igual á cierta cantidad de hierro, por ejemplo: 1 cuartilla de trigo = a kilogramos de hierro. ¿Qué significa esta ecuación? Que algo común de la misma magnitud existe en dos cosas diferentes, en 1 cuartilla de trigo y también en a kilogramos de hierro. Ambas son, pues, iguales á una tercera que, por sí misma, no es ni la una ni la otra. Cada una de las dos, en tanto que es valor de cambio, tiene, pues, que ser reducible á esa tercera. Un sencillo ejemplo geométrico lo hará comprender. Para determinar y comparar la superficie de todas las figuras rectilíneas, se las descompone en triángulos. El triángulo es, á su vez, reducido á una expresión completamente distinta de su figura visible: la mitad del producto de su base por su altura. Así, los valores de cambio de las mercancías deben ser reducidos á algo que les es común, de lo cual representan una cantidad más ó menos grande. Ese algo que les es común no puede ser una propiedad geométrica, física, química, ni otra propiedad natural alguna de las mercancías. En general, sus propiedades corporales sólo entran en cuenta en tanto que les dan utilidad y las hacen valores de uso. Mas, por otra parte, la relación de cambio de las mercancías está evidentemente caracterizada por la abstracción de sus valores de uso. En esta relación, un valor de uso vale exactamente tanto como cualquiera otro, si está en la conveniente proporción. Ó como dice el viejo Barbon: «Una especie de mercancía es tan buena como otra, si su valor de cambio es igual. No existe diferencia ni distinción posible entre cosas de igual valor de cambio.» Como valores de uso, las mercancías son, ante todo, de distinta cualidad; como valores de cambio, sólo pueden diferir en cantidad, y no contienen ni un átomo de valor de uso. Ahora bien; si se prescinde del valor de uso de las mercancías, sólo les queda una propiedad, la de ser productos del trabajo. Pero el producto del trabajo ya se nos ha transformado también en las 1 Una especie de mercancía es tan buena como otra, si el valor es igual. No hay diferencia ni distinción entre cosas de igual valor..... Cien libras esterlinas en plomo ó hierro valen tanto como cien libras esterlinas en plata ú oro. » (N. BARBON, ob. cit., págs. 53 y 7.)<noinclude></noinclude> sl1nurc0m6tproxbjclfh1ov74fzjh7 Página:El Capital (1898).pdf/30 102 417360 1651700 2026-04-24T12:02:37Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651700 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|24|CARLOS MARX|}}</noinclude>manos. Si hacemos abstracción de su valor de uso, hacemos también abstracción de los componentes corporales y de las formas que le dan ese valor de uso. Ya no es más una mesa, ó una casa, ó hilo, ú otra cosa útil cualquiera. Todas sus cualidades sensibles se han desvanecido. Ya no es más, tampoco, el producto del trabajo de carpintería, ó de albañilería, ó de hilandería ó de otro trabajo productivo determinado. Con el carácter útil de los productos del trabajo desaparece el carácter útil de los trabajos representados por ellos, así como las diversas formas concretas de esos trabajos; ya no se distinguen, todos se reducen á trabajo humano igual, á trabajo humano abstracto. Consideremos ahora el residuo de los productos del trabajo. De ellos no ha quedado nada más que un mismo fantasma de objetividad, una pulpa de trabajo humano indistinto, es decir, el gasto de fuerza humana de trabajo, sin consideración á la forma de ese gasto. Esas cosas sólo dicen que en su producción se ha gastado fuerza humana de trabajo, se ha amontonado trabajo humano. Como cristales de esta substancia social que les es común, ellas son valores. En la relación de cambio de las mercancías hemos visto que su valor de cambio es algo completamente independiente de su valor de uso. Haciendo abstracción del valor de uso de los productos del trabajo, se obtiene su yalor, como acaba de determinarse. Lo común á todas las mercancías, que se manifiesta en la relación de cambio ó valor de cambio, es, pues, su valor. La investigación ulterior nos conducirá de nuevo. al valor de cambio como la expresión ó forma de aparición necesaria del valor, al que, sin embargo, hay que considerar primero independientemente de esa forma. Un valor de uso sólo tiene, pues, valor porque hay trabajo humano abstracto hecho cosa ó materializado en él. ¿Cómo medir ahora la magnitud de su valor? Por la cantidad de la « substancia constituyente del valor », del trabajo en él contenida. La cantidad de trabajo se mide, á su vez, por su duración, y el tiempo de trabajo tiene su escala de fracciones de tiempo determinadas, como hora, día, etc. Podría parecer que, si el valor de una mercancía es determinado por la cantidad de trabajo gastado en su producción, cuanto más perezoso ó inhábil fuera un hombre, tanto más valiosa sería su mercancía, porque tanto más tiempo necesitaría él para elaborarla. Pero el trabajo que constituye la substancia de los valores es trabajo humano igual, gasto de la misma fuerza humana de trabajo. La fuerza de trabajo de la sociedad entera, que se manifiesta en el conjunto de los valores de las mercancías, vale como una misma fuerza humana de trabajo, aunque consiste en innumerables fuerzas individuales de trabajo. Cada una de estas fuerzas individuales de trabajo es igual á<noinclude></noinclude> p515jd0m7ze0hedx2usugnkz338egm9 Página:El Capital (1898).pdf/31 102 417361 1651701 2026-04-24T12:02:46Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651701 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|25}}</noinclude>cada una de las demás, en tanto que posee el carácter de una fuerza social media de trabajo, y funciona como tal, es decir, no emplea en la producción de una mercancía sino el tiempo de trabajo medio necesario, ó tiempo de trabajo socialmente necesario. El tiempo de trabajo socialmente necesario es el tiempo de trabajo exigido para producir un valor de uso en las condiciones normales de la producción para una sociedad dada, y con el término medio social de habilidad é intensidad del trabajo. Por ejemplo: después de la introducción del telar á vapor en Inglaterra, hastó quizá la mitad del trabajo que antes para transformar en tejido una cantidad dada de hilo. Para esta transformación; el tejedor á mano siguió necesitando el mismo tiempo de trabajo que antes; pero el producto de una hora de su trabajo individual ya no representó más que media hora de trabajo social, y su valor bajó, por lo tanto, á la mitad del que tenía anteriormente. Lo que determina la magnitud del valor de un objeto útil es, pues, solamente la cantidad de trabajo ó el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlo 1. Cada mercancía particular vale, en general, como ejemplar medio de las de su especie 2. Tienen, por lo tanto, igual magnitud de valor las mercancías que contienen cantidades iguales de trabajo ó que pueden ser producidas en el mismo tiempo de trabajo. El valor de una mercancía es al valor de toda otra mercancía como el tiempo de trabajo necesario para la producción de la una es al tiempo de trabajo necesario para la producción de la otra. «Como valores, todas las mercancías no son más que masas determinadas de tiempo de trabajo coagulado.» 3 La magnitud del valor de una mercancía sería, por consiguiente, constante, si el tiempo de trabajo necesario para producirla fuera siempre el mismo. Pero este último varía con todo cambio de la fuerza productiva del trabajo. La fuerza productiva del trabajo depende de muchas circunstancias, entre otras, de la habilidad media de los trabajadores, del grado de desarrollo de la Ciencia y su aplicabilidad técnica, de la combinación social del proceso de la producción, de la extensión y eficacia de los medios de producción y de condiciones naturales. La misma cantidad de trabajo da, por ejemplo, 8 bushels Nota de la segunda edición.—« Su valor (el de los objetos útiles), cuando se los cambia, es regulado por la cantidad de trabajo necesariamente requerido y comúnmente empleado para producirlos.» (Some Thoughts on the Interest of Money in general, and particularly in the Public Funds... etc., Londres, pág. 36.) Este notable escrito anónimo del siglo pasado no tiene fecha. De su contenido se deduce, sin embargo, que apareció durante el reinado de Jorge {{asc|II}}, hacia 1739 ó 1740. que 2 «Todas las producciones de un mismo género no forman propiamente más una masa, cuyo precio se determina en general y sin considerar las circunstancias particulares. » (LE TROSNE, ob. cit., pág. 893.) 3 K. MARX, ob. cit.. pág. 6.<noinclude></noinclude> 0f78rc3dlj01jvs10nvfeuqavqj3pcs Página:El Capital (1898).pdf/32 102 417362 1651702 2026-04-24T12:03:03Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651702 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|26|CARLOS MARX|}}</noinclude>de trigo en un buen año, y sólo 4 en uno malo. La misma cantidad de trabajo da más metal en las minas ricas que en las pobres, etc. Los diamantes son muy raros en la corteza terrestre, y encontrarlos cuesta, término medio, mucho tiempo de trabajo, y por eso en pocol volumen representan mucho trabajo. Jacob duda de que el oro haya nunca pagado su valor total. Esto es más cierto todavía del diamante. Según Eschwege, el producto entero de las minas de diamantes del Brasil durante ochenta años no había alcanzado todavía en 1823 el precio del producto medio de las plantaciones brasileñas de café y azúcar durante año y medio, aunque representaba mucho más trabajo y, por lo tanto, más valor. En minas más ricas, la misma cantidad de trabajo daría más diamantes y el valor de éstos bajaría. Si se consiguiera con poco trabajo transformar el carbón en diamante, el valor de éste podría llegar á ser inferior al del ladrillo. En general, cuanto mayor es la fuerza productiva del trabajo, tanto menor es el tiempo de trabajo necesario para producir un artículo, tanto menor es la masa de trabajo cristalizada en él y tanto menor es su valor. Por el contrario, cuanto menor es la fuerza productiva del trabajo, tanto mayor es el tiempo de trabajo necesario para fabricar un artículo y tanto mayor es su valor. La magnitud del valor de una mercancía varía, pues, en razón directa de la cantidad é inversa de la fuerza productiva del trabajo en ella realizado. Una cosa puede ser valor de uso sin ser valor. Este es el caso cuando su utilidad para el hombre no se obtiene por el trabajo, como el aire, la tierra virgen, las praderas naturales, la madera silvestre, etcétera. Una cosa puede ser útil y producto del trabajo humano, sin ser mercancía. Quien satisface su necesidad con su propio producto, crea valor de uso, pero no mercancía. Para producir mereancía, no sólo tiene que producir valor de uso, sino valor de uso para otros, valor de uso social. [Y no simplemente para otros. En la Edad Media, el campesino producía grano para pagar el tributo al señor feudal y el diezmo al cura; pero en ninguno de los dos casos era el trigo mercancía, aunque había sido producido para otros. Para ser mercancía, el producto tiene que ser transmitido por el cambio á aquel á quien le sirve como valor de uso.] Finalmente, ninguna cosa puède ser valor sin ser objeto de uso. Si es inútil, también es inútil el trabajo contenido en ella, no se cuenta como trabajo y no constituye valor. Nota de la cuarta edición.—[ Intercalo lo que va entre paréntesis, porque por su omisión se incurre muy frecuentemente en el error de creer que para Marx es mercancía todo producto consumido por quien no lo produce. F. E. ]<noinclude></noinclude> ae6op6c8xxdrmnvtu3xfol0er6axuox Página:El Capital (1898).pdf/33 102 417363 1651703 2026-04-24T12:03:12Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651703 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|27}}</noinclude>II. DOBLE CARÁCTER DEL TRABAJO REPRESENTADO EN LAS MERCANCÍAS. En un principio se nos ha presentado la mercancía como algo doble: valor de uso y valor de cambio. Después hemos visto que también el trabajo, desde que se expresa en valor, no posee ya los mismos caracteres que como generador de valores de uso. Yo he sido el primero en demostrar críticamente esta doble naturaleza del trabajo contenido en la mercancía 1. Como la comprensión de la Economía política gira sobre este punto, debe ser más aclarado. Tomemos dos mercancías, un vestido y diez metros de tela, y supongamos que el primero tiene doble valor que la segunda, de si 10 metros de tela = x, el vestido === 2x. manera que El vestido es un valor de uso que satisface una necesidad especial. Para producirlo se necesita una especie determinada de actividad productiva, determinada por su fin, su proceder operatorio, su objeto, sus medios y sus resultados. Al trabajo cuya utilidad se manifiesta en el valor de uso de su producto, ó en que su producto es un valor de uso, lo llamamos simplemente trabajo útil, y desde este punto de vista se le considera siempre con relación á su efecto útil. Así como el vestido y la tela son valores de uso cualitativamente diferentes, son también cualitativamente diferentes los trabajos del sastre y del tejedor que les dan existencia. Si esos objetos no fueran valores de uso cualitativamente diferentes y, por consiguiente, productos de trabajos útiles cualitativamente diferentes, no podrían ser mercancías el uno respecto del otro. No se cambia vestido por vestido, un valor de uso por el mismo valor de uso. En el conjunto de los distintos valores de uso ó mercancías aparece un conjunto igualmente variado de trabajos útiles, diferentes por su género, especie, familia, variedad: una división social del trabajo. Esta es condición indispensable de la producción de mercancías, aunque la producción de mercancías no es inversamente indispensable para la división social del trabajo. En la antigua comunidad de la India, el trabajo estaba socialmente dividido, sin que sus productos fueran mercancías. Un ejemplo más inmediato: en cada fábrica el trabajo está sistemáticamente dividido, pero no porque los trabajadores cambien entre sí sus productos individuales. Sólo los productos de trabajos privados é independientes el uno del otro se comportan entre sí como mercancías. Queda, pues, entendido en el valor de uso de toda mercancía se encierra un trabajo útil determinado. Los valores de uso no se com1 Ob. cit., págs. 12, 13 y passim.<noinclude></noinclude> sgk36e4xgwjoau4j9vomz23qnvjp2yh Página:El Capital (1898).pdf/34 102 417364 1651704 2026-04-24T12:03:23Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651704 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|28|CARLOS MARX|}}</noinclude>portan entre sí como mercancías sino cuando encierran trabajos útiles cualitativamente diferentes. En una sociedad cuyos productos toman en general la forma de mercancías, es decir, en una sociedad de productores de mercancías, esa diferencia cualitativa de los trabajos útiles, ejecutados como ocupaciones privadas de productores independientes, llega á constituir un sistema muy ramificado de división social del trabajo. Para el vestido es, por otra parte, indiferente que lo use el sastre ó uno de sus clientes. En ambos casos sirve como valor de uso. No. cambia en nada tampoco la relación entre el vestido y el trabajo que lo produce la circunstancia de que la sastrería sea una profesión especial, una rama independiente de la división social del trabajo. Antes de que nadie fuera sastre, y durante miles de años, el hombre se ha hecho ropas, donde la necesidad de vestirse le obligó á ello. Pero la existencia de un vestido de tela, de todo elemento de riqueza material no dado por la Naturaleza, ha sido siempre necesariamente el resultado de una actividad productiva especial que apropia substancias naturales especiales à especiales necesidades del hombre. Como creador de valores de uso, como trabajo útil, el trabajo es, pues, independientemente de todas las formas sociales, una condición indispensablé de la existencia humana, una eterna necesidad natural para la circulación material entre el hombre y la Naturaleza, para la vida humana. Los valores de uso, vestido, tela, etc., en una palabra, los cuerpos de las mercancías son combinaciones de dos elementos: materia natural y trabajo. Si se quita el conjunto de diversos trabajos útiles contenidos en el vestido, la tela, etc., queda siempre un residuo material, que existe en la Naturaleza sin intervención del hombre. En la producción, el hombre sólo puede proceder como la Naturaleza misma, es decir, cambiando solamente las formas de las materias 1. Más aún. En este mismo trabajo de transformación es continuamente ayudado por las fuerzas naturales. El trabajo no es, pues, la fuente única de los valores de uso que produce, de la riqueza material. El trabajo es su padre, como dice William Petty, y la tierra su madre. 1 Todos los fenómenos del Universo, sean producidos por la mano del hombre ó por las leyes universales de la Física, no nos dan idea de creación actual, sino únicamente de una modificación de la Materia. Reunir y separar son los dos únicos elementos que descubre el ingenio humano analizando la idea de la reproducción, y es tanto una reproducción de valor (valor de uso, aunque aquí Verri, en su polèmica con los fisiòcratas, no sabe bien él mismo de qué especie de valor habla) y de riquezas que, en el campo, la tierra, el aire y el agua se transformen en grano, como que la mano del hombre transforme en terciopelo la secreción glutinosa de un insecto, ovvero alcuni pezzetti di metallo si organizzino a formare una ripetizione.» (PIETRO VERRI, Meditazione sulla Economia politica [impreso por primera vez en 1773], en la edición de los economistas italianos de Custodi, parte moderna, t. xv, pág. 22.)<noinclude></noinclude> ncepys6kc9xoshvxzfzh83upki62pf7 Página:El Capital (1898).pdf/35 102 417365 1651706 2026-04-24T12:03:31Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651706 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|29}}</noinclude>Pasemos ahora de la mercancía como objeto de uso á la mercancía como valor. Hemos supuesto que el vestido tiene un valor doble que la tela. Pero esta no es más que una diferencia cuantitativa que por lo pronto no nos interesa. Nos recuerda que si el valor de un vestido es doble del de 10 metros de tela, 20 metros de tela valen tanto como un vestido. Como valores, el vestido y la tela son cosas de la misma substancia, expresiones objetivas de un trabajo igual. Pero el trabajo del sastre y el del tejedor son cualitativamente diferentes. Hay, sin embargo, estados sociales en los cuales la misma persona hace alternativamente de sastre y de tejedor, y en que, por consiguiente, estos dos diversos modos de trabajar sólo son modificaciones del trabajo del mismo individuo, y aun no funciones especiales y fijas de individuos distintos, exactamente como el vestido que nuestro sastre hace hoy y el pantalón que hará mañana, son simples variaciones del mismo trabajo individual. Notamos además á primera vista que en nuestra sociedad capitalista, según las oscilaciones de la demanda de trabajo, cierta cantidad de trabajo humano se ofrece alternativamente como trabajo de sastre ó como trabajo de tejedor. Este cambio de forma del trabajo no se hace sin desperdicio, pero tiene que hacerse. Prescindiendo del carácter determinado y útil del trabajo, éste es siempre un gasto de fuerza humana. Hacer vestidos y tejer, aunque son actividades productivas cualitativamente distintas, son ambas un gasto productivo de cerebro, músculos, nervios, manos, etcétera, humanos, y en este sentido son ambas trabajo humano. Son sólo dos formas distintas de gastar la fuerza humana de trabajo. Para ser gastada en tal ó cual forma, la fuerza humana de trabajo tiene que estar más ó menos desarrollada. Pero el valor de la mercancía expresa simplemente trabajo humano, gasto de trabajo humano en general. Ahora bien; así como en la sociedad burguesa un general ó un banquero desempeñan un gran papel, y el simple hombre, por el contrario, uno muy mezquino 1, así sucede también con el trabajo humano. Es un gasto de la fuerza simple de trabajo que todo hombre ordinario, sin desarrollo especial, posee en su organismo corporal. El trabajo medio simple varía de carácter en los diversos países y épocas, pero es siempre determinado en una sociedad dada. El trabajo más complicado no es sino una potencia del trabajo simple ó, más bien, trabajo simple multiplicado, de manera que una pequeña cantidad de trabajo complicado es igual á una cantidad mayor de trabajo simple. La experiencia nos enseña que esa reducción se hace continuamente. Por complicado que sea el trabajo que Compárese HEGEL, Philosophie des Rechts, Berlín, 1840, pág. 250, $ 190.<noinclude></noinclude> cbypjy0l9776fk4kc0fgiybzubniyu0 Página:El Capital (1898).pdf/36 102 417366 1651707 2026-04-24T12:03:39Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651707 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|30|CARLOS MARX|}}</noinclude>produce una mercancía, el valor de ésta la iguala al producto del trabajo simple, y no representa, por lo tanto, sino una cantidad determinada de trabajo simple 1. Las diversas proporciones en que las diversas especies de trabajo se reducen á trabajo simple, como á su unidad de medida, son fijadas por un proceso social sin que lo sepan los productores, à quienes les parecen provenir de la tradición. Para simplificar, en lo que sigue consideraremos toda especie de fuerza de trabajo como fuerza de trabajo simple, evitándonos así la pena de la reducción. á Lo mismo, pues, que en los valores vestido y tela se hace abstracción de la diferencia de sus valores de uso, en los trabajos representados por esos valores se hace abstracción de la diferencia de sus formas útiles: la confección de vestidos y el tejido. Así como los valores de uso vestido y tela son combinaciones de actividades productivas especiales con paño é hilo, y los valores vestido y tela, por el contrario, simples pulpas iguales de trabajo, así también los trabajos contenidos en estos valores valen, no por su relación productiva con el paño y el hilo, sino sólo como gastos de fuerza humana de trabajo. El trabajo del sastre y el del tejedor forman los valores de uso vestido y tela precisamente por sus cualidades distintas; pero son la substancia del valor del vestido y de la tela sólo en tanto que se hace abstracción de su cualidad especial y ambos tienen la misma cualidad: la de trabajo humano. Pero el vestido y la tela no son únicamente valores en general, sino valores de magnitud determinada, y, según hemos supuesto, vale el vestido dos veces lo que 10 metros de tela. ¿De dónde viene esta diferencia de la magnitud de su valor? De que la tela sólo contiene la mitad del trabajo contenido en el vestido, de modo que para producir este último hay que gastar la fuerza de trabajo durante doble tiempo que para producir la primera. Si, pues, en cuanto al valor de uso, el trabajo contenido en la mercancía sólo vale cualitativamente, en cuanto á la magnitud del valor sólo vale cuantitativamente, y después de reducido á trabajo humano sin calificación. Se trata allí del cómo y para qué del trabajo; aquí, del cuánto, del tiempo que dura. Como la magnitud del valor de una mercancía no representa más que la cantidad del trabajo contenido en ella, todas las mercancías, en cierta proporción, tienen que ser valores iguales. Si la fuerza productiva de todos los trabajos útiles necesarios 1 El lector debe notar que aquí no se trata del salario ó valor que recibe el trabajador por una jornada de trabajo, sino del valor de la mercancía en que se realiza esta jornada de trabajo. La categoría del salario no existe todavía en el punto en que estamos de nuestra exposición.<noinclude></noinclude> sn66sty93xs9y0apwuxrf4ms9okb1ni Página:El Capital (1898).pdf/37 102 417367 1651708 2026-04-24T12:03:45Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651708 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|31}}</noinclude>para la producción de un vestido no cambia, la magnitud del valor de los vestidos aumenta con su número. Si un vestido representa x días de trabajo, dos vestidos representan 2x, y así sucesivamente. Pero admitamos que el trabajo necesario para la producción aumente al doble ó disminuya à la mitad. En el primer caso, un vestido tiene tanto valor como antes dos vestidos; en el segundo, dos vestidos tienen tanto valor como antes tenía uno solo, aunque en ambos casos un vestido preste los mismos servicios que antes y el trabajo útil en él contenido sea siempre de la misma calidad. Pero la cantidad de trabajo gastado en su producción ha variado. sí misma mayor Una cantidad mayor de valor de uso forma por riqueza material; dos vestidos, más que uno. Con dos vestidos se puede vestir á dos hombres; con uno, sólo á un hombre. Sin embargo, á la masa creciente de la riqueza material puede corresponder un descenso simultáneo de la magnitud de su valor. Este movimiento antagónico resulta del doble carácter del trabajo. La eficacia de un trabajo útil y concreto en un tiempo dado es lo que se llama su fuerza productiva. El trabajo útil es, pues, una fuente más ó menos rica de productos en la medida en que sube ó baja su fuerza productiva. Una variación de la fuerza productiva, por el contrario, no toca en nada por sí misma el trabajo representado en el valor. Como la fuerza productiva es propia de la forma concreta y útil del trabajo, ella, naturalmente, no puede influir más sobre el trabajo, una vez que se hace abstracción de su forma útil. Cualquiera que sea, pues, la fuerza productiva, un mismo trabajo da siempre, en tiempos iguales, la misma magnitud de valor. Pero da en el mismo tiempo cantidades diferentes de valores de uso: más, cuando la fuerza productiva aumenta; menos, cuando disminuye. El mismo cambio de la fuerza productiva que aumenta la fecundidad del trabajo y la masa de los valores de uso que proporciona, disminuye, pues, la magnitud del valor de la masa así aumentada, si acorta el tiempo total de trabajo necesario para su producción; é inversamente. Todo trabajo es, por una parte, gasto de fuerza humana de trabajo, en el sentido fisiológico, y á este título de trabajo humano igual ó abstracto constituye el valor de las mercancías. Todo trabajo es, por otra parte, gasto de fuerza humana de trabajo en forma determinada especial, y á este título de trabajo concreto útil produce valores de uso 1. 1 Nota de la segunda edición. Para probar «que sólo el trabajo es la medida real y definitiva en que se puede apreciar y comparar el valor de todas las mercancías en todos los tiempos », dice A. Smith: «Cantidades iguales de trabajo, en todos los tiempos y lugares, pueden ser consideradas de igual valor para el trabajador. En su estado ordinario de salud, fuerza y ánimo, y con su grado ordinario de habilidad y destreza, tiene él siempre que dar la misma porción de su comodidad, de<noinclude></noinclude> n0iz29bpmcnq62o987qncvnd8ibdx68 Página:El Capital (1898).pdf/38 102 417368 1651709 2026-04-24T12:03:54Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651709 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|32|CARLOS MARX|}}</noinclude>III. FORMA DEL VALOR O VALOR DE CAMBIO. Las mercancías vienen al mundo en forma de valores de uso ó cuerpos-mercancías, como hierro, tela, trigo, etc. Esta es su prosaica forma natural. Sin embargo, sólo son mercancías porque son dobles: objetos de uso y al mismo tiempo portadores de valor. Sólo se presentan, pues, como mercancías ó poseen la forma de mercancías en tanto que tienen una doble forma: forma natural y forma de valor. La objetividad del valor de las mercancías se distingue de la viuda Hurtig en que no se sabe dónde encontrarla. En directo contraste con la grosera objetividad sensible del cuerpo de las mercancías, no hay ni un átomo de materia en la objetividad de su valor. Por más que se vuelva y revuelva una mercancía, no se la comprende como cosa de valor. Si recordamos, sin embargo, que las mercancías sólo poseen objetividad de valor como expresiones de la misma unidad social, trabajo humano, y que la objetividad de su valor es, por lo tanto, puramente social, comprenderemos también que esa objetividad sólo aparezca en la relación social de mercancía con mercancía. Nuestro punto de partida ha sido, en realidad, el valor de cambio ó la relación de cambio de las mercancías, para llegar al valor, escondido en ella. Ahora tenemos que volver á esta forma de aparición del valor. Todo el mundo sabe, aunque no sepa nada más, que las mercancías poseen una forma común de valor, que hace el más notable contraste con las variadas formas naturales de sus valores de uso: la forma moneda. Se trata ahora de hacer lo que la Economía burguesa no ha ensayado jamás: demostrar el génesis de esta forma moneda, su libertad y de su felicidad.» (Wealth of Nations, 1. 1, cap. v.) A. Smith confunde aquí (no en todas partes) la determinación del valor por la cantidad de trabajo gastada en la producción de la mercancía con la determinación del valor de las mercancías por el valor del trabajo, y trata por eso de demostrar que cantidades iguales de trabajo tienen siempre el mismo valor. Por otra parte, él sospecha que el trabajo, en tanto que representa el valor de las mercancías, sólo es contado como gasto de fuerza de trabajc; pero concibe este gasto sólo como un sacrificio de reposo, libertad y felicidad, y no al mismo tiempo como actividad normal de la vida. Es cierto que él tiene à la vista al trabajador asalariado moderno. El predecesor anónimo de A. Smith, citado en la nota 1 de la pág. 25, dice mucho más exactamente: «Un hombre se ha ocupado durante una semana en producir esta cosa necesaria á la vida..... y quien le da alguna otra en cambio no puede estimar mejor lo que es su apropiado equivalente que calculando lo que le cuesta á él exactamente igual labor y tiempo: lo que, en efecto, no es más que cambiar la labor de un hombre en una cosa durante cierto tiempo, por la labor de otro hombre en otra cosa durante el mismo tiempo.» (Ob. cit., pág. 39.) Nota de la cuarta edición.—[La lengua inglesa tiene la ventaja de poseer dos palabras distintas para estos dos diversos aspectos del trabajo. El trabajo, cualitativamente determinado, que crea valor de uso, se llama work, en oposición á labour; el trabajo que crea valor, y sólo se mide cuantitativamente, se llama labour, en oposición á work. Véase la nota de la traducción inglesa, pág. 14. F. E.]<noinclude></noinclude> n0o6ik548vx94x03a9gilktmfv7vg78 Página:El Capital (1898).pdf/39 102 417369 1651710 2026-04-24T12:04:03Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651710 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|33}}</noinclude>es decir, seguir el desarrollo de la expresión de valor contenida en la relación de valor de las mercancías, desde su bosquejo más simple y poco aparente, hasta la deslumbrante forma moneda. Con eso resolveremos al mismo tiempo el enigma de la moneda. La relación más simple de valor es evidentemente la relación de valor de una mercancía con otra mercancía distinta y única, cualquiera que ella sea. La relación de valor de dos mercancías da, pues, la expresión más simple de valor para una mercancía. A.—Forma simple particular ó accidental del valor. x mercancía A = = y mercancía B, ó x mercancía A vale y mercancía B (20 metros de tela = 1 vestido, ó 20 metros de tela valen 1 vestido) 1.—LOS DOS POLOS DE LA EXPRESIÓN DEL VALOR: FORMA RELATIVA DEL VALOR Y FORMA DE EQUIVALENTE. El misterio de toda forma de valor está en esta forma simple. En su análisis, pues, se encuentra propiamente la dificultad. Dos mercancías distintas, A y B, y en nuestro ejemplo tela y vestido, desempeñan aquí dos papeles evidentemente distintos: la tela expresa su valor en el vestido, y el vestido sirve de materia de esta expresión. La primera mercancía desempeña un papel activo; la segunda, uno pasivo. El valor de la primera mercancía es expuesto como valor relativo; ella se encuentra en la forma relativa del valor. La segunda mercancía funciona como equivalente ó se encuentra en la forma de equivalente. Forma relativa y forma equivalente son elementos correlativos é inseparables, recíprocamente dependientes; pero al mismo tiempo son extremos que se excluyen ú oponen entre sí, es decir, polos de la misma expresión de valor. Se distribuyen entre las diversas mercancías que la expresión del valor relaciona entre sí. Yo no puedo expresar en tela el valor de la tela. 20 metros de tela = 20 metros de tela no es una expresión de valor. La igualdad dice más bien, por el contrario: 20 metros de tela no son sino 20 metros de tela, una cantidad determinada del valor de uso tela. El valor de la tela sólo puede ser expresado, pues, relativamente, es decir, en otra mercancía. La forma relativa del valor de la tela implica entonces que otra mercancía cualquiera se encuentra frente á ella en la forma equivalente. Esta otra mercancía, por otra parte, que figura como equivalente, no puede encontrarse al mismo tiempo en la forma relativa de valor. Ella no expresa su valor, sino da la materia para la expresión del valor de otra mercancía. La expresión 20 metros de tela = 1 vestido, ó 20 metros de tela = 20 mevalen 1 vestido, incluye, es cierto, la recíproca: 1 vestido TOMO {{asc|I}}<noinclude></noinclude> de7929pgp4t2pvbclop7pwxfq7lif8p Página:El Capital (1898).pdf/40 102 417370 1651711 2026-04-24T12:04:09Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651711 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|34|CARLOS MARX|}}</noinclude>tros de tela, ó 1 vestido vale 20 metros de tela. Pero para expresar relativamente el valor del vestido, tengo que invertir la igualdad y, así que lo haga, la tela pasa á ser equivalente en lugar del vestido. Una misma mercancía no puede, pues, presentarse al mismo tiempo en ambas formas en la misma expresión de valor. Las dos formas se excluyen más bien poláricamente. Que una mercancía se encuentre en la forma relativa del valor ó en la opuesta forma equivalente, depende exclusivamente de su lugar en la expresión del valor, es decir, de que sea la mercancía cuyo valor se expresa ó sea la mercancía en que se expresa valor. 2. LA FORMA RELATIVA DEL VALOR. a.—Contenido de esta forma. Para averiguar cómo la expresión simple del valor de una mercancía está en la relación de valor de dos mercancías, hay que considerar primero esta última prescindiendo completamente de su lado cuantitativo. Casi siempre se procede á la inversa, y se ve en la relación de valor sólo la proporción en que cantidades determinadas de dos especies de mercancías se compensan entre sí. Se olvida que las magnitudes de cosas distintas sólo son cuantitativamente comparables después de reducidas á la misma unidad. Sólo como expresiones de la misma unidad son ellas magnitudes homónimas y comensurables 1. = Que 20 metros de tela = 1 vestido, ó = 20, óx vestidos, es decir, que una cantidad dada de tela valga muchos ó pocos vestidos, siempre una proporción semejante implica que la tela y los vestidos, como magnitudes de valor, son expresiones de la misma unidad, cosas de la misma naturaleza. Tela = vestido es la base de la ecuación. Pero las dos mercancías cualitativamente equiparadas no desempeñan el mismo papel. Sólo el valor de la tela es expresado. ¿Y cómo? Comparándola con el vestido como su «equivalente» ó algo que es cambiable» con ella. El vestido entra en esta relación sólo como forma de existencia del valor, pues sólo como tal es él lo mismo que la tela. Por otra parte, el propio valor de la tela aparece en la ecuación ó recibe en ella una expresión autónoma, pues sólo como valor se la puede relacionar con el vestido como su equivalente ó cosa cambiable con ella. Así, el ácido butírico es un cuerpo distinto del formiato de propilo. Los dos consisten, sin embargo, en los mismos eleLos pocos economistas que, como S. Bailey, se han ocupado del análisis de la forma del valor, no han podido llegar á resultado alguno, primero, porque confunden la forma del valor y el valor, y, en segundo lugar, porque bajo el grosero influjo del burgués práctico, no se fijan desde un principio más que en la determinación cuantitativa. «The comman! of quantity..... constitutes value.» (Money and its Vicissitudes, Londres, 1837, pag. 11.) Autor, S. BAILEY.<noinclude></noinclude> hpkkb7htk5vy1r2xgcw86emo9449lmp Página:El Capital (1898).pdf/41 102 417371 1651712 2026-04-24T12:04:17Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651712 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|35}}</noinclude>mentos químicos: carbono (C), hidrógeno (H) y oxígeno (0), y en la misma proporción de C'H 02. Si se igualara ahora el formiato de propilo al ácido butírico en una ecuación, el formiato de propilo figuraría en ella, primero, simplemente como forma de existencia de C'HO2, y en segundo lugar significaría que también el ácido butírico se compone de C4H8 02. La ecuación del formiato de propilo y del ácido butírico expresaría, pues, la substancia química de éste como diferente de su forma corporal. Al decir: como valores, todas las mercancías son simples pulpas de trabajo humano, nuestro análisis las reduce á la abstracción valor, sin darles forma alguna de valor, distinta de sus formas naturales. Sucede de otro modo en la relación de valor de una mercancía con otra. Su carácter de valor resalta aquí por su propia referencia á la otra mercancía. Al igualar como cosa de valor, por ejemplo, el vestido á la tela, se iguala el trabajo contenido en el primero al trabajo contenido en la segunda. Hacer el vestido es, por cierto, un trabajo concreto distinto del de tejer la tela. Pero al igualarse al tejido el trabajo de sastrería, queda reducido de hecho á lo realmente igual en ambos trabajos: á su carácter común de trabajo humano. Es un modo indirecto de decir que también el tejido, en tanto que teje valor, no se distingue en nada del trabajo del sastre; es decir, es trabajo humano abstracto. Sólo la expresión de equivalencia de mercancías distintas hace aparecer el carácter específico del trabajo creador de valor, reduciendo de hecho los distintos trabajos contenidos en las distintas mercancías à lo que les es común: á trabajo humano en general 1. No basta, sin embargo, expresar el carácter específico del trabajo en que consiste el valor de la tela. La fuerza de trabajo humana en estado líquido, ó trabajo humano, crea valor, pero no es valor. Se hace valor en estado de coagulación en la forma de cosa. Para expresar el valor de la tela como masa amorfa de trabajo humano, hay que expresarlo como una «objetividad» realmente distinta de la tela, y que le es común con otra mercancía. El problema ya está resuelto. Nota de la segunda edición.— Uno de los primeros economistas que, después de William Petty, ha estudiado la naturaleza del valor, el célebre Franklin, dice: «Como el comercio en general no es más que el cambio de un trabajo por otro, en trabajo es como mejor se aprecia el valor de todas las cosas.» (The Works of B. Franklin, etc., edited by Sparks, Boston, 1836, vol. {{asc|II}}, pág. 267.) Franklin no se da cuenta de que al apreciar «en trabajo» el valor de todas las cosas hace abstracción de la diversidad de los trabajos cambiados, y los reduce así á trabajo humano igual. Pero lo que él no sabe, lo dice. Primero habla de «un trabajo», después del otro trabajo» y al último de «trabajo» sin designación especial, como substancia del valor de todas las cosas.<noinclude></noinclude> rmarj2kfj9b8p741l0lihkducb4ea1d Página:El Capital (1898).pdf/42 102 417372 1651713 2026-04-24T12:04:28Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651713 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|36|CARLOS MARX|}}</noinclude>En la relación de valor con la tela, figura el vestido como su cualitativamente igual, como cosas de la misma naturaleza, porque es un valor. Figura, pues, en ella como una cosa en que se manifiesta valor ó que en su forma natural palpable representa valor. Ahora bien; el vestido, el cuerpo de la mercancía vestido, es un simple valor de uso. Un vestido expresa tan poco valor como cualquier pedazo de tela. Esto prueba solamente que, dentro de la relación de valor con la tela, el vestido significa más que fuera de ella, de la misma manera que muchos hombres significan más dentro de un traje galoneado que fuera de él. Para producir el vestido se ha gastado de hecho fuerza humana de trabajo en forma de trabajo de sastrería. Hay, pues, trabajo humano acumulado en él. Desde este punto de vista, es el vestido «portador de valor», aunque no se transparente esta propiedad suya por gastado que esté. Y en la relación de valor de la tela él no figura sino, desde este punto de vista, como valor encarnado, como cuerpovalor. Aunque se presente abotonado, la tela ha reconocido en él un alma hermana llena de valor. Pero el vestido no puede, frente á ella, representar valor, sin que al mismo tiem o el valor tome para ella la forma de un vestido. Así, el individuo A no puede comportarse para con el individuo B como con una majestad, sin que para A la majestad tome al mismo tiempo la forma corporal de B, y cambie por eso de rasgos fisonómicos, cabellos y muchas otras cosas con cada nuevo padre de la patria. En la relación de valor en que el vestido constituye el equivalente de la tela, figura, pues, la forma vestido como forma de valor. El valor de la mercancía tela es así expresado en el cuerpo de la mercancía vestido; el valor de una mercancía, en el valor de uso de otra. Como valor de uso, la tela es una cosa visiblemente distinta del vestido; como valor, es su igual y tiene el aspecto exterior de un vestido, y así ella recibe una forma de valor distinta de su forma natural. Su propiedad de ser valor aparece en su igualdad con el vestido, como la naturaleza carneruna del cristiano en su igualdad con el cordero de Dios. Como se ve, todo lo que nos dijo antes el análisis del valor de la mercancía lo dice ahora la misma tela, desde que entra en relación con otra mercancía, el vestido. Sólo que ella expresa sus pensamientos en el único lenguaje que le es familiar, el lenguaje de las mercancías. Para decir que el trabajo, en su propiedad abstracta de trabajo humano, constituye su propio valor, dice que el vestido, en tanto que vale lo mismo que ella, en tanto que es valor, consiste en el mismo trabajo que la tela. Para decir que su sublime objetividad de valor difiere de su cuerpo rígido y filamentoso, dice que el valor<noinclude></noinclude> j1bzr6uh625azf9a0lr6ubpdw2ota6c Página:El Capital (1898).pdf/43 102 417373 1651714 2026-04-24T12:04:37Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651714 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|37}}</noinclude>tiene el aspecto de un vestido y que, por consiguiente, como cosa de valor, ella misma se parece al vestido como un huevo á otro. Nótese de paso que, además del hebreo, el lenguaje de las mercancías tiene muchos otros dialectos, más ó menos correctos. La palabra alemana werthsein expresa, por ejemplo, menos netamente que el verbo latino valere, valer, valoir, que la igualación de la mercancía B con la mercancía A es la expresión propia del valor de la mercancía A. ¡Paris vaut bien une messe! Por medio de la relación de valor, la forma natural de la mercancía B se hace la forma de valor de la mercancía A, ó el cuerpo de la mercancía B espejo del valor de la mercancía A 1. Al referirse la mercancía A á la mercancía B, como cuerpo-valor, como materialización de trabajo humano, ella hace del valor de uso B el material de su propia expresión de valor. El valor de la mercancía A, así expresado en el valor de uso de la mercancía B, posee la forma del valor relativo. b.—Determinación cuantitativa de la forma relativa del valor. Toda mercancía, cuyo valor debe ser expresado, es un objeto de uso en cantidad determinada: 15 cuartillas de trigo, 100 libras de café, etc. Esta cantidad dada de mercancía contiene una cantidad determinada de trabajo humano. La forma del valor no tiene, pues, que expresar sólo valor en general, sino valor cuantitativamente determinado ó magnitud de valor. En la relación de valor de la mercancía A con la mercancía B, de la tela con el vestido, la mercancía vestido no es igualada á la mercancía tela solamente como cuerpovalor en general, sino una determinada cantidad de tela, por ejemplo, 20 metros de tela, á una cantidad determinada del cuerpo-valor ó equivalente, á 1 vestido. La ecuación «20 metros de tela = 1 vestido, ó 20 metros de tela valen 1 vestido » supone que 1 vestido contiene exactamente tanta substancia del valor como 20 metros de tela, que ambas cantidades de mercancías cuestan, por lo tanto, igual cantidad de trabajo ó un tiempo igual de trabajo. Pero el tiempo de trabajo necesario para la producción de 20 metros de tela ó de 1 vestido varía con todo cambio en la fuerza productiva del trabajo de tejer ó de hacer ropa. Hay que investigar ahora más de cerca el influjo de esos cambios sobre la expresión relativa del valor. En cierto sentido sucede con el hombre como con la mercancía. Como no viene al mundo con un espejo, ni tampoco como filósofo á lo Fichte, «yo soy yo», el hombre se refleja primero en otro hombre. Sólo refiriéndose al hombre Pablo como á su igual, refierese el hombre Pedro á si mismo, como hombre, y así, para él, Pablo de pies á cabeza, en su individualidad corporal, es la forma de aparición del género hombre.<noinclude></noinclude> 2jxczs49tz0jnpdckg0btew5rnlchec Página:El Capital (1898).pdf/44 102 417374 1651715 2026-04-24T12:04:45Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651715 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|38|CARLOS MARX|}}</noinclude>I. El valor de la tela varía mientras el valor del vestido permanece constante. Si se duplica el tiempo de trabajo necesario para la producción de la tela, à consecuencia, por ejemplo, del empobrecimiento cada vez mayor del terreno que da el lino, se duplica su valor. En lugar de 20 metros de tela = 1 vestido, tendríamos 20 metros de tela = 2 vestidos, porque ahora 1 vestido sólo contiene la mitad del tiempo de trabajo contenido en 20 metros de tela. Si, por el contrario, disminuye à la mitad el tiempo de trabajo necesario para la producción de la tela, por ejemplo, gracias á telares perfeccionados, su valor baja á la mitad, y, según eso, 20 metros de tela 1/2 vestido. El valor relativo de la mercancía A, es decir, su valor expresado en la mercancía B, sube y baja, pues, en razón directa del valor de la mercancía A, si el de la mercancía B queda constante. II. El valor de la tela permanece constante mientras el valor del vestido varía. Si en este caso se duplica el tiempo de trabajo necesario para la producción del vestido, á causa, por ejemplo, de una mala cosecha de lana, en lugar de 20 metros de tela = 1 vestido, tenemos 20 metros de tela = 1/2 vestido. Si, por el contrario, el va2 vestidos. Si lor del vestido baja á la mitad, 20 metros de tela el valor de la mercancía A queda constante, su valor relativo, expresado en la mercancía B, sube ó baja en razón inversa del cambio de valor de B. = Comparando los diversos casos comprendidos en {{asc|I}} y {{asc|II}}, resulta que la misma variación de magnitud del valor relativo puede provenir de causas completamente opuestas. Así, de 20 metros de tela 1 vestido resulta: 1.º, la ecuación 20 metros de tela = 2 vestidos, ya porque el valor de la tela se duplica, ya porque el valor de los vestidos baja á la mitad, y 2.º, la ecuación 20 metros de tela = 1/2 vestido, ya porque el valor de la tela baja á la mitad, ya porque el valor del vestido sube al doble. III. Las cantidades de trabajo necesarias para la producción de la tela y del vestido pueden variar simultáneamente en el mismo sentido y en la misma proporción. En este caso, 20 metros de tela = 1 vestido, como antes, siempre que varíen sus valores. Se descubre su variación de valor comparándolas con una tercera mercancía cuyo valor permanece constante. Si los valores de todas las mercancías subieran ó bajaran simultáneamente y en la misma proporción, sus valores relativos no experimentarían variación. Se reconocería la variación real de su valor en que el mismo tiempo de trabajo daría ahora una cantidad de mercancías mayor ó menor. Empleo aquí la expresión «valor» para significar valor cuantitativamente determinado, magnitud de valor, como ya lo he hecho incidentalmente en algunos puntos.<noinclude></noinclude> 74ikvwfcpidetgxknq9qugdaul4ty6m Página:El Capital (1898).pdf/45 102 417375 1651716 2026-04-24T12:04:54Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651716 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|39}}</noinclude>la IV. Los tiempos de trabajo respectivamente necesarios para producción de la tela y del vestido, y, por lo tanto, sus valores, pueden variar simultáneamente en la misma dirección, pero en grado desigual, ó en dirección contraria, etc. La influencia de todas esas. posibles combinaciones sobre el valor relativo de una mercancía se deduce de la simple aplicación de los casos {{asc|I}}, {{asc|II}} y {{asc|III}}. Las variaciones reales de la magnitud del valor no se reflejan, pues, ni directa ni completamente en su expresión relativa ó en la magnitud del valor relativo. El valor relativo de una mercancía puede variar, aunque su valor quede constante. Su valor relativo. puede permanecer constante, aunque su valor cambie, en fin, las variaciones simultáneas de su magnitud de valor y de la expresión relativa de esa magnitud pueden muy bien no corresponderse 1. 3. LA FORMA DE EQUIVALENTE. Ya se ha visto: al expresar su valor la mercancía A (la tela) en el valor de uso de la mercancía B (el vestido), distinta de ella, imprime á esta última una forma de valor propia, la de equivalente. La mercancía tela pone en evidencia su carácter de valor en el que vestido, sin tomar una forma de valor distinta de su forma corporal, le es equivalente. La tela expresa, pues, su propio carácter de valor en el hecho de que el vestido es inmediatamente cambiable con ella.. La forma de equivalente para una mercancía es, por lo tanto, aquella en que es inmediatamente cambiable con otra mercancía. Cuando una mercancía, como vestidos, sirve de equivalente á otra mercancía, como tela, y recibe así la propiedad característica de ser inmediatamente cambiable con ella, no se sabe con eso absolutamente la proporción en que vestidos y tela se cambian entre sí. Como Nota de la segunda edición.— Esta incongruencia entre la magnitud del valor y su expresión relativa, ha sido explotada por la Economía vulgar con su habitual penetración. Por ejemplo: «Admitid que A baja porque B, con la cual se cambia, sube, aunque no por eso A cueste menos trabajo, y vuestro principio general del valor se derrumba..... Admitiendo que el valor de B baja con relación á A porque el valor de A sube con relación á B, se quita toda base al gran principio enunciado por Ricardo de que el valor de una mercancia es siempre determinado por la cantidad de trabajo incorporado á ella, pues si una variación en el costo de A modifica, no sólo su propio valor en relación con B, con la cual se cambia, sino también el valor de B relativamente al de A, aunque ningún cambio se ha verificado en la cantidad de trabajo exigida para la producción de B, cae, no sólo la doctrina que asegura que la cantidad de trabajo gastada en un articulo regula su valor, sino también la doctrina de que los costos de producción de un artículo regulan su valor.» (J. BROADHURST, Political Economy, Londres, 1842, págs. 11-14.) El Sr. Broadhurst podría decir con la misma razón: considérese la serie de fracciones 10/20, 100, 10100; el número 10 permanece invariable, y sin embargo, su magnitud proporcional, su magnitud relativamente à los denominadores 20, 50, 100, disminuye constantemente. Así cae el gran principio según el cual la magnitud de un número entero es regulada por el número de las unidades contenidas en él.<noinclude></noinclude> 7x6fj2zlryggk3e25amwghghc26su0d Página:El Capital (1898).pdf/46 102 417376 1651717 2026-04-24T12:05:00Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651717 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|40|CARLOS MARX|}}</noinclude>la magnitud del valor de la tela está dada, esa proporción depende de la magnitud del valor de los vestidos. Que el vestido sea expresado como equivalente y la tela como valor relativo, ó, inversamente, la tela como equivalente y el vestido como valor relativo, la magnitud del valor del vestido es determinada siempre por el tiempo de trabajo necesario para su producción, con independencia, pues, de su forma de valor. Pero así que la mercancía vestido toma en la expresión del valor el sitio del equivalente, la magnitud de su valor no es expresada absolutamente como magnitud de valor. Ella figura en la ecuación del valor simplemente como cantidad determinada de una cosa. Por ejemplo: 40 metros de tela valen ¿qué? 2 vestidos. Porque la mercancía vestido desempeña aquí el papel de equivalente, y el valor de uso vestido figura frente à la tela como cuerpo-valor, basta una cantidad determinada de vestidos para expresar una cantidad determinada del valor tela. Dos vestidos pueden, pues, expresar la magnitud del valor de 40 metros de tela; pero nunca podrían expresar su propia magnitud de valor, la magnitud del valor de los vestidos. La apreciación superficial del hecho de que el equivalente posee siempre en la ecuación del valor simplemente la forma de una cantidad de una cosa, de un valor de uso, ha conducido á Bailey, así como á muchos de sus predecesores y sucesores, á ver equivocadamente en la expresión del valor sólo una relación cuantitativa. La forma de equivalente de una mercancía no contiene, al contrario, ninguna determinación cuantitativa de valor. La primera particularidad que ofrece á nuestra consideración la forma de equivalente es esta: el valor de uso se hace forma de manifestación de su contrario, el valor. La forma natural de la mercancía se hace forma de valor. Pero, notabene, ese quid pro quo sólo tiene lugar para una mercancia B (vestido, ó trigo, ó hierro, etc.) dentro de la relación de valor en que otra mercancía cualquiera A (tela, etc.) entra con ella. Como ninguna mercancía puede referirse á sí misma como equivalente, ni servirse de su propia forma natural para expresar su propio valor, tiene que referirse á otra mercancía como equivalente, ó hacer de la forma natural de otra mercancía su propia forma de valor. que se Esto nos lo hará comprender el ejemplo de una medida aplica á los cuerpos-mercancías como cuerpos-mercancías, es decir, como valores de uso. Un pilón de azúcar, como es un cuerpo, es pesado y tiene, por lo tanto, peso, aunque no se puede ver ni tocar el peso de un pilón de azúcar. Tomamos entonces diversos pedazos de hierro cuyo peso está determinado de antemano. La. forma corporal del hierro, considerada en sí misma, está tan lejos de ser forma de aparición del peso, como la del pilón de azúcar. Sin embargo, para<noinclude></noinclude> qlpywretqh8uee03v9cj34tpam3vve6 Página:El Capital (1898).pdf/47 102 417377 1651718 2026-04-24T12:05:09Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651718 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|41}}</noinclude>expresar el peso del pilón de azúcar, lo ponemos en una relación de peso con el hierro. En esta relación figura el hierro como un cuerpo que no representa nada más que peso. Cantidades de hierro sirven, pues, como medida de peso del azúcar y representan frente al cuerpo azúcar una simple forma de peso, la forma de aparición del peso. El hierro sólo desempeña este papel en la relación que con él tiene el azúcar ú otro cuerpo cualquiera, cuyo peso se trata de averiguar. Si ambas cosas no fueran pesadas, no podrían entrar en esa relación ni la una servir para la expresión del peso de la otra. Poniéndolas en la balanza, vemos efectivamente que como peso ambas son lo mismo y, por lo tanto, en una proporción determinada, son también del mismo peso. Así como el cuerpo hierro, frente al pilón de azúcar, sólo representa peso, en nuestra expresión del valor el cuerpo vestido, frente à la tela, sólo representa valor. Pero aquí termina la analogía. En la relación de peso del pilón de azúcar, el hierro representa una propiedad natural común á ambos cuerpos: su peso; mientras que en la expresión del valor de la tela, el vestido representa una propiedad sobrenatural de ambas cosas: su valor, algo puramente social. Al expresar el carácter de valor de una mercancía, por ejemplo, de la tela, como algo completamente distinto de su cuerpo y de sus propiedades, por ejemplo, como igual á un vestido, la forma relativa del valor muestra que en ella está oculta una relación de orden social. Sucede lo contrario con la forma de equivalente; ésta consiste precisamente en que un cuerpo-mercancía, como el vestido, expresa valor tal cual es y posee, pues, por naturaleza, forma de valor. Es cierto que esto no es exacto sino dentro de la relación de valor en que la mercancía tela se refiere á la mercancía vestido como equivalente. Pero como las propiedades de una cosa no resultan de su relación con otras cosas, sino que en esa relación simplemente se manifiestan, el vestido parece poseer su forma de equivalente, su propiedad de cambio posible inmediato, tan naturalmente como su propiedad de ser pesado ó de conservar el calor. De ahí lo enigmático de la forma de equivalente, que no atrae la mirada burguesamente grosera del economista sino cuando se le presenta acabada en la moneda. Después, aquél trata de disipar el carácter místico del oro y la plata, reemplazándolos disimuladamente con otras mercancías menos deslumbradoras y salmodiando siempre con nuevo placer el catálogo de toda la plebe de mercancías que en su tiempo han desempeñado el papel de equivalente. Él no sospecha que la más simple ¹ Así en otro terreno. Este hombre, por ejemplo, es rey sólo porque otros hombres se comportan con él como súbditos, é, inversamente, éstos creen ser súbditos porque él es rey.<noinclude></noinclude> 6rztme6c24kv1jgpoepueo90i584cg7 Página:El Capital (1898).pdf/48 102 417378 1651719 2026-04-24T12:05:17Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651719 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|42|CARLOS MARX|}}</noinclude>expresión del valor, como 20 metros = 1 vestido, da ya á resolver el enigma de la forma de equivalente. El cuerpo o de la mercancía que sirve de equivalente figura siempre como encarnación de trabajo humano abstracto y es siempre el producto de un trabajo útil y concreto determinado. Este trabajo concreto pasa, pues, á ser expresión de trabajo humano abstracto. Si el vestido, por ejemplo, figura como simple realización, así, el trabajo de sastrería, que de hecho se realiza en él, figura como simple forma de realización de trabajo humano abstracto. En la expresión del valor de la tela, la utilidad del trabajo del sastre no está en que hace vestidos, sino en que hace un cuerpo que deja ver que es valor, es decir, pulpa amorfa de trabajo, que no se distingue absolutamente del trabajo objetivizado en el valor de la tela. Para convertirse en espejo del valor, el trabajo de sastrería no tiene que reflejar más que su propiedad abstracta de ser trabajo humano. Tanto haciendo ropas como tejiendo se gasta fuerza humana de trabajo. Ambas formas de trabajo poseen, por lo tanto, la propiedad general de trabajo humano y pueden por eso en casos determinados, por ejemplo, en la producción de valor, no entrar en consideración sino desde ese punto de vista. Nada de esto es misterioso; pero en la expresión del valor de la mercancía la cosa se pone al revés. Por ejemplo, para expresar que el tejido no constituye el valor de la tela, en su forma concreta de tejido, sino en su propiedad general de trabajo humano, se pone frente á él el trabajo del sastre, el trabajo concreto que produce el equivalente de la tela como la forma palpable de realización de trabajo humano abstracto. La segunda particularidad de la forma de equivalente es, pues, que el trabajo concreto pasa á ser la forma de su opuesto: el trabajo humano abstracto. Pero este trabajo concreto, el del sastre, al figurar como simple expresión de trabajo humano indistinto, posee la forma de la igualdad con otro trabajo, el trabajo contenido en la tela, y, por lo tanto, aunque es trabajo privado, como todo otro trabajo productor de mercancías, es trabajo en forma inmediatamente social. Precisamente por eso se presenta en un producto que es inmediatamente cambiable con otra mercancía. La tercera particularidad de la forma de equivalente es, pues, que trabajo privado pasa á ser la forma de su opuesto: trabajo en forma inmediatamente social. Estas dos últimas particularidades de la forma de equivalente son aún más comprensibles si nos remontamos al gran investigador que ha analizado primero la forma del valor, como tantas otras formas del pensamiento, de la sociedad y de la Naturaleza. Nos referi mos á Aristóteles.<noinclude></noinclude> iu1j9z0vwznxkgoa6n247qoslcyvhsu Página:El Capital (1898).pdf/49 102 417379 1651720 2026-04-24T12:05:32Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651720 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|43}}</noinclude>Desde luego dice claramente Aristóteles que la forma moneda de la mercancía sólo es un grado ulterior de desarrollo de la forma simple del valor, es decir, de la expresión del valor de una mercancía en otra mercancía cualquiera, pues dice: «5 colchones = 1 casa» (Klivat névte &vti oixiaç») no es distinto» de 5 colchones tanto dinero (« Klivat névte &vti... 6ooo al névte xlivat »). El ve, además, que la relación de valor que encierra esta expresión de valor implica, por su parte, que la casa es equiparada cualitativamente al colchón, y que sin esta igualdad de esencia esas dos cosas tan diferentes para nuestros sentidos no serían comparables entre sí como magnitudes comensurables. «El cambio - dice - no puede ser sin la igualdad ni la igualdad sin la comensurabilidad» («out loótue probans copperpias»). Pero aquí él titubea y renuncia á analizar más la forma del valor. «Pero en verdad es imposible (« àndia àõóvatov ») que cosas tan distintas sean comensurables »; es decir, cualitativamente iguales. Esa igualación sólo puede ser algo extraño á la naturaleza de las cosas, sólo un « recurso para la necesidad práctica ». El mismo Aristótéles nos dice, pues, en qué escollo tropieza su análisis: en la falta del concepto del valor. ¿Qué es lo igual, es decir, la substancia común á ambos, que en la expresión del valor del colchón representa para él la casa? Eso «no puede en verdad existir», dice Aristóteles. ¿Por qué? Frente al colchón, la casa representa algo igual, en tanto que representa lo que hay de realmente igual en ambos. Y esto es: trabajo humano. Pero Aristóteles no podía ver en la forma del valor que en los valores-mercancías todos los trabajos están expresados como trabajo humano igual y, por lo tanto, como equivalentes, porque la sociedad griega reposaba sobre el trabajo de esclavos y tenía así por base natural la desigualdad de los hombres y de sus fuerzas de trabajo. El secreto de la expresión del valor, la igualdad y validez igual de todos los trabajos, por y en tanto que son trabajo humano en general, sólo puede ser descifrado cuando el concepto de la igualdad humana tiene ya la solidez de un prejuicio popular. Ahora bien; esto no es posible sino en una sociedad en que la forma general del producto del trabajo es la de mercancía, y en que la relación de los hombres entre sí como poseedores de mercancías es también la relación social predominante. El genio de Aristóteles brilla precisamente en que descubre una relación de igualdad en la expresión del valor de las merque le cancías. La sociedad en que vivía fué el obstáculo histórico<noinclude></noinclude> 6fgmkm4st0qlosppsffg30ebzbiu633 Página:El Capital (1898).pdf/50 102 417380 1651721 2026-04-24T12:05:38Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651721 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|44|CARLOS MARX|}}</noinclude>«en verdad esa relación de impidió encontrar en qué consiste igualdad. 4. CONJUNTO DE LA FORMA SIMPLE DEL VALOR. La forma simple del valor de una mercancía está contenida en su relación de valor con otra mercancía distinta ó en la relación de cambio con la misma. El valor de la mercancía A es expresado cualitativamente por la propiedad que tiene la mercancía B de ser inmediatamente cambiable con la mercancía A. Es expresado cuantitativamente por la condición de ser cambiable una cantidad determinada de la mercancía B con la cantidad dada de la mercancía A. En otras palabras: el valor de una mercancía es expresado por sí mismo al exponerse como « valor de cambio». Si al principio de este capítulo, siguiendo la manera vulgar, dijimos que la mercancía es valor de uso y valor de cambio, en el sentido estricto esto era falso. La mercancía es valor de uso ú objeto de uso y «valor». Ella manifiesta su doble carácter así que su valor adquiere una forma propia de aparición, distinta de su forma natural, la del valor de cambio, y nunca posee esta forma, considerada aisladamente, sino en la relación de cambio ó de valor con otra mercancía distinta de ella. Comprendido esto, ese modo de decir no causa ningún perjuicio y sirve para abreviar. Nuestro análisis ha probado que la forma del valor ó la expresión del valor de la mercancía surge de la naturaleza de este valor y no, por el contrario, el valor y la magnitud del valor de su modo de expresión como valor de cambio. Este es, sin embargo, el error, tanto de los mercantilistas y sus modernos entusiastas, Ferrier, Ganilh, etcétera, como también de sus antipodas, los modernos commisvoyageurs librecambistas, como Bastiat y consortes. Los mercantilistas insisten acerca del lado cualitativo de la expresión del valor y, por lo tanto, sobre la forma de equivalente de la mercancía, que tiene en la moneda su forma acabada; los modernos mercachifles del libre cambio, que á toda costa tienen que deshacerse de su mercancía, por el contrario, se fijan sobre todo en el lado cuantitativo de la forma relativa del valor. Para ellos no existe, por consiguiente, valor ni magnitud del valor de la mercancía fuera de su expresión por la relación de cambio, es decir, fuera del cartel del precio corriente del día. El escocés MacLeod, cuya misión es adornar eruditamente el enredo de ideas de Lombard-Street, es la hermosa síntesis de los supersticiosos mercantilistas y de los ilustrados mercachifles del libre cambio. Considerando de cerca la expresión del valor de la mercancía A F. C. A. FERRIER (Subinspector de Aduanas), Du Gouvernement considéré dans ses rapports avec le commerce, París, 1805, y CHARLES GANILH, Des Systèmes de l'Economie politique, segunda edición, París, 1821.<noinclude></noinclude> nl3gv265vijfuz3im93gd9zyqq4w3dr Página:El Capital (1898).pdf/51 102 417381 1651722 2026-04-24T12:05:53Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651722 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|45}}</noinclude>contenida en su relación de valor con la mercancía B, hemos visto que dentro de ella la forma natural de la mercancía A sólo figura como forma de valor de uso, y la forma natural de la mercancía B sólo como forma del valor. El contraste interno entre valor de uso y valor, oculto en la mercancía, se manifiesta en un contraste externo, es decir, en la relación entre dos mercancías, de las cuales, aquella cuyo valor debe ser expresado figura inmediatamente sólo como valor de uso, y, por el contrario, la otra en que se expresa valor, sólo como valor de cambio. La forma simple del valor de una mercancía es, pues, la forma simple de aparición del contraste de valor de uso y valor contenido en ella. En todos los estados sociales, el producto del trabajo es objeto de uso; pero sólo una época de desarrollo históricamente determinada que presenta el trabajo gastado en la producción de una cosa de uso como su propiedad «objetiva», es decir, como su valor, transforma el producto del trabajo en mercancía. Se sigue de ahí que la forma simple del valor de la mercancía es al mismo tiempo la forma mercancía simple del producto del trabajo, y que el desarrollo de la forma mercancía coincide con el desarrollo de la forma valor. Á primera vista se advierte la insuficiencia de la forma simple del valor, forma embrionaria que sólo por una serie de metamorfosis llega á ser la forma precio. Cualquiera que sea la mercancía B en que se exprese el valor de A, la forma simple del valor no hace más que distinguir el valor de la mercancía A de su propio valor de uso, y la pone así en relación de cambio con una sola y única especie de mercancía, distinta de ella, en lugar de representar su igualdad cualitativa y proporcionalidad cuantitativa con todas las otras mercancías. Á la forma simple del valor relativo de una mercancía corresponde la forma de equivalente única de otra mercancía. Así, en la expresión relativa del valor de la tela, el vestido sólo posee forma de equivalente ó es sólo inmediatamente cambiable con relación á esta especie única de mercancía: la tela. La forma simple del valor se transforma, sin embargo, por sí sola en una forma más completa. Por medio de ésta, el valor de una mercancía A es también expresado sólo en una especie distinta de mercancía; pero es completamente indiferente de qué especie es esta segunda mercancía, vestido, hierro, trigo, etc. Según, pues, entre en relación de valor con esta ó aquella especie de mercancía, resultan diversas expresiones simples del valor de una misma y única mercancía. El número de sus posibles expresiones de valor no está l¡En Homero, por ejemplo, el valor de una cosa es expresado en una serie de cosas distintas.<noinclude></noinclude> 5x0pk7losznfm2s50n5dntugv4t9ztk Página:El Capital (1898).pdf/52 102 417382 1651723 2026-04-24T12:06:01Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651723 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|46|CARLOS MARX|}}</noinclude>mitado sino por el número de las especies de mercancías distintas de ella. La expresión aislada de su valor se transforma así en la serie de las expresiones simples de su valor, que se puede siempre alargar. B-Forma total ó desarrollada del valor. z mercancía Au mercancía Bó=v mercancía Cw mercancía D 6 mercancía E 6 etc. = (20 metros de tela 1 vestido ó = 10 libras de té ó: 40 libras de café ó=1 fanega de trigo ó 2 onzas de oro ó, tonelada de hierro ó = etc.) 1. LA FORMA DESARROLLADA DEL VALOR RELATIVO. El valor de una mercancía, de la tela, por ejemplo, es ahora expresado en otros innumerables elementos del mundo de las mercancías. Todo otro cuerpo-mercancía se hace espejo del valor de la tela', y así aparece éste verdaderamente por primera vez como pulpa amorfa de trabajo humano indistinto; pues el trabajo que lo constituye está ahora expresamente representado como trabajo al cual equivale todo otro trabajo humano, cualquiera que sea su forma natural, ya se encarne en vestidos, ó en trigo, ó en hierro, ó en oro, etcétera. Por su forma de valor, la tela no está así ahora en relación social sólo con otra única mercancía, sino con todas las mercancías. Al mismo tiempo, la serie interminable de sus expresiones demuestra que para el valor de las mercancías es indiferente la forma especial del valor de uso en que se presenta. En la primera forma, 20 metros de tela = 1 vestido, puede ser un hecho accidental que esas dos mercancías sean cambiables en una proporción cuantitativa determinada. En la segunda forma, por el contrario, resalta desde luego una circunstancia que la determina, esencialmente distinta de todo simple accidente. El valor de la tela es siempre el mismo, ya se le exprese en vestido, ó en hierro, ó en café, etc., en innumerables mercancias distintas pertenecientes á los poseedores más diversos. La relación accidental de dos poseedores 1 Por eso se habla del valor vestido de la tela, cuando se lo expresa en vestidos, ó de su valor trigo, cuando en trigo, etc. Toda expresión semejante quiere decir que es su valor lo que aparece en los valores de uso vestidos, trigo, etc. «Denotando el valor de todo artículo su relación de cambio, podemos hablar de él como.... valor trigo, valor tela, etc., según el artículo con que se le compara, y entonces hay mil diversas especies de valor, tantas especies de valor como articulos existen, y todas son igualmente reales é igualmente nominales. » CA Critical Dissertation on the Nature, Measure and Causes of Value: chiefly in reference to the writings of Mr. Ricardo and his followers. By the Author of Essays on the Formation etc. of Opinions, Londres, 1825, pág. 39.) S. Bailey, autor de ese escrito anónimo, que en su tiempo hizo mucho ruido en Inglaterra, se figura haber destruído todo concepto determinado del valor con esa indicación de las abigarradas expresiones del valor de nija misma mercancía. Por lo demás, á pesar de sus pocos alcances, èl ha puesto al descubierto los defectos de la teoría de Ricardo, como lo prueba la animosidad con que le ha atacado la escuela de Ricardo, por ejemplo, en la Westminster Review.<noinclude></noinclude> ph6q84q2ffh3l8ui2yyvhdg2aydteje Página:El Capital (1898).pdf/53 102 417383 1651725 2026-04-24T12:06:10Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651725 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|47}}</noinclude>que 47 individuales de mercancías desaparece. Se hace evidente el cambio no regula la magnitud del valor de las mercancías, sino ésta regula las relaciones de cambio. 2. LA FORMA ESPECIAL DE EQUIVALENTE. que Toda mercancía, vestido, té, trigo, hierro, etc., figura en la expresión del valor de la tela como equivalente, y así como cuerpovalor. La forma natural determinada de cada una de estas mercancías es ahora una forma especial de equivalente, junto con muchas otras. De la misma manera, las distintas especies de trabajos útiles y concretos contenidos en las diversas mercancías valen ahora como otras tantas formas especiales de realización ó aparición de trabajo humano en general. 3. DEFECTOS DE LA FORMA TOTAL Ó DESARROLLADA DEL VALOR. La expresión relativa del valor de la mercancía es, en primer lugar, imperfecta, porque su serie no termina nunca. La cadena en que una ecuación de valor se agrega á otra, se puede prolongar que dé siempre por la adición de toda nueva especie de mercancía material para una nueva expresión del valor. En segundo lugar, forma un abigarrado mosaico de expresiones del valor sucesivas y diversas. Si se expresa, como tiene que hacerse, el valor relativo de cada mercancía en esta forma desarrollada, la forma relativa del valor de cada mercancía es una serie interminable de expresiones del valor, distinta de la expresión relativa del valor de toda otra mercancía. Los defectos de la forma desarrollada del valor relativo se reflejan en la forma de equivalente que le corresponde. Como la forma natural de cada especie particular de mercancía es aquí una forma de equivalente especial, junto á otras innumerables formas especiales de equivalente, todas las formas de equivalente son limitadas y se excluyen entre sí. Así también la especie de trabajo concreto y útil contenido en cada mercancía equivalente especial no es más que una forma especial y no una forma última del trabajo humano. Es cierto que éste tiene su forma de manifestación completa ó total en el conjunto de esas formas particulares; pero así no tiene ninguna forma única de manifestación. La forma desarrollada del valor relativo sólo consiste en una suma de simples ecuaciones ó expresiones del valor relativo de la primera forma, como 20 metros de tela = 1 vestido 20 metros de tela = 10 libras de té; etc. Pero cada una de estas ecuaciones contiene la ecuación idéntica inversa:.<noinclude></noinclude> ctlqgefwwbtk55j8ibs6kee8vvug40e Página:El Capital (1898).pdf/54 102 417384 1651726 2026-04-24T12:06:21Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651726 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|48|CARLOS MARX|}}</noinclude>vestido 10 libras de té CARLOS MARX = 20 metros de tela 20 metros de tela; etc. En realidad, cuando un hombre cambia su tela con otras muchas mercancías y expresa así el valor de ella en una serie de otras mercancías, los poseedores de las otras muchas mercancías tienen también necesariamente que cambiarlas con la tela y expresar así los valores de sus distintas mercancías en la misma mercancía: la tela. Invirtamos, pues, la serie: 20 metros de tela = 1 vestido ó = 10 libras de té ó = etc., es decir, expresemos la recíproca contenida en la serie, y tendremos: C.—Forma general del valor. 1 vestido 10 libras de té 40 libras de café 1 fanega de trigo 2 onzas de oro 1/2 tonelada de hierro x mercancía A = etc. = 20 metros de tela. 1. CAMBIO DE CARÁCTER DE LA FORMA DEL VALOR. Ahora las mercancías expresan sus valores: 1.º, de una manera simple, porque los expresan en una mercancía única, y 2.º, de una manera uniforme, porque los expresan en la misma mercancía. Su forma de valor es simple y común, y así, general. Las formas {{asc|I}} y {{asc|II}} sólo alcanzaban á expresar el valor de una mercancía como algo distinto de su valor de uso ó cuerpo-mercancía. La primera forma daba ecuaciones de valor, como: 1 vestido 20 metros de tela, 10 libras de té = 1/2 tonelada de hierro, etc. El valor del vestido es expresado como igual á tela, el valor del té como igual á hierro, etc.; pero igual á tela é igual á hierro, expresiones del valor del vestido y del té, difieren tanto entre sí como tela y hierro. Evidentemente, esta forma no se presenta en la práctica sino en épocas muy primitivas, cuando en cambios accidentales ú ocasionales los productos del trabajo se transforman en mercancías. La segunda forma distingue más completamente que la primera el valor de una mercancía de su valor de uso, pues en ella el valor del vestido, por ejemplo, se presenta frente á su forma natural en todas las formas posibles, como igual á tela, igual á hierro, igual á té, etc., como cualquier otra cosa, menos como igual á vestido. Por otra parte, esta forma excluye directamente toda expresión común del valor de las mercancías, pues en la expresión del valor de cada<noinclude></noinclude> bsz2wt3eve865zsokelj61zyj3cfchl Página:El Capital (1898).pdf/55 102 417385 1651727 2026-04-24T12:06:31Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651727 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|49}}</noinclude>una de ellas aparecen todas las otras 'sólo en la forma de equivalentes. La forma desarrollada del valor se presenta de hecho desde que un producto del trabajo, el ganado, por ejemplo, es cambiado, no por excepción, sino ya por costumbre, con otras distintas mercancías. La forma general expresa los valores mercantiles en una misma mercancía separada de todas las otras, por ejemplo, en tela, y expresa así los valores de todas las mercancías por su igualdad con la tela. Como igual á tela, el valor de toda mercancía es ahora distinto, no sólo de su propio valor de uso, sino de todo valor de uso, y por eso mismo expresado como lo que es común á ella y á toda otra mercancía. Esta forma es la primera que refiere realmente las mercancías entre sí como valores ó las presenta recíprocamente como valores de cambio. Las dos formas anteriores expresan el valor de una mercancía, sea en una sola mercancía distinta, sea en una serie de muchas otras mercancías. En ambos casos es, puede decirse, asunto privado de cada mercancía el darse una forma de valor, y ella lo realiza sin intervención de las otras mercancías. Éstas desempeñan frente á ella simplemente el papel pasivo de equivalente. La forma general del valor, por el contrario, es el resultado de la obra común del conjunto de las mercancías. Una mercancía adquiere su expresión general de valor sólo cuando todas las otras mercancías expresan su valor en el mismo equivalente; lo que tiene que hacer también toda nueva especie de mercancía que se presente. Y así se ve que la objetividad del valor de las mercancías, al ser la simple «existencia social» de estas cosas, sólo puede ser expresada por su relación social de conjunto, y que su forma de valor tiene que ser socialmente válida. Como iguales á la tela, aparecen ahora todas las mercancías, no sólo como valores en general, cualitativamente iguales, sino al mismo tiempo como magnitudes de valor cuantitativamente comparables. Al reflejar sus magnitudes de valor en un mismo material, la tela, esas magnitudes de valor refléjanse entre sí recíprocamente. Por ejemplo: 10 libras de té = 20 metros de tela, y 40 libras de café 20 metros de tela; de donde: 10 libras de té: 40 libras de café, ó 1 libra de café contiene sólo 1, de la substancia del valor, ó sea el trabajo, contenida en 1 libra de té. = La forma general del valor relativo de las mercancías en general imprime á la mercancía equivalente, la tela, que se separa de todas las otras, el carácter de equivalente general. La forma natural propia de ésta es el aspecto común del valor de todas, y la tela es por eso inmediatamente cambiable con todas las otras mercancías. Su forma corporal pasa por la encarnación visible de todo trabajo humano. El tejido, trabajo privado que produce la tela, adquiere al mismo tiempo TOMO {{asc|I}}<noinclude></noinclude> 86x7y7hxfihslnlhjy8xgmgsq9zspf0 Página:El Capital (1898).pdf/56 102 417386 1651728 2026-04-24T12:06:39Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651728 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|50|CARLOS MARX|}}</noinclude>forma social general, la forma de igualdad con todos los otros trabajos. Las innumerables ecuaciones en que consiste la forma general del valor igualan sucesivamente el trabajo realizado en la tela á todo trabajo contenido en otra mercancía, y hacen así del tejido la forma general de manifestación del trabajo humano. De modo que el trabajo contenido en el valor de las mercancías no se representa sólo negativamente, como trabajo despojado de todas las formas concretas y propiedades útiles del trabajo real, sino que su carácter positivo se afirma explícitamente, como la relación de todos los trabajos reales al carácter común de trabajo humano, al gasto de fuerza humana de trabajo. La forma general del valor, que presenta los productos del trabajo como simples pulpas amorfas de trabajo humano indistinto, muestra en su misma estructura que ella es la expresión social del mundo de las mercancías. Así revela ella que dentro de este mundo el carácter general humano del trabajo constituye su carácter social específico. 2. RELACIÓN DE DESARROLLO DE LA FORMA RELATIVA DEL VALOR Y DE LA FORMA DE EQUIVALENTE. Al grado de desarrollo de la forma relativa del valor corresponde el grado de desarrollo de la forma de equivalente. Pero, nótese bien, el desarrollo de la forma de equivalente es sólo expresión y resultado del desarrollo de la forma relativa del valor. La forma simple ó aislada del valor de una mercancía hace de otra mercancía el equivalente único. La forma desarrollada del valor relativo, esa expresión del valor de una mercancía en todas las otras mercancías, les imprime la forma de equivalentes diversos y especiales. En fin, una mercancía especial adquiere la forma de equivalente general porque todas las otras mercancías la toman como material de su forma unitaria y general de valor. Pero en el mismo grado en que se desarrolla la forma del valor en general, se desarrolla también el contraste entre sus dos polos: la forma relativa del valor y la forma de equivalente. La primera forma (A)-20 metros de tela = 1 vestido-contiene ya este contraste, pero no lo fija. Según se lea la ecuación, hacia adelante ó hacia atrás, cada una de las dos mercancías extremas, la tela y el vestido, se encuentra igualmente, ya en la forma relativa del valor, ya en la forma de equivalente. En ella todavía es difícil retener la oposición entre los dos polos. En la forma B sólo puede desarrollar su valor relativo total una mercancía, á la vez que adquiere la forma desarrollada del valor relativo por y en tanto que todas las otras mercancías se encuentran<noinclude></noinclude> qwua765kh4yxlworkorlysc3jzqjh9z Página:El Capital (1898).pdf/57 102 417387 1651729 2026-04-24T12:06:50Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651729 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|51}}</noinclude>frente á ella en la forma de equivalente. Aquí ya no se pueden invertir los dos términos de la ecuación del valor como 20 metros de tela 1 vestido ó = 10 libras de té ó 10 libras de té ó 1 fanega de trigo, etc.sin cambiar el carácter del conjunto de ellas y pasarlas de la forma total á la forma general del valor. En fin, la forma C y última da al conjunto de las mercancías una forma general y social del valor relativo por y en tanto que excluye de la forma de equivalente general á todas las mercancías, excepto una. Una mercancía, la tela, se encuentra, por consiguiente, en forma inmediatamente cambiable con todas las otras mercancías ó en forma inmediatamente social, por y en tanto que todas las otras mercancías no se encuentran en esa forma 1. = La mercancía que figura como equivalente general está, por el contrario, excluída de la forma unitaria y general del valor relativo. Si la tela, es decir, una mercancía cualquiera que esté en la forma de equivalente general, tomara parte al mismo tiempo en la forma. general del valor relativo, tendría que servirse à si misma de equivalente. Obtendríamos así: 20 metros de tela 20 metros de tela, tautología que no expresa valor ni magnitud del valor. Para expresar el valor relativo del equivalente general hay que invertir la forma C. El no posee forma alguna de valor relativo común con otras mercancías, sino que su valor relativo se expresa en la serie interminable de todas las otras mercancías. Y así la forma desarrollada del valor relativo, ó forma B, se nos presenta ahora como la forma específica del valor relativo de la mercancía equivalente. 3. TRANSICIÓN DE LA FORMA GENERAL DEL VALOR Á LA FORMA MONEDA. La forma de equivalente general es una forma del valor en general. Puede, pues, recaer en una mercancía cualquiera. Por otra parte, una mercancía sólo se encuentra en la forma de equivalente En la mercancia inmediatamente cambiable con todas las otras nada indica que es una forma de mercancía opuesta'á la forma no inmediatamente cambiable, y tan inseparable de ésta como la positividad de un polo magnético de la negatividad del otro. Puede alguien, por lo tanto, imaginarse que es posible poner à todas las mercancías al mismo tiempo el sello de inmediatamente cambiables, como puede imaginarse que es posible hacer papas á todos los católicos. Para el pequeño burgués, que ve el ncc plus ultra de la libertad humana y de la independencia individual en la producción de mercancías, sería, naturalmente, muy deseable verse exento de los inconvenientes de esta forma, sobre todo de que las mercancías no sean inmediatamente cambiables. La pintura de esta utopia de tendero es el socialismo de Proudhon, que, como en otra parte lo he mostrado, no tiene siquiera el mérito de la originalidad, pues ha sido desarrollado mucho antes y mejor por Gray, Bray y otros. Esto no impide que semejante sabiduría cunda hoy en ciertos círculos con el nombre de ciencia. Jamás una escuela ha abusado más que la de Proudhon de la palabra ciencia, pues wo Begriffe fehlen, Da stellt zur rechten Zeit ein Wort sich ein ».<noinclude></noinclude> oesgbpfdwv5geqa70g1rkghpu8wsz9w Página:El Capital (1898).pdf/58 102 417388 1651730 2026-04-24T12:06:56Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651730 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|52|CARLOS MARX|}}</noinclude>general (forma C) por y en tanto que es excluída como equivalente por todas las otras mercancías. Y la forma unitaria del valor relativo no adquiere estabilidad objetiva y validez social general sino á partir del momento en que esa exclusión se limita definitivamente á una especie determinada de mercancía. La mercancía especial con cuya forma natural se identifica socialmente la forma de equivalente, pasa, pues, á ser mercancía-moneda ó funciona como moneda. En el mundo de las mercancías ella tendrá la función social específica y, así, el monopolio social de desempeñar el papel de equivalente general. Una mercancía determinada, el oro, ha conquistado históricamente ese lugar de preferencia entre las mercancías que en la forma B figuraban como equivalentes especiales de la tela, y en la forma C expresaban juntas su valor relativo en tela. Pongamos, pues, en la forma C la mercancía oro en lugar de la mercancía tela, y tendremos: D. Forma moneda. 20 metros de tela 1 vestido 10 libras de té 40 libras de café 20 onzas de oro. 1 fanega de trigo 1/2 tonelada de hierro x mercancía A En el paso de la forma A á la forma B, y de la forma B á la forma C, se verifican cambios esenciales. Por el contrario, la forma D no se distingue de la forma C sino en que ahora el oro posee la forma de equivalente general, en lugar de la tela. El oro es en la forma D lo que la tela era en la forma C: equivalente general. El progreso sólo consiste en que la forma de equivalente general está ahora definitivamente identificada por la costumbre social con la forma natural específica de la mercancía oro. El oro no se presenta como moneda frente á las otras mercancías sino porque ya estaba enfrente de ellas como mercancía. Lo mismo que todas las otras mercancías, funcionaba también como equivalente, sea como equivalente único en actos aislados de cambio, sea como equivalente especial al lado de otras mercancías equivalentes. Poco á poco pasó á funcionar como equivalente general en límites más ó menos amplios. Una vez que ha conquistado el monopolio de ese puesto en la expresión del valor de las mercancías, pasa á ser mercancía-moneda, y sólo desde el momento en que él ya ha llegado á ser mercancía-moneda, la forma D se distingue de la forma C,<noinclude></noinclude> 97nbxapjmw43px9qus29guuvuubr1cm Página:El Capital (1898).pdf/59 102 417389 1651731 2026-04-24T12:07:06Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651731 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|53}}</noinclude>ó la forma general del valor se ha transformado en la forma moneda. La expresión simple relativa del valor de una mercancía, por ejemplo, de la tela, en la mercancía que funciona ya como moneda, por ejemplo, en oro, es la forma precio. La «forma precio » de la tela es, por lo tanto: 20 metros de tela = 2 onzas de oro, ó, si 2 libras esterlinas es el nombre monetario de 2 onzas de oro, 20 metros de tela 2 libras esterlinas. La dificultad del concepto de la forma moneda se limita á la concepción de la forma de equivalente general, esto es, de la forma general del valor, de la forma C. La forma C se resuelve á su vez en la forma B, en la forma desarrollada del valor, y el elemento constituyente de ésta es la forma A: 20 metros de tela = 1 vestido ó x mercancía A y mercancía B. La forma simple de la mercancía es, por lo tanto, el germen de la forma moneda. IV. EL CARÁCTER FETICHISTA DE LA MERCANCÍA Y SU SECRETO. A primera vista, una mercancía parece una cosa trivial y que se comprende por sí misma. De su análisis resulta que es una cosa endiablada, llena de sutilezas metafísicas y de reticencias teológicas. Como valor de uso, no hay nada de misterioso en ella, desde el punto de vista de que sus propiedades satisfacen necesidades humanas ó de que posee esas propiedades sólo como producto del trabajo humano. Es evidente que el hombre, por medio de su actividad, modifica la forma de las materias naturales para hacerlas útiles. Se modifica, por ejemplo, la forma de la madera, cuando de ella se hace una mesa. Sin embargo, la mesa siempre es madera, un objeto ordinario sensible. Pero desde que se presenta como mercancía, se transforma en una cosa sensible y superior á los sentidos. La mesa ya no descansa sólo por sus pies en el suelo, sino que se pone de cara ante todas las otras mercancías, y en su cabeza de palo nacen fantasías mucho más asombrosas que si se pusiera á bailar 1. El carácter místico de la mercancía no surge, pues, de su valor de uso, ni proviene tampoco del contenido de las determinaciones del valor; pues, en primer lugar, por variados que sean los trabajos útiles ó actividades productivas, es una verdad fisiológica que son funciones del organismo humano, y que toda función semejante, cualesquiera que sean su contenido y su forma, es esencialmente un 1 Recuérdese que China y las mesas empezaron á danzar cuando todo el resto del mundo parecía estar quieto- pour enconrager les autres.<noinclude></noinclude> rsxh1qzn7yfov8ntfki0zynf4e2n41s Página:El Capital (1898).pdf/60 102 417390 1651732 2026-04-24T12:07:14Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651732 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|54|CARLOS MARX|}}</noinclude>gasto de cerebro, nervios, músculos, órganos de los sentidos, etc., humanos. En segundo lugar, lo que sirve de base la determinapara ción de la magnitud del valor, la duración de ese gasto, ó la cantidad del trabajo, es visiblemente distinta de la calidad del trabajo. El tiempo de trabajo que cuesta la producción de los alimentos ha tenido interesar á los hombres en todos los estados, aunque no que igualmente en los distintos períodos de desarrollo ¹. Finalmente, desde que los hombres trabajan, de un modo cualquiera, los unos para los otros, su trabajo adquiere también una forma social. ¿De dónde proviene, pues, el carácter enigmático del producto del trabajo así que toma la forma de mercancía? Evidentemente, de esta misma forma. La igualdad de los trabajos humanos adquiere la forma de la igual objetividad del valor de los productos del trabajo, la medida del gasto de fuerza humana de trabajo por su duración adquiere la forma de la magnitud del valor de los productos del trabajo; finalmente, las relaciones de los productores, en que se manifiestan esas determinaciones sociales de sus trabajos, adquieren la forma de una relación social de los productos del trabajo. Lo misterioso de la forma mercancía está, pues, simplemente en que ella refleja ante el hombre los caracteres sociales de su propio trabajo, como caracteres objetivos de los productos mismos del trabajo, como propiedades sociales naturales de estas cosas, y así también la relación social de los productores con el trabajo total como una relación social de objetos independiente de los productores. Por este quid pro quo, los productos del trabajo pasan á ser mercancías, cosas sensibles y superiores á los sentidos, cosas sociales. Así la impresión luminosa de un objeto sobre el nervio óptico no se manifiesta como excitación subjetiva del mismo nervio óptico, sino como forma objetiva de una cosa exterior al ojo. Pero en la visión la luz pasa realmente de una cosa, el objeto externo, á otra cosa, el ojo. Es una relación física entre cosas físicas. La forma mercancía y la relación de valor de los productos del trabajo en que ella se manifiesta no tienen, por el contrario, absolutamente nada que hacer con la naturaleza física de esos productos las relaciones reales que de ella resultan. Una relación social determinada de los hombres mismos toma aquí para ellos la forma fantasmagórica de una relación de cosas. Por eso, para encontrar una analogía tenemos que refugiarnos en la nebulosa región del mundo religioso. En él, los productos del cerebro Entre los antiguos germanos se calculaba la extensión de un morgen de tierra por el trabajo de un día, y por eso el morgen era llamado tagwerk (también tagwanne) (jurnale ó jurnalis, terra jurnalis, jurnalis ó diornalis), mannwerk, mannskraft, mannsmaad, mannshauet, etc. Véase GEORG LUDWIG VON MAURER, Einleitung zur Geschichte der Mark-, Hof-, u. s. w. Verfassung, Munich, 1659, pág. 129.<noinclude></noinclude> k72qd3d59wljk2ubpu2p3jijabk9bmi Página:El Capital (1898).pdf/61 102 417391 1651733 2026-04-24T12:07:23Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651733 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|55}}</noinclude>humano parecen formas dotadas de vida propia, que están en relación entre sí y con los hombres. Lo mismo pasa en el mundo de las mercancías con los productos de la mano del hombre. Esto es lo que llamo el fetichismo adherido á los productos del trabajo desde que se les produce como mercancías, y que es por eso inseparable de la producción de mercancías. Este carácter fetichista del mundo mercantil proviene, como lo ha mostrado ya el precedente análisis, del carácter social peculiar del trabajo que produce mercancías. En general, los objetos de uso sólo se hacen mercancías porque son productos de trabajos privados independientes entre sí. El conjunto de esos trabajos privados constituye el trabajo social total. Como los productores sólo entran en contacto social por el cambio de los productos de su trabajo, sólo también dentro de ese cambio aparecen los caracteres sociales específicos de sus trabajos privados. Ó bien los trabajos privados se manifiestan en realidad como partes del trabajo social total sólo por las relaciones en que el cambio pone los productos del trabajo y, por su intermedio, á los productores. Las relaciones sociales de sus trabajos privados se presentan por eso á los productores como lo que son, es decir, no como relaciones sociales inmediatas de las personas en sus trabajos mismos, sino más bien como relaciones sociales de las cosas. á No es sino en el cambio donde los productos del trabajo adquieren una igual objetividad social de valor, independiente de su objetividad de uso, diversa para los sentidos. Esta división del producto del trabajo en cosa útil y cosa de valor, se manifiesta prácticamente, una vez que el cambio ha adquirido ya suficiente extensión é importancia, en que se producen cosas útiles para el cambio, y, por lo tanto, el carácter de valor de las cosas es tomado en cuenta ya en el momento de su producción. Desde este momento, los trabajos privados de los productores adquieren de hecho un doble carácter social. Por una parte, como trabajos útiles determinados, tienen que satisfacer una necesidad social determinada y confirmarse así como partes del trabajo total, del sistema de la división social del trabajo que se desarrolla naturalmente. Ellos no satisfacen, por otra parte, las múltiples necesidades de los productores mismos sino en tanto que cada trabajo útil privado especial es cambiable con toda otra especie de trabajo privado útil, es decir, le equivale. La igualdad toto coelo de trabajos distintos sólo puede consistir en una abstracción de su desigualdad real, en su reducción al carácter común de gasto de fuerza humana de trabajo, á trabajo humano abstracto. Este doble carácter social de los trabajos privados se refleja en el cerebro de los productores bajo las formas que aparecen prácticamente en el cambio de<noinclude></noinclude> 0fgyc5iy8huii48k8njumam6mr4yoo2 Página:El Capital (1898).pdf/62 102 417392 1651734 2026-04-24T12:07:33Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651734 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|56|CARLOS MARX|}}</noinclude>los productos, á saber: el carácter útil social de sus trabajos privados, en la forma de que el producto del trabajo tiene que ser útil, y esto para otros el carácter social de la igualdad de los distintos trabajos, en la forma del carácter de valor, común á esas cosas materialmente distintas, los productos del trabajo. Los hombres no refieren, pues, los productos del trabajo unos á otros como valores, porque esos objetos sean para ellos simples cubiertas materiales de trabajo humano igual. Por el contrario, al igualar sus diversos productos como valores en el cambio, igualan sus diversos trabajos como trabajo humano. No lo saben, pero lo hacen 1. El valor no lleva, pues, escrito en la frente lo que es. El valor transforma más bien todo producto del trabajo en un jeroglífico social. Los hombres tratan después de descifrar el jeroglífico, de entrar en el secreto de su propio producto social, pues la determinación de los objetos de uso como valores es un producto social, con el mismo título que el lenguaje. El descubrimiento científico ulterior de que los productos del trabajo, como valores, son simples expresiones materiales del trabajo humano gastado en su producción, hace época en là historia de la Humanidad, pero no suprime absolutamente la apariencia objetiva del carácter social del trabajo. Lo que sólo es cierto para esta forma especial de producción, la producción de mercancías, á saber que el carácter social específico de los trabajos privados independientes entre sí consiste en su igualdad como trabajo humano y toma la forma del carácter de valor de los productos del trabajo, les parece á los comprometidos en las relaciones de la producción mercantil, antes y después de ese descubrimiento, tan absolutamente cierto como que la descomposición científica del aire en sus elementos no altera su forma gaseosa, como forma corporal física. Lo que interesa desde luego prácticamente á los que cambian mercancías es la cuestión de cuánto obtendrán por su propio producto, es decir, en qué proporciones se cambian los productos. Una vez que estas proporciones han alcanzado cierta fijeza habitual, parecen resultar de la naturaleza de los productos del trabajo, de manera que, por ejemplo, una tonelada de hierro y dos onzas de oro valen lo mismo, como una libra de oro y una libra de hierro, á pesar de sus propiedades físicas y químicas diferentes, pesan lo mismo. En realidad, el carácter de valor de los productos del trabajo se afirma sólo en su manifestación como magnitudes de valor. Estas últimas Por eso, cuando dice Galiani «el valor es una relación entre personas » - « la ricchezza è una ragione tra due persone»- debía haber agregado: relación oculta bajo la cubierta de las cosas. (GALIANI, Della Moneta, pág. 220, vol. {{asc|III}} de la colección de los Scrittori classici italiani di Economia politica, por Custodi, parte moderna, Milán, 1801.)<noinclude></noinclude> 6h415cu4dt1h09k1sga2ntjjqn40cgn Página:El Capital (1898).pdf/63 102 417393 1651735 2026-04-24T12:07:41Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651735 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|57}}</noinclude>varían constantemente, con independencia de la voluntad, previsión y conducta de los que cambian. Su propio movimiento social tiene para ellos la forma de un movimiento de cosas que los maneja, en lugar de manejarlo ellos. Es preciso que la producción mercantil se haya desarrollado por completo para que de la misma experiencia se desprenda esta visual científica: que los trabajos privados ejecutados independientemente los unos de los otros, pero todos vinculados entre sí como ramas naturales de la división social del trabajo, son permanentemente reducidos á su medida social proporcional, porque en las accidentales y siempre oscilantes relaciones de cambio de sus productos, el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción se impone con violencia como ley natural reguladora, lo mismo que la ley de la pesantez, cuando á uno se le derrumba la casa encima 1. La determinación de las cantidades de valor por el tiempo de trabajo es por eso un secreto oculto bajo los movimientos aparentes de los valores relativos de las mercancías. Su descubrimiento suprime la apariencia de la determinación simplemente accidental de las magnitudes de valor de los productos del trabajo, pero de ninguna manera su forma objetiva. La reflexión sobre las formas de la vida humana y, por consiguiente, su análisis científico, sigue en general un camino opuesto al desarrollo real. Principia post festum con los resultados hechos del proceso del desarrollo. Las formas que imprimen á los productos del trabajo el sello de mercancías, y que, por lo tanto, se sobreentienden en la circulación de mercancías, poseen ya la fijeza de formas naturales de la vida social, antes de que los hombres traten de darse cuenta, no del carácter histórico de estas formas, que para ellos pasan ya más bien por invariables, sino de su contenido. Así, sólo fué el análisis de los precios de las mercancías lo que condujo á la determinación de las magnitudes de valor y la expresión común de las mercancías en moneda lo que trajo la fijación de su carácter de valor. Pero precisamente esta forma acabada, la forma moneda, del mundo mercantil es lo que oculta el carácter social de los trabajos privados, y así, las relaciones sociales de los trabajadores privados, en lugar de revelarlos. Cuando digo que vestidos, botines, etc., se refieren á tela como á la encarnación general de trabajo humano abstracto, salta á la vista la extravagancia de esta expresión; pero cuando los productores de vestidos, botines, etc., 'refieren esas mercancías á tela -ó á oro y plata, lo que no cambia en nada la cosa1 ¿Qué pensar de una ley que sólo puede cumplirse por revoluciones periódicas? No es sino una ley natural basada en la inconsciencia de los que la sufren.» (FRIEDRICH ENGELS, Umrisse zu einer Kritik der Nationalekonomie, en Deutsch-franzdesische Jahrbücher, editado por Arnold Ruge y Karl Marx; París, 1844.)<noinclude></noinclude> ehkgg2sp9wmooj47i47wy865kzy4paq Página:El Capital (1898).pdf/64 102 417394 1651736 2026-04-24T12:07:50Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651736 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|58|CARLOS MARX|}}</noinclude>como equivalente general, la relación de sus trabajos privados con el trabajo social total se les presenta precisamente en esa forma extravagante. Formas semejantes constituyen precisamente las categorías de la Economía burguesa. Son formas de pensamiento socialmente válidas, y, por lo tanto, objetivas, para las relaciones de la producción mercantil, modo social de producción históricamente determinado. Todo el misticismo del mundo mercantil, toda la magia y fantasmagoría que envuelven los productos del trabajo sobre la base de la producción de mercancías, desaparecen, pues, tan pronto como pasamos á otras formas de producción. Á Puesto que la Economía política gusta de las robinsonadas 1, veamos primero á Robinsón en su isla. Aunque modesto por naturaleza, tiene que satisfacer diversas necesidades y, por lo tanto, ejecutar diversos trabajos útiles, fabricar herramientas, hacer muebles, domesticar llamas, pescar, cazar, etc. No hablamos de rezar y de otras cosas semejantes, porque nuestro Robinsón se divierte con ellas y las considera como reposo. pesar de la variedad de sus funciones productivas, él sabe que éstas no son sino formas diversas de actividad del mismo Robinsón, es decir, modos diversos de trabajo humano. La necesidad misma le obliga á distribuir su tiempo exactamente entre sus diversas funciones. Que una tome más espacio que otra en su actividad total, depende de la mayor ó menor dificultad que él tiene que vencer para obtener el efecto útil buscado. La experiencia se lo enseña, y nuestro Robinsón, que ha salvado del naufragio reloj, libro mayor, tinta y pluma, como buen inglés, pronto principia á llevar el libro de él mismo. Su inventario contiene una lista de los objetos útiles que posee, de las diversas operaciones necesarias para su producción y, finalmente, del tiempo de trabajo que á él le cuestan por término medio cantidades determinadas de esos diversos productos. Todas las relaciones entre Robinsón y las cosas que constituyen la riqueza que él mismo se ha creado, son aquí tan simples y transparentes, que el mismo Sr. M. Wirth las entendería sin mucha fatiga mental. Y sin embargo, ellas contienen todas las determinaciones esenciales del valor. Transportémonos ahora de la clara isla de Robinsón á la oscura 1 Tampoco á Ricardo le falta su robinsonada. « Al pescador y al cazador primitivos los hace ya cambiar pescado y caza, como poseedores de mercancías, en proporción al tiempo de trabajo realizado en esos valores de cambio. En esta ocasión incurre en el anacronismo de que el pescador y el cazador primitivos, para calcular sus instrumentos de trabajo, consultan las tablas de anualidades usadas en la Bolsa de Londres en 1817. Los «paralelogramos del Sr. Owen» parecen ser la única forma de sociedad que él conocía, fuera de la burguesa. » (KARL MARX, Zur Kritik... etc., págs. 38-39.)<noinclude></noinclude> 6ze7mz64scv1wm00nxf89l8lrnnoiom Página:El Capital (1898).pdf/65 102 417395 1651737 2026-04-24T12:08:00Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651737 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|59}}</noinclude>Edad Media europea. En lugar del hombre independiente, encontramos aquí á todo el mundo dependiendo: siervos y señores de la tierra, vasallos y señores feudales, laicos y clérigos. La dependencia personal caracteriza tanto las relaciones sociales de la producción material como las esferas de la vida que reposan sobre ella. Pero los trabajos y productos no necesitan tomar una forma fantástica distinta de su realidad, precisamente porque la base social está constituída por relaciones personales de dependencia. Entran en el mecanismo social como servicios y trabajos naturales. La forma natural del trabajo, su especialidad, y no como en la producción mercantil, su generalidad, es aquí su forma inmediatamente social. La prestación personal se mide por el tiempo tan bien como el trabajo que produce mercancías; pero todo siervo sabe que ella es una cantidad determinada de su fuerza personal de trabajo gastada al servicio de su señor. El diezmo que se entrega al cura es más claro que la bendición del cura. Como quiera que se juzgue de los disfraces de carácter con que en esa sociedad se presentan los hombres, las relaciones sociales de las personas aparecen en sus trabajos como sus relaciones personales propias y no como relaciones sociales de las cosas, de los productos del trabajo. Para considerar el trabajo común, es decir, inmediatamente socializado, no necesitamos retroceder á su forma primitiva, que encontramos en el umbral de la historia de todos los pueblos civilizados 1. La industria rústica y patriarcal de una familia de campesinos, que para sus propias necesidades produce trigo, ganado, hilo, tela, vestidos, etc., es un ejemplo más próximo. Esas diversas cosas son para la familia productos diversos de su trabajo, pero no se comportan entre sí como mercancías. Los diversos trabajos generadores de esos productos, agricultura, ganadería, hilar, tejer, hacer ropas, etc., son en su forma natural funciones sociales, porque son funciones de la familia, que posee su propia división natural del trabajo tan bien como la producción mercantil. Las diferencias de sexo y de edad, así como las condiciones naturales del trabajo, que varían con las estaciones del año, regulan su distribución en el seno de la familia tiempo de trabajo de cada uno de sus miembros. El gasto de las el y Es un prejuicio ridículo, recientemente "propagado, que la forma de la propiedad común primitiva es especialmente eslava, ó aun exclusivamente rusa. Esta es la forma primitiva que podemos demostrar entre los romanos, germanos y celtas, de la cual todavía hoy encontramos toda una casta modelo, con muestras diversas, entre los indos, aunque en parte sólo en ruinas. Un estudio más completo de las formas asiáticas de la propiedad común, y especialmente de las de la India, demostraría cómo de las diversas formas de la propiedad común primitiva se derivan formas diversas de su disolución. Así, por ejemplo, se pueden derivar los diversos tipos originales de la propiedad privada romana y germánica de formas diversas de la comunidad inda.» (KARL MARX, Zur Kritik... etc., pág. 10.)<noinclude></noinclude> 9n89vmo1xe8zlrmrafexouf24qtz4pj Página:El Capital (1898).pdf/66 102 417396 1651738 2026-04-24T12:08:07Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651738 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|60|CARLOS MARX|}}</noinclude>fuerzas individuales de trabajo, medido por su duración, aparece naturalmente aquí como la determinación social de los trabajos mismos, porque las fuerzas individuales de trabajo no funcionan sino como órganos de la fuerza común de trabajo de la familia. Figurémonos por fin, para variar, una unión de hombres libres, que trabajan con medios de producción comunes y gastan conscientemente sus muchas fuerzas individuales de trabajo como una fuerza social. Todo lo establecido respecto del trabajo de Robinsón se repite aquí, pero socialmente, no individualmente. Todos los productos del trabajo de Robinsón eran productos exclusivamente suyos y, por consiguiente, objetos de uso inmediato para él. El producto total de la unión es un producto social. Una parte de este producto vuelve á servir como medio de producción, y se conserva social; pero otra parte es consumida por los miembros de la unión y, por consiguiente, tiene que ser distribuída entre ellos. El modo de esta distribución variará según la especie del organismo social de producción y el grado correspondiente de desarrollo histórico de los productores. Para la comparación con la producción mercantil, supongamos que la parte que toca á cada productor sea determinada por su tiempo de trabajo. El tiempo de trabajo desempeñaría entonces un papel doble. Su metódica distribución social regula la exacta proporción de las diversas funciones de trabajo á las diversas necesidades. Por otra parte, el tiempo de trabajo sirve como medida de la parte individual del productor en el trabajo común y, así, de la parte que le toca en la porción del producto común destinada al consumo. Las relaciones sociales de los hombres con sus trabajos y sus productos del trabajo quedan aquí simples y transparentes, tanto en la producción como en la distribución. Para una sociedad de productores de mercancías, cuya relación social general consiste en mirar sus productos como mercancías, es decir, como valores, y relacionar entre sí en esa forma objetiva sus trabajos privados como trabajo humano igual, la más apropiada forma de religión es el Cristianismo, con su culto del hombre abstracto, sobre todo en su desarrollo burgués, el Protestantismo, el Deísmo, etcétera. En los modos de producción del Asia antigua, y antiguos en general, la transformación del producto en mercancía, y así la existencia del hombre como productor de mercancías, desempeña un papel subalterno, que aumenta, sin embargo, en importancia á medida que las comunidades entran en el estadio de su disolución. Pueblos propiamente comerciales sólo existen en los los intersticios del mundo antiguo, como los dioses de Epicuro ó como judíos en los poros de la sociedad polaca. Aquellos viejos organismos sociales de producción son mucho más simples y transparentes que la sociedad<noinclude></noinclude> lg0yap8earlfx2lpe5vsghenhzj3k1d Página:El Capital (1898).pdf/67 102 417397 1651739 2026-04-24T12:08:24Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651739 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|61}}</noinclude>burguesa; pero reposan sobre la falta de madurez del individuo humano, no desprendido todavía del cordón umbilical que le une á otros con lazos naturales de parentesco, ó sobre relaciones inmediatas de dominación y de servidumbre. Su razón de ser está en el bajo grado de desarrollo de la fuerza productiva del trabajo y en las limitadas relaciones de los hombres entre sí y con la Naturaleza, que á ese grado corresponden. Las antiguas religiones son el reflejo ideal de esa estrechez real. En general, la reproducción religiosa del mundo real no puede desaparecer sino cuando las condiciones de la vida práctica presenten día por día á los hombres relaciones racionales y transparentes, de ellos entre sí y con la Naturaleza. La figura de la vida social, es decir, del proceso material de la producción, se despoja de su mistico y nebuloso velo sólo cuando, como obra de hombres libres asociados, esté bajo su inspección metódica y consciente." Para eso se necesita, sin embargo, una base material de la sociedad ó una serie de condiciones materiales de existencia, que son á su vez el resultado natural de un largo y doloroso desarrollo histórico. La Economía política ha analizado, es cierto, el valor y la magnitud del valor, aunque incompletamente ', y ha descubierto el contenido oculto de esas formas. Pero nunca se ha preguntado por qué ese contenido toma esta forma, por qué el trabajo se manifiesta en La insuficiencia del análisis de la magnitud del valor por Ricardo y es el mejor se verá en los libros tercero y cuarto de esta obra. Pero en lo que se refiere al valor en general, la Economía política clásica no distingue en ninguna parte expresamente y con clara conciencia el trabajo representado en el valor, del mismo trabajo en tanto que lo representa el valor de uso de su producto. Ella hace, en realidad, la distinción, porque considera al trabajo unas veces cuantitativamente y otras veces cualitativamente. Mas no se le ocurre que la diferencia simplemente cuantitativa de los trabajos supone su unidad ó igualdad cualitativa, es decir, su reducción á trabajo humano abstracto. Ricardo, por ejemplo, se declara de acuerdo con Destutt de Tracy, cuando éste dice: «Puesto que es cierto que nuestras facultades fisicas y morales son nuestra sola riqueza original; que el empleo de esas facultades, el trabajo en general, es nuestro solo tesoro primitivo, y que es siempre de ese empleo de donde nacen todas las cosas que llamamos riquezas..... es también cierto que todos esos bienes no hacen más que representar el trabajo que les ha dado origen, y que, si tienen un valor, ó aun dos distintos, ellos no pueden sacar esos valores sino del valor del trabajo de que emanan,» (RCARDO, The principles of Pol. economy, tercera edición, Londres, 1821, pág. 334.) Notemos solamente que Ricardo atribuye à Destutt su propio modo de ver, que es más profundo. Lo que en realidad dice Destutt es, por una parte, que todas las cosas que constituyen la riqueza «representan el trabajo que las ha creadoo; pero, por la otra, que ellas toman sus «dos distintos valores» (valor de uso y valor de cambio) del «valor del trabajo». Destutt cae así en la simpleza de la Economía vulgar, que supone el valor de una mercancía (el trabajo en este caso) para determinar después el valor de las otras mercancías. Ricardo le hace decir que tanto el valor de uso como el valor de cambio representan trabajo (no valor del trabajo). Pero él mismo distingue tan poco el doble carácter del trabajo, que está doblemente representado, que en todo el capítulo Valor y riqueza: sus propiedades distintivas, se debate penosamente con las trivialidades de un J.—B. Say. Por eso al fin es muy grande su asombro de que Destutt concuerde con él sobre el trabajo como fuente de valor y, sin embargo, armonice por otro lado con Say sobre el concepto del valor.<noinclude></noinclude> 8vjdarc1kvdugtob4qj1e9mpfaf3een Página:El Capital (1898).pdf/68 102 417398 1651740 2026-04-24T12:08:40Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651740 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|62|CARLOS MARX|}}</noinclude>el valor y la medida del trabajo, según su duración, en la magnitud del valor de su producto '. Fórmulas en cuya frente está escrito que pertenecen á una formación social en que el proceso de producción domina á los hombres, y no todavía el hombre al proceso de la producción, son para su conciencia burguesa tan naturalmente necesarias como el mismo trabajo productivo. Por eso ella trata á las formas preburguesas del organismo social de la producción como los Padres de la Iglesia á las religiones precristianas *. Uno de los defectos fundamentales de la Economía política clásica es el de no haber conseguido nunca descubrir en el análisis de la mercancía, y especialmente del valor de la mercancía, la forma del valor que lo hace precisamente valor de cambio. Sus mejores representantes, como A. Smith y Ricardo, tratan de la forma del valor como de algo completamente indiferente ó ajeno à la naturaleza de la mercancía misma. Eso no es solamente porque el análisis de la magnitud del valor absorbe toda su atención. El motivo es más profundo. La forma valor del producto del trabajo es la forma más abstracta y también más general del modo burgués de producción, que ella caracteriza históricamente como una especie particular de producción social. Si equivocadamente se la toma por la forma natural eterna de produccion social, el lado específico de la forma valor pasa necesariamente inadvertido, y, por lo tanto, el de la forma mercancía, el de la forma moneda y el de la forma capital, etc., de un desarrollo ulterior. Por eso, economistas que concuerdan por completo en la medida de la magnitud del valor por el tiempo de trabajo, tienen las ideas más abigarradas y contradictorias acerca de la moneda, es decir, de la forma acabada del equivalente general. Esto resulta, por ejemplo, al ocuparse de los Bancos, donde no acaban nunca las definiciones y los lugares comunes acerca de la moneda. Por eso surgió como antagonista un sistema mercantilista restaurado (Ganilh y otros) que ve en el valor sólo la forma social ó, más bien, sólo su apariencia sin substancia. Hago notar, una vez por todas, que entiendo por Economía política clásica toda Economía que, à partir de W. Petty, investiga la intima conexión de las relaciones burguesas de producción, en oposición á la Economía vulgar, que vaga dentro de la sola apariencia, rumiando siempre el material proporcionado mucho antes por la Economia científica, con fines de aclaración de los más groseros fenómenos para el consumo burgués, y que, por lo demás, se limita á sistematizar y à proclamar pedantescamente como verdades eternas las ideas triviales con que se complacen los agentes de la producción burguesa acerca de su propio mundo, para ellos el mejor de los mundos posibles. Los economistas tienen una singular manera de proceder. Para ellos no hay más que dos clases de instituciones: las del Arte y las de la Naturaleza. Las instituciones del Feudalismo son instituciones artificiales; las de la Burguesía son instituciones naturales. Se parecen en esto á los teólogos, que establecen también dos clases de religiones. Toda religión que no es la de ellos, es una invención de los hombres, mientras que su propia religión es una emanación de Dios.— Ha habido, pues, Historia; pero ya no la hay.» (KARL MARX, Misère de la Philosophie, réponse à la Philosophie de la Misère par M. Proudhon, 1817, pág. 113.) Es verdaderamente gracioso el Sr. Bastiat al figurarse que los antiguos griegos y romanos vivieron solamente del robo. Si durante muchos siglos se vive del robo, preciso es que haya siempre algo que robar ó que el objeto del robo se reproduzca continuamente. Parece, pues, que también los griegos y los romanos tenían un proceso de producción y, por lo tanto, una Economía, que constituía la base material de su mundo, exactamente como la Economía burguesa la del mundo actual. ¿O supone acaso Bastiat que un modo de producción basado en la esclavitud es un sistema de robo? Se colocaría entonces en terreno peligroso. Si un gigante del pensamiento como Aristóteles se equivocó en su apreciación de la esclavitud, ¿por qué un economista enano, como Bastiat, habría de acertar en su apreciación del trabajo asalariado? Aprovecho la ocasión para contestar brevemente á una objeción que me ha sido hecha por un periódico germano-americano al aparecer mi obra Zur Kritik der Politischen Ekonomie, 1859. Según ese periódico, mi opinión de que el modo determinado de producción y las relaciones de producción que siempre corresponden á él; en una palabra, «la estructura económica de la sociedad es la base real sobre 2<noinclude></noinclude> 79vf6l6que9qjbcstjbp0dfu2dyas2a Página:El Capital (1898).pdf/69 102 417399 1651741 2026-04-24T12:08:49Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651741 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|63}}</noinclude>Hasta qué punto es engañada una parte de los economistas por el fetichismo inherente al mundo mercantil ó por la apariencia objetiva de las determinaciones sociales del trabajo, lo muestra la fastidiosa é insípida querella acerca del papel de la Naturaleza en la formación del valor de cambio. Como el valor de cambio es un modo social determinado de expresar el trabajo unido à una cosa, no puede contener más materia natural que el curso del cambio, por ejemplo. La forma mercancía es la más general y menos desarrollada de la producción burguesa, por lo cual aparece temprano, aunque no de la misma manera dominante y característica que hoy día, y por eso su carácter fetichista parece todavía relativamente fácil de traslucirse. En las formas más concretas desaparece aún esta apariencia de simplicidad. ¿De dónde provienen las ilusiones del sistema mercantilista? En el oro y la plata él no ha visto que, como moneda, representan una relación social de producción, sino objetos naturales con peculiares propiedades sociales. ¿Y no es palpable el fetichismo de la Economía moderna, que, dándose importancia, se ríe del sistema mercantilista así que trata del Capital? ¿Cuánto tiempo ha desapareció la ilusión fisiocrática de que la renta de la tierra brota de la tierra misma y no de la sociedad? Pero no nos anticipemos y contentémonos con un ejemplo más, relativo á la forma mercancía misma. Si las mercancias pudieran hablar, dirían: nuestro valor de uso puede interesar á los hombres; á nosotras, como cosas, no nos importa; pero lo que nos toca como cosas es nuestro valor. Nuestro propio comercio como objetos-mercancías lo prueba. No nos relacionamos entre nosotras sino como valores de cambio. Oigase ahora cómo habla el economista desde el alma de la mercancía: «El valor (valor de cambio) es una propiedad de las cosas, la riqueza (valor de uso) del hombre. En este sentido, valor implica necesariamente cambio, riqueza no.» «La riqueza la cual se levanta el edificio juridico y político, y á la cual corresponden determinadas formas de conciencia social»; que «el modo de producción de la vida material domina en general el proceso de la vida social, politica é intelectual »;-que todo eso es exacto para el in ando actual, en que dominan los intereses materiales, pero no para la Edad Media, en que dominaba el Catolicismo, ni para Atenas y Roma, en que dominaba la Política. Desde luego es extraño que alguien se complazca en suponer que otro cualquiera ignora esos modos de decir, universalmente conocidos, acerca de la Edad Media y del mundo antiguo. Lo que es claro es que la Edad Media no pudo vivir del Catolicismo ni el mundo antiguo de la Política. El modo como la una y el otro ganaron su vida, explica, por el contrario, por qué en aquélla dominaba el Catolicismo y en éste la Política. Basta, por lo demás, conocer un poco la historia de la República romana para saber que la historia de la propiedad raíz es su secreto. Por otra parte, Don Quijote ha expiado ya su ilusión de creer á la Caballería andante compatible con todas las formas económicas de la sociedad. 1 Valu: is a property of things, riches of man. Valus, in this sense, necessarily implies exchanges, riches do not.» (Observations on some verbal disputes in Pol. Econ., particularly relating to value anI to supply an l demand, Londres, 1821, pág. 16.)<noinclude></noinclude> cqz8nkl1lf90eo8xqsirm62fx5gh4yv Página:El Capital (1898).pdf/70 102 417400 1651742 2026-04-24T12:08:58Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651742 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|64|CARLOS MARX|}}</noinclude>(valor de uso) es un atributo del hombre; el valor, un atributo de las mercancías. Un hombre ó una comunidad son ricos; una perla ó un diamante son valiosos..... Una perla ó un diamante tienen valor como perla ó diamante.» 1 Hasta ahora ningún químico ha descubierto valor de cambio en la perla ó el diamante. Los economistas descubridores de esta substancia química, que tienen una pretensión especial de ser profundos, opinan, sin embargo, que el valor de uso de las cosas es independiente de sus propiedades materiales, mientras que su valor les pertenece como cosas. Lo que les confirma en esta opinión es la circunstancia singular de que el valor de uso de las cosas se realiza para el hombre sin el cambio, es decir, en la relación inmediata del hombre con la cosa, y su valor, por el contrario, sólo en el cambio, es decir, en un proceso social. Quién no se acuerda aquí del buen Dogberry enseñando al guardián nocturno Seacoal: «Ser un hombre bien parecido-dice- es un don de las circunstancias; pero leer y escribir viene de naturaleza.» 2 CAPÍTULO {{asc|II}} El proceso del cambio. Las mercancías no pueden por sí solas ir al mercado ni cambiarse entre sí. Tenemos, pues, que mirar á quienes las guardan, á sus poseedores. Las mercancías son cosas y, por lo tanto, no ofrecen resistencia al hombre. Si no son dóciles, él puede hacer uso de la fuerza ó, en otras palabras, apoderarse de ellas 3. Para referir esas cosas unas á otras como mercancías, sus dueños tienen que comportarse entre sí como personas cuya voluntad se aloja en dichas cosas, de manera que el uno no se apropia la mercancía ajena sino con la vo1 «Riches are the attribute of man, value is the attribute of commodities. A man or a community is rich, a pearl or a diamond is valuable..... A pearl or a diamond is valuable as a pearl or diamond.» (S. BAILEY, ob. cit., pág. 165.) 2 El autor de las Observations y S. Bailey acusan á Ricardo de haber hecho del valor de cambio, que es sólo relativo, algo absoluto. Por el contrario, él ha reducido la relatividad aparente que poseen como valores de cambio, por ejemplo, los diamantes y las perlas, á la verdadera relación oculta tras de la apariencia, á su relatividad como simples expresiones de trabajo humano. Si los partidarios de Ricardo han contestado á Bailey de una manera grosera, pero no concluyente, es debido á que no han encontrado en Ricardo explicación alguna sobre la conexión íntima entre el valor y la forma del valor ó valor de cambio. 3 En el siglo {{asc|XII}}, tan famoso por su devoción, aparecen á menudo entre las mercancías cosas muy delicadas. Así, un poeta francés de esa época enumera entre las mercancías que se encontraban en el mercado de Landit, junto con telas, zapatos, cueros, útiles de labranza, pieles, etc., «des femmes folles de leurs corps ».<noinclude></noinclude> 88uobuehcrwriv49iy6wwtjld6jdnvq Página:El Capital (1898).pdf/71 102 417401 1651743 2026-04-24T12:09:06Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651743 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|65}}</noinclude>luntad del otro, es decir, mediante un acto voluntario común á los dos, y enajenando la mercancía propia. Ellos tienen, por lo tanto, que reconocerse como propietarios privados. Esta relación de derecho, cuya forma es el contrato, legalmente desarrollado ó no, es una relación de voluntades en que se refleja la relación económica. Esta misma es la que da el contenido de la relación de derecho y de la relación de voluntades. Las personas sólo existen aquí unas para otras como representantes de mercancías, esto es, como propietarios de mercancías. Encontraremos en el curso de la exposición que las máscaras económicas de las personas no son sino la personificación de las relaciones económicas que esas personas representan las unas para las otras. á Lo que distingue sobre todo al poseedor de mercancías de la mercancía misma es la circunstancia de que para ésta toda otra mercancía sólo es una forma de aparición de su propio valor. Niveladora y cínica de nacimiento, está siempre à punto de cambiar, no sólo el alma, sino el cuerpo, con cualquiera otra mercancía, aunque sea más desagradable que Maritornes. Ese sentido que falta á la mercancía para lo concreto del cuerpo de la mercancía, lo compensa el propietario con sus más de cinco sentidos. Su mercancía no tiene para él valor de uso inmediato alguno. De otra manera, no la llevaría al mercado. Ella tiene valor de uso para otros. Para él no tiene más valor de uso inmediato que el de ser portadora de valor de cambio y, así, medio de cambio. Por eso quiere él enajenarla por mercancías cuyo valor de uso le satisfaga. Todas las mercancías son no-valores de uso para sus poseedores y valores de uso para sus noposeedores. Tienen, pues, que pasar todas de una mano á otra. Pero este traspaso constituye su cambio, y su cambio las relaciona como. valores unas con otras y las realiza como válores. Las mercancías Proudhon saca su ideal de justicia, la justice éternelle, de las relaciones jurídicas que corresponden á la producción mercantil, con lo cual, dicho sea de paso, obtiene también la prueba, tan consoladora para todos los pequeños burgueses, de que la forma de la producción mercantil es tan eterna como la justicia. Y después quiere reformar la producción real de mercancías, y el derecho real que á ella corresponde, según ese ideal. ¿Qué se pensaría de un químico que, en lugar de estudiar las leyes reales de los cambios de la Materia, para resolver determinados problemas, basándose en ellas, quisiera moldear esos cambios por las ideas eternas» de la «naturalidad » y de la «afinidad»? ¿Se sabe más, acaso, sobre la «usura» cuando se dice que está en contradicción con la «justicia eterna», y la «equidad eterna», y la «mutualidad eterna», y otras «verdades eternas», que los Padres de la Iglesia cuando decían que está en contradicción con la «gracia eterna», la «fe eterna», la «voluntad eterna» de Dios? 2 «Pues el uso de toda cosa es doble.—El uno es propio de la cosa misma, el otro no, como en una sandalia el servir de calzado y el ser cambiable. Ambos son valores de uso de, 1 sandalia, pues también quien cambia la sandalia por lo que le falta, por ejemplo, el alimento, utiliza la sandalia como sandalia; pero no en su modo de uso natural, pues ella no está ahí á causa del cambio.» (ARISTÓTELES, De Rep., 1. 1, cap. ix.) TOMO {{asc|I}}<noinclude></noinclude> o28o1rl8q5fzb9rhi023cv42nzhwaux Página:El Capital (1898).pdf/72 102 417402 1651744 2026-04-24T12:09:14Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651744 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|66|CARLOS MARX|}}</noinclude>tienen, pues, que realizarse como valores antes de que puedan realizarse como valores de uso. Por otra parte, su valor de uso tiene que estar probado antes de que puedan realizarse como valores, pues el trabajo humano gastado en ellas sólo se cuenta en tanto qué es gastado en una forma útil para otros. Ahora bien; sólo su cambio puede probar que este trabajo es útil para otros, que su producto llena necesidades extrañas. Todo poseedor de mercancías quiere cambiarlas sólo por otras cuyo valor de uso llene sus necesidades. En ese sentido, el cambio sólo es para él un asunto individual. Por otra parte, él quiere realizar su mercancía, como valor, en cualquiera otra mercancía que le plazca, del mismo valor que su propia mercancía, tenga ó no valor de uso para el poseedor de la otra. Con este carácter, el cambio es para él un proceso social general. Pero el mismo proceso no puede ser al mismo tiempo para todos los poseedores de mercancías simplemente individual, y á la vez simplemente social y general. Miremos más de cerca, y veremos que para todo poseedor de mercancías toda mercancía ajena es un equivalente especial de la suya y ésta, por lo tanto, el equivalente general de todas las otras. Pero como todos los poseedores de mercancías hacen lo mismo, ninguna mercancía es equivalente general, ni tienen tampoco las mercancías una forma general del valor relativo, en la cual se igualen como valores y se comparen como magnitudes de valor. Por eso, en general, ellas no se presentan las unas á las otras como mercancías, sino como simples productos ó valores de uso. En la dificultad, nuestros poseedores de mercancías piensan como Fausto. Al principio fué la acción. Por eso ellos han obrado ya, antes de haber pensado. Las leyes de la naturaleza de la mercancía se manifiestan en el instinto natural de los poseedores de mercancías. Ellos no pueden relacionar sus mercancías entre sí como valores y, así, como mercancías, sino refiriéndolas á otra mercancía cualquiera como equivalente general. Es lo que ha resultado del análisis de la mercancía. Pero solamente la acción social puede hacer de una mercancía determinada el equivalente general. La acción social de todas las otras mercancías excluye por eso á una mercancía determinada, en la cual ellas expresan todos sus valores. Y así la forma natural de esa mercancía pasa á ser la forma de equivalente socialmente válida. Ser el equivalente general es la función social específica de la mercancía excluída en virtud del proceso social. Así pasa ella á ser moneda. «Illi unum consilium habent et virtutem et potestatem suam bestie tradunt. Et ne quis possit emere aut vendere, nisi qui habet characterem aut nomen bestie, aut numerum nominis ejus.» (Apocalipsis.)<noinclude></noinclude> ojgd6z0wpn3003lcx6gd1rao7xwhz6j Página:El Capital (1898).pdf/73 102 417403 1651745 2026-04-24T12:09:31Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651745 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|67}}</noinclude>La cristalización monetaria es consecuencia necesaria del proceso del cambio, en el cual productos diversos del trabajo son igualados de hecho entre sí, y por eso mismo transformados de hecho en mercancías. El desarrollo histórico del cambio despierta el contraste entre valor de uso y valor, que dormita en la naturaleza de la mercancía. La necesidad, para el comercio, de expresar exteriormente ese contraste, tiende á crear una forma autónoma del valor-mercancía, y no descansa hasta conseguirla por el desdoblamiento de la mercancía en mercancía y moneda. Á medida, pues, que se hace la transformación de los productos del trabajo en mercancías se realiza la transformación de una mercancía en moneda 1. El trueque inmediato de productos tiene, por una parte, la forma de la expresión simple del valor y, por la otra, no la tiene todavía. Esa forma era: x mercancía A y mercancía B. La forma del trueque inmediato es: a objeto de uso A = y objeto de uso B 2. Las cosas A y B no son aquí mercancías antes del cambio, sino que pasan á serlo en virtud del mismo. La primera manera como un objeto de uso puede ser valor de cambio es su existencia como no-valor de uso, como quantum de valor de uso que excede à las necesidades inmediatas de su poseedor. Las cosas son por sí mismas exteriores al hombre y, por lo tanto, enajenables. Para que la enajenación sea recíproca, los hombres no necesitan sino ponerse, silenciosos, unos frente á otros como propietarios privados de esas cosas enajenables y, por eso precisamente, como personas independientes entre sí. Semejante relación de independencia recíproca no existe, sin embargo, para los miembros de una comunidad primitiva, cualquiera que sea su forma: familia patriarcal, comunidad inda antigua, estado inca, etcétera. El cambio de mercancías principia donde las comunidades terminan, en sus puntos de contacto con comunidades extrañas ó con miembros de comunidades extrañas. Pero una vez que para la vida exterior de la comunidad las cosas se transforman en mercancías, por contragolpe se transforman también en ellas para la vida comunal interna. La proporción cuantitativa en que se cambian es al principio completamente accidental. Son cambiables por el acto voluntario de sus poseedores de enajenarlas recíprocamente. Entre tanto, la necesidad de objetos de uso extranjeros va poco a poco 1 Júzguese, según eso, de la perspicacia del socialismo de la pequeña burguesía, que quiere eternizar la producción mercantil y suprimir al mismo tiempo el «contraste de mercancía y moneda», es decir, la moneda misma, pues ésta sólo existe en ese contraste. Eso es tan posible como suprimir el Papa y dejar subsistente el Catolicismo. Vea e sobre este asunto mi obra Zur Kritik... etc., pág. 61 y sig. 2 Mientras no se cambian dos distintos objetos de uso, sino que, como lo vemos á menudo entre los salvajes, se ofrece una masa caótica de cosas como equivalentes de otra, el mismo cambio inmediato de productos está todavía en su nacimiento.<noinclude></noinclude> d6gqjb6w1563pw04emcsn30lxzj31n4 Página:El Capital (1898).pdf/74 102 417404 1651746 2026-04-24T12:09:39Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651746 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|68|CARLOS MARX|}}</noinclude>arraigándose. La continua repetición del cambio hace de él un proceso social regular. Con el transcurso del tiempo, á lo menos una parte de los productos es producida intencionadamente á los fines del cambio. Desde ese momento, por una parte, se consolida la separación entre la utilidad de las cosas para la necesidad inmediata y su utilidad para el cambio: su valor de uso se separa de su valor de cambio. Por otra parte, la proporción cuantitativa en que ellas se cambian pasa á depender de su misma producción. La costumbre las fija como cantidades de valor. En el trueque inmediato de productos, toda mercancía es inmediatamente medio de cambio para quien la posee y equivalente para quien no la posee, aunque sólo en tanto que tiene valor de uso para éste. El artículo de cambio no adquiere, pues, todavía forma alguna de valor independiente de su propio valor de uso ó de la necesidad individual de los cambistas. La necesidad de esta forma se desarrolla con el número y la diversidad crecientes de las mercancías que entran en el proceso del cambio. El problema nace al mismo tiempo que los medios para resolverlo. No puede suceder que poseedores de mercancías cambien y comparen sus propios artículos con otros diversos, sin que diversas mercancías sean cambiadas y comparadas como valores con una tercera y misma mercancía por poseedores diversos. Esta tercera mercancía, al pasar á ser equivalente de diversas otras, adquiere inmediatamente, aunque en límites estrechos, la forma de equivalente general ó social. Esta forma de equivalente general nace y desaparece con el instantáneo contacto social que le dió vida. Cambiante y fugitiva, toca á esta ó á aquella mercancía; pero con el desarrollo del cambio se fija exclusivamente en ciertas mercancías especiales ó se cristaliza en forma de moneda. Al principio es accidental en qué mercancía se fija, aunque, en general, deciden dos circunstancias. La forma moneda se fija, ya en los más importantes artículos importados del Extranjero, que en realidad son formas naturales de manifestación del valor de cambio de los productos indígenas, ya en el objeto de uso que constituye el elemento capital de la riqueza indígena enajenable, por ejemplo, en el ganado. La forma moneda se desarrolla primero en los pueblos nómadas, porque todos sus bienes y haber son movibles y, por consiguiente, inmediatamente enajenables, y porque su modo de vivir los pone en continuo contacto con comunidades extranjeras y los incita al cambio de productos. Los hombres han hecho muchas veces material monetario primitivo del hombre mismo, en la forma de esclavo, pero nunca del suelo. Semejante idea sólo ha podido aparecer en la sociedad burguesa ya desarrollada. Data del último tercio del siglo {{asc|XVII}}, y su realización<noinclude></noinclude> dg8w57nmap8d84cd8sdmgcn8v5e91zc Página:El Capital (1898).pdf/75 102 417405 1651747 2026-04-24T12:09:48Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651747 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|69}}</noinclude>en escala nacional no fué ensayada sino un siglo después, en la revolución burguesa de Francia. Á medida que el cambio de mercancías rompe sus ligaduras locales y el valor de las mercancías se eleva por eso á materialización de trabajo humano en general, la forma moneda pasa á mercancías apropiadas por su naturaleza para la función social de equivalente general, á los metales preciosos. Que ahora, aunque el oro y la plata no son naturalmente moneda, la moneda sea naturalmente oro y plata » 1, lo muestra la congruencia de sus propiedades naturales con sus funciones 2. Pero hasta ahora no conocemos más que una función del dinero, la de servir como forma de manifestación del valor de las mercancías ó como la materia en que se expresan socialmente las magnitudes de valor de las mercancías. Sólo una materia cuyos ejemplares todos son de la misma calidad uniforme puede ser una forma adecuada de manifestación de valor ó de materialización de trabajo humano abstracto y, por eso, igual. Por otra parte, como la diferencia de las cantidades de valor es puramente cuantitativa, la mercancía-moneda tiene que ser susceptible de diferencias puramente cuantitativas y divisible á voluntad en partes capaces de volver á unirse. El oro y la plata poseen naturalmente esas propiedades. El valor de uso de la mercancía-moneda se duplica. Además de su valor de uso especial como mercancía, del oro, por ejemplo, para rellenar dientes huecos, como materia prima para artículos de lujo, etcétera, ella adquiere un valor de uso formal que proviene de sus funciones sociales específicas. Como todas las otras mercancías no son más que equivalentes particulares de la moneda, y la moneda es su equivalente general, ellas se comportan para con la moneda como mercancías particulares respecto de la mercancía general ³. Hemos visto que la forma moneda no es más que el reflejo fijado en una mercancía de las relaciones de todas las otras. Que la moneda es una mercancía 4, sólo es un descubrimiento para quien, al anal¡KARL MARX, ob. cit., pág. 135. «Los metales..... naturalmente moneda.» (GALIANI, Della Moneta, en la colección de Custodi, parte moderna, t. 111, pág. 72.) 2 Para más detalles sobre este punto, véase en mi obra ya citada la sección Los metales preciosos... 3 «El dinero es la mercancía universal.» (VERRI, ob. cit., pág. 16.) También el oro y la plata, que en general podemos denominar bullion, son..... mercancías..... que suben y bajan de..... valor..... El bullion puede, pues, ser considerado de mayor valor donde con un peso menor pueda comprarse una cantidad mayor del producto ó manufactura del país, etc.» (A Disconrse of the General Notions of Money, Trade, and Exchange, as they stand in relations to each other. By a Merchant. Londres, 1695, pág. 7.) «La plata y el oro, acuñados ó no, aunque son usados como medida de todas las otras cosas, son tan mercancías como el vino, el aceite, el tabaco, el paño ó las telas.» (A Disconrse concerning Trade, and that in particular of the<noinclude></noinclude> g189yofr1jouq9xu9io8aiupgi0astg Página:El Capital (1898).pdf/76 102 417406 1651748 2026-04-24T12:09:54Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651748 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|70|CARLOS MARX|}}</noinclude>zarla, toma su forma definitiva como punto de partida. El proceso del cambio da á la mercancía que transforma en moneda, no su valor, sino su forma específica de valor. La confusión de ambos carac-1 teres ha conducido al error de considerar imaginario el valor del oro y de la plata. Porque, en ciertas funciones, la moneda puede ser reemplazada por simples signos que la representan, ha nacido el otro error de que ella es un simple signo. Esto encierra, por otra parte, la sospecha de que la forma moneda es extraña á la cosa misma y la simple forma de manifestación de relaciones humanas ocultas detrás de ella. En este sentido, toda mercancía sería un signo, pues como valor no es más que la envoltura material del trabajo humano gastado en ella. Pero al considerar como simples signos los caracteres sociales que adquieren las cosas ó los caracteres materiales que adquieren las determinaciones sociales del trabajo, sobre la base de un modo determinado de producción, se les declara productos arbitrarios de la reflexión humana. Este era el modo favorito de explicar del siglo {{asc|XVIII}}, para quitar á lo menos la apariencia de extrañeza á las East-Indies, etc., Londres, 1689, pág. 2.) «El capital y la riqueza del reino no pueden propiamente limitarse á la moneda, ni el oro y la plata deben ser excluidos de las mercancías.» (The East India Trade a most Profitable Trade, Londres, 1677, pág. 4.) El oro y la plata tienen valor como metales antes de ser moneda.» (GALIANI, ob. cit.) Locke dice: «El acuerdo general de los hombres ha dado á la plata, á causa de sus cualidades, que la han hecho apropiada para moneda, un valor imaginario.» Law, por el contrario: «¿Cómo podrían diversas naciones dar un valor imaginario à una cosa cualquiera..... ó cómo podría haberse sostenido ese valor imaginario?» Pero cuán poco entendía él mismo de la cosa. « La plata se cambiaba según el valor de uso que tenía, es decir, según su valor real. Por su adopción como moneda, adquirió un valor adicional.» (JEAN LAW, Considérations sur le numéraire et le commerce, en la edición de los Economistes financiers du {{asc|XVIII}} siècle, de E. Daire, pág. 470.) La moneda es su signo (de las mercancías).» (V. DE FORBONNAIS, Eléments du Commerce, nour, édit., Leyde, 1766, t. 11, pág. 143.) a Como signo, es atraido por las mercancías.» (Ob. cit., pàg. 155.) «El dinero es un signo de una cosa, y la representa.» (MONTESQUIEU, Esprit des Lois, OEuvres, Londres, 1767, t. 11, pág. 2.) «El dinero no es un simple signo, porque es riqueza por sí mismo; él no representa los valores, equivale à ellos.» (LE TROSNE, ob. cit., pág. 910.) «Al considerar el concepto del valor, la cosa misma no es mirada sino como un signo, y ella no figura ya por sí misma, sino por lo que vale.» (HEGEL, ob. cit., pág. 100.) Mucho antes que los economistas, lanzaron los juristas la idea de que el oro es un simple signo, y también la del valor puramente imaginario de los metales preciosos, sirviendo de sicofantes del poder Real, cuyo derecho de falsificar la moneda apoyaron durante toda la Edad Media, siguiendo las tradiciones del Imperio romano y el concepto del dinero que se encuentra en las Pandectas. « Qu'aucun puisse ni doive faire doute», dice su aprovechado discípulo Felipe de Valois, en un decreto de 1346, que à nous et à notre majesté royale n'appartienne seulement..... le mestier, le fait, l'état, la provision et toute l'ordonnance des monnaies, de donner tel conrs, et pour tel prix comme il nous plait et bon nous semble.» Era un dogma del derecho romano que el emperador decretaba el valor de la moneda. También estaba expresamente prohibido tratar la moneda como mercancía. «Pecunias vero nulli emere fas erit, nam in usu publico constitulas oportet non esse mercem,» Buenos comentarios sobre este punto, por G. F. PAGNINI, Saggio sopra il gusto pregio delle cose, 1751, en Custodi, parte moderna, t. 11. Sobre todo en la segunda parte de la obra, Pagnini refuta á los señores juristas.<noinclude></noinclude> 47ywnllbf1okwe0byr8bg18oqyzyg68 Página:El Capital (1898).pdf/77 102 417407 1651749 2026-04-24T12:10:04Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651749 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|71}}</noinclude>enigmáticas formas de relaciones humanas cuyo origen no se sabía aún descifrar. Ya hemos visto que la forma de equivalente de una mercancía no comprende la determinación cuantitativa de la magnitud de su valor. Cuando se sabe que el oro es moneda, y por eso inmediatamente cambiable con todas las otras mercancías, no se sabe, sin embargo, cuánto valen, por ejemplo, 10 libras de oro. Como toda mercancía, la moneda sólo puede expresar su propia magnitud de valor relativamente, en otras mercancías. Su propio valor está determinado por el tiempo de trabajo exigido para su producción, y se expresa en la cantidad de toda otra mercancía que contenga igual tiempo de trabajo. Esta fijación de la magnitud de su valor relativo se verifica en el trueque inmediato en sus puntos de producción. Desde el momento en que entra en circulación como moneda, su valor ya fijado. Ya en las últimas décadas del siglo {{asc|XVII}}, el análisis de la moneda hizo ver que ésta es mercancía; pero eso no fué más que principio del análisis. La dificultad no está en comprender que la moneda es mercancía, sino cómo, por qué, en virtud de qué una mercancía es moneda 2. está el Hemos visto que ya en la más simple expresión de valor, a mercancía A = y mercancía B, la cosa en que se manifiesta la magnitud del valor de otra cosa parece poseer su forma de equivalente independientemente de esa relación, como propiedad social natural. Hemos seguido la consolidación de esa falsa apariencia. Ella es completa desde el momento en que la forma de equivalente general se confunde con la forma natural de una mercancía particular ó se cristaliza en forma de moneda. Una mercancía no parece hacerse moneda Si un hombre puede traer à Londres una onza de plata extraída del suelo del Perú en el mismo tiempo en que puede producir una cuartilla de grano, la una es el precio natural de la otra. Ahora, si por causa de hallar nuevas minas y más fáciles, un hombre puede procurarse dos onzas de plata tan fácilmente como antes una, el grano estará tan barato á 10 chelines la cuartilla como lo estaba antes á 5 chelines, cæteris paribus.» (WILLIAM PETTY, A Treatise on Taxes and Contributions, Londres, 1667, pág. 31.) El señor profesor Roscher, después de enseñarnos que «las definiciones falsas de la moneda pueden dividirse en dos grupos principales, las que la tienen por más y las que la tienen por menos que una mercancía », nos da un abigarrado catálogo de escritos sobre la naturaleza de la moneda, que no revelan ni la más remota comprensión de la historia real de la teoría, y en seguida la moral: «No se puede negar, por lo demás, que la mayor parte de los nuevos economistas no tienen bastante en cuenta las particularidades que distinguen á la moneda de las otras mercancías (es, pues, más ó menos que mercancía?)..... En ese sentido, no carece completamente de fundamento la reacción semimercantilista de Ganilh, etc. » (WILHELM ROSCHER, Die Grundlagen der Nationalœconomie, tercera edición, 1858, páginas 207-210.) ¡Más-menos-no bastante-en ese sentido-no completamente! Qué precisión de conceptos!; Y á semejante jerigonza de profesor ecléctico bautiza modestamente el Sr. Roscher de « método anátomofisiológico» de la Economía política! Se le debe, sin embargo, un descubrimiento, á saber: que el dinero es una mercancía agradable».<noinclude></noinclude> jvu23pib3uuqkjrnhr60p94efrscgpp Página:El Capital (1898).pdf/78 102 417408 1651750 2026-04-24T12:10:11Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651750 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|72|CARLOS MARX|}}</noinclude>porque todas las otras mercancías expresan su valor en ella, sino, al contrario, éstas parecen expresar en general su valor en ella porque es moneda. El movimiento intermedio desaparece, en su propio resultado, sin dejar huella. Las mercancías encuentran su propia forma de valor, ya lista, en un cuerpo-mercancía que existe fuera de ellas y junto á ellas, sin participación de ellas mismas. El oro y la plata, como salen de las entrañas de la tierra, son al punto la encarnación inmediata de todo trabajo humano. De ahí la magia de la moneda. La conducta simplemente atomística de los hombres en el proceso social de la producción, y, así, el aspecto material de sus propias relaciones de producción, que son independientes de su crítica y de su acción individual consciente, se manifiesta desde luego en la forma de mercancía que toman los productos del trabajo en general. El enigma del fetiche-moneda no es, pues, más que el enigma del fetiche-mercancía, visible y deslumbrador. CAPÍTULO {{asc|III}} La moneda ó la circulación de las mercancías. I. MEDIDA DE LOS VALORES. En toda esta obra, para simplificar, supongo que el oro es la mercancía-moneda. La primera función del oro consiste en dar al conjunto de las mercancías la materia de expresión de su valor ó en representar los valores como cantidades del mismo nombre, cualitativamente iguales y cuantitativamente comparables. Así funciona como medida general de los valores, y sólo en virtud de esta función el oro, mercancía equivalente específica, pasa á ser moneda. No es la moneda lo que hace comensurables á las mercancías. Al contrario. Las mercancías pueden medir en común sus valores en la misma mercancía específica y transformar á ésta en la medida común de valor ó moneda, porque todas, como valores, son trabajo materializado y, por eso, comensurables por sí mismas. La moneda, como medida del valor, es la forma que necesariamente reviste la medida inmanente del valor de las mercancías, el tiempo de trabajo 1. La cuestión de por qué la moneda no representa inmediatamente el tiempo de trabajo, de modo que, por ejemplo, un billete represente x horas de trabajo, se reduce simplemente á la cuestión de por qué, sobre la base de la producción mer<noinclude></noinclude> 0i3q9kx7l7pk5chwp9ii6smza2afmoj Página:El Capital (1898).pdf/79 102 417409 1651752 2026-04-24T12:10:21Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651752 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|73}}</noinclude>== Y = La expresión en oro del valor de una mercancía-x mercancía A mercancía-moneda - -es su forma moneda ó su precio. Una ecuación aislada, como 1 tonelada de hierro 2 onzas de oro, basta ahora para expresar el valor del hierro de una manera socialmente válida. La ecuación no necesita ya presentarse en línea con las ecuaciones de valor de las otras mercancías, porque la mercancía equivalente, el oro, tiene ya el carácter de moneda. La forma general del valor relativo de las mercancías vuelve á tomar ahora, por lo tanto, el aspecto de su primitiva forma simple. La expresión desarrollada del valor relativo, ó la serie interminable de expresiones del valor relativo, pasa á ser, por otra parte, la forma específica del valor relativo de la mercancía-moneda. Pero esta serie ya está socialmente constituída en los precios de las mercancías. Léanse en sentido inverso las cotizaciones de una nota de precios corrientes, y se tiene expresada en todas las mercancías posibles la magnitud del valor de la moneda. La moneda, pues, no tiene precio. Para participar de esta forma unitaria del valor relativo de las otras mercancías, tendría que referirse á sí misma como su propio equivalente. Como la forma del valor en general, el precio ó la forma moneda de la mercancía es sólo una forma ideal ó representada, distinta de su forma corporal tangible y real. El valor del hierro, de la tela, del trigo, etc., aunque invisible, existe en esas cosas mismas; él es representado por su igualdad con el oro, por una relación con éste que, por decirlo así, no existe sino en la cabeza de las mercancías. El dueño de las mercancías tiene, pues, que prestarles—su propia lengua ó pegarles rótulos que anuncien sus precios al mundo exterior 1. cantil, los productos del trabajo tienen que presentarse como mercancías, pues el carácter de la mercancía implica su desdoblamiento en mercancía y mercancía-moneda. O por qué el trabajo privado no puede ser tratado como trabajo inmediatamente social, es decir, como su contrario. En otra parte he discutido extensamente el trivial utopismo de una «moneda de trabajo» sobre la base de la producción mercantil (ob. cit., pág. 61 y sig.). Notemos aquí que, por ejemplo, el «bono de trabajo» de Owen está tan lejos de ser moneda como una contraseña de teatro. Owen supone trabajo inmediatamente socializado, forma de producción diametralmente opuesta á la producción mercantil. El certificado de trabajo hace constar la parte individual del productor en el trabajo común, y lo que le corresponde de la porción del producto común destinada al consumo; pero no se le ocurre á Owen suponer la producción mercantil y querer, sin embargo, sustraerse á sus condiciones necesarias por medios de chapucería monetaria. El salvaje ó semisalvaje usa la lengua de otro modo. Por ejemplo, el capitán Parry cuenta lo siguiente de los habitantes de la costa occidental de la bahía de Baffin «En este caso (al cambiar productos)..... la lamían (la cosa que recibían) dos veces con la lengua, después de lo cual parecían considerar el trato satisfactoriamente concluido.» Entre los esquimales del Este, el receptor lamía también el artículo en el momento de cambiarlo. Si la lengua figura así en el Norte como órgano de la apropiación, no es asombroso que el abdomen pase en el Sur por el órgano de la propiedad acumulada, y que el cafre aprecie la riqueza de un hombre según la gordura de su panza. Los cafres son gente que lo entiende, pues mientras que el informe oficial de 1864 sobre la salud pública en Inglaterra lamenta que una gran parte de la clase trabajadora carece de substancias formadoras de grasa,<noinclude></noinclude> s0ul90819hm5cgqzbxopakuxqwf0626 Página:El Capital (1898).pdf/80 102 417410 1651753 2026-04-24T12:10:27Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651753 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|74|CARLOS MARX|}}</noinclude>Como la expresión del valor de las mercancías en oro es ideal, para esa operación se puede emplear también oro simplemente ideal ó representado. Todo dueño de mercancías sabe que está lejos de haber transformado sus mercancías en oro cuando da á su valor la forma de precio ó la forma oro imaginada, y que no necesita ni un grano de oro real para apreciar en oro un valor de millones en mercancías. En su función de medida del valor, la moneda sirve, pues, sólo como moneda ideal ó representada. Esta circunstancia ha motivado last más locas teorías '. Aunque para la función de medir el valor la moneda sólo sirve idealmente, el precio depende por completo de la materia moneda real. El valor, es decir, la cantidad de trabajo humano contenida, por ejemplo, en una tonelada de hierro, se expresa en una cantidad ideal de la mercancía-moneda, que contiene otro tanto de trabajo. Según, pues, sirvan como medida del valor el oro, la plata ó el cobre, el valor de la tonelada de hierro recibe expresiones de precio completamente distintas ó es representado en cantidades muy distintas de oro, plata ó cobre. y Por lo tanto, cuando dos distintas mercancías, por ejemplo, el oro la plata, sirven al mismo tiempo como medida del valor, todas las mercancías tienen dos expresiones de precio diferentes, precio oro y precio plata, que marchan tranquilamente juntas, en tanto que no varía la proporción del valor del oro y la plata, por ejemplo, 1: 15. Pero toda variación de esta relación de valor altera la relación entre los precios oro y los precios plata de las mercancías, y demuestra así de hecho que la duplicidad de la medida del valor contradice su función 2. un Dr. Harvey, que no ha descubierto la circulación de la sangre, labró su fortuna ese mismo año con recetas charlatanescas que prometían librar á la Burguesía y á la Aristocracia de su exceso de grasa. neda. Véase KARL MARX, Zur Kritik... etc., Teorias sobre la unidad de medida de la moDonde el oro y la plata son legalmente moneda, es decir, medida del valor, siempre se ha intentado en vano de tratarlos como una sola y misma materia. Suponer que el mismo tiempo de trabajo tiene que materializarse invariablemente en la misma proporción de plata y oro, es supoñer en realidad que la plata y el oro son una misma materia, y que una masa determinada del metal menos valioso constituye una fracción invariable de una masa determinada de oro. Desde el gobierno de Eduardo {{asc|III}}, hasta el tiempo de Jorge {{asc|II}}, la historia de la moneda inglesa presenta una serie continua de perturbaciones resultantes del conflicto entre la fijación legal de la relación de valor del oro y la plata y las oscilaciones de su valor real. Unas veces el oro era apreciado demasiado alto; otras, la plata. El metal menospreciado era sustraído à la circulación, fundido y exportado. La ley modificaba después la proporción de valor entre los dos metales; pero su nuevo valor nominal pronto entraba en el mismo conflicto que el antiguo con la proporción de valor real. La muy débil y transitoria baja del valor del oro respecto de la plata, á consecuencia de la demanda de plata en la India y la China, ha originado en nuestros propios tiempos el mismo fenómeno en la más grande escala, determinando en Francia la exportación de la plata y su desalojo de la circulación por el oro. Durante los años 1855, 1856 y 1857, el exceso del oro importado sobre el oro exportado fué en Francia de 41.580.000 libras esterlinas, mientras que la exportación de<noinclude></noinclude> 3haxuhu8bsz62dnzwhxco1o1uj9va95 Página:El Capital (1898).pdf/81 102 417411 1651754 2026-04-24T12:10:36Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651754 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|75}}</noinclude>= EL CAPITAL 75 Las mercancías cuyo precio está determinado se presentan todas en esta forma: a mercancía A = oro, b mercancía B = z oro, c mercancía C y oro, etc., forma en que a, b, c representan masas determinadas de las mercancías A, B, C, y x, z, y masas determinadas de oro. Los valores de las mercancías se transforman así en quanta ideales de oro, de diferente magnitud, y, por lo tanto, á pesar de la abigarrada variedad de los cuerpos-mercancías, en magnitudes del mismo nombre, en cantidades de oro. Como tales cantidades distintas de oro, ellas se comparan y se miden entre sí, y así se desarrolla la necesidad técnica de referirlas á una cantidad fija de oro como á su unidad de medida, y esta misma unidad de medida se transforma en escala de medida, dividiéndose en partes alícuotas. Antes de pasar á ser moneda, el oro, la plata y el cobre poseen ya esa escala en sus medidas de peso; de manera que, por ejemplo, una libra sirve de unidad de medida, que por un lado se subdivide en onzas, etc., y por el otro se adiciona en quintales, etc. 1 En toda circulación metálica, los nombres preexistentes de la escala de pesas son por eso también los nombres originarios de la escala monetaria ó escala de los precios. Como medida de los valores y como escala de los precios, la moneda llena dos funciones completamente diversas. Es medida de los valores, como encarnación social del trabajo humano; medida de los precios, como un peso fijo de metal. Como medida de los valores, sirve para transformar los valores de las diversas mercancías en precios, en cantidades ideales de oro; como medida de los precios, mide estas cantidades. En la medida de los valores, las mercancías se miden como valores; la escala de los precios mide, al contrario, cantidades de oro según un quantum de oro, y no el valor de un quantum de oro en el peso de otro. Para la escala de los precios hay que fijar un peso determinado de oro como unidad de medida. Aquí, como en todas las otras determinaciones de medida de magnitudes del mismo plata excedió en 14.704.000 libras esterlinas á la importación del mismo metal. En los países donde ambos metales son medidas legales del valor, y deben por eso ser aceptados ambos en pago, mientras que se puede pagar á voluntad en plata ó en oro, el metal en alza tiene en realidad un premio y, como toda otra mercancía, mide su precio en el metal apreciado con exceso, que es el único que sirve como medida del valor. Toda la experiencia histórica sobre este punto se reduce simplemente á que donde la ley atribuye á dos mercancías la función de medida del valor, sólo una de ellas se mantiene de hecho como tal.» (KARL MARX, ob. cit., páginas 52-53.) La particularidad de que en Inglaterra la onza de oro, unidad de la escala monetaria, no se divide en partes alícuotas, se explica como sigue: «Originariamente, nuestra acuñación se adaptaba sólo al empleo de la plata.—De ahí que una onza de plata puede siempre ser dividida en cierto número adecuado de piezas de moneda; pero como el oro se introdujo más tarde, en una acuñación apropiada sólo para plata, una onza de oro no puede ser acuñada en un número adecuado de piezas.» (MACLAREN, History of the Currency, Londres, 1858, pág. 16.)<noinclude></noinclude> h07ss8xbdjwgl2yu1hk75xjeu3l20cq Página:El Capital (1898).pdf/82 102 417412 1651755 2026-04-24T12:10:44Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651755 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|76|CARLOS MARX|}}</noinclude>nombre, es decisiva la fijeza de las relaciones de medida. La escala de los precios llena, pues, sus funciones tanto mejor, cuanto más invariable es la cantidad de oro que sirve de medida. Como medida de los valores, el oro no sirve sino porque él mismo es producto del trabajo, es decir, un valor que puede variar ¹. Desde luego es claro que un cambio en el valor del oro no dificulta en lo más mínimo su función como escala de los precios. Aun cuando varíe el valor del oro, cantidades distintas de oro conservarán siempre entre sí la misma relación de valor. Si el valor del oro bajara 1.000 por 100, 12 onzas de oro tendrían siempre 12 veces más valor que una onza, y en los precios sólo se trata de la relación de distintas cantidades de oro entre sí. Como, por otra parte, una onza de oro no varía absolutamente en peso con la baja ó con el alza de su valor, no varía tampoco el de sus partes alícuotas; de modo que el oro, como escala fija de los precios, presta siempre el mismo servicio, aun cuando varíe su valor. La variación del valor del oro no impide tampoco su función como medida del valor. Esa variación toca á todas las mercancías al mismo tiempo; deja, pues, cæteris paribus, sin modificar sus valores relativos recíprocos, aunque todos ellos se expresen ahora en precios oro más altos ó más bajos que antes. Lo mismo que al representar el valor de una mercancía en el valor de uso de cualquiera otra, al apreciar las mercancías en oro se supone también que en el momento dado la producción de una cantidad determinada de oro cuesta una cantidad determinada de trabajo. Respecto del movimiento de los precios de las mercancías en general, es regulado por las leyes de la expresión simple relativa del valor, que ya hemos desarrollado. Un alza general de los precios de las mercancías implica un alza de los valores de las mercancías, si el valor de la moneda no varía, y la inmovilidad de los valores de las mercancías, si el valor de la moneda baja. Inversamente, una baja general de los precios, si el valor de la moneda no varía, sólo es posible cuando bajan los valores de las mercancías; si los valores de las mercancías no varían, cuando sube el valor de la moneda. De donde no se deduce absolutamente alza del valor de la moneda traiga una baja 'proporcional de los precios de las mercancías, ni una baja del valor de la moneda una elevación proporcional de los precios de las mercancías. Esto sólo es cierto para las mercancías cuyo valor no varía. Las mercancías, por ejemplo, cuyo valor sube uniforme y simultáneamente con el valor que el Es indecible la confusión que hay en las obras inglesas respecto de la medida de los valores (measure of value) y la escala de los precios (standard of value). Las funciones son constantemente confundidas, así como sus nombres.<noinclude></noinclude> qpq1gdu662velclgaqgpr3rwtk0krx2 Página:El Capital (1898).pdf/83 102 417413 1651756 2026-04-24T12:10:53Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651756 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|77}}</noinclude>de la moneda, conservan los mismos precios. Si su valor sube más despacio ó más de prisa que el valor de la moneda, la baja ó el alza de sus precios será determinada por la diferencia entre su movimiento de valor y el de la moneda, etc. Volvamos ahora al examen de la forma precio. de Los nombres de las piezas de moneda se separan poco á poco sus primitivos nombres de pesos, por diferentes causas, entre las cuales son históricamente decisivas: 1. La introducción de moneda extranjera en los pueblos menos desarrollados, como circularon, por ejemplo, al principio, en la Roma antigua, las monedas de plata y oro como mercancías extranjeras. Los nombres de ese dinero extranjero difieren de los nombres de las pesas indígenas.—2. Con el desarrollo de la riqueza, el metal menos precioso es desalojado por el más precioso de la función de medida de los valores, el cobre por la plata, la plata por el oro, por más que este orden contradiga á toda cronología poética 1. El nombre de libra, por ejemplo, se debe á una pieza de moneda que pesaba realmente una libra de plata. Desde que el oro desaloja á la plata como medida del valor, el mismo nombre se adhiere quizá á 13 de libra de oro ú otra fracción de ésta, según la proporción de valor del oro y la plata. Libra como nombre de moneda, y libra como peso ordinario de oro, son ahora diferentes 2-Y 3. La falsificación de moneda por los príncipes durante siglos, que del peso primitivo de las piezas de moneda no dejó, en realidad, más que el nombre 3. rio Esos procesos históricos dan á la separación del nombre monetay del nombre ordinario de los pesos de metal el carácter de una costumbre. Como la escala monetaria es, por una parte, puramente convencional y necesita, por la otra, tener validez general, es finalmente regulada por la ley. Un peso determinado de metal precioso, por ejemplo, una onza de oro, es dividido oficialmente en partes alícuotas, que reciben nombres de bautismo legales, como libra, escudo, etc. Una de estas partes alícuotas, que figura como unidad propiamente dicha de la moneda, es subdividida en otras partes alícuotas que la ley bautiza de chelín, penique, etc. Siempre pesos Tampoco este orden se realiza siempre en la Historia. 4 2 Así, la libra inglesa designa menos de un tercio de su peso primitivo; la libra escocesa, antes de la unión, sólo '/as; la livre francesa,; el maravedí español, menos de 1000 y el rei portugués una proporción todavía mucho menor. 3 Las monedas que hoy son ideales son las más antiguas de todas las naciones, y todas fueron reales en un tiempo, y porque eran reales, con ellas se contaba.» (GALIANI, Della Moneta, ob. cit., pág. 153.) El Sr. David Urquhart observa en sus Familiar Words que una libra (libra esterlina), la unidad de la escala monetaria inglesa, es hoy en día, poco más ó menos, igual á de onza de oro. «Esto es falsificar una medida, no establecer una escala.» Como en todo lo demás, él ve en esta «falsa denominación» del peso del oro la mano falsificadora de la civilización.<noinclude></noinclude> a1aej5c9y30k4f7w4m9mha0tbp24cs2 Página:El Capital (1898).pdf/84 102 417414 1651757 2026-04-24T12:11:02Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651757 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|78|CARLOS MARX|}}</noinclude>determinados de metal forman la escala de la moneda metálica. Lo que ha variado es la división y la nomenclatura. Los precios ó las cantidades de oro en que los valores de las mercancías se transforman idealmente, son expresados, pues, ahora en los nombres legalmente válidos de la escala monetaria. En lugar, pues, de decir que la cuartera de trigo es igual á una onza de oro, en Inglaterra se diría que es igual à 3 libras esterlinas 17 chelines. 10 peniques. Las mercancías dicen, pues, lo que valen por medio de sus nombres en dinero, y éste sirve para contar siempre que se trata de fijar una cosa como valor, es decir, en forma moneda '. El nombre de una cosa es completamente ajeno á su naturaleza. Yo no sé nada de un hombre sabiendo solamente que se llama Jacobo. De la misma manera, en los nombres monetarios de libra, escudo, franco, ducado, etc., desaparece todo vestigio de la relación de valor. La confusión sobre el sentido oculto de estos signos cabalísticos es tanto más grande, cuanto que los nombres monetarios expresan al mismo tiempo el valor de las mercancías y las partes alícuotas de un peso de metal de la escala monetaria 2. Es necesario, por otra parte, que el valor, distinguiéndose de los variados cuerpos de las mercancías, se desarrolle hasta revestir esa forma material y sin significado, pero también simple y social ". El precio es el nombre monetario del trabajo materializado en la mercancía. La equivalencia de la mercancía y de la cantidad de moneda cuyo nombre es su precio, es, pues, una tautología "; como que, 4 Como se preguntara à Anacarsis para qué usaban los helenos de la moneda, respondió: Para contar.» (ATHEN., Deipn., {{asc|I}}. {{asc|IV}}, 49.) Porque la moneda, como escala de los precios, aparece con los mismos nombres que los precios de las mercancías, de modo que, por ejemplo, una onza de oro, lo mismo que el valor de una tonelada de hierro, se expresa en 3 libras esterlinas 17 chelines 10, peniques, se ha dado á estas expresiones el nombre de precio, de moneda. De ahí há nacido la peregrina idea de que el oro (ó la plata) es evaluado en su propia substancia y, á diferencia de todas las mercancías, recibe un precio fijo por vía del Estado. Se ha tomado la fijación de los nombres de pesos de oro determinados por la fijación del valor de esos pesos.» (KARL MARX, ob. cit., página 52.) Compárese Teorias sobre la unidad de medida de la moneda, en Zur Kritik der Politischen OEconomie, etc., pág. 53 y sig. La fantasía sobre elevación ó rebaja del «precio de la moneda», que consiste en que el Estado transporte los nombres monetarios fijados por la ley para cantidades fijas de oro y plata à cantidades mayores ó menores del modo de acuñar, por ejemplo, /, de onza de oro en 40 chelines en vez de 20. Estas fantasias, en tanto que no son inhábiles operaciones financieras contra acreedores del Estado ó privados, sino «curas maravillosas» económicas, las ha tratado Petty en su obra Quantulumcumque concerning money. To the Lor! Marquis of Halifax, 1682, de una manera tan completa, que ya sus inmediatos sucesores, Sir Dudley North y John Locke, para no decir nada de los posteriores, no pudieron sino repetirlo malamente. «Si la riqueza de una nación-dice aquél, por ejemplopudiera ser decuplicada por medio de un edicto, sería extraño que nuestros gobernantes no hayan hecho edictos semejantes hace mucho tiempo.» (Ob. cit., pág. 36.) "O bien hay que consentir en decir que un valor de un millón en plata vale más que un valor igual en mercancías (L TROSNE, ob. cit., pág. 922); por lo tanto, que un valor vale más que un valor igual.<noinclude></noinclude> cvpr7wp9u5utk3tkq5jfqw15h236kfy Página:El Capital (1898).pdf/85 102 417415 1651758 2026-04-24T12:11:10Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651758 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|79}}</noinclude>en general, la expresión del valor relativo de una mercancía es siempre la expresión de la equivalencia de dos mercancías. Pero de que el precio, como exponente de la magnitud del valor de la mercancía, es el exponente de su relación de cambio con la moneda, no se sigue que, inversamente, el exponente de su relación de cambio con la moneda sea necesariamente el exponente de su magnitud de valor. En 1 fanega de trigo y en 2 libras esterlinas (poco más ó menos 1/2 onza de oro) se expone un trabajo socialmente necesario de la misma magnitud. Las dos libras esterlinas son la expresión monetaria de la magnitud del valor de la fanega de trigo, ó su precio. Ahora bien; si las circunstancias permiten estimar la fanega de trigo en 3 libras esterlinas, ú obligan á bajarla á 1 libra, como expresiones de la magnitud del valor del trigo, 1 libra esterlina y 3 libras esterlinas son demasiado poco ó un exceso, pero son, sin embargo, precios del mismo; pues, en primer lugar, ellas son su forma de valor, moneda, y, en segundo lugar, exponentes de su relación de cambio con la moneda. Para reproducir la fanega de trigo, si las condiciones de la producción ó la fuerza productiva del trabajo permanecen las mismas, hay que gastar antes como después la misma cantidad de tiempo social de trabajo. Esta circunstancia no depende de la voluntad del productor del trigo ni de los otros poseedores de mercancías. La magnitud del valor de la mercancía expresa, pues, una relación necesaria é inmanente de su proceso de formación con el tiempo de trabajo social. Con la transformación de la magnitud del valor en precio, esa relación necesaria aparece como relación de cambio de una mercancía con la mercancía-moneda existente fuera de ella. Pero en esta relación puede expresarse tanto la magnitud del valor de la mercancía como el más ó el menos por qué en circunstancias dadas es enajenable. La posibilidad de incongruencia cuantitativa entre el precio y la magnitud del valor, ó la divergencia entre el precio y la magnitud del valor, está, pues, en la misma forma precio. Esto no es un defecto de ella, sino que, al contrario, la hace adecuada á un modo de producción en que la regla no puede cumplirse sino como ciega ley del término medio de la irregularidad. Pero en la forma precio, no sólo puede haber incongruencia cuantitativa entre el precio y la magnitud del valor, es decir, entre la magnitud del valor y su propia expresión monetaria, sino que ella puede encerrar una contradicción cualitativa y el precio no ser absolutamente una expresión de valor, aunque la moneda no es sino la forma del valor de las mercancías. Cosas que por sí mismas no son absolutamente mercancías, por ejemplo, conciencia, honra, etc., pueden ser puestas en venta por sus poseedores y adquirir, por medio de su precio, la forma de mercancía. Una cosa puede, pues, tener<noinclude></noinclude> ax56qbjw16y7gqvqlx625x2npinirb5 Página:El Capital (1898).pdf/86 102 417416 1651760 2026-04-24T12:11:18Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651760 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|80|CARLOS MARX|}}</noinclude>formalmente un precio sin tener un valor. Aquí la expresión de precio es imaginaria, como ciertas magnitudes de las Matemáticas. Por otra parte, la forma imaginaria de precio, por ejemplo, el precio del suelo no cultivado, que no tiene valor alguno porque ningún trabajo humano está incorporado á él, puede también ocultar una relación real de valor ó derivada de ella. Como la forma relativa del valor en general, el precio expresa el valor de una mercancía, por ejemplo, el de una tonelada de hierro, en que una cantidad determinada del equivalente, por ejemplo, una onza de oro, es inmediatamente cambiable con el hierro; pero de ninguna manera en que, inversamente, el hierro sea inmediatamente cambiable con el oro. Para ejercer, pues, prácticamente la acción de un valor de cambio, la mercancía tiene que despojarse de su cuerpo natural, y de oro simplemente ideal transformarse en oro real, aunque esta transubstanciación pueda serle más desagradable que á la « idea» de Hegel el paso de la necesidad á la libertad, ó al cangrejo la ruptura de su cáscara, ó al Padre de la Iglesia Jerónimo desprenderse del viejo Adán 1. La mercancía puede tener en el precio una apariencia ideal de valor ó una forma ideal de oro, junto con su forma natural de hierro, por ejemplo; pero no puede ser al mismo tiempo hierro y oro en realidad. Para darle un precio, basta igualarla á oro representado; pero hay que reemplazarla con oro para que preste á su poseedor el servicio de equivalente general. Si el poseedor del hierro se presentara, por ejemplo, al poseedor de un artículo de consumo vulgar, y le propusiera adquirir su hierro, cuyo precio tiene la forma de oro, recibiría la misma respuesta que en el cielo recibió el Dante de San Pedro, al terminar de recitarle las fórmulas de la fe: Assai bene è trascorsa D'esta moneta già la lega e'l peso, Ma dimmi se tu l'hai nella tua borsa. La forma precio implica la enajenabilidad de las mercancías por moneda, y la necesidad de esta enajenación. Por otra parte, el oro no funciona como medida ideal del valor sino porque ya en el proceso del cambio circula como mercancía-moneda. En la medida ideal de los valores está, pues, en acecho la moneda sonante. Si en su juventud San Jerónimo tuvo que luchar mucho contra la carne material, como lo muestra su combate del desierto con imágenes de mujeres hermosas, en su vejez luchó con la carne espiritual. «Yo me figuraba-dice él, por ejemplo en espíritu ante el Juez universal.— ¿Quién eres tú?-prèguntó una voz. Soy un cristiano.; Mientes! - dijo el Juez universal con voz de trueno-¡no eres más que un ciceroniano!»<noinclude></noinclude> kltqiyw6s1pnzyq47j554kqvzptqq2b Página:El Capital (1898).pdf/87 102 417417 1651761 2026-04-24T12:11:27Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651761 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|81}}</noinclude>II. MEDIO DE CIRCULACIÓN. A. La metamorfosis de las mercancías. Hemos visto que el proceso del cambio de las mercancías comprende relaciones contradictorias que se excluyen recíprocamente. El desarrollo de la mercancía no suprime esas contradicciones, pero crea la forma en que ellas pueden moverse. Este es, en general, el método por el cual se solucionan las contradicciones reales. Es, por ejemplo, una contradicción que un cuerpo caiga constantemente sobre otro y con la misma constancia se aleje de él. La elipse es una de las formas de movimiento en que esa contradicción se realiza y se resuelve á la vez. En tanto que el proceso del cambio pasa las mercancías de la mano en que no son valores de uso á la mano en que lo son, es él la circulación social de la materia. El producto de un trabajo útil reemplaza al de otro. Una vez llegada al punto en que sirve de valor de uso, la mercancía cae de la esfera del cambio á la esfera del consumo. Sólo la esfera del cambio nos interesa aquí. Tenemos, pues, que examinar el conjunto del proceso desde el punto de vista de la forma, es decir, sólo el cambio de forma ó la metamorfosis de la mercancía por cuyo medio se verifica la circulación social de las materias. Que este cambio de forma sea muy imperfectamente comprendido, se debe, prescindiendo de la falta de claridad sobre el concepto mismo del valor, á la circunstancia de que todo cambio de forma de una mercancía se pasa en el cambio de dos mercancías, una mercancía común y la mercancía-moneda. Si uno se atiene sólo al elemento material, el cambio de mercancía por oro, no se entera precisamente de lo que debe ver, á saber: lo que se pasa con la forma. No advierte que el oro como simple mercancía no es moneda, y que las otras mercancías se refieren ellas mismas en sus precios al oro como á su propia figura de moneda. Sin dorarlas ni azucararlas, las mercancías entran en el proceso del cambio. Éste produce el desdoblamiento de la mercancía en mercancía y moneda, contraste externo en que ellas exponen su contraste inmanente de valor de uso y valor. En ese contraste, las mercancías se presentan ante la moneda como valores de uso ante el valor de cambio. Ambos lados del contraste son, por otra parte, mercancías y, por lo tanto, combinaciones de valor de uso y valor. Pero esta combinación se manifiesta en ambos polos en sentido contrario, y manifiesta al propio tiempo así la relación recíproca de éstos. La mercancía es valor de uso real, mientras que su valor de cambio sólo TOMO {{asc|I}} 6<noinclude></noinclude> im75o2unglpw2gkjvec0yyzhhhguqam Página:El Capital (1898).pdf/88 102 417418 1651762 2026-04-24T12:11:36Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651762 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|82|CARLOS MARX|}}</noinclude>aparece idealmente en el precio, que la refiere al oro como á la figura real de su valor. El oro, por el contrario, sólo figura como materialización del valor, como moneda, y por eso es realmente valor de cambio. Pero su valor de uso no aparece sino idealmente en la serie de las expresiones relativas del valor, en que él se refiere á las otras mercancías como al círculo de sus formas de uso reales. Estas formas opuestas de las mercancías son las formas reales del movimiento del proceso de su cambio. Acompañemos ahora á un poseedor cualquiera de mercancías, por ejemplo, á nuestro antiguo conocido el tejedor de tela, á la escena del cambio, al mercado. Su mercancía, 20 metros de tela, ya tiene un precio determinado, el de 2 libras esterlinas. Él la cambia por 2 libras esterlinas, y, como hombre de tradición y de creencias, cambia de nuevo las 2 libras esterlinas por una biblia del mismo precio. La tela, que para él no es más que mercancía, portavalor, es enajenada por oro, y esta figura de su valor vuelta á enajenar por otra mercancía, la biblia, que, como objeto de uso, pasa á la casa del tejedor para llenar allí edificantes funciones. El proceso del cambio de la mercancía se pasa, pues, en dos metamorfosis opuestas y recíprocamente complementarias: transformación de la mercancía en moneda y retransformación de la moneda en mercancía 1. Los momentos de la metamorfosis de la mercancía son los del comercio de su poseedor: venta, cambio de la mercancía por dinero; compra, cambio del dinero por mercancía, y unión de ambos actos: vender para comprar. Si el tejedor considera ahora el resultado final del comercio, ve que posee una biblia en lugar de la tela; en lugar de su mercancía primitiva, otra del mismo valor, pero de diferente utilidad. De una manera idéntica se apropia él los otros medios de vida y de producción. Desde su punto de vista, la operación entera tiene por objeto el cambio del producto de su trabajo por el producto del trabajo de otros, el cambio de productos. El proceso del cambio de la mercancía se realiza, pues, en el cambio de forma siguiente: Mercancía Dinero Mercancía M D M En su contenido material, es el movimiento MM, cambio de mercancía por mercancía, circulación del trabajo social, en cuyo resultado termina el proceso. 1 'Ex de to... rupos avtapeißesda navta, poiv 6 Hpáxhettoc, xai nop anátov, wonеp Xpoco para xat pquáty posos.» (F. LASSALLE, Die Philosophie Herakleitos des Dunkeln, Berlín, 1858, t. 1, pág. 222.) En su nota sobre este punto, pág. 223, n. 3, Lassalle dice erróneamente que la moneda es un simple signo del valor.<noinclude></noinclude> g83gx0m45wjyw2roqekzxreinugwgsf Página:El Capital (1898).pdf/89 102 417419 1651763 2026-04-24T12:11:44Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651763 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|83}}</noinclude>M D. Primera metamorfosis de la mercancía, ó venta. El paso del valor de la mercancía del cuerpo de ésta al del oro es, como lo he designado en otra parte, el salto mortal de la mercancía. Si fracasa, á la mercancía no le pasará nada, pero sí á su poseedor. La división social del trabajo hace que su trabajo sea tan unilateral como múltiples sus necesidades. Por eso justamente su producto sólo le sirve como valor de cambio. Pero éste no adquiere la forma de equivalente general, socialmente válido, sino en la moneda, y la moneda está en el bolsillo de otros. Para sacarla de ahí, la mercancía tiene ante todo que ser valor de uso para el poseedor del dinero, y el trabajo gastado en ella, gastado en una forma socialmente útil ó legitimado como rama de la división social del trabajo. Pero la división del trabajo es un organismo natural de producción, cuyos hilos han sido tejidos y se tejen todavía sin saberlo los productores. La mercancía es tal vez producto de un nuevo modo de trabajo, que pretende satisfacer una necesidad nueva ó crearla. Una función que ayer aún, junto con otras muchas, correspondía á un mismo productor, rompe tal vez hoy esa conexión y se independiza como trabajo especial, y envía, precisamente por eso, su producto parcial al mercado como mercancía independiente. Las circunstancias pueden estar ó no maduras para esa separación. El producto satisface hoy una necesidad social; mañana será quizá desalojado por otro producto análogo. Aunque un trabajo, como el de nuestro tejedor, sea rama privilegiada de la división social del trabajo, no está absolutamente garantizado con eso el valor de uso de todos sus 20 metros de tela. Si la necesidad social de tela, que tiene su medida, como toda otra cosa, está ya satisfecha por tejedores rivales, el producto de nuestro amigo está en exceso, es superfluo y, por lo tanto, inútil. Pero supongamos que el valor de uso de su producto se confirme, y que la mercancía atraiga á la moneda. La cuestión es ahora: ¿cuánta? El precio de la mercancía, exponente de la magnitud de su valor, anticipa la respuesta. Prescindimos de las faltas de cálculo, puramente subjetivas, del poseedor de la mercancía, que en el mercado son inmediatamente corregidas. Debe de haber gastado en su producto sólo el término medio de tiempo de trabajo socialmente necesario. El precio de la mercancía no es, pues, que el nombre en moneda de la cantidad de trabajo social en ella materializada. Pero sin permiso ni conocimiento de nuestro tejedor, las condiciones de producción del tejido se han trastornado. Lo que ayer era indudablemente tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de un metro de tela, deja hoy de serlo, como presurosamente lo demuestra el poseedor del dinero con las tarifas de precios de diversos rivales de nuestro amigo. Por su desgracia, hay muchos tejedores en el mundo. Supongamos, por fin, que todo pemás<noinclude></noinclude> 84dytyq0yiyphatq5fthytmeq8pl07n Página:El Capital (1898).pdf/90 102 417420 1651764 2026-04-24T12:11:53Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651764 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|84|CARLOS MARX|}}</noinclude>dazo de tela que se encuentre en el mercado no contenga sino el tiempo de trabajo socialmente necesario. El conjunto de esos pedazos puede, sin embargo, contener tiempo de trabajo superfluamente gastado. Si el mercado no consigue absorber la totalidad de la tela al precio normal de 2 chelines por metro, esto prueba que se ha gastado en la forma de tejido una parte demasiado grande del total del tiempo de trabajo social. El efecto es el mismo que si cada tejedor particular hubiera gastado en su producto individual más que el tiempo de trabajo socialmente necesario. Es el caso de decir: agarrados juntos, colgados juntos. Toda la tela que hay en el mercado no forma sino un artículo, del cual cada pieza es una parte alícuota. Y en realidad, el valor de cada metro de ella no es más que la materialización de la misma cantidad socialmente determinada de trabajo humano igual. Como se ve, la mercancía ama al dinero; pero «the conrse of true love never does run smooth». La ramificación cuantitativa del organismo social de la producción, que muestra sus membra disjecta en el sistema de la división del trabajo, es tan espontánea y natural como la cualitativa. Nuestros poseedores de mercancías descubren, pues, que la misma división del trabajo que los hace productores independientes, independiza de ellos al proceso social de la producción y á sus relaciones en este proceso, y que la independencia de las personas entre sí se complementa con un sistema de dependencia general de las cosas. La división del trabajo transforma en mercancía el producto del trabajo y hace así necesaria su transformación en dinero. Á ella también se debe que el éxito de esta transubstanciación sea eventual. Pero aquí tenemos que considerar el fenómeno en su pureza, y suponer, por lo tanto, su marcha normal. Por lo demás, si simplemente se realiza, si la mercancía no es invendible, su cambio de forma verifícase siempre, aunque en él pierda ó se agregue substancia magnitud del valor de una manera anormal. Un poseedor de mercancía reemplaza su mercancía con oro; el otro, su oro con mercancía. El fenómeno perceptible para los sentidos es el cambio de manos ó de lugar de la mercancía y el oro, de 20 metros de tela y 2 libras esterlinas, es decir, su cambio. Pero ¿con qué se cambia la mercancía? Con su propia figura general de valor. ¿Y el oro? Con una forma particular de su valor de uso. ¿Por qué el oro se presenta como moneda á la tela? Porque el precio de ésta, 2 libras esterlinas, la refiere ya al oro como moneda. La mercancía muda su forma primitiva al enajenarse, es decir, en el momento en que su valor de uso atrae realmente al oro, que en su precio no está sino representado. La realización del precio ó de la forma puramente ideal del valor de la mercancía es, pues, al propio tiempo la realización<noinclude></noinclude> ip96yigk46lyivm8qcei4blm0vrlna1 Página:El Capital (1898).pdf/91 102 417421 1651765 2026-04-24T12:12:02Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651765 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|85}}</noinclude>- 85 inversa del valor de uso puramente ideal del dinero: la transformación de la mercancía en dinero es al propio tiempo transformación del dinero en mercancía. El proceso único es bilateral: del lado del poseedor de la mercancía, venta; del lado del poseedor del dinero, compra. Ó venta es compra: M - D al propio tiempo D M 1. Hasta ahora no conocemos más relación económica entre los hombres que la de poseedores de mercancías, relación en que ellos no se apropian el producto del trabajo de otro sino enajenando el suyo propio. Un poseedor de mercancías no puede, pues, presentarse ante otro como poseedor de dinero, sino porque el producto de su trabajo posee por naturaleza la forma moneda, es decir, es material monetario, oro, etc., ó porque su propia mercancía ya ha mudado de piel y se ha despojado de su primitiva forma de valor de uso. Para funcionar como moneda, el oro tiene naturalmente que entrar en el mercado por algún punto. Este punto está en su fuente de producción, donde se cambia como producto inmediato del trabajo con otro producto del trabajo del mismo valor. Pero á partir de ese instante, él representa constantemente precios realizados de mercancías 2. Excepto en el trueque del oro por mercancías en su fuente de producción, el oro es en manos de todo poseedor de mercancías la figura de su mercancía enajenada, el producto de la venta ó de la primera metamorfosis de la mercancía, M-D3. El oro ha llegado á ser medida del valor ó moneda ideal porque todas las mercancías medían en él sus valores y hacían así de él la figura ideal de su valor, opuesta á su figura de uso. Pasa á ser moneda real porque las mercancías todas, al enajenarse, hacen de él su figura de uso realmente transformada y, así, su figura real de valor. En su figura de valor, la mercancía se despoja de todo vestigio de su valor de uso originario y del trabajo útil especial que la ha creado, para reducirse á la materialización uniforme y social de trabajo humano indistinto. Por eso no se ve en la moneda de qué especie es la mercancía transformada en ella. En su forma moneda, la una tiene el mismo aspecto que la otra. La moneda, por lo tanto, puede ser lodo, aunque el lodo no es moneda. Supongamos que las dos piezas de oro por las cuales nuestro tejedor ha enajenado su mercancía son la figura transformada de una fanega de trigo. La venta de la tela, MD, es al propio tiempo su compra, DM. Pero bajo su faz de venta de la tela, este proceso principia Toda venta es compra» (Dr. QUESNAY, Dialogues sur le Commerce et les Travaux des Artisans, Physiocrates, ed. Daire, primera parte, París, 1846, pàg. 170), ó, como dice Quesnay en sus Maximes Générales, «vender es comprar». 2 «No pudiendo pagarse el precio de una mercancía sino con el precio de otra mercancía.» (MERCIER DE LA RIVIERE, {{asc|L}}'Ordre naturel et essentiel des sociétés politiques, Physiocrates, ed. Daire, segunda parte, pág. 554.) Para tener ese dinero es preciso haber vendido.» (Ob. cit., pág. 543.)<noinclude></noinclude> 0nk3oqxe4vp25d87f5sh4ejhwq7wxz3 Página:El Capital (1898).pdf/92 102 417422 1651766 2026-04-24T12:12:11Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651766 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|86|CARLOS MARX|}}</noinclude>un movimiento que termina con su contrario, la compra de la biblia; bajo su faz de compra de la tela, termina un movimiento que prindinero), cipió con su contrario, la venta del trigo. M-D (teladinero biblia), es al propio primera fase de M-D - M (tela tiempo D M (dinero tela), última faz de otro movimiento, M D M (trigo. dinero tela). La primera metamorfosis de una mercancía, su paso de la forma mercancía á la forma moneda, es siempre al propio tiempo la segunda y opuesta metamorfosis de otra mercancía, su vuelta de la forma moneda á mercancía 1. DM. Metamorfosis segunda ó final de la mercancía: compra. La moneda es la mercancía absolutamente enajenable porque es el producto de la enajenación de todas las mercancías. Ella lee todos los precios al revés, y se mira así en los cuerpos de todas las mercancías como en la materia en que pasa á ser mercancía ella misma. Al propio tiempo, los precios, amorosas miradas que le lanzan las mercancías, indican el límite de su capacidad de conversión, á saber: su propia cantidad. Puesto que la mercancía desaparece al hacerse dinero, no se ve en éste cómo ha llegado á manos de su poseedor ni qué cosa se ha transformado en él. Non olet, cualquiera que sea su origen. Si por un lado representa mercancías vendidas, representa del otro mercancías comprables 2. DM, la compra, es al propio tiempo venta, MD; y así la última metamorfosis de una mercancía es al propio tiempo la primera de otra mercancía. Para nuestro tejedor, la carrera de su mercancía se cierra con la biblia, en la cual él ha convertido las 2 libras esterlinas. Pero el vendedor de biblias permuta por aguardiente las 2 libras esterlinas desprendidas del tejedor. DM, fase terminal de - D, dinero biblia), es al propio tiempo MM D M (tela dinero - aguardiente). Como primera fase de M-D-M (biblia el productor sólo provee de un artículo especial, lo vende á menudo en grandes masas, mientras que sus múltiples necesidades le obligan constantemente á dividir en numerosas compras el precio realizado ó la suma de dinero disponible. Una venta es, pues, el punto de partida de muchas compras de mercancías diversas. La metamorfosis final de una mercancía constituye así una suma de primeras metamorfosis de otras mercancías. Si consideramos ahora la metamorfosis de conjunto de una mercancía, por ejemplo, de la tela, vemos desde luego que consta de dos El productor de oro y plata que cambia su producto sin haberlo vendido previamente, constituye una excepción, como ya se ha hecho notar. 2 «Si el dinero representa en nuestras manos las cosas que podemos desear comprar, representa también en ellas las cosas que hemos vendido por ese dinero.» (MERCIER DE LA RIVIERE, ob. cit., pág. 586.)<noinclude></noinclude> gojf184qfn7vdth0fn4ex7yqhndewyc Página:El Capital (1898).pdf/93 102 417423 1651767 2026-04-24T12:12:20Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651767 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|87}}</noinclude>movimientos opuestos y complementarios entre sí, M-Dy D― M. Estas dos transformaciones opuestas de la mercancía se pasan en dos distintos actos sociales de su poseedor y se reflejan en dos caracteres económicos opuestos del mismo. Como agente de la venta, es él vendedor; como agente de la compra, comprador. Pero así como en toda transformación de la mercancía, sus dos formas, forma mercancía y forma moneda, existen simultáneamente, bien que en polos opuestos, frente al poseedor de mercancías como vendedor está otro como comprador, y frente al comprador, otro como vendedor. Así como la misma mercancía pasa sucesivamente por las dos transformaciones contrarias, de mercancía pasa á moneda y de moneda á mercancía, así alterna el mismo poseedor de mercancías los apeles de vendedor y comprador. Estos no son, pues, absolutamente caracteres fijos, sino que constantemente cambian de persona. La metamorfosis completa de una mercancía supone en su forma más simple cuatro términos y tres persone dramatis. Primero se presenta ante la mercancía la moneda como figura de su valor, que está en el bolsillo ajeno dura y sonante como es en realidad, y así ante el poseedor de mercancías se presenta el poseedor de moneda. Pero tan pronto como la mercancía se ha transformado en moneda, esta última pasa á ser su pasajera forma de equivalente, cuyo valor de uso ó contenido existe en otros cuerpos-mercancías. Como punto final de la primera transformación de la mercancía, la moneda es punto de partida de la segunda. Y así el vendedor del primer acto pasa á ser comprador en el segundo, en que un tercer poseedor de mercancías se le presenta como vendedor ¹. Las dos fases inversas del movimiento metamórfico de la mercancía constituyen un círculo: forma mercancía, muda de esta forma, vuelta á ella. Por supuesto, que la mercancía misma está aquí contrariamente determinada. Para su poseedor no es valor de uso en el punto de partida; sí lo es en el punto final. Así aparece primero la moneda como el sólido cristal de valor en que se transforma la mercancía, para desvanecerse después como su simple forma de equivalente. Las dos metamorfosis que constituyen el movimiento circular de una mercancía, constituyen al propio tiempo las metamorfosis parciales inversas de otras dos mercancías. La misma mercancía (tela) abre la serie de sus propias metamorfosis y cierra la metamorfosis total de otra mercancía (del trigo). Durante su primer cambio, la venta, desempeña por sí misma esos dos papeles. Por el contrario, Hay, pues, cuatro términos y tres contratantes, de los cuales uno interviene dos veces.» (LE TROSNE, ob. cit., pág. 908.)<noinclude></noinclude> e0wbplwpbw758vjh8658czfynqju226 Página:El Capital (1898).pdf/94 102 417424 1651768 2026-04-24T12:12:29Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651768 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|88|CARLOS MARX|}}</noinclude>como crisálida monetaria, forma en que muere, termina al propio tiempo la primera metamorfosis de una tercera mercancía. El círculo descrito por la serie de metamorfosis de cada mercancía se entrelaza de modo inextricable con los círculos de otras mercancías. Del proceso total resulta la circulación de las mercancías. La circulación de las mercancías se distingue, no sólo en la forma, sino en la esencia, del trueque inmediato de los productos. Veamos, si no, lo que ha pasado. El tejedor ha cambiado sin reserva la tela por la biblia, su propia mercancía por la de otro. Pero este fenómeno no es verdadero sino para él. El vendedor de la biblia, que prefiere el calor al frío, no ha pensado en cambiarla por tela, como el tejedor no sabe que su tela ha sido cambiada por trigo, etc. La mercancía de B reemplaza á la mercancía de A; pero A y B no cambian recíprocamente sus mercancías. Puede suceder, en realidad, que A y B compren recíprocamente el uno del otro; pero esa relación especial no es absolutamente impuesta por las relaciones generales de la circulación de las mercancías. En ésta se ve, por una parte, cómo el cambio de las mercancías rompe los límites individuales y locales del trueque inmediato de productos y desarrolla la asimilación y desasimilación del trabajo humano. Por otra parte, se desarrolla todo un círculo de conexiones sociales naturales, independientes de las perhacen el comercio. El tejedor no puede vender tela sino porque el campesino ya ha vendido trigo, ni el agente la biblia sin que el tejedor haya vendido tela, ni el destilador aguardiente sino porque el otro ha vendido ya el agua de la vida eterna, etc. sonas que El proceso de la circulación no se detiene, pues, como el trueque inmediato de productos, con el cambio de lugar ó de manos de los valores de uso. El dinero no desaparece, aunque al fin salga de la serie de metamorfosis de una mercancía. Él se precipita siempre sobre un punto de la circulación evacuado por las mercancías. Por ejemplo: en la metamorfosis total de la tela, tela - dinero biblia, sale primero la tela de la circulación, y en su lugar entra moneda; sale después la biblia de la circulación, y en su lugar entra moneda. El reemplazo de mercancía por mercancía pone la mercancía-moneda en manos de un tercero 1. La circulación suda constantemente dinero. Nada más necio que el dogma según el cual la circulación de las mercancías implica necesariamente un equilibrio entre las ventas y las compras, porque toda venta es compra, y viceversa. Si quiere deque el número de las ventas realmente realizadas es igual al de cir Por palpable que sea este fenómeno, pasa inadvertido, sin embargo, para la mayor parte de los economistas, sobre todo para el librecambista vulgar."<noinclude></noinclude> nrsir1q2swwjakxdlyv2npxdynmc8wb Página:El Capital (1898).pdf/95 102 417425 1651769 2026-04-24T12:12:38Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651769 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|89}}</noinclude>las compras, es una mezquina tautología. Pero con eso se pretende probar que el vendedor conduce al mercado á su propio comprador. Venta y compra son un acto idéntico como relación recíproca entre dos personas poláricamente opuestas: el poseedor de la mercancía y el poseedor de la moneda. Son dos actos poláricamente opuestos como acciones de la misma persona. La identidad de venta y compra implica, pues, que la mercancía se vuelve inútil cuando, arrojada en la retorta alquimista de la circulación, no sale de ella como moneda, no es vendida por su poseedor, es decir, comprada por el poseedor de moneda. Esa identidad implica, además, que el proceso, si sale bien, constituye un punto de reposo, un período de la vida de la mercancía, que puede durar más ó menos tiempo. Como la primera metamorfosis de la mercancía es al propio tiempo venta y compra, ese proceso parcial es al propio tiempo proceso independiente. El comprador tiene la mercancía; el vendedor, la moneda, es decir, una mercancía de forma apta para la circulación, cualquiera que sea el momento de su reaparición en el mercado. Nadie puede vender sin que otro compre. Pero nadie necesita inmediatamente comprar porque ha vendido. La circulación rompe las barreras individuales, locales y de tiempo que limitan el cambio de productos, suprimiendo precisamente la identidad inmediata del cambio del producto del trabajo propio y la adquisición del producto del trabajo extraño, dividiéndola en el contraste de venta y compra. Que ambos procesos independientes forman una unión interna, significa tanto como que su unidad interna se mueve en contrastes externos. Llegada á cierto punto la independización externa de los procesos internamente dependientes, como que se complementan entre sí, la unión se impone violentamente por una crisis. El contraste inmanente en la mercancía, de valor de uso y valor, de trabajo privado que tiene que exponerse al propio tiempo como trabajo inmediatamente social, de trabajo concreto especial, que al propio tiempo no vale sino como trabajo abstracto general; esta inmanente contradicción adquiere sus formas desarrolladas de movimiento en los contrastes de la metamorfosis [de la mercancía. Estas formas encierran, pues, la posibilidad, pero sólo la posibilidad, de las crisis. El paso de esa posibilidad á la realidad exige todo un conjunto de circunstancias que desde el punto de vista de la circulación simple de mercancías no existen aún ¹. 1 Compárense mis observaciones sobre James Mill, en Zur Kritik... etc., páginas 74-76. En esta cuestión, dos puntos son característicos del método de la Economía apologética: primero, la identificación de la circulación de mercancías con el trueque inmediato de productos, haciendo simplemente abstracción de sus diferencias, y segundo, la tentativa de negar las contradicciones del proceso de la producción capitalista, reduciendo las relaciones de sus agentes á las relaciones simples que resultan de la circulación de mercancías. Pero la producción y la circu<noinclude></noinclude> qs6zc75n7nx3ppp7t2jvgdnr80ath82 Página:El Capital (1898).pdf/96 102 417426 1651770 2026-04-24T12:12:47Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651770 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|90|CARLOS MARX|}}</noinclude>Como mediador de la circulación de las mercancías, adquiere el dinero la función de medio de circulación. B. Curso de la moneda. El cambio de forma en que se realiza la circulación de los productos del trabajo, M-D-M, hace que el mismo valor constituya como mercancía el punto de partida del proceso, y como mercancía vuelva à él. Este movimiento de las mercancías es, pues, circular. La misma forma excluye, por otra parte, la circulación de la moneda. Su resultado es el constante alejamiento del dinero respecto de su punto de partida, en lugar de acercarse á él. Mientras el vendedor conserva el dinero, figura transformada de su mercancía, ésta se encuentra en el estadio de la primera metamorfosis, ó no ha recorrido sino la primera mitad de su círculo. Una vez completo el proceso, vender para comprar, la moneda se aleja otra vez de manos de su primitivo poseedor. Es cierto que cuando el tejedor, después de haber comprado la biblia, vuelve á vender tela, vuelve también el dinero á sus manos. Pero no vuelve por la circulación de los primeros 20 metros de tela, en virtud de la cual pasó, por el contrario, de manos del tejedor á las del vendedor de biblias. No vuelve sino. por la renovación ó repetición del mismo proceso de circulación de nueva mercancía, y termina aquí como allí con el mismo resultado. La forma de movimiento inmediatamente comunicada al dinero por la circulación de las mercancías es, pues, su constante alejamiento del punto de partida, su paso de las manos de un poseedor de mercancías á las de otro, ó su curso (currency, conrs de la monnaie). El curso de la moneda presenta una repetición constante y unísona del mismo proceso. La mercancía está siempre del lado del vendedor; la moneda, siempre del lado del comprador, como medio de compra. Funciona como medio de compra realizando el precio de la mercancía. Al realizarlo, la moneda pasa la mercancía de las manos del vendedor á las del comprador, transportándose al propio tiempo ella misma de las manos del comprador á las del vendedor, para repetir con otra mercancía el mismo proceso. No se ve á primera vista que esta forma unilateral del movimiento de la moneda proviene de la forma bilateral del movimiento de la mercancía. La misma natulación de mercancías son fenómenos pertenecientes á los más diversos modos de producción, aunque en amplitud y alcance distintos. No se sabe, pues, nada acerca de la differentia specifica de esos modos de producción, ni se los puede juzgar cuando se conoce únicamente las categorías abstractas de la circulación de mercancías que les son comunes. No hay ciencia como la Economía política para darse una gran importancia con los lugares comunes más elementales. J.—B. Say, por ejemplo, se permite opinar acerca de las crisis porque sabe que la meréáncia es producto.<noinclude></noinclude> 2vm25hj4i78x2n4vmgk3i6sp0wf5o7x Página:El Capital (1898).pdf/97 102 417427 1651771 2026-04-24T12:12:56Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651771 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|91}}</noinclude>raleza de la circulación de mercancías engendra la apariencia opuesta. La primera metamorfosis de la mercancía es visible, no sólo como movimiento de la moneda, sino como movimiento suyo propio; pero su segunda metamorfosis sólo es visible como movimiento de la moneda. En la primera mitad de su circulación, la mercancía cambia de sitio con la moneda y, así, al propio tiempo sale de la circulación y cae en el consumo '. Su figura de valor ó larva metálica ocupa su puesto. Bajo esta piel de oro es como ella hace la segunda mitad de su circulación, y no bajo su propia cubierta natural. La continuidad del movimiento corresponde toda á la moneda, y el mismo movimiento que para la mercancía comprende dos procesos opuestos, como movimiento propio de la moneda comprende siempre el mismo proceso, su cambio de lugar con mercancías siempre distintas. El resultado de la circulación de las mercancías, el reemplazo de una mercancía por otra, no parece, pues, producido por el cambio de forma de ellas, sino por el funcionamiento de la moneda como medio de circulación, que hace circular las mercancías, inmóviles por sí mismas, pasándolas de las manos en que no son valores de uso á aquellas en que lo son, y siempre en una dirección opuesta á su propio curso.. La moneda aleja constantemente á las mercancías de la es era de la circulación, entrando constantemente en circulación en lugar de ellas, y alejándose así de su propio punto de partida. Por lo tanto, aunque el movimiento de la moneda no sea sino la expresión de la circulación de las mercancías, ésta aparece, por el contrario, como resultado del movimiento de la moneda ". Por otra parte, la función de medio de circulación toca sólo á la moneda, porque ella es el valor independizado de las mercancías. Su movimiento, como medio de circulación, no es, pues, en realidad, sino su propio movimiento de forma. Éste tiene, pues, también que reflejarse para los sentidos en el curso de la moneda. Así la tela, por ejemplo, pasa primero de su forma mercancía á su forma moneda. El último extremo de su primera metamorfosis, MD, la forma moneda, pasa después á ser primer extremo de su última metamorfosis DM, su nueva transformación en la biblia. Pero cada uno de estos dos cambios de forma se realiza por un cambio de mercancía y moneda, por su recíproca mutación de lugar. Las mismas piezas de moneda llegan á manos del vendedor como figura enajenada de la mercancía, y salen de ellas como figura absolutamente enajenable de la Aun cuando la mercancía sea vuelta à vender repetidas veces, fenómeno que todavía no existe para nosotros, con la última y definitiva venta ella cae de la esfera de la circulación en la del consumo, para servir en ésta como medio de vida ó de producción. El (el dinero) no tiene más movimiento que el que le imprimen las producciones. (LE TROSNE, ob. cit., pág. SS5.)<noinclude></noinclude> bfgebnwyy0jqmi1epdcm2wpd0l5eaj6 Página:El Capital (1898).pdf/98 102 417428 1651772 2026-04-24T12:13:11Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651772 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|92|CARLOS MARX|}}</noinclude>mercancía. Cambian dos veces de lugar. La primera metamorfosis de la tela lleva esas piezas de moneda al bolsillo del tejedor; la segunda las saca de él. Los dos opuestos cambios de forma de la misma mercancía se reflejan, pues, en dos sucesivos cambios de lugar de la moneda en sentido contrario. Si, por el contrario, las metamorfosis de las mercancías sólo se verifican en un sentido, simples ventas ó simples compras, según se quiera, la moneda cambia también de lugar sólo una vez. Su segundo cambio de lugar siempre expresa la segunda metamorfosis de la mercancía en que se despoja de la forma dinero. En la frecuente repetición del cambio de lugar de las mismas piezas de moneda se refleja, no sólo la serie de metamorfosis de una mercancía única, sino también el entrelazamiento de las innumerables metamorfosis de las mercancías en general. Por supuesto, que todo esto se aplica únicamente á la forma simple de la circulacion de mercancías que aquí consideramos. Al dar su primer paso en la circulación, en su primer cambio de forma, toda mercancía sale de la circulación, en la cual entran siempre nuevas mercancías. La moneda, por el contrario, como medio de circulación, está siempre en la esfera de la circulación y se mueve constantemente en ella. Se presenta, pues, la cuestión de la cantidad de moneda que esta esfera absorbe constantemente. Todos los días se verifican en un país numerosas y simultáneas metamorfosis unilaterales de mercancías ó, en otras palabras, simples ventas por un lado, simples compras por el otro. Las mercancías están ya igualadas en sus precios á cantidades determinadas é ideales de moneda. Ahora bien; como la forma de circulación inmediata, aquí considerada, pone siempre corporalmente frente à frente la mercancía y la moneda, la una en el polo de la venta, la otra en el polo de la compra, la masa de medios de circulación necesaria para el proceso de la circulación del mundo de las mercancías está ya determinada por la suma de los precios de las mercancías. La moneda no hace más que exponer realmente la suma de oro expresada ya idealmente en la suma de los precios de las mercancías. La igualdad de estas sumas se sobreentiende. Sabemos, sin embargo, que si los valores de las mercancías permanecen iguales, sus precios varían con el valor del oro (del material monetario): relativamente suben, cuando él baja, y bajan, cuando él sube. Si la suma de los precios de las mercancías sube así ó baja, la masa de la moneda circulante tiene igualmente que subir ó bajar. La variación en la masa de los medios de circulación proviene aquí de la misma moneda; pero no de su función como medio de circulación, sino de su función como medida del valor. Primero varía el precio de las mercancías al contrario<noinclude></noinclude> 0j1606fi4irmzirg2bfvuusgfhn89hz Página:El Capital (1898).pdf/99 102 417429 1651773 2026-04-24T12:13:20Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651773 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|93}}</noinclude>del valor de la moneda, y después varía la masa de los medios de circulación directamente como el precio de las mercancías. Un fenómeno idéntico acaecería si, por ejemplo, el valor del oro no descendiera, sino que la plata lo reemplazara como medida del valor, ó el valor de la plata no subiera, sino que el oro la desalojara de la función de medida del valor. En el primer caso, debería circular más plata que antes oro; en el segundo, menos oro que antes plata. En ambos casos habría variado el valor del material monetario, es decir, de la mercancía que funciona como medida de los valores, y, por lo tanto, la expresión precio de los valores de las mercancías y la masa de la moneda circulante que sirve para realizar esos precios. Hemos visto que la esfera de la circulación de las mercancías tiene un agujero por donde el oro (la plata, en una palabra, el material de la moneda) entra en ella como mercancía de un valor dado. Este valor es supuesto al funcionar la moneda como medida del valor, es decir, en la determinación de los precios. Ahora, si, por ejemplo, baja el valor de la medida misma del valor, esto se manifiesta, en primer lugar, en el cambio de precio de las mercancías que en las fuentes de producción de los metales preciosos se cambian inmediatamente con ellos como mercancías. Una gran parte de las otras mercancías, sobre todo donde la sociedad burguesa esté aún poco desarrollada, serán avaluadas por largo tiempo todavía según el antiguo valor, ahora ilusorio, de la medida del valor. Pero una mercancía contagia á la otra por medio de su relación de valor con ella; los precios oro ó precios plata de las mercancías se igualan gradualmente en las proporciones determinadas por sus valores mismos, hasta que al fin los valores de todas las mercancías son apreciados según el nuevo valor del metal moneda. Este proceso de nivelación es acompañado por continuo aumento de los metales preciosos que entran á reemplazar las mercancías directamente trocadas con ellos. Á medida, pues, que se generaliza el precio corregido de las mercancías, ó que sus valores son apreciados según el nuevo, más bajo, y hasta cierto punto descendente, valor del metal, está ya disponible la nueva cantidad de éste necesaria para su realización. La observación unilateral de los hechos que siguieron al descubrimiento de las nuevas minas de oro y plata, condujo en el siglo {{asc|XVII}}, y sobre todo en el xvIII, á la equivocada conclusión de que los precios de las mercancías habían subido porque mayores cantidades de oro y plata funcionaban como medios de circulación. En lo que sigue, el valor del oro se supone dado, como de hecho lo está en el momento de la fijación de los precios. el En este supuesto, pues, la masa de los medios de circulación es determinada por la suma de los precios de las mercancías que hay que realizar. Supongamos dado también ahora el precio de cada es<noinclude></noinclude> a4nin6sw281koth1n1ham39k0bwszbh Página:El Capital (1898).pdf/100 102 417430 1651774 2026-04-24T12:13:28Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651774 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|94|CARLOS MARX|}}</noinclude>pecie de mercancía: la suma de los precios de las mercancías depende entonces, evidentemente, de la masa de las mercancías que se encuentran en circulación. No hay que romperse la cabeza para comprender que si 1 cuartera de trigo cuesta 2 libras esterlinas, 100 cuarteras cuestan 200 libras esterlinas, 200 cuarteras 400 libras esterlinas, etc.; es decir, que con la masa del trigo tiene que crecer la masa de moneda que en la venta cambia de lugar con él. Si suponemos dada la masa de las mercancías, la masa de la moneda circulante tiene un flujo y reflujo con las oscilaciones del precio de las mercancías. Ella sube ó baja, porque la suma de los precios de las mercancías aumenta ó disminuye á consecuencia de la variación de su valor. Para eso no es necesario absolutamente que los precios de todas las mercancías suban ó bajen al propio tiempo. El alza de cierto número de los principales artículos, ó su baja, basta para elevar ó bajar la suma total de los precios de las mercancías circulantes que hay que realizar, y para poner, pues, también más ó menos moneda en circulación. Que el cambio de precio de las mercancías refleje un cambio real de su valor, ó simples oscilaciones de los precios de mercado, la acción sobre la masa de los medios de circulación es siempre la misma. Supongamos un número de ventas ó metamorfosis parciales sin lazo que. las una, simultáneas, y, por eso, verificándose unas al lado de otras, por ejemplo, de 1 cuartera de trigo, 20 metros de tela, 1 biblia, 4 galones de aguardiente. Si el precio de cada artículo es de 2 libras esterlinas, la suma de los precios que hay que realizar es, por lo tanto, de 8 libras esterlinas, y una masa de moneda de 8 libras esterlinas tiene que entrar en la circulación. Si, por el contrario, esas mismas mercancías forman la serie de metamorfosis que ya co- 20 metros de nocemos, de 1 cuartera de trigo -2 libras esterlinas tela 2 libras esterlinas - 1 biblia -2 libras esterlinas—4 galones de aguardiente -2 libras esterlinas, entonces 2 libras esterlinas hacen circular en serie las diversas mercancías, realizando por orden los precios de éstas y también, pues, la suma de los precios de 8 libras esterlinas, para quedarse por fin en manos del destilador. Ellas tienen un cuádruple curso. Este repetido cambio de lugar de las mismas piezas de moneda expone el doble cambio de forma de la mercancía, su movimiento al través de dos estadios opuestos de la circulación y el entrelazamiento de las metamorfosis de distintas mercancías. Las fases opuestas y complementarias que recorre ese Son las producciones las que lo (al dinero) ponen en movimiento y lo hacen circular... La celeridad de su movimiento (del dinero) suple á su cantidad. Cuando es necesario, no hace más que deslizarse de una mano á otra sin detenerse un instante.» (LE TROSNE, ob. cit., págs. 915-916.)<noinclude></noinclude> duyfy7nkgeliwu19s1h6ji8bxi5og0c Página:El Capital (1898).pdf/101 102 417431 1651775 2026-04-24T12:13:36Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651775 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|95}}</noinclude>proceso, no pueden pasarse simultáneamente, sino sucederse en el tiempo. La medida de su duración está constituída, pues, por fracciones de tiempo ó, lo que es lo mismo, el número de traspasos de las mismas piezas de moneda en un tiempo dado mide la rapidez del curso de la moneda. El proceso de la circulación de aquellas cuatro mercancías dura, por ejemplo, un día. La suma de los precios que hay que realizar alcanza á 8 libras esterlinas; el número de traspasos de las mismas piezas de moneda durante el día es de 4, y la masa de la moneda circulante 2 libras esterlinas, ó, para un período determinado de tiempo del proceso de la circulación, Suma de los precios de las mercancías Número de traspasos de las piezas de moneda del mismo nombre Medida de la moneda que funciona como medio de circulación. Esta ley es general. El proceso de la circulación de un país en un momento dado, comprende, por una parte, muchas ventas (ó compras) sueltas y simultáneas, que se pasan unas al lado de otras, ó metamorfosis parciales en que las mismas piezas de moneda sólo cambian una vez de lugar ó sólo tienen un traspaso, y, por la otra, muchas series más ó menos largas de metamorfosis que corren paralelas ó entrelazadas, en que las mismas piezas de moneda sufren traspasos más ó menos numerosos. El número total de traspasos de todas las piezas de moneda del mismo nombre que se encuentran en circulación da, sin embargo, el número medio de los traspasos de cada pieza de moneda ó la rapidez media del curso de la moneda. La masa de moneda que al principiar, por ejemplo, el proceso diario de la circulación se arroja en él, es naturalmente determinada por la suma de los precios de las mercancías que circulan simultáneamente las unas al lado de las otras. Pero dentro del proceso, una pieza de moneda es, por decirlo así, responsable de la otra. Si la una acelera su curso, paraliza el de la otra ó la pone por completo fuera de la esfera de la circulación, pues ésta puede absorber sólo una masa de oro que multiplicada por el número medio de traspasos de cada elemento aislado sea igual á la suma de los precios que hay que realizar. Si aumenta, pues, el número de traspasos de las piezas de moneda, disminuye su masa circulante. Si disminuye el número de sus traspasos, aumenta su masa. Como la masa de moneda que puede funcionar como medio de circulación, para una rapidez media dada, es también dada, basta, por ejemplo, poner en circulación una cantidad determinada de billetes de una libra para echar fuera de ella otros tantos soberanos, golpe artístico bien conocido de los Bancos. Así como en el curso de la moneda en general no aparece sino el proceso de la circulación de las mercancías, es decir, su paso por metamorfosis opuestas, en la rapidez del curso de la moneda no apa<noinclude></noinclude> 2a54athix1xibulncd1lfletdhdbir1 Página:El Capital (1898).pdf/102 102 417432 1651776 2026-04-24T12:13:45Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651776 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|96|CARLOS MARX|}}</noinclude>rece sino la rapidez de su cambio de forma, el continuo encadenamiento de las series de metamorfosis, la prisa de la asimilación y desasimilación, la pronta desaparición de las mercancías de la esfera de la circulación y su reemplazo igualmente rápido por otras mercancías. En la rapidez del curso de la moneda aparece, pues, la unidad fluida de las fases opuestas y complementarias, transformación de la figura de uso en la figura de valor y vuelta de la figura de valor á la figura de uso, ó de los dos procesos de la venta y de la compra. Por el contrario, en un curso más lento de la moneda aparece la separación é independencia recíproca de esos procesos, la detención del cambio de forma y, así, de la circulación. De qué proviene esa detención, no se puede ver, naturalmente, en la misma circulación. Ella no muestra sino el fenómeno mismo. La opinión popular, que en en el curso lento de la moneda la ve aparecer y desaparecer con menos frecuencia en todos los puntos de la circulación, se inclina á atribuir el fenómeno á la cantidad insuficiente de los medios de circulación 1. La cantidad total de moneda que funciona como medio de circu-1 lación en un momento dado es determinada, pues, de una parte, por la suma de los precios de las mercancías circulantes; de la otra, por la marcha más ó menos rápida de los procesos contrarios de su circulación, de cuya rapidez ó lentitud depende la porción de esa suma de precios que las mismas piezas de moneda pueden realizar. Pero la suma de los precios de las mercancías depende tanto de la masa como Siendo la moneda..... la medida común para comprar y vender, todo el que tiene algo que vender, y no encuentra comprador, tien de á pensar que la falta de moneda en el reino ó país es la causa de que no salga de sus mercancías, y por eso falta de moneda es el grito general; lo que es un gran error..... ¿Qué necesita esa gente que clama por dinero?.... El agricultor se quej..... piensa que si hubiera más dinero en el pais obtendría un precio por sus productos. Parece, pues, que lo que le hace falta no es moneda, sino un precio por su grano y su ganado, que él vendería, pero no puede..... ¿por qué no puede obtener un precio?.... 1.0, o hay demasiado grano y ganado en el pais, de modo que la mayor parte de los que van al mercado necesitan, como él, vender y pocos comprar; ó 2.0, falta la salida al Exterior por el transporte; ó 3.°, el consumo decae, como cuando, por razón de pobreza, la gente no gasta tanto como antes en sus casas, por lo cual no sería el aumento de moneda específica lo que mejoraria los productos del agricultor, sino la supresión de alguna de esas tres causas, que son en realidad las que deprimen el mercado..... El comerciante y el tendero carecen de dinero de la misma manera, es decir, necesitan salida para las mercancías en que comercian, porque el mercado les falta..... Una nación nunca prospera tanto como cuando las riquezas son lanzadas de mano en mano.» (Sir DUDLEY NORTH, Disconrses upon Trade, Londres, 1691, págs. 11-15 y sig.) Toda la charlatanería de Herrenschwand se reduce à que las contradicciones resultantes de la naturaleza de la mercancía, y que aparecen en la circulación de las mercancías, pueden ser suprimidas aumentando los medios de circulación. De la ilusión popular que atribuye las interrupciones del proceso de la producción y de la circulación á de la circulación á la falta de medios de circulación, no se deduce absolutamente que, por el contrario, la falta real de medios de circulación, á consecuencia, por ejemplo, de chapucerías oficiales en la regulation of currency, no pueda, á su vez, ocasionar esas interrupciones.<noinclude></noinclude> svarkbyzfaf39sstil3lt94ut8tlw44 Página:El Capital (1898).pdf/103 102 417433 1651777 2026-04-24T12:13:54Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651777 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|97}}</noinclude>del precio de cada especie de mercancía. Pero los tres factores, el movimiento de los precios, la masa circulante de mercancías y, finalmente, la rapidez del curso de la moneda, pueden variar en dirección y proporciones diversas, y, por lo tanto, la suma de los precios á realizar y la masa de los medios de circulación que ella determina pueden pasar por combinaciones muy numerosas. Mencionaremos solamente las más importantes en la historia de los precios. Si los precios de las mercancías no varían, la masa de los medios de circulación puede aumentar, porque aumenta la masa de las mercancías circulantes, ó porque disminuye la rapidez del curso de la moneda, ó por ambas circunstancias juntas. La masa de los medios de circulación puede, por el contrario, disminuir, si disminuye la masa de las mercancías ó aumenta la rapidez de la circulación. Si suben los precios de las mercancías en general, la masa de los medios de circulación puede no variar si la masa de las mercancías circulantes disminuye en la misma proporción en que aumenta su precio, ó si la rapidez del curso de la moneda aumenta tanto como suben los precios, mientras permanece constante la masa de mercancías en circulación. La masa de los medios de circulación puede disminuir, si la masa de mercancías disminuye ó la rapidez de la circulación aumenta más rápidamente que los precios. Si bajan los precios de las mercancías en general, la masa de los medios de circulación puede no variar si la masa de mercancías crece en la misma proporción en que su precio baja, ó si la rapidez del curso de la moneda disminuye en la misma proporción que los precios. Puede crecer si la masa de mercancías crece más rápidamente ó si la rapidez de la circulación disminuye más rápidamente que los precios bajan. Las variaciones de los diversos factores pueden compensarse recíprocamente, de manera que, á pesar de su constante instabilidad, la suma total de los precios de las mercancías á realizar permanezca constante, y también, pues, la masa de moneda circulante. El nivel medio de la masa de moneda circulante en un país, sobre todo si se considera por períodos algo prolongados, es, pues, mucho más constante, y, con excepción de las fuertes perturbaciones que periódicamente resultan de las crisis de producción y de comercio, y más rara vez de un cambio en el valor de la moneda misma, está expuesto á desviaciones de ese nivel medio mucho menores de lo que se creería á primera vista. La ley de que la cantidad de los medios de circulación es determinada por la suma de los precios de las mercancías circulantes y la TOMO {{asc|I}}<noinclude></noinclude> pcqq6ujuw6w6n9qeu36kl49i9vo8j5d Página:El Capital (1898).pdf/104 102 417434 1651778 2026-04-24T12:14:04Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651778 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|98|CARLOS MARX|}}</noinclude>rapidez media del curso de la moneda, puede expresarse también diciendo que, dadas la suma del valor de las mercancías y la rapidez media de sus metamorfosis, la cantidad de la moneda circulante ó del material monetario depende de su propio valor. La ilusión de que, al contrario, los precios de las mercancías son determinados por la masa de los medios de circulación, y ésta á su vez por la masa del material monetario que se encuentra en un país 2, ha nacido en sus primeros representantes de la absurda hipótesis de que las mercancías entran en la circulación sin precio y la moneda sin valor, reduciéndose todo al trueque de una parte alicuota del montón de mercancías por una parte alícuota de la montaña de metal 3. 1 Hay cierta medida y proporción de moneda, necesaria para llevar adelante el comercio de una nación, que se perjudicaría con más ó menos que eso. Exactamente como en un pequeño negocio por menor se necesita cierta proporción de céntimos para cambiar la moneda de plata y para ajustar algunas cuentas que no pueden ser ajustadas con las más pequeñas piezas de plata..... Ahora, así como la proporción del número de céntimos requerido para el comercio se saca del número de personas, de la frecuencia de sus cambios, como también, y principalmente, del valor de las más pequeñas piezas de plata, de la misma manera la proporción de moneda (oro y plata en especie) requerida para nuestro comercio se saca de la frecuencia de los cambios y de la cuantía de los pagos.» (WILLIAM PETTY, A Treatise on Taxes and Contributions, Londres, 1667, pág. 17.) La teoria de Hume ha sido defendida, contra J. Steuart y otros, por A. Young, en su Political Arithmetic, Londres, 1774, à la cual dedica todo un capitulo: «Los precios dependen de la cantidad de moneda», pág. 112 y sig. Yo noto en Zur Kritik... etc., pág. 149: «El (A. Smith) aparta silenciosainente à un lado la cuestión de la cantidad de moneda. circulante, tratando muy equivocadamente del dinero como de una simple mercancía. Esto sólo se refiere à lo que dice A. Smith en tanto que trata er officio del dinero. Ocasionalmente, sin embargo, por ejemplo, al criticar los sistemas anteriores de Economía política, dice lo exacto: «La cantidad de moneda es regulada en cada país por el valor de las mercancías que ella tiene que hacer circular..... El valor de los artículos anualmente comprados y vendidos en un pais requiere cierta cantidad de moneda para hacerlos circular y distribuirlos á sus consumidores, y no puede dar empleo á más. El canal de la circulación atrae necesariamente hacia sí una suma suficiente para llenarlo, y nunca admite más.» (Wealth of Nations, 1. iv, cap. 1.) A. Smith empieza también su obra ex officio con una apoteosis de la división del trabajo. Después, en el último libro, sobre las fuentes de la renta del Estado, reproduce ocasionalmente la condena de la división del trabajo por A. Ferguson, su maestro. 2 Los precios de las cosas subirán seguramente en una nación si aumentan el oro y la plata del pueblo, y, por consiguiente, si en una nación disminuyen el oro y la plata, los precios de todas las cosas tienen que bajar proporcionalmente á esa disminución de la moneda.» (JACOB VANDERLINT, Money answers all Things, Londres, 1734, pág. 5.) Una detenida comparación entre Vanderlint y los Essays de Hume no me deja la menor duda de que éste conoció y utilizó la obra de Vanderlint, que, por lo demás, era importante. La opinión de que la masa de los medios de circulación determina los precios, se encuentra también en Barbon y en escritores todavía mucho más antiguos. «Ningún inconveniente-dice Vanderlint-puede resultar de un comercio sin restricciones, sino muy grandes ventajas..... puesto que, si el numerario de la nación disminuyera por él, lo que las prohibiciones están destinadas á impedir, las naciones que reciben el numerario verán seguramente subir de precio todas las cosas, á medida que la moneda aumente en su seno. Y..... nuestras manufacturas y toda ctra cosa serán pronto de un precio tan moderado, que invertirán en nuestro favor la balanza del comercio y nos traerán así de nuevo la moneda.» (Ob. cit., pág. 44.) 3 Es evidente que cada especie de mercancía constituye, por su precio, un elemento de la suma de los precios de todas las mercancías circulantes. Pero es de<noinclude></noinclude> hcmeotodprevc5tapzoefru8mckv41d Página:El Capital (1898).pdf/105 102 417435 1651779 2026-04-24T12:14:12Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651779 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp||EL CAPITAL|99}}</noinclude>C.—El numerario. El signo de valor. El numerario resulta de la función de la moneda como medio de circulación. La fracción de peso de oro representada en el precio de las mercancías, tiene que presentarse ante ellas en la circulación como pieza ó moneda de oro del mismo nombre. Lo mismo que la fijación de la escala de los precios, toca al Estado el negocio de la acuñación. En los diversos uniformes nacionales que usan el oro y la plata amonedados, aunque para quitárselos en el mercado universal, se manifiesta la separación entre las esferas internas ó nacionales de la circulación de las mercancías y su esfera general del mercado universal. El oro amonedado y las barras de oro no se distinguen originariamente, pues, sino por su figura, y el oro puede constantemente pasar de una forma á la otra 1. Pero al salir de la Casa de Moneda, el todo punto inconcebible cómo valores de uso inconmensurables entre sí puedan cambiarse en masse con la masa de oro y plata que se encuentra en un país. Si todas las mercancías se redujeran á una sola mercancía total, de la cual cada mercancía no fuera sino una parte alícuota, resultaría esta hermosa cuenta: mercancía total =x quintales de oro, mercancía Aparte alícuota de la mercancía total = la misma parte alícuota de x quintales de oro. Lo dice muy ingenuamente Montesquieu: «Si se compara la masa de oro y plata que hay en el mundo con la sima de las mercancías que en él existen, es seguro que cada artículo ó mercancia en particular podrá ser comparada á cierta porción de la otra. Supongamos que no haya más que un solo artículo ó mercancía en el mundo, ó que no haya más que una sola que se compre, y que ésta se divida como la moneda: esta parte de una mercancía corresponderá á una parte de la masa del dinero; la mitad del total de la una, á la mitad del total del otro, etc. El establecimiento del precio de las cosas depende siempre fundamentalmente de la razón del total de las cosas al total de los signos.» (MONTESQUIEU, ob. cit., t. {{asc|III}}, págs. 12-13.) Sobre el desarrollo ulterior de esta teoría por Ricardo, su discipulo James Mill, Lord Overstone y otros, véase Zur Kritik... etc., págs. 140-146 y pág. 150 y sig. Con la lógica ecléctica que le es usual, el Sr. J. St. Mill se da maña para ser de la opinión de su padre J. Mill y al mismo tiempo de la opuesta. Si se compara el texto de su compendio Princ. of Pol. Econ. con el prefacio (primera edición), en que él se anuncia á sí mismo como el Adam Smith de la actualidad, no se sabe qué admirar más, si la ingenuidad del hombre, ó la del público que le ha tomado de buena fe por un Adam Smith, respecto de quien él es lo que el general Williams Kars de Kars para el duque de Wellington. Las investigaciones originales del Sr. J. St. Mill en el campo de la Economía política, que no son extensas ni substanciales, están todas puestas en fila en su pequeña obra, aparecida en 1844, Some Unsettled Questions of Political Economy. Locke enuncia directamente la conexión entre la carencia de valor del oro y la plata y la determinación de su valor por su cantidad. «Habiendo consentido la Humanidad en dar un valor imaginario al oro y la plata..... el valor intrínseco, considerado en estos metales, no es sino la cantidad.» (Some Considerations, etc., 1691; Works, ed. 1777, vol. 11, pág. 15.) Está, por supuesto, completamente fuera de mi propósito tratar de detalles como el derecho señorial, etc. Sin embargo, frente al romántico sicofante Adam Müller, que admira la «grandiosa liberalidad » con que el Gobierno inglés acuña gratis», vaya el siguiente juicio de Sir Dudley North: «La plata y el oro, como los otros artículos, tienen su flujo y su reflujo. Cuando llegan cantidades de España..... es llevado a la Torre y acuñado. Poco después habrá demanda de lingotes para la exportación. Si no los hay, pues todo está acuñado, ¿qué hacer? Fundirlo de nuevo. Nada se pierde con ello, porque la acuñación nada cuesta al propieta<noinclude></noinclude> 5bsoxdzvwl1yw3aneieu59g5clnm947 Página:El Capital (1898).pdf/106 102 417436 1651780 2026-04-24T12:14:24Z NinoBot 46867 /* No corregido */ Bot: OCR + arreglos varios 1651780 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="1" user="NinoBot" />{{cp|100|CARLOS MARX|}}</noinclude>metal ya está camino del crisol. Unas más, otras menos, las piezas de moneda se gastan en su curso. El titulo de oro y la substancia de oro, el contenido nominal y el contenido real, principian su proceso de separación. Piezas de oro del mismo nombre pasan à ser de valor desigual, porque son de peso distinto. El oro como medio de circulación se separa del oro como escala de los precios, y cesa con eso de ser el equivalente real de las mercancías cuyos precios realiza. La historia monetaria de la Edad Media y de los tiempos modernos, hasta el siglo {{asc|XVIII}}, es la historia de esos embrollos. La tendencia natural del proceso de la circulación á transformar en apariencia la realidad de la moneda ó á hacer de ésta un símbolo de su contenido oficial en metal, es reconocida hasta por las leyes más modernas sobre el grado de la pérdida de metal que pone fuera de curso ó desmonetiza una pieza de moneda. Si el curso mismo de la moneda separa el contenido real de las piezas de su contenido nominal, su existencia como metal de su existencia funcional, él encierra la posibilidad latente de reemplazar el dinero metálico, en su función monetaria, con signos de otro material ó símbolos. Las dificultades técnicas de la acuñación de muy pequeñas fracciones de oro y plata, y la circunstancia de que metales inferiores sirvieron originariamente como medida del valor en lugar de los más preciosos, la plata en lugar del oro, el cobre en lugar de la plata, los cuales circulaban como moneda en el momento de ser destronados por el metal más noble, explican históricamente el papel de los signos de plata y cobre como sustitutos de las monedas de oro. Ellos reemplazan al oro en aquellas partes de la circulación de las mercancias donde más rápidamente circulan las monedas y, por eso, más rápidamente se gastan, es decir, donde las compras y las ventas se renuevan incesantemente en la más pequeña escala. Para impedir que esos satélites se establezcan en lugar del oro, la ley determina las muy pequeñas proporciones dentro de las cuales solamente deben ser aceptados en pago en lugar del oro. Los círculos particulares en que tienen curso las diferentes clases de moneda, se unen naturalmente entre sí. La moneda divisionaria aparece junto al oro para el pago de fracciones de las más pequeñas monedas de oro; el oro entra constantemente en la circulación por menor, pero constantemente también es arrojado fuera de ella por su cambio con moneda menor 1. rio. Así, la nación ha sido burlada y ha pagado por torcer paja para que coman los asnos. Si el comerciante (el mismo North era uno de los más grandes comerciantes del tiempo de Carlos {{asc|II}}) tuviera que pagar el precio de la acuñación, no enviaría sin consideración su plata á la Torre, y la moneda acuñada conservaria siempre un valor superior al de la plata sin acuñar.» (NORTH, ob. cit., pág. 18.) 1. Si la plata no excede nunca de lo necesario para los pequeños pagos, no puede<noinclude></noinclude> 28d9jnztv90ls8t75rqnxef1mfgzaon Página:Manual de histología normal y técnica micrográfica - bdh0000191874.pdf/54 102 417437 1651784 2026-04-24T18:50:55Z Sucdemagrana 49771 /* Corregido */ 1651784 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" />{{fd|43}} {{c|micro-fotografía|asc}} {{línea}}</noinclude>El problema se dificulta cuando se pretende fotografiar un tejido cuya delicada textura solo es revelada por los más potentes objetivos. Sin embargo, aún en caso tan difícil, es dable obtener es dable obtener éxitos tolerables, si nos concretamos á trabajar sobre preparaciones extremadamente delgadas, para que los elementos ocupen un solo plano y quepan todos á un tiempo en el foco del microscopio. Claro es que con tales preparados no más se reproducirán algunos pocos elementos, pero en cambio se dibujarán estos con gran rigor de contorno y copia de pormenores. Bajo las referidas condiciones hemos obtenido notables fotografías del tejido óseo, cartilaginoso, nervioso, muscular, epitelial, elástico. Se comprende que las células laminares (endotelios, hematíes) que yacen en un solo plano, serán facilísimas de copiar, lo mismo que los corpúsculos desecados y los que, por razón de su extremada pequeñez, pueden disponerse en capas delgadísimas, como ''bacillus, bacterias, coccus, fermentos, cristales, diatomáceas'', etc. Sí, á pesar de las graves dificultades que lleva consigo nos empeñamos en fotografiar cortes espesos de tejidos ricos en elementos, bajo grandes amplificaciones, no nos queda más recurso, á fin de conseguir pruebas medianamente demostrativas, que ejecutar numerosas y sucesivas copias del mismo objeto, correspondiente cada una á una capa distinta de la preparación. Tales copias se ordenarán en serie, consignando al pié de ellas el plano focal á que pertenecen, y de esta suerte se obtendrá una imagen fiel de cada foco, y podremos seguir, como si la detalláramos con el tornillo micrométrico, las prolongaciones y detalles que muestra un mismo elemento en extratos distintos del tejido. Estamos en la creencia que todo el porvenir de la micro-fotografía descansa en estas reproducciones seriales; con su ayuda obtendría el micrógrafo documentos de gran valor, por todos consultables, en los que, como en la misma naturaleza, cabría hacer descubrimientos, corrigiendo nuestras opiniones y rectificando las ajenas. El color de las preparaciones micrográficas y el método de preparación dista mucho de ser indiferente. En general, toda preparación por disociación será más fácil de fotografiar que los cortes de conjunto donde se hacinen muchos corpúsculos. En cuanto al color, es preciso rechazar en absoluto las preparaciones teñidas al<noinclude></noinclude> p2p6sp215dnxd8fwu478jvcoq3neb3n 1651785 1651784 2026-04-24T18:55:19Z Sucdemagrana 49771 1651785 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" />{{fd|43}} {{c|micro-fotografía|asc}} {{línea}}</noinclude>El problema se dificulta cuando se pretende fotografiar un tejido cuya delicada textura solo es revelada por los más potentes objetivos. Sin embargo, aún en caso tan difícil, es dable obtener éxitos tolerables, si nos concretamos á trabajar sobre preparaciones extremadamente delgadas, para que los elementos ocupen un solo plano y quepan todos á un tiempo en el foco del microscopio. Claro es que con tales preparados no más se reproducirán algunos pocos elementos, pero en cambio se dibujarán estos con gran rigor de contorno y copia de pormenores. Bajo las referidas condiciones hemos obtenido notables fotografías del tejido óseo, cartilaginoso, nervioso, muscular, epitelial, elástico. Se comprende que las células laminares (endotelios, hematíes) que yacen en un solo plano, serán facilísimas de copiar, lo mismo que los corpúsculos desecados y los que, por razón de su extremada pequeñez, pueden disponerse en capas delgadísimas, como ''bacillus, bacterias, coccus, fermentos, cristales, diatomáceas'', etc. Sí, á pesar de las graves dificultades que lleva consigo nos empeñamos en fotografiar cortes espesos de tejidos ricos en elementos, bajo grandes amplificaciones, no nos queda más recurso, á fin de conseguir pruebas medianamente demostrativas, que ejecutar numerosas y sucesivas copias del mismo objeto, correspondiente cada una á una capa distinta de la preparación. Tales copias se ordenarán en serie, consignando al pié de ellas el plano focal á que pertenecen, y de esta suerte se obtendrá una imagen fiel de cada foco, y podremos seguir, como si la detalláramos con el tornillo micrométrico, las prolongaciones y detalles que muestra un mismo elemento en extratos distintos del tejido. Estamos en la creencia que todo el porvenir de la micro-fotografía descansa en estas reproducciones seriales; con su ayuda obtendría el micrógrafo documentos de gran valor, por todos consultables, en los que, como en la misma naturaleza, cabría hacer descubrimientos, corrigiendo nuestras opiniones y rectificando las ajenas. El color de las preparaciones micrográficas y el método de preparación dista mucho de ser indiferente. En general, toda preparación por disociación será más fácil de fotografiar que los cortes de conjunto donde se hacinen muchos corpúsculos. 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Son de gran interés, especialmente los que se refieren a las diferencias habidas entre el mariscal Jorge Robledo, el adelantado Andagoya y Sebastián de Benalcázar, y a los servicios prestados por unos y por otros. Autógrafo de Pedro Sarmiento de Gamboa, 1572. Relación del Gobierno de los reinos del Perú, por el marqués de Montes Claros; y otros informes del siglo {{may|xvii}}. Documentos sobre canonizaciones: de Santa Rosa de Lima, del beato Toribio Alfonso de Mogrobejo, Arzobispo de Lima, del venerable Antonio Magil de Jesús y de la beata Mariana de Jesús. Documentos relativos al proceso de Jorge Juan y Antonio de Ulloa, con motivo de haber ambos faltado al respeto al Presidente de la Audiencia y algunos otros que aluden al levantamiento habido en Quito, con ocasión del establecimiento del impuestos de las alcabalas. Epítome Cronológico, o idea general del Perú, en que se hace clara y sucinta la descripción de este Imperio etc. Muy interesante trabajo inédito, 1776. Indice descriptivo del partido de Jauja, o Santa Fe de Atun-Jauja. 1785. Ms. policromo.</small><noinclude></noinclude> hdlqp3j6picyk7c2fpzsglj5se09qjs 1651792 1651791 2026-04-24T21:51:25Z Sucdemagrana 49771 1651792 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" />{{c|— 17 —}}</noinclude><small>Carta original del Cabildo de Lima, al emperador Carlos V, participándole la situación del Perú, a la salida del licenciado Gasca. Folio 4 hojas. Año 1550. Documentos relativos a la muerte del virrey Blasco Núñez de Vela. {{img float|align=right|file=El Archivo de Indias y la Biblioteca Colombina de Sevilla- pg 17 - Escudo de los Incas.png|leyenda={{menor|Escudo de los Incas}}|alinearley=right|width=300px}} Memoria manuscrita del virrey don Francisco de Toledo. Plano de la fortaleza del Cuzco, con parte de dicha ciudad, por el sargento mayor de infantería don Ramón de Arechaga y Calvo. E. 112, C. 6, L. 8. Diversos documentos pertenecientes a la Audiencia de Quito. Son de gran interés, especialmente los que se refieren a las diferencias habidas entre el mariscal Jorge Robledo, el adelantado Andagoya y Sebastián de Benalcázar, y a los servicios prestados por unos y por otros. Autógrafo de Pedro Sarmiento de Gamboa, 1572. Relación del Gobierno de los reinos del Perú, por el marqués de Montes Claros; y otros informes del siglo {{may|xvii}}. Documentos sobre canonizaciones: de Santa Rosa de Lima, del beato Toribio Alfonso de Mogrobejo, Arzobispo de Lima, del venerable Antonio Magil de Jesús y de la beata Mariana de Jesús. Documentos relativos al proceso de Jorge Juan y Antonio de Ulloa, con motivo de haber ambos faltado al respeto al Presidente de la Audiencia y algunos otros que aluden al levantamiento habido en Quito, con ocasión del establecimiento del impuestos de las alcabalas. Epítome Cronológico, o idea general del Perú, en que se hace clara y sucinta la descripción de este Imperio etc. Muy interesante trabajo inédito, 1776. Indice descriptivo del partido de Jauja, o Santa Fe de Atun-Jauja. 1785. Ms. policromo.</small><noinclude></noinclude> 2974yzyvaqcl8m9ztm5osvgfggu5x6x 1651793 1651792 2026-04-24T21:51:50Z Sucdemagrana 49771 1651793 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" />{{c|— 17 —}}</noinclude><small>Carta original del Cabildo de Lima, al emperador Carlos V, participándole la situación del Perú, a la salida del licenciado Gasca. Folio 4 hojas. Año 1550. Documentos relativos a la muerte del virrey Blasco Núñez de Vela. {{img float|align=right|file=El Archivo de Indias y la Biblioteca Colombina de Sevilla- pg 17 - Escudo de los Incas.png|leyenda={{menor|Escudo de los Incas}}|alinearley=right|width=300px}} Memoria manuscrita del virrey don Francisco de Toledo. Plano de la fortaleza del Cuzco, con parte de dicha ciudad, por el sargento mayor de infantería don Ramón de Arechaga y Calvo. E. 112, C. 6, L. 8. Diversos documentos pertenecientes a la Audiencia de Quito. Son de gran interés, especialmente los que se refieren a las diferencias habidas entre el mariscal Jorge Robledo, el adelantado Andagoya y Sebastián de Benalcázar, y a los servicios prestados por unos y por otros. Autógrafo de Pedro Sarmiento de Gamboa, 1572. Relación del Gobierno de los reinos del Perú, por el marqués de Montes Claros; y otros informes del siglo {{may|xvii}}. Documentos sobre canonizaciones: de Santa Rosa de Lima, del beato Toribio Alfonso de Mogrobejo, Arzobispo de Lima, del venerable Antonio Magil de Jesús y de la beata Mariana de Jesús. Documentos relativos al proceso de Jorge Juan y Antonio de Ulloa, con motivo de haber ambos faltado al respeto al Presidente de la Audiencia y algunos otros que aluden al levantamiento habido en Quito, con ocasión del establecimiento del impuestos de las alcabalas. Epítome Cronológico, o idea general del Perú, en que se hace clara y sucinta la descripción de este Imperio etc. Muy interesante trabajo inédito, 1776. Indice descriptivo del partido de Jauja, o Santa Fe de Atun-Jauja. 1785. Ms. policromo.</small> {{np}}<noinclude></noinclude> kimejf78xzop7kfi9r21jeh5fd7dsjg Página:El Archivo de Indias y la Biblioteca Colombina de Sevilla - rápida reseña de sus riquezas bibliográficas (IA archivodesindias00larrrich).pdf/20 102 417439 1651794 2026-04-24T22:11:19Z Sucdemagrana 49771 /* Corregido */ 1651794 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" />{{c|— 18 —}}</noinclude>{{menor|Plano del Obispado de Trujillo, hecho de 1798 a 1804. Ms. (Comprende del golfo de Guayaquil al rio de Santa.)}} Son muy interesantes las cédulas reales, originales, concediendo el uso de escudo de armas a varias personas del Perú. Voy a enumerar las principales, por si hay interesados que deseen resucitar sus títulos de abolengo; indicaré los lugares que ocupan, siempre que me sea posible: <small>A los descendientes de los Emperadores del Perú, en 1544. (Es verdad que los principales ya no existían.) Son dibujos policromos, muy curiosos y bien conservados. E. 95 y 1, C. 2 y 4, L. 21 y 1 a 6. {{brecha|5em}}A Alonso Sánchez, del Perú, 1538. {{brecha|5em}}A Sebastián Torres, del Perú, 1538. {{brecha|5em}}A Juan Argüello, del Perú, 1538. {{brecha|5em}}A Cristóbal Burgos, del Perú, 1539. {{brecha|5em}}A Baltazar García, del Perú, 1540. {{brecha|5em}}A Juan Ortiz, del Cuzco, 1540. {{brecha|5em}}A Diego Rodríguez de Figueroa, del Cuzco, 1540. {{brecha|5em}}A Antón Ruiz, del Perú, 1560. {{brecha|5em}}A Jerónimo Castro, del Perú, 1672. {{brecha|5em}}A Barreto de Aragón, del Perú, 1672. De paso diré que los planos de Lima existentes en el Archivo de Indias, muy interesantes para la historia de la ciudad, y de los cuales debiera poseer copias la «Sociedad Geográfica» de Lima, son de los siguientes años: 1611, 1626, 1682, 1685, 1740 y dos de 1750; y como información curiosa agregaré que, con el primero, remitido por don Joan de Belueder, da éste cuenta de la donación que se hizo a don Rodrigo de Baeza Mendoza, ''de la plaza que había a la entrada del Puente'' (octubre de 1611). Hay dos preciosos planos de Lima. Los dibujó y grabó en perspectiva el padre-fray P. Nolasco, R. de la Merced, 1683 y 1687. E. 7, C. 3, L. 7. Carta original del ex jesuíta don Juan de Velazco, sobre la impresión de su ''Historia Natural antigua y moderna de la provincia de Quito''. 23 de noviembre de 1788 2 hojas en 4.º</small> Algunos documentos de la lista anterior me eran ya conocidos desde 1880. Así, del Epítome Cronológico de 1776 hablé en mis estudios sobre el drama ''Ollanta'', y he tenido ahora ocasión {{Corr|dec omprobar|de comprobar}} mis citas.<ref>{{menor|Monografías Histórico americanas. Lima, 1893, pág. 222.</ref> {{c|Colombia, República Argentina y Chile|bold}} Del virreinato de Santa Fe (Nueva Granada) hay expuestos algunos documentos de importancia: {{np}}<noinclude></noinclude> 7e6mif6sd16o5ld2biyx8mb8uedwfpz 1651795 1651794 2026-04-24T22:11:33Z Sucdemagrana 49771 1651795 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" />{{c|— 18 —}}</noinclude>{{menor|Plano del Obispado de Trujillo, hecho de 1798 a 1804. Ms. (Comprende del golfo de Guayaquil al rio de Santa.)}} Son muy interesantes las cédulas reales, originales, concediendo el uso de escudo de armas a varias personas del Perú. Voy a enumerar las principales, por si hay interesados que deseen resucitar sus títulos de abolengo; indicaré los lugares que ocupan, siempre que me sea posible: <small>A los descendientes de los Emperadores del Perú, en 1544. (Es verdad que los principales ya no existían.) Son dibujos policromos, muy curiosos y bien conservados. E. 95 y 1, C. 2 y 4, L. 21 y 1 a 6. {{brecha|5em}}A Alonso Sánchez, del Perú, 1538. {{brecha|5em}}A Sebastián Torres, del Perú, 1538. {{brecha|5em}}A Juan Argüello, del Perú, 1538. {{brecha|5em}}A Cristóbal Burgos, del Perú, 1539. {{brecha|5em}}A Baltazar García, del Perú, 1540. {{brecha|5em}}A Juan Ortiz, del Cuzco, 1540. {{brecha|5em}}A Diego Rodríguez de Figueroa, del Cuzco, 1540. {{brecha|5em}}A Antón Ruiz, del Perú, 1560. {{brecha|5em}}A Jerónimo Castro, del Perú, 1672. {{brecha|5em}}A Barreto de Aragón, del Perú, 1672. De paso diré que los planos de Lima existentes en el Archivo de Indias, muy interesantes para la historia de la ciudad, y de los cuales debiera poseer copias la «Sociedad Geográfica» de Lima, son de los siguientes años: 1611, 1626, 1682, 1685, 1740 y dos de 1750; y como información curiosa agregaré que, con el primero, remitido por don Joan de Belueder, da éste cuenta de la donación que se hizo a don Rodrigo de Baeza Mendoza, ''de la plaza que había a la entrada del Puente'' (octubre de 1611). Hay dos preciosos planos de Lima. Los dibujó y grabó en perspectiva el padre-fray P. Nolasco, R. de la Merced, 1683 y 1687. E. 7, C. 3, L. 7. Carta original del ex jesuíta don Juan de Velazco, sobre la impresión de su ''Historia Natural antigua y moderna de la provincia de Quito''. 23 de noviembre de 1788 2 hojas en 4.º</small> Algunos documentos de la lista anterior me eran ya conocidos desde 1880. Así, del Epítome Cronológico de 1776 hablé en mis estudios sobre el drama ''Ollanta'', y he tenido ahora ocasión {{Corr|dec omprobar|de comprobar}} mis citas.<ref>{{menor|Monografías Histórico americanas. Lima, 1893, pág. 222.}}</ref> {{c|Colombia, República Argentina y Chile|bold}} Del virreinato de Santa Fe (Nueva Granada) hay expuestos algunos documentos de importancia: {{np}}<noinclude></noinclude> bpjeoxkfjc0sbor6zh15ev439up5gr0 Página:El Archivo de Indias y la Biblioteca Colombina de Sevilla - rápida reseña de sus riquezas bibliográficas (IA archivodesindias00larrrich).pdf/21 102 417440 1651796 2026-04-24T22:26:32Z Sucdemagrana 49771 /* Corregido */ 1651796 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" />{{c|— 19 —}}</noinclude><small>La ''Historia de Santa Marta'', por fray Pedro de Aguado. Ms. Colección de cartas y relaciones, manuscritas casi todas, de Pedro de Heredia, el adelantado Tobilla, el mariscal Ximénez, Pedro Fernández de Lugo, García de Lerma, Gobernador de Santa Marta y algunos otros papeles análogos. Descripción del gobierno del Chocó (Nueva Granada). Es un interesante Ms., sin fecha. Mapas varios de la Nueva Granada; entre ellos unos Ms. y en colores del Cabo de la Vela, 1777. Mapas y planos de la famosa Cartagena de Indias, uno de los más fuerte baluartes de la dominación española.</small> Hay varios documentos relativos a los ritos, usos y costumbres de los indios del mismo país. No es menos interesante la colección de autógrafos y documentos referentes a la Audiencia del Río de la Plata: <small>Autógrafos de algunos Obispos de Buenos Aires. Un curioso plano de la Catedral de Córdoba (Tucumán). Interesantes manuscritos y papeles varios de Juan Díaz de Soliz; del adelantado Alvar Nuñez Cabeza de Vaca; de los gobernadores Juan de Sanabria, Martínez de Irala, Jaime Rasquín, Ortiz de Zárate y todos los demás hasta fines del siglo {{may|xviii}} precursor de la Independencia. Curiosa ''Relación'' de la ciudad de La Plata, con varias firmas, original. Es de 1561. (Procede de la Biblioteca Nacional) Descripción geográfica del Río de la Playa, por el capitán Ibarbelz, 1692. Ms. (B. N.). Plano de las tierras comprendidas entre el Río de la Plata y el Ti. Cosme Albarén. Interesante Ms., policromo de 1756. Mapa del Río Grande de San Pedro... (Buenos Aires). 1774. Varios mapas del río Bermejo. (B. N.) Relación de las operaciones del ejército de la América Meridional del mando... de Pedro Ceballos, desde Montevideo y toma de la plaza del Sacramento, 1777. Ms. en 4.º Letra del siglo {{may|xviii}}. Carta esférica del Río de la Plata. Buenos Aires, 1798. Msc. Plano de la Ensenada de Barragán, situada en el Río de la Plata... por los señores Cerviño e Iriarte, 1798. MSc. Breve Resumen de hechos, remitido por el Gobernador de Buenos Aires, seguida en su juzgado y tribunales del reino del Perú, y el origen de los pasados sucesos de la provincia de Tucumán. Folio. Letra del siglo {{may|xviii}}.</small> De Chile no faltan algunos documentos, entre ellos una colección de autógrafos de sus gobernadores: <small>Autógrafos del célebre poeta Alonso Ercilla. Corresponde también a este país un manuscrito de propiedad del Duque de T'Serclaes, titulado «Reconquista de Osorno», siglos {{may|xvii}} y {{may|xviii}}; pero que no llegó a ser enviado a la exposición.<ref name="Duque">{{menor|El Duque posee un buen archivo de documentos de América. Ignoro por qué desconfió}}</ref></small><noinclude></noinclude> c1pqf5l7ca9tqzzefezih3o0xqw24pe Página:El Archivo de Indias y la Biblioteca Colombina de Sevilla - rápida reseña de sus riquezas bibliográficas (IA archivodesindias00larrrich).pdf/22 102 417441 1651797 2026-04-24T22:39:03Z Sucdemagrana 49771 /* Corregido */ 1651797 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" />{{c|— 20 —}}</noinclude><small>Carta original del ex jesuíta don Juan Ignacio Molina, pidiendo auxilios para terminar su obra sobre Chile. Folio 2 hojas. Plano de la nueva ciudad de Osorno (Chile), 1806. Ms.</small> {{c|Documentos de carácter general|bold}} Respecto de los documentos que tienen este carácter, la lista puede ser variada y extensa; pero me limitaré a citar los que siguen: {{img float|archivo=Pg 20 - Exposición de documentos.PNG|align=left|leyenda={{menor|{{may|Archivo de Indias.}} — Exposición de documentos}}|alinearley=left|width=300px}} <small>Documentos pontificios sobre las posesiones del Nuevo Mundo y los arreglos celebrados al respecto entre España y Portugal. Autógrafos muy interesantes; entre ellos los hay de Alvaro de Bazán y de los cosmógrafos Cépedes, Carbellido y otros. Relaciones geográficas de Venezuela, Cartagena, Popayán y Nuevo Reyno de Granada, de Nueva Galicia y el Perú. Estas relaciones proceden del Archivo de la Real Academia de la Historia, donde se guardan. Varios documentos, algunos ya publicados, sobre los antiguos proyectos de abrir un canal entre el Atlántico y el Pacífico. ''Indice General de los Registros del Consejo de Indias''. Comprende desde 1509 hasta 1608. Este importantísimo trabajo pertenece a la Real Academia de la Historia, y sirvió al Cronista Mayor Herrera para sus Décadas. Lo recomiendo en particular a los bibliófilos. Aclaración del descubrimiento del río de las Amazonas, por el capitán Orellana, escrita por fray Gaspar de Carvajal, fraile dominico, en el siglo {{may|xvi}}.<ref>{{menor|Publicó esta obra el bibliófilo chileno don José Toribio Medina, a costa y por encargo del Duque de T'Serclaes, dueño del Ms. Sevilla, imprenta de E. Rasco, 1894.}}</ref> Algunos documentos de la famosa aventurera «La Monja-alferez», doña Catalina de Erauso (sic); y entre ellos un Memorial de su puño y letra (1630). <ref follow="Duque">{{menor|de mandar ''La Reconquista de Osorno'' a la Exposición, y que forma una interesante colección de once documentos.}}</ref>{{np}}<noinclude></noinclude> 0h0yx6s9bkz123tsk05pvmhz44419it Página:El Archivo de Indias y la Biblioteca Colombina de Sevilla - rápida reseña de sus riquezas bibliográficas (IA archivodesindias00larrrich).pdf/26 102 417442 1651798 2026-04-24T22:40:08Z Sucdemagrana 49771 /* Sin texto */ 1651798 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="0" user="Sucdemagrana" /></noinclude><noinclude></noinclude> 8208jdfi38yug1kgim2gytysav5gtet Página:El Archivo de Indias y la Biblioteca Colombina de Sevilla - rápida reseña de sus riquezas bibliográficas (IA archivodesindias00larrrich).pdf/23 102 417443 1651799 2026-04-24T23:11:39Z Sucdemagrana 49771 /* Corregido */ 1651799 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" />{{c|— 21 —}}</noinclude>{{c|Tribunal de la Inquisición|bold}} Sobre este célebre Tribunal muy poco hay en la Exposición; pero es probable que en estos días se remitan algunos documentos del Archivo Histórico Nacional. En este centro se guardan, en numerosos legajos, tres colecciones correspondientes a los tribunales que funcionaron en Cartagena, Lima y Méjico. No ignoran los lectores la pasión con que los soldados de la conquista se entregaban al juego de naipes. Pues bien, exhíbese una curiosísima colección de barajas, groseramente impresas en colores. Es de 1538. {{img float|file=Solicitus de Miguel de Cervantes pidiendo destino en Indias.png|align=right|leyenda={{menor|Solicitud de Miguel de Cervantes Saavedra pidiendo un destino en Indias y decreto del Consejo}}|alinearley=right|width=300px}} Ofrece también especial interés, para los pintores y artistas en particular, una colección de uniformes, en dibujos policromos, que usaban los oficiales y soldados de las milicias blancas y morenas de las Antillas, Méjico, Panamá y otras secciones. {{c|V}} {{c|Propósito de Cervantes de irse a América|bold}} {{c|Algo sobre la necesidad de publicaciones|bold}} {{c|Conclusión|bold}} En un escaparate colocado en el centro de la Sala del «Patronato» me doy con un manuscrito curiosísimo de Miguel de Cervantes Saavedra. Se sabe que el inmortal autor de ''Don Quijote'' estuvo a punto de pasarse a América, al Perú o a Méjico tal vez; pero que la dura negativa del Consejo de Indias se opuso a ello. {{np}}<noinclude></noinclude> 81oxyv4j7kpg13xztsbogv30wz1i18a Página:Ensayo de un diccionario valenciano castellano - bdh0000084729.pdf/5 102 417444 1651800 2026-04-25T00:21:25Z Sucdemagrana 49771 /* Corregido */ 1651800 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" /></noinclude>{{título| {+}ENSAYO {-}DE UN {++++}DICCIONARIO {+}VALENCIANO-CASTELLANO. {{hay imagen}} {+}VALENCIA, IMPRENTA DE J. FERRER DE ORGA, {-}Á ESPALDAS DEL TEATRO. {{línea|2em}} 1839. }}<noinclude></noinclude> gj368bakhgxxlqqo7bo4ttvd0l77m7o Página:Ensayo de un diccionario valenciano castellano - bdh0000084729.pdf/7 102 417445 1651801 2026-04-25T00:22:28Z Sucdemagrana 49771 /* Corregido */ 1651801 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" /></noinclude>{{c|DICCIONARIO|x-grande}} {{c|VALENCIANO-CASTELLANO.}} {{línea|2em}}<noinclude></noinclude> 67hu3i5kcfsylx9ucmghlxmu8cwc9um Página:El Archivo de Indias y la Biblioteca Colombina de Sevilla - rápida reseña de sus riquezas bibliográficas (IA archivodesindias00larrrich).pdf/24 102 417446 1651804 2026-04-25T09:09:43Z Sucdemagrana 49771 /* Corregido */ 1651804 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" />{{c|— 22 —}}</noinclude>Este es el documento que se exhibe ahora. Al pie del Memorial de Cervantes, presentado en la forma de costumbre, en que apoya su solicitud con la relación de sus servicios, se ve el decreto del Consejo: «Busqué por acá en que se le haga merced.» En Madrid a 6 de junio de 1590. Y siguen las rúbricas. {{línea|5em}} Después de recorrer esta Exposición es cuando más se aprecia la necesidad de organizar la publicación de los documentos relativos a la historia de América. Hoy no se explica la Historia sin la documentación y sin dejar visibles todos los documentos que sirvieron para componer la obra. Ya pasaron los tiempos en que se extraviaba el criterio público con relaciones antojadizas y parciales. Si hiciéramos un inventario de lo que se ha publicado en esa forma comprobada y de lo que se desconoce, del trabajo hecho y del que falta, se vería que estamos muy atrasados. Tenemos, es cierto, los cuarenta y dos tomos de la colección de dos Luis Torres de Mendoza y los doce publicados por la Real Academia de la Historia; las publicaciones de Jiménez de la Espada respecto del Perú; de don Justo Zaragoza sobre Méjico; del marino Cesáreo Fernández Duro, y de algunos otros bibliófilos españoles, sin contar las publicaciones dispersas hechas en otros países de Europa y América. Pero, muertos esos escritores, sus empresas han quedado casi abandonadas; y en cuanto al conjunto general, falta a todo plan y unidad. Además, es poco lo hecho en relación con lo inédito; porque el número de piezas históricas depositadas en diferentes Archivos no bajará de tres millones. El de Indias sólo posee más de dos millones; el número de documentos que poseen las demás instituciones de Sevilla, conventos y nobleza, es considerable; el Archivo de los Notarios de esta ciudad se compone de más de quince mil documentos que estaban en el convento de San Laureano; de suerte que podemos calcular que hay aquí, sin salir de esta provincia, alrededor de dos y medio millones de papeles viejos relativos a América. El material geográfico de la Casa de Contratación, en buena cantidad, yace también olvidado; porque muerto Puente y Olea, su obra no ha hallado continuador.<ref>{{menor|Los trabajos geográficos de la Casa de Contratación, por Manuel de la Puente y Olea, Sevilla, librería Salesiana, 1900. Un tomo en folio de 460 páginas.}}</ref>{{np}}<noinclude></noinclude> ebfz3osp87hlnenxwyeirqherkvjet9 Página:El Archivo de Indias y la Biblioteca Colombina de Sevilla - rápida reseña de sus riquezas bibliográficas (IA archivodesindias00larrrich).pdf/25 102 417447 1651817 2026-04-25T09:25:09Z Sucdemagrana 49771 /* Corregido */ 1651817 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" />{{c|— 23 —}}</noinclude>Los Ministerios de España, las Bibliotecas públicas y particulares, los conventos a partir del Escorial, las notarías, etc. poseen interesantes documentos, a pesar de las requisiciones hechas de tiempo atrás. ¿Y en América? Sólo podré decir que en Lima las autoridades eclesiásticas y las notarías principales sin contar con nuestro olvidado Archivo Nacional, representan un caudal de documentos históricos. Corresponde a los Gobiernos de América estudiar y realizar la empresa, para la cual no les faltan hombres ni dinero. Creo que se debe empezar por hacer, de acuerdo con el Gobierno español, el inventario y la catalogación de todos los documentos, sobre las bases existentes, como los índices que sirvieran al cronista Herrera y a don Juan Bautista Muñoz. El Jefe del Archivo de Indias, don Pedro Torres Lanzas, ha iniciado ya un trabajo utilísimo en la oficina de su cargo;<ref><small>Pedro Torres Lanzas, Jefe del Archivo de Indias. Independencia de América. Fuentes para su estudio. Catálogos de documentos conservados en el Archivo general de Indias de Sevilla. Establecimiento tipográfico de la Sociedad de publicaciones históricas. O'Donnell, 6, Madrid,1912.<br>Cinco tomos de texto y uno de índices. En el tomo 6.º hay cinco índices que corresponden a los cinco tomos expresados y llevan orden onomástico y geográfico.<br>El mismo señor ha principiado la publicación de una serie de libritos en 8.º que contienen ''Relaciones descriptivas'' de los mapas y cartas geográficas y planos relativos a países de América. La del Perú: Barcelona, 1906. Imprenta de Henrich y C.ª, en C.</small></ref> su buen ejemplo ha hallado eco entre sus empleados,<ref><small>''Vida de Francisco López de Xereza'', por A. Jiménez Placer (de la Academia Sevillana de Buenas Letras y oficial del Archivo de Indias), Madrid. Establecimiento tipográfico de Fontanet, 1911. Libertad, 29. <br>A este respecto, conviene recordar que la relación de Jerez, mal copiada por el editor Rivadeneyra, dió margen a que el sabio Raymondi incurriera en algunos errores en su historia de la geografía del Perú.</small></ref> y una Sociedad recientemente organizada en Sevilla persigue los mismos propósitos.<ref><small>''Boletín del Instituto de Estudios Americanistas de Sevilla''. Es una Revista de 70 páginas, eventual y órgano de la Sociedad de su nombre. Han salido tres números en 1913. Imprenta de A. Saavedra, Rosario, 7, Sevilla.</small></ref> Pero me temo que todos estos nobles esfuerzos no tengan condiciones de duración, por falta de la decidida protección que debían dispensar a esta empresa el público y los Gobiernos. Debo, al tan ilustrado como estimable bibliófilo Jefe del Archivo de Indias, la expresión de mi viva gratitud por las atenciones y facilidades que me ha dispensado durante mis visitas, quizás algo exigentes e importunas. {{np}}<noinclude></noinclude> heisxdhqj52ti79b2kpdj5prm4ktjq1 Página:Napoleón en Chamartín (1907).djvu/75 102 417448 1651818 2026-04-25T09:37:21Z Sucdemagrana 49771 /* Corregido */ 1651818 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" />{fd|71}} {{c|NAPOLEÓN EN CHAMARTÍN|sc}}</noinclude>tituto. Pero no es posible contener esta gritería que por todos lados sale en defensa de opuestos intereses, y venga lo que viniere, que si Dios no lo remedia, será gordo y sonado. Entre tanto, póngame usía á un ladito estos libros que tratan de la Constitución y el despotismo, pues pienso examinarlos espaciosamente. ¿Pero qué veo? ¿Ha puesto vuecencia en el montón escogido esos cuatro librillos de novelas simples? Parece mentira que en esta época empleen nuestros libreros su tiempo y dinero en traducir del francés tales majaderías... ¿A ver? ''La marquesa de Brainville'', la ''Etelvina'', los ''Sibaritas'', el ''Hipólito''. Vaya toda esta romancil caterva á deleitar al Padre Salmón, y si tarda en devolverla, mejor, que así podrá vuestra grandeza entretenerse en mejores lecturas. —En esto de novelas andamos tan descaminados —dijo Amaranta,— que después de haber producido España la matriz de todas las novelas del mundo y el más entretenido libro que ha escrito humana pluma, ahora no acierta á componer una que sea mayor del tamaño de un cañamón, y traduce esas lloronas historias francesas, donde todo se vuelve amores entre dos que se quieren mucho durante todo el libro, para luego salir con la patochada de que son hermanos. —Pues para mí —dijo Salmón,— no hay más regocijada lectura que esa; y vengan todos para acá. —Abulta bastante, señora Condesa —indicó Castillo,— el apartado de los que defienden la<noinclude></noinclude> n73hb8kwibev25qtxu8b7f8jr6agcuy 1651819 1651818 2026-04-25T09:37:31Z Sucdemagrana 49771 1651819 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" />{{fd|71}} {{c|NAPOLEÓN EN CHAMARTÍN|sc}}</noinclude>tituto. Pero no es posible contener esta gritería que por todos lados sale en defensa de opuestos intereses, y venga lo que viniere, que si Dios no lo remedia, será gordo y sonado. Entre tanto, póngame usía á un ladito estos libros que tratan de la Constitución y el despotismo, pues pienso examinarlos espaciosamente. ¿Pero qué veo? ¿Ha puesto vuecencia en el montón escogido esos cuatro librillos de novelas simples? Parece mentira que en esta época empleen nuestros libreros su tiempo y dinero en traducir del francés tales majaderías... ¿A ver? ''La marquesa de Brainville'', la ''Etelvina'', los ''Sibaritas'', el ''Hipólito''. Vaya toda esta romancil caterva á deleitar al Padre Salmón, y si tarda en devolverla, mejor, que así podrá vuestra grandeza entretenerse en mejores lecturas. —En esto de novelas andamos tan descaminados —dijo Amaranta,— que después de haber producido España la matriz de todas las novelas del mundo y el más entretenido libro que ha escrito humana pluma, ahora no acierta á componer una que sea mayor del tamaño de un cañamón, y traduce esas lloronas historias francesas, donde todo se vuelve amores entre dos que se quieren mucho durante todo el libro, para luego salir con la patochada de que son hermanos. —Pues para mí —dijo Salmón,— no hay más regocijada lectura que esa; y vengan todos para acá. —Abulta bastante, señora Condesa —indicó Castillo,— el apartado de los que defienden la<noinclude></noinclude> nrhqckbky7k6ya55eba9viyp212c15p Página:Napoleón en Chamartín (1907).djvu/76 102 417449 1651821 2026-04-25T10:15:05Z Sucdemagrana 49771 /* Corregido */ 1651821 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" />{{fi|72}} {{c|B. PÉREZ GALDÓS}}</noinclude>Constitución. Hágame vuestra merced otro con los apóstoles del despotismo, que hasta ahora parecen los menos. Pero no: por aquí sale un libelo titulado ''Gritos de un español en su rincón'', que al instante puedo colocar entre los del despotismo. —Y aquí hay otro —dijo Amaranta,— que si no me equivoco, también es del mismo estambre. Titúlase ''Carta de un filósofo lugareño que sabe en qué vendrán a parar estas misas''. —¡Magnífico! Desde que oí eso del ''filósofo lugareño'', lo diputé por enemigo de los constitucionales. Vaya al segundo montón; y los leeremos á unos y á otros para saber, como dice el encabezamiento, en qué ''vendrán á parar estas misas''. Esta lucha, señora mía, ó yo me engaño mucho, ó ahora es un juego de chicos comparada con lo que ha de venir. Cuando se acabe la guerra, aparecerá tan formidable y espantosa, que no me parece podrá apaciguarla ni aun el suave transcurso de todos los años de este siglo en cuyo principio vivimos. Yo que observo lo que pasa, veo que esa controversia está en las entrañas de la sociedad española, y que no se aplacará fácilmente, porque los males hondos quieren hondísimos remedios, y no sé yo si tendremos quien sepa aplicar éstos con aquel tacto y prudencia que exige un enfermo por diferentes partes atacado de complicadas dolencias. Los españoles son hasta ahora valientes y honrados; pero muy fogosos en sus pasiones, y si se desatan en rencorosos sentimientos unos contra otros, no sé cómo se van á entender. Mas<noinclude></noinclude> sumc4dj8ik0t3mp6jnf30f6l9k8qoe6 Página:Napoleón en Chamartín (1907).djvu/77 102 417450 1651822 2026-04-25T10:18:12Z Sucdemagrana 49771 /* Corregido */ 1651822 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" />{{fd|73}} {{c|NAPOLEÓN EN CHAMARTÍN|sc}}</noinclude>quédese esto al cuidado de otra generación, que la mía se va por la posta al otro mundo, con más prisa de lo que yo deseo. Y entre tanto, guárdeme usía esos dos montones de libros, que todos quiero leerlos. Aquí el departamento de la Constitución, á este otro lado el del despotismo... pero ¡pecador de mí! A vuecencia se le ha ido la mano, dejando que se colara en estas regiones un papelejo que desde su principio fué destinado al paladar de mi reverendo amigo. Afuera ese desvergonzado intruso. —¡Ah! —exclamó Amaranta riendo.— Es un ''Retrato poético del que vende santi barati y el sartenero victoreando al primer pepino que plantó un corso en tierra de España, y no ha prendido''. —¡Venga acá! —dijo con gran alegría Salmón.— ¡Y cómo se escapaba esa joya! Al convento me lo llevo junto con este otro, que aunque no trata de la guerra ni de política, parece libro de recreación científica y de honestísimo divertimiento. Es la ''Pirotécnica entretenida, curiosa y agradable, que contiene el método para que cada uno pueda formarse en su casa los cohetes, carretillas y bombas, etc., con tres láminas demostrativas de todas las operaciones del sublime arte de polvorista''. —Y ahora, señora Condesa de mi alma —dijo el Padre Castillo levantándose,— ya que he molestado bastante á usía, y hecho el escrutinio que vuestra grandeza deseaba, me retiro, pues esta tarde celebra solemne rosario la Hermandad del Socorro de Nuestra Señora del Traspaso, y me toca predicar.{{np}}<noinclude></noinclude> dji1ebh1dxloka46dvjo9gw90xwax5i Página:Napoleón en Chamartín (1907).djvu/78 102 417451 1651823 2026-04-25T10:20:54Z Sucdemagrana 49771 /* Corregido */ 1651823 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" />{{fi|74}} {{c|B. PÉREZ GALDÓS|sc}}</noinclude>—Yo pertenezco á la del Rescate —indicó Amaranta,— y creo que es la semana que entra cuando hacemos nuestra función de desagravios. Y Vuestra Paternidad, Padre Salmón, ¿no predica en estas fiestas? —¿Cómo no? La Real Congregación y Esclavitud de Nuestra Señora de la Soledad, me ha encargado dos pláticas para la semana que entra. Veremos qué tal salgo de ellas. El Padre Castillo, que sin duda tenía prisa, se fué, y allí quedamos Salmón y yo. Desde que hubo salido su compañero, tomó aquél la palabra y dijo: —Pues como tuve el honor de indicar á usía, este muchacho sabe todo lo concerniente á D. Diego, á sus artimañas, trapicheos y correrías, y él satisfará á vuecencia mejor que cuanto yo, ''relata referendo'', pudiera decirle. Pero ¿será cierto, señora mía, lo que al entrar me ha dicho el señor Marqués D. Felipe? —¿Qué? —Que usía ha tenido anoche la felicísima suerte de hacer confesar á esa linda niña todo lo que de ella queríamos saber. —Así es —dijo Amaranta.— Todo me lo ha confesado. —La paz de Dios sea en esta ilustre casa. ¿Dónde está ese blanco lirio, que la quiero felicitar por el buen acuerdo que ha tenido? —Esta tarde no se la puede ver, Padre. Ya que su merced ha tenido la buena ocurrencia de traerme este joven, á quien supone al tanto de lo que quiero saber, tenga la bondad de dejarme á solas con él, para que la presencia de<noinclude></noinclude> drplqt32wabyar1ftdufmtj542rdmgw Página:Napoleón en Chamartín (1907).djvu/79 102 417452 1651824 2026-04-25T10:23:08Z Sucdemagrana 49771 /* Corregido */ 1651824 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" />{{fd|75}} {{c|NAPOLEÓN EN CHAMARTÍN|sc}}</noinclude>una persona grave y respetabilísima como Vuestra Reverencia, no le impida decirme todo lo que sabe, aunque sea lo más secreto. —Con mil amores obedeceré á usía, —dijo el Padre {{Corr|Solmón|Salmón}}; y con esto se retiró, dejándome solo con aquella estrella de la hermosura, con aquella deslumbradora cortesana, á quien nunca me había acercado sin sacar de su trato el fruto de una gran pesadumbre. {{c|VIII|x-grande}} —No ha sido una simpleza de este buen religioso lo que te ha traído aquí —me dijo severamente;— esto ha sido obra de tu astucia y malignidad. —Señora —le respondí,— por mi madre juro á usía que no pensaba volver á esta casa, cuando el Padre Salmón se empeñó en traerme, con el objeto que él mismo ha manifestado. —¿Y qué sabes tú de D. Diego? —Yo no sé más sino aquello que no ignora nadie que le trata. —D. Diego es jugador, franc-masón, libertino; ¿no es cierto? —Usía lo ha dicho; y si lo confirmo, no es porque me guste ni esté en mi condición el delatar á nadie, sino porque eso de D. Diego todo el mundo lo sabe. —Bien: ¿y tú querrías llevarme á mi ó á<noinclude></noinclude> 7smolcad7fxw6ug9o3aofpj1774bffq Página:Napoleón en Chamartín (1907).djvu/80 102 417453 1651825 2026-04-25T10:25:18Z Sucdemagrana 49771 /* Corregido */ 1651825 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" />{{fi|76}} {{c|B. PÉREZ GALDÓS|sc}}</noinclude>otra persona de esta casa á cualquiera de los abominables sitios que el Conde frecuenta por las noches, para sorprenderle allí, de modo que no pueda negarnos su falta? —Eso, señora, no lo haré, aunque usía, á quien tanto respeto, me lo mande. —Por qué? —Porque es una fea y villana acción. Don Diego es mi amigo, y la traición y doblez con los amigos me repugna. —Bueno —dijo Amaranta con menos severidad.— Pero me parece que tú eres tan necio como él, y que le llevas á la perdición, incitándole y adulando sus vicios. —Al contrario, señora: á menudo le afeo su conducta, diciéndole que tal proceder es indigno de caballeros, y que al paso que deshonra su casa, deshonra también á aquélla con quien va á emparentarse. —Eso está muy bien dicho —afirmó con pesadumbre.— Lo que hace Rumblar no tiene perdón de Dios. ¿Y quién le acompaña en su libertinaje? —El Sr. de Mañara y D. Luis de Santorcaz. —¡También ese! — dijo con sobresalto y súbita transformación en su bello rostro.— ¿Qué hombre es ese? ¿Le conoces tú? ¿Dónde vive? ¿En qué se ocupa? —Si he de decir verdad, aún ignoro qué clase de hombre es. Tampoco sé dónde vive; pero he oído que es espía de los franceses, y que éstos le dan un sueldo para que les escriba todo lo que pasa. Esto me han dicho; pero no lo aseguro. {{np}}<noinclude></noinclude> pbdgptr21rwakvhibjiachvvd8zjkl3 1651826 1651825 2026-04-25T10:25:29Z Sucdemagrana 49771 1651826 proofread-page text/x-wiki <noinclude><pagequality level="3" user="Sucdemagrana" />{{fi|76}} {{c|B. PÉREZ GALDÓS|sc}}</noinclude>otra persona de esta casa á cualquiera de los abominables sitios que el Conde frecuenta por las noches, para sorprenderle allí, de modo que no pueda negarnos su falta? —Eso, señora, no lo haré, aunque usía, á quien tanto respeto, me lo mande. —¿Por qué? —Porque es una fea y villana acción. Don Diego es mi amigo, y la traición y doblez con los amigos me repugna. —Bueno —dijo Amaranta con menos severidad.— Pero me parece que tú eres tan necio como él, y que le llevas á la perdición, incitándole y adulando sus vicios. —Al contrario, señora: á menudo le afeo su conducta, diciéndole que tal proceder es indigno de caballeros, y que al paso que deshonra su casa, deshonra también á aquélla con quien va á emparentarse. —Eso está muy bien dicho —afirmó con pesadumbre.— Lo que hace Rumblar no tiene perdón de Dios. ¿Y quién le acompaña en su libertinaje? —El Sr. de Mañara y D. Luis de Santorcaz. —¡También ese! — dijo con sobresalto y súbita transformación en su bello rostro.— ¿Qué hombre es ese? ¿Le conoces tú? ¿Dónde vive? ¿En qué se ocupa? —Si he de decir verdad, aún ignoro qué clase de hombre es. Tampoco sé dónde vive; pero he oído que es espía de los franceses, y que éstos le dan un sueldo para que les escriba todo lo que pasa. 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Por otro conducto podrá averiguarlo su señoría. —Estás orgulloso; pero ven acá, chicuelo: ¿quién eres tú? ¿A quién sirves ahora? —No sirvo á nadie, ni quiero servir. Por ahora soy soldado, si soldado es ser alguna cosa. Vivo de la paga que da el Ayuntamiento de Madrid á las tropas que ha levantado. Pero no tengo afición á las armas, y si las tomo hoy es por puro patriotismo y sólo mientras dure la guerra. Después Dios dispondrá de mí, aunque, como no tengo riquezas, ni padres, ni parientes, ni papeles de nobleza, ni protección alguna, espero que no saldré de esta humilde esfera en que he nacido y vivo. —¿Quieres que te proteja yo? ¿Necesitas algo? —me preguntó con bondad.— Te buscaré un buen acomodo, te socorreré, si por acaso no estás muy desahogado. —Aunque el recibir limosnas no deshonra á nadie, antes me asparían que tomarlas de vuecencia. {{np}}<noinclude></noinclude> eev5whnudr4qoarju4l955ode1jpd56